Al menos 33% de los adolescentes recluidos en México son reincidentes, indica estudio

Existe una relación significativa entre los crímenes cometidos por adolescentes y la presencia de grupos delictivos en su comunidad, indicó la organización Reinserta.

Al menos 33% de los adolescentes recluidos en México son reincidentes, indica estudio
Reinserta

Entre los adolescentes que se encuentran recluidos en centros de detención de todo el país, 39% de los hombres y 33% de las mujeres son reincidentes, es decir, que antes de cumplir la mayoría de edad ya cometieron un delito más de una vez, de acuerdo con un nuevo reporte de la organización Reinserta. Y entre los reincidentes, hasta 40% cometió su primer delito a los 13 años de edad en promedio, sin haber tenido consecuencias de sus acciones.

Si bien este fenómeno es multifactorial, explican los investigadores de Reinserta, existe una relación significativa entre los crímenes cometidos por adolescentes y la presencia de grupos delictivos en su comunidad, así como el tener familiares y amigos que hayan cometido algún delito, o que incluso ya han sido procesados.

De acuerdo con el ‘Estudio de Factores de Riesgo en adolescentes que cometieron delitos de alto Impacto Social’ de Reinserta, entre los menores que han cometido delitos, aquellos que tienen algún tipo de trauma psicológico o emocional inician su vida delictiva a más temprana edad. Los traumas más comunes son tener un familiar preso (48%), haber perdido a la madre o padre biológicos (44%) y vivir con una persona adicta a las drogas (44%).

“Entrando a las historias personales de los chavos, son introducidos a esas conductas por los mismos familiares, o por la comunidad en su propio entorno”, explicó a Animal Político Saskia Niño de Rivera, presidenta de la Fundación ‘Reinserta un Mexicano’. “Lo que encontramos en las familias que nosotros llamamos criminógenas es que la gran mayoría presentan distintas formas de violencia psicológica y física; que tienen muy normalizada la actividad delictiva, ni siquiera se plantean que sea un problema, y también hay abuso de sustancias. No es como tal un patrón pero sí encontramos muchas coincidencias”, puntualizó.

El Estudio, que se presenta este miércoles, muestra el resultado de entrevistas con 502 adolescentes presos en los estados de México, Ciudad de México, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Puebla, Tabasco, Veracruz, Yucatán y Sinaloa. De ellos, 40% dijo tener amigos en conflicto con la ley y dos de cada tres reportó haber tenido acceso a armas de fuego.

Los menores que han visitado a sus familiares en la cárcel, o que crecieron dentro de una, han normalizado la violencia, refiere Niño de Rivera, ya que han estado en contacto frecuente con el delito y su gravedad se va desdibujando. La activista descartó que estos menores tengan una mayor tendencia a cometer delitos pero viven una normalización de su comisión.

De los familiares presos que han influido en los adolescentes para cometer delitos, el más mencionado es el tío, particularmente en varones, seguido de los primos.

La gran mayoría de los jóvenes que violaron la ley antes de la mayoría de edad son hombres (91%) y su edad promedio es de 17 años, según el Estudio. Hasta 21% de ellos ya tiene hijos (uno o más) y 33% declaró que estaba bajo influjo de alguna sustancia cuando cometió el delito, siendo marihuana la más comúnmente usada.

“El abuso de drogas es un factor importante, se tiene que atacar como enfermedad y se tiene que abordar desde la prevención. Tiene que ver mucho con las comunidades en que viven, muchos tienen acceso a armas, tienen conocidos que se dedican a algún tipo de delito, tienen amigos que pertenecen a alguna pandilla… No son chavos independientes cuyos papás no son criminales, suelen llevarse con gente que también tiene estas conductas”, abundó la presidenta de Reinserta.

La pobreza es otro de los factores que influyen en la comisión de delitos, según la investigación, pues el ingreso familiar de 62.4% de los jóvenes era menor a siete mil pesos. “No puedes generalizar que pobreza es equivalente a delincuencia, pero sí podemos, en esta muestra que hemos hecho, vincular la necesidad económica y una serie de carencias básicas dentro del hogar con un salario de este tamaño para que existan condiciones delictivas. Es la suma de muchísimos factores que hacen que estos chavos delincan”, refirió Niño de Rivera.

Del total, sólo 26% había concluido la educación básica (secundaria) antes de ser detenido, y una vez recluidos, nueve de cada 10 estudian en el centro de internamiento.

Hasta 79.3% de los hombres ejercía alguna actividad remunerada antes de ser internado, contra 75% de las mujeres, aunque los trabajos que reportaron son legales hasta en un 74 por ciento. Este alto porcentaje de adolescentes que trabajan puede ser indicador de la necesidad de trabajar, ya sea para apoyar económicamente a la familia o para independizarse por alguna situación familiar desfavorable, explicó la activista.

El delito más común entre los adolescentes entrevistados es homicidio (36.8%), seguido de robo agravado (27.8%) y delitos contra la libertad (18%). Más de la mitad (56.6%) dijo haber recibido golpes durante su detención, sin embargo, el 60% admite haber cometido el delito y cree que el castigo es justo.

Una quinta parte de los encuestados admitió dificultades para regular su propia conducta, y una quinta parte refiere un bajo compromiso con su propia educación. Entre los factores de personalidad que influyen en sus conductas delictivas, según el Estudio, son impulsividad, irritabilidad, baja tolerancia a la frustración y tendencia al riesgo.

Reinserta destaca dos focos rojos geográficos en el país, en materia de jóvenes que han cometido delitos: Guerrero y Nuevo León. En el primero se presentó un delito “poco usual en adolescentes”, según Niño de Rivera, que es posesión de armas de uso exclusivo del Ejército. También consideran como foco rojo a este estado del sur porque dentro del centro de internamiento para menores, encontraron condiciones poco favorables para la reinserción.

“No son centros de reclusión, deben ser comunidades de tratamiento e internamiento porque estos niños han tenido en su vida muchos factores que los han llevado a delinquir. Se debe ver como un espacio de oportunidad para que los jóvenes realmente logren la reinserción social, y lo que vimos en Chilpancingo está bien lejos de una oportunidad de educación, deportiva, de salud mental, cultural y artística”, puntualizó.

Explicó que bajo condiciones de encarcelamiento, los menores salen con mucho resentimiento y esto se vuelve otro factor de riesgo, pues los jóvenes salen pronto de los centros de reclusión porque la pena máxima de un adolescente privado de libertad, sin importar el delito, son cinco años.

El otro estado en situación alarmante para Reinserta es Nuevo León, donde el sistema penitenciario tiene un total autogobierno y existe un severo problema de reclutamiento de jóvenes dentro de los cárteles del Golfo y de los Zetas. “Como no tienen control de las cárceles, están demasiado enfocados en tener control de que no se maten, literalmente, dentro de la comunidad, que estarse enfocando en programas de reinserción”, advirtió Saskia Niño de Rivera.

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