Sin apoyo de nadie, familia indígena del Edomex busca a sus 3 niños desaparecidos que salieron a vender tamales

La familia de los menores informó que ninguna autoridad ha realizado ninguna labor de búsqueda, más allá de la emisión de tres carteles con sus fotografías. 

Sin apoyo de nadie, familia indígena del Edomex busca a sus 3 niños desaparecidos que salieron a vender tamales

A diez días de la desaparición de Julio, Adelaido y Carolina Vázquez –tres niños indígenas de 11, 12 y 13 años respectivamente, que partieron del Estado de México rumbo a la Ciudad de México, para vender tamales–, la familia de los menores informó que ninguna autoridad ha realizado ninguna labor de búsqueda, más allá de la emisión de tres carteles con sus fotografías.

Hasta ahora, las únicas que han salido a rastrear el paradero de los tres niños, sin éxito, han sido Natalia, su hermana de 20 años, y Juana, mamá de los menores (salvo de Adelaido, de quien es tía en primer grado).

Esta es una familia radicada en la periferia Tultitlán, Estado de México, que vive en extrema pobreza y cuyos integrantes sobreviven de la venta de tamales. Juana, la mamá, es cabeza de la familia, y está sola, “no tenemos papá”, explica Natalia.

Durante el día Juana prepara los tamales que, a la madrugada siguiente, sus hijos salen a vender a la Ciudad de México y los municipios mexiquenses de su área conurbada, divididos: por un lado Natalia, y por otro los tres menores.

Los niños desaparecieron la madrugada del 24 de octubre, cuando salieron de su vivienda con rumbo a Tacuba, en la Ciudad de México, para vender sus tamales. Desde entonces, se ignora su paradero.

Durante estos diez días, explica Natalia, ambas mujeres, acompañadas de algunos familiares, han recorrido distintos puntos de la Ciudad de México y su área conurbada a pie, en busca de los menores.

Sin embargo, para ambas mujeres, indígenas de Chenalhó (Chiapas), las dificultades se multiplican: ninguna sabe leer o escribir, Natalia apenas habla español, y Juana nada.

Y como en diez días, “nadie ha podido trabajar –explica Natalia, es decir, no han podido preparar ni vender tamales–, no tenemos ahorita nada de dinero”.

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Este viernes, 2 de noviembre, Natalia y Juana se preparan para recorrer solas, a pie, el municipio de Tlalnepantla, en donde anónimamente les fue informado que “alguien vio” a los tres menores desaparecidos. No es más que un rumor, pero es más que nada, sobre todo si la intervención de las autoridades no arroja resultados.

En el Estado de México, por ejemplo, se emitió un cartel de búsqueda por cada uno de los menores (sin que se pudiera constatar que hayan sido difundidos), además de que “se dio alertas en estaciones de autobuses”. Tal como informó Claudio Barrera, vocero de la Fiscalía de Justicia mexiquense “sí ha habido labores de búsqueda, además de diligencias realizadas en diversos sitios y se están recabando videos de cámaras de seguridad”.

Mientras, en la Ciudad de México, en donde la desaparición de los menores también fue denunciada ante el Ministerio Público, la Procuraduría General de Justicia no ha querido informar qué labores se han emprendido para la localización de los menores (si es que se ha hecho algo).

Los nombres de los tres menores indígenas ni siquiera aparecen en el registro del Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA), perteneciente a la Procuraduría capitalina.

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