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Reinserta

Al menos 33% de los adolescentes recluidos en México son reincidentes, indica estudio

Existe una relación significativa entre los crímenes cometidos por adolescentes y la presencia de grupos delictivos en su comunidad, indicó la organización Reinserta.
Reinserta
21 de noviembre, 2018
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Entre los adolescentes que se encuentran recluidos en centros de detención de todo el país, 39% de los hombres y 33% de las mujeres son reincidentes, es decir, que antes de cumplir la mayoría de edad ya cometieron un delito más de una vez, de acuerdo con un nuevo reporte de la organización Reinserta. Y entre los reincidentes, hasta 40% cometió su primer delito a los 13 años de edad en promedio, sin haber tenido consecuencias de sus acciones.

Si bien este fenómeno es multifactorial, explican los investigadores de Reinserta, existe una relación significativa entre los crímenes cometidos por adolescentes y la presencia de grupos delictivos en su comunidad, así como el tener familiares y amigos que hayan cometido algún delito, o que incluso ya han sido procesados.

De acuerdo con el ‘Estudio de Factores de Riesgo en adolescentes que cometieron delitos de alto Impacto Social’ de Reinserta, entre los menores que han cometido delitos, aquellos que tienen algún tipo de trauma psicológico o emocional inician su vida delictiva a más temprana edad. Los traumas más comunes son tener un familiar preso (48%), haber perdido a la madre o padre biológicos (44%) y vivir con una persona adicta a las drogas (44%).

“Entrando a las historias personales de los chavos, son introducidos a esas conductas por los mismos familiares, o por la comunidad en su propio entorno”, explicó a Animal Político Saskia Niño de Rivera, presidenta de la Fundación ‘Reinserta un Mexicano’. “Lo que encontramos en las familias que nosotros llamamos criminógenas es que la gran mayoría presentan distintas formas de violencia psicológica y física; que tienen muy normalizada la actividad delictiva, ni siquiera se plantean que sea un problema, y también hay abuso de sustancias. No es como tal un patrón pero sí encontramos muchas coincidencias”, puntualizó.

El Estudio, que se presenta este miércoles, muestra el resultado de entrevistas con 502 adolescentes presos en los estados de México, Ciudad de México, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Puebla, Tabasco, Veracruz, Yucatán y Sinaloa. De ellos, 40% dijo tener amigos en conflicto con la ley y dos de cada tres reportó haber tenido acceso a armas de fuego.

Los menores que han visitado a sus familiares en la cárcel, o que crecieron dentro de una, han normalizado la violencia, refiere Niño de Rivera, ya que han estado en contacto frecuente con el delito y su gravedad se va desdibujando. La activista descartó que estos menores tengan una mayor tendencia a cometer delitos pero viven una normalización de su comisión.

De los familiares presos que han influido en los adolescentes para cometer delitos, el más mencionado es el tío, particularmente en varones, seguido de los primos.

La gran mayoría de los jóvenes que violaron la ley antes de la mayoría de edad son hombres (91%) y su edad promedio es de 17 años, según el Estudio. Hasta 21% de ellos ya tiene hijos (uno o más) y 33% declaró que estaba bajo influjo de alguna sustancia cuando cometió el delito, siendo marihuana la más comúnmente usada.

“El abuso de drogas es un factor importante, se tiene que atacar como enfermedad y se tiene que abordar desde la prevención. Tiene que ver mucho con las comunidades en que viven, muchos tienen acceso a armas, tienen conocidos que se dedican a algún tipo de delito, tienen amigos que pertenecen a alguna pandilla… No son chavos independientes cuyos papás no son criminales, suelen llevarse con gente que también tiene estas conductas”, abundó la presidenta de Reinserta.

La pobreza es otro de los factores que influyen en la comisión de delitos, según la investigación, pues el ingreso familiar de 62.4% de los jóvenes era menor a siete mil pesos. “No puedes generalizar que pobreza es equivalente a delincuencia, pero sí podemos, en esta muestra que hemos hecho, vincular la necesidad económica y una serie de carencias básicas dentro del hogar con un salario de este tamaño para que existan condiciones delictivas. Es la suma de muchísimos factores que hacen que estos chavos delincan”, refirió Niño de Rivera.

Del total, sólo 26% había concluido la educación básica (secundaria) antes de ser detenido, y una vez recluidos, nueve de cada 10 estudian en el centro de internamiento.

Hasta 79.3% de los hombres ejercía alguna actividad remunerada antes de ser internado, contra 75% de las mujeres, aunque los trabajos que reportaron son legales hasta en un 74 por ciento. Este alto porcentaje de adolescentes que trabajan puede ser indicador de la necesidad de trabajar, ya sea para apoyar económicamente a la familia o para independizarse por alguna situación familiar desfavorable, explicó la activista.

