Final Copa Libertadores: Boca Juniors vs. River Plate, ¿el partido menos deseado en Argentina?
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Final Copa Libertadores: Boca Juniors vs. River Plate, ¿el partido menos deseado en Argentina?

La final de la Copa Libertadores, que juega su partido de ida este domingo, es única y extraordinaria: los dos clubes más grandes de América, con la rivalidad más férrea. Será la final más apasionante, pero también la más injusta.
AFP
9 de noviembre, 2018
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“Nunca lo vamos a olvidar”, suelen decir los hinchas de Boca Juniors sobre el inédito descenso de River Plate a la segunda división del fútbol argentino, en 2011. Lo repiten, lo cantan, hurgan en la herida.

Pero no son solo ellos: en el fútbol argentino, olvidar es casi imposible.

Torneos que se ganaron injustamente hace décadas, clásicos que se perdieron por goleada, algún detalle sobre la supuesta personalidad del otro: siempre hay una anécdota, un resultado, una hazaña con la cual se intenta humillar al otro.

En más de 100 años de férrea rivalidad entre Boca y River hay mucho dato para escoger. Y en esto todos parecen historiadores.

Por eso, lo que pase en la final de la Copa Libertadores, que por primera vez será disputada entre estos dos colosos del fútbol, será difícil de olvidar.

Es el torneo latinoamericano de clubes más importante. Con los dos equipos más grandes. Así que el tradicional “superclásico” será, por una vez, la “súperfinal”. O “la final del mundo”, como titularon varios diarios.

Jugadores de River y Boca

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Siempre estos partidos son fuente de choques entre jugadores e hinchas pese a los pedidos de las autoridades que se jueguen en paz y armonía.

Nunca se jugó una final como esta. Nunca se jugó una final con tanta rivalidad. Es inédito lo que va a suceder el domingo 11 y el sábado 24 de noviembre.

Ganar o perder, por eso, suscitará nociones de larga vida o muerte eterna.

Se juega demasiado

Nadie menos que el jefe de Estado, Mauricio Macri, famoso hincha y expresidente de Boca, dijo en una entrevista que “el que pierde va a tardar 20 años en recuperarse“.

“Es una final que se juega mucho. Se juega demasiado. Yo creo que sería mejor que uno de los dos que va a la final sea brasileño”, dijo antes de que se definiera el duelo definitivo.

Y Macri no era el único hincha que no quería esta final: durante las semifinales en Buenos Aires, BBC Mundo habló con decenas de hinchas de ambos equipos que manifestaron esa sensación.

Hinchas de River

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Tanta es la tensión por el partido que las autoridades decidieron que se jueguen sin público rival.

“Perder nos dejaría muertos”, “sería el fin de un grande, cualquier que sea”, “es mucha carga emocional para esto tiempos (de crisis económica)”. Así sonaban los comentarios de ambos lados; exagerados como toda palabra en este país.

Pero el periodista deportivo Andrés Burgo coincide: “Esto de que nadie lo quiere jugar ha generado el mayor momento de empatía entre hinchas de River y Boca que yo recuerde. Porque es la final más apasionante, pero también la más injusta”.

“Perderla será demasiado castigo para las tremendas campañas que hicieron Boca y River”.

Los dos equipos —explica Burgo— arriesgan demasiado en esta final.

River se juega la superioridad de los últimos años, marcada por victorias en tres cruces clave con Boca, uno de ellos en una final (Copa Argentina, 2017); y Boca se juega su superioridad entre 1998 y 2011, con la que ganó cuatro Libertadores.

La tensión previa

Después de esas declaraciones, Macri se ha pronunciado varias veces sobre el partido. Es un asunto de Estado.

Por causa de las violentas rivalidades que hay en el fútbol argentino (fuente de 135 muertes en los últimos 18 años), los hinchas del equipo visitante no pueden ir a los partidos del torneo local.

Hace unas semanas el clásico de la ciudad de Rosario, entre Central y Newell’s, se tuvo que jugar sin público para evitar enfrentamientos.

Macri

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Fútbol y política siempre fueron a de la mano en Argentina. Pero nunca antes un presidente había sido tan claramente hincha de un equipo como Macri de Boca, club del que fue presidente.

Macri dijo que la final de la Libertadores, un torneo sin esta prohibición, era una “gigantesca oportunidad para todos los argentinos de mostrar madurez”.

Pero los presidentes de los clubes y la Asociación de Fútbol Argentina estuvieron en desacuerdo y anunciaron que no habrá visitantes para evitar “inconvenientes”.

Y aunque Macri llamó a la “paz y la armonía” con su pedido, el lunes se filtró un video en el que calificaba de “culón” al técnico de River, Marcelo Gallardo.

Mirando al pasado

Los argentinos son obsesivos con los símbolos y la historia.

Algunos historiadores lo atribuyen a la idiosincrasia del inmigrante, en constante busca de sus raíces; pero otros lo relacionan al proceso colectivo de memoria en favor de la no repetición que se dio tras el régimen militar de los 70 y 80.

Hinchas de Boca

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Pocas cosas en Argentina -muchos dirían nada- generan tanta pasión como el fútbol.

Y al ser un país formado mayoritariamente por inmigrantes, sin casi ningún vínculo con el pasado precolombino, los símbolos recientes de la identidad argentina —desde Perón hasta el Indio Solari— se viven al extremo.

Por eso los clubes de fútbol, no solo Boca y River, se convirtieron en vehículos de un sentimiento de pertenencia que está por encima que el país mismo: al 70% de los argentinos, según encuestas, les importa más el resultado de su club que el de la selección nacional.

“Siendo un evento que no necesita anabólicos, el Boca-River además se exagera en los medios y se pinta como si el que pierde desaparece, cosa que por supuesto no es cierta”, añade Burgo.

Quizá sea exagerado, pues, decir que este partido nunca se va a olvidar. Pero seguro tomará tiempo.

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Foto: Andrea Vega

Miedo a COVID aleja de los hospitales a pacientes con otras enfermedades

El hecho de que no acudan a recibir atención oportuna puede ponerlos en grave riesgo y convertirse en una bomba de tiempo para el sector hospitalario.
Foto: Andrea Vega
Por Andrea Vega y Manu Ureste
30 de junio, 2020
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José Alberto Beverido, médico de la Clínica del ISSSTE de Córdoba, Veracruz, cuenta que hace unas semanas recibieron a una señora en el área de urgencias. Tenía vértigo y mareos. Pero cuando quisieron ingresarla por unas horas, la mujer se negó a permanecer en la unidad sanitaria.

“Le dijimos que, aunque no tenemos área de internamiento, porque somos clínica y no hospital, la íbamos a internar durante unas horas en observación para ver cómo evolucionaba con los medicamentos y luego ya tomar una decisión. Pero la señora pegó un brinco y dijo que no, que no le pusiéramos nada, que ella solo había ido por una pastillita y que se iba de allí en ese momento, porque tenía miedo