¿Conoces las diferencias entre el humo y el vapor en tu cuerpo?

La principal diferencia entre alternativas sin humo, como el cigarro electrónico, y el cigarro tradicional surge de las propiedades químicas y físicas de sus emisiones. Estas diferencias tienen consecuencias importantes en la salud de los fumadores.

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Roberto Allan Sussman, doctor en Física, investigador de la UNAM y director de la asociación civil Pro-Vapeo México. Especial

Los defensores de las nuevas alternativas argumentan que éstas son abismalmente distintas al cigarro tradicional que humea cuando se quema. El cigarro electrónico, por ejemplo, es un dispositivo que no libera humo ni opera por combustión. Funciona calentando una solución líquida que emite una especie de “niebla” o “nube” que llamamos “vapor”.

La diferencia entre “humo” y “vapor” es lo que distingue a un cigarro tradicional de las nuevas opciones como el cigarro electrónico. Roberto Allan Sussman, doctor en Física, investigador de la UNAM y director de la asociación civil Pro-Vapeo México, comenta que cuando se prende un cigarro el humo que se ve es un aerosol con partículas sólidas. En cambio, “cuando activo un cigarro electrónico, la nube visible es también un aerosol, pero es un aerosol radicalmente distinto porque sus partículas no son sólidas, sino líquidas”, comenta.

Sussman explica que la forma en que se genera el humo y el vapor es completamente distinta. El humo del cigarro tradicional se produce a 900º C y su medio gaseoso contiene 7 mil compuestos químicos, de los cuales 70 son carcinógenos. Mientras que el vapor del cigarro electrónico (en condiciones normales de operación) se genera a 300º C y su medio gaseoso solo contiene entre 300 a 600 compuestos, de los cuales solo 10 se han identificado como elementos cancerígenos “en concentraciones cientos o miles de veces menores que las detectadas en el humo del cigarro tradicional”, dice el investigador de la UNAM.

Los expertos internacionales están de acuerdo en que la combustión produce las partículas sólidas y las sustancias cancerígenas del humo inhalado que enferman a los fumadores. La ausencia de combustión en la generación del vapor es lo que permite a quien usa cigarro electrónico consumir nicotina disminuyendo hasta 95% los daños comparados con fumar cigarros convencionales, de acuerdo con el Departamento de Salud británico (Public Health England).

Los detractores del cigarro electrónico y las nuevas alternativas las señalan como una forma “novedosa” de fumar, como una “puerta de entrada a los cigarros tradicionales” para los adolescentes. Otros señalan que son productos muy novedosos para saber las consecuencias del uso continuo y a largo plazo de estos productos. Claramente, no todas las voces están a favor de estas alternativas.

Sussman asegura que las afirmaciones contra las opciones sin humo carecen de sustento. “El vapeo no es fumar, es una alternativa al cigarro. Los sondeos demográficos señalan que el cigarro electrónico no le interesa a quienes no fuman, pues más del 98% de los vapeadores son fumadores o ex-fumadores”, apuntala el director de Provapeo México. Además, agrega Sussman, “los estudios demográficos muestran que la mayoría de los adolescentes que prueban el cigarro electrónico lo hacen de manera experimental y solo una minoría termina usándolo habitualmente”.

Los rivales del vapeo expresan su preocupación por el consumo de nicotina a través de estos nuevos dispositivos, pues califican a este alcaloide como altamente adictivo. Sussman revira nuevamente. “La nicotina solo produce dependencia extrema cuando es suministrada a través del humo del cigarro convencional. Ya hay suficientes estudios clínicos que reportan que a través del cigarro electrónico su consumo produce niveles de dependencia mucho menores y similares a los observados en parches o chicles farmacéuticos”.

La evidencia científica apunta a que el uso del cigarro electrónico y de las nuevas alternativas—debido a las propiedades del vapor que producen y que inhala el consumidor— reduce perceptiblemente los riesgos a la salud con respecto a fumar cigarros convencionales, comenta el científico. “Aún así, su uso a muy largo plazo podría tener efectos potencialmente nocivos a la salud, pero se trata de una afectación que debe ser significativamente menor en comparación con los daños que causa fumar cigarros”, remata.

Aunque el debate continúa y existen visiones encontradas, lo que sí es claro para todos los que participan en esta conversación es que la mejor opción para cualquier persona es no fumar o consumir nicotina.

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Fumar es un tema de salud pública. Las campañas de salud en materia de tabaco tienen tres vertientes: prevenir que haya nuevos usuarios, buscar que los fumadores actuales dejen de fumar y proteger a los no fumadores.

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La investigación y la redacción de este contenido han sido realizadas por Animal Político.

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