El delito más común entre los adolescentes entrevistados es homicidio (36.8%), seguido de robo agravado (27.8%) y delitos contra la libertad (18%). Más de la mitad (56.6%) dijo haber recibido golpes durante su detención, sin embargo, el 60% admite haber cometido el delito y cree que el castigo es justo.

Una quinta parte de los encuestados admitió dificultades para regular su propia conducta, y una quinta parte refiere un bajo compromiso con su propia educación. Entre los factores de personalidad que influyen en sus conductas delictivas, según el Estudio, son impulsividad, irritabilidad, baja tolerancia a la frustración y tendencia al riesgo.

Reinserta destaca dos focos rojos geográficos en el país, en materia de jóvenes que han cometido delitos: Guerrero y Nuevo León. En el primero se presentó un delito “poco usual en adolescentes”, según Niño de Rivera, que es posesión de armas de uso exclusivo del Ejército. También consideran como foco rojo a este estado del sur porque dentro del centro de internamiento para menores, encontraron condiciones poco favorables para la reinserción.

“No son centros de reclusión, deben ser comunidades de tratamiento e internamiento porque estos niños han tenido en su vida muchos factores que los han llevado a delinquir. Se debe ver como un espacio de oportunidad para que los jóvenes realmente logren la reinserción social, y lo que vimos en Chilpancingo está bien lejos de una oportunidad de educación, deportiva, de salud mental, cultural y artística”, puntualizó.

Explicó que bajo condiciones de encarcelamiento, los menores salen con mucho resentimiento y esto se vuelve otro factor de riesgo, pues los jóvenes salen pronto de los centros de reclusión porque la pena máxima de un adolescente privado de libertad, sin importar el delito, son cinco años.

El otro estado en situación alarmante para Reinserta es Nuevo León, donde el sistema penitenciario tiene un total autogobierno y existe un severo problema de reclutamiento de jóvenes dentro de los cárteles del Golfo y de los Zetas. “Como no tienen control de las cárceles, están demasiado enfocados en tener control de que no se maten, literalmente, dentro de la comunidad, que estarse enfocando en programas de reinserción”, advirtió Saskia Niño de Rivera.

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Getty Images/AFP

Chernobyl: cómo el gobierno de la Unión Soviética trató de ocultar la catástrofe nuclear

Fue el peor desastre nuclear de la historia. Pero también uno de los mayores intentos fallidos de ocultar una tragedia por parte de un gobierno. Historiadores y periodistas le contaron a BBC Mundo cómo ocurrió.
Getty Images/AFP
29 de mayo, 2019
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Es difícil imaginar una tragedia peor que Chernobyl. Pero cuesta todavía más hacerse a la idea de cómo los hombres fuertes del la Unión Soviética trataron de evitar por todos los medios que saliera a la luz el mayor desastre nuclear de la historia.

Cuando el reactor número 4 explotó, esparciendo nubes radioactivas por todo el hemisferio norte de la Tierra -desde Checoslovaquia hasta Japón- y lanzando a la atmósfera el equivalente a 500 bombas de Hiroshima, el Partido Comunista de la URSS trató de controlar la información y dar su propia versión sobre los hechos.

“Ocultaron la gravedad del accidente desde el principio y se negaron a evacuar Kiev (la actual capital ucraniana)”, le cuenta a BBC Mundo la periodista Irena Taranyuk, del servicio ucraniano de la BBC.

Irena era estudiante y vivía entonces en la región occidental de la antigua URSS. Recuerda el miedo y la confusión que sintió cuando estalló la noticia.

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BBC

Más sobre Chernobyl

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BBC

Nos informábamos a través del ‘enemigo’ -los medios occidentales, como la BBC- sobre lo que estaba ocurriendo. Mientras tanto, muchos jóvenes y compañeros universitarios eran enviados a trabajar en la zona como liquidadores voluntarios, exponiéndose a la radiación”.

La URSS no pudo contener la noticia por mucho tiempo. “No era posible encubrir algo tan grande como aquello; los rumores comenzaron a correr como el agua, dice Irena.

Tres décadas después, todavía no conocemos el alcance total de la tragedia ni cuántas personas -se estima que unas 4,000, pero podrían ser más- murieron de cáncer u otras enfermedades vinculadas a ella.

Los testimonios, datos y relatos de supervivientes, junto al trabajo de investigadores, nos cuentan hoy lo que ocurrió y han permitido recrear en pantalla el drama histórico sobre Chernobyl en una aclamada miniserie homónima con tintes de ficción que acaba de estrenar HBO.

Chernobyl en Sky Atlantic

Sky UK/HBO
Vasily Ignatenko (Adam Nagaitis), uno de los protagonistas de la serie, era un bombero recién casado que murió en Chernobyl.

Pero volvamos a los hechos. ¿Qué ocurrió exactamente el 26 abril de 1986 y cómo trató la antigua Unión Soviética de impedir que el mundo conociera aquel desastre inimaginable?

De la negación a la irresponsabilidad

Eran las 5 de la mañana cuando Mijaíl Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, recibió una llamada telefónica. Había habido una explosión en la planta nuclear de Chernobyl. Pero, aparentemente, el reactor estaba intacto.

“En las primeras horas e incluso el día después del accidente no se sabía que el reactor había explotado y que había una enorme emisión nuclear en la atmósfera”, diría el propio Gorbachov más tarde.

El hombre más poderoso de la Unión Soviética en aquel momento no vio necesidad de despertar a otros líderes políticos o de interrumpir su fin de semana con una sesión de emergencia, explica el historiador ucraniano Serhii Plokhii en su libro Chernobyl: the history of a nuclear catastrophe (“Chernobyl: la historia de una catástrofe nuclear”, 2018).

En lugar de eso, creó una comisión gubernamental liderada por Boris Shcherbina, vicepresidente del Consejo de Ministros, para investigar las causas de la explosión. Mientras tanto, los ciudadanos corrían peligro. Pero nadie se atrevía a ordenar una evacuación.

Chernobyl enSky Atlantic

Sky UK/HBO
El vicepresidente soviético Boris Shcherbina (Stellan Skarsgård, al izda) se vio olbigado a elegir entre la visión del Estado y los hechos. En la imagen, con Valery Legasov (Jared Harris), en una escena de la serie de HBO.

El primer acercamiento en helicóptero, unas 24 horas después de la explosión, evidenció la magnitud de la catástrofe. “Cuando aterrizaron, todavía no estaban preparados para aceptarlo”, dice el historiador.

El propio Shcherbina escribió en sus memorias que tuvo que forzarse a sí mismo a asimilar lo que veían sus ojos.

“Al principio, estaban en un estado de shock y negación. No querían aceptar lo que había pasado. Después, no quisieron asumir la responsabilidad de lo sucedido“, le cuenta a BBC Mundo Plokhii, quien es también director del Instituto de Investigación Ucraniano de la Universidad de Harvard, en Massachusetts, Estados Unidos.

“Hubo una negación por parte de quienes trabajaban en Chernobyl. Y, además, era muy complicado afirmar lo que estaba pasando sin ponerse en una situación todavía más peligrosa”.

Plokhii escribe en su libro que “a medida que los niveles de radiación aumentaban, los funcionarios se ponían cada vez más nerviosos, pero no tenían la potestad para decidir evacuar”.

“El país tardó 18 días en hablar sobre ello en televisión”, agrega.

Imagen de Chernobyl desde un helicóptero en 1990

Igor Kostin/Getty Images
Cuando los científicos e ingenieros vieron la escena desde un helicóptero, comprendieron que la situación era muy grave.

“La reacción inmediata fue ocultar la tragedia y luego trataron de minimizar la cantidad de información que se publicaba“, le cuenta a BBC Mundo el periodista Adam Higginbotham, autor de Midnight in Chernobyl (“Medianoche en Chernobyl, 2019), un superventas del New York Times que recoge varios testimonios.

El escritor señala que había una “dimensión psicológica” en esa negación inicial que es importante tener en cuenta. “El evento era tan catastrófico y la escala del desastre era tal que ni siquiera los especialistas bien formados, que entendían con exactitud la energía nuclear, podían asimilar lo que estaban viendo”.

“Necesitamos comprender que la escala del accidente era demasiado grande incluso para ellos, y no caer en los estereotipos típicos sobre cómo funcionaba la Unión Soviética. La historia es más compleja y complicada que todo eso”, advierte.

Armen Abagian, el director de un instituto de investigación sobre energía nuclear que había sido destinado a Moscú, le dijo a Shcherbina que la ciudad tenía que ser evacuada: “Le dije que había niños corriendo por las calles, gente colgando ropa para secarla. Y la atmósfera era radioactiva”, fueron sus palabras, según cuenta el historiador Serhii Plokhii.

Pero la URSS consideraba en sus regulaciones que no era necesario, y nadie quería tomar la responsabilidad de ordenar una evacuación y entonar así un mea culpa.

Mientras la comisión pensaba qué hacer, la gente comenzaba a abandonar la ciudad.

Bomberos en Chernobyl

Igor Kostin/Getty Images
“Los bomberos fueron los verdaderos héroes de la tragedia”, dice el historiador Serhii Plokhii.

El gobierno soviético no estaba dispuesto a que las malas noticias se propagaran tan rápido como las radiaciones. Por eso cortó las redes telefónicas, y a los ingenieros y trabajadores de la planta nuclear se les prohibió compartir las noticias sobre lo ocurrido con sus amigos y familiares, explica Plokhii.

No era la primera vez que la URSS se enfrentaba a este tipo de situaciones: “Hubo otro desastre nuclear (mucho más pequeño) en septiembre de 1957 en Kyshtym, en los montes Urales, cuando explotaron unos materiales radiactivos. Pero no había información en ningún lado”, le cuenta a BBC Mundo. “Guardar silencio era un protocolo normalizado en la Unión Soviética”.

“Los estadounidenses encontraron algunas señales de que había una explosión y contaminación en aquel primer desastre, pero no dijeron nada porque ellos mismos estaban en el proceso de desarrollar grandes planes nucleares y no quisieron crear una alarma”.

Higginbotham también evoca aquel accidente de Kyshtym, que los soviéticos sí lograron ocultar con éxito: “Simplemente, adoptaron el mismo enfoque en Chernobyl, pero en este caso la frontera estaba más cerca con Occidente y la contaminación y el alcance fueron mucho mayores”.

¿Cómo se enteró el mundo?

“Fueron los suecos quienes primero detectaron que algo iba mal. Y después unos británicos que trabajaban en otra planta nuclear”, dice Plokhii.

Higginbotham asegura que los suecos comenzaron a preguntar a las autoridades soviéticas si había habido un accidente nuclear, “pero incluso en ese momento continuaron negando que tal cosa hubiera ocurrido”.

Y es que en Suecia se detectaron altos niveles de radiación en los días posteriores al accidente cuyo origen no tenía explicación.

“La gente de Europa alertó sobre lo que estaba pasando y la Unión Soviética tuvo que publicar su información. Fueron contando cada vez más cosas, pero solo bajo la presión de Occidente“, coincide el ucraniano, quien añade que el contexto de la Guerra Fría es vital para comprender cómo se desarrollaron los hechos.

El historiador añade que la “insatisfacción” de quienes vivían en la URSS en aquella época también jugó un papel clave, que se estaban informando de los hechos a través de medios extranjeros y de rumores -algunos ciertos y otros no-, y no de su propio gobierno”.

“Tardaron semanas, meses e incluso años hasta que, gradualmente, fue emergiendo la verdad. En parte, eso fue porque capturaron a los corresponsales extranjeros que estaban basados en Moscú y les impidieron dejar la ciudad y acercarse a la zona del accidente”, dice Higginbotham.

“Muchos de esos periodistas comenzaron a publicar cualquier información que recibían, aunque fueran rumores. En Estados Unidos, el New York Post llegó a decir que 15.000 personas habían muerto. Eso justamente lo opuesto a lo que quería el gobierno”.

Chernobyl, 2015

Sean Gallup/Getty Images
Los medios extranjeros ejercieron presión sobre la Unión Soviética para que publicara información sobre Chernobyl.

“No querían que la población tomara precauciones”, sostiene Irena. “Fue irónico que nos enteráramos a través de medios extranjeros”.

Pero Higginbotham advierte que la historia que se cuenta en Occidente sobre Chernobyl a menudo es incompleta y que “muchas cosas que se escribieron se asientan sobre ideas preconcebidas sobre cómo era la vida en la Unión Soviética que resultaban muy convenientes”, olvidando la dimensión psicológica y humana de quienes tomaron las decisiones.

La caída de un imperio

“Chernobyl suele vincularse a cambios estratégicos en la Unión Soviética y a los inicios de la política abierta. El principio de todo está en Chernobyl”, explica Plokhii.

El historiador dice que quiso escribir sobre la tragedia porque forma parte de su historia personal: “Recuerdo el horror de aquellos días, no sabíamos lo que iba a ocurrir y traté de reconstruir los hechos de la mejor manera posible”.

“El material que reconstruí me hizo llegar a la conclusión de que hubo verdaderamente un vínculo directo entre Chernobyl y la caída de la Unión Soviética“.

Un equipo de pruebas de radiación volvió a la planta nuclear 5 años después del accidente que destruyó el reactor.

SVF2/Getty Images
Chernobyl pasará a la historia como el mayor desastre nuclear y medioambiental.

“La manera en que colapsó la Unión Soviética no puede comprenderse realmente sin la historia de Chernobyl”.

Por otra parte, Higginbotham considera que fue un momento clave “en la desintegración de la URSS no solo por el coste económico, o el incremento de la desconfianza hacia las instituciones por parte de los soviéticos, sino también por cómo cambió al propio Gorbachov.

“El accidente reveló que Gorbachov corrompió el imperio que había heredado“, señala.

“Pero la lección más importante que nos deja Chernobyl es el problema de confiar en exceso en la tecnología -¡La gente creyó que un accidente de ese alcance era imposible incluso cuando tuvo lugar!-. Y también que una cultura que niega la evidencia científica y se basa en mentiras y secretismo no es segura para nadie”.


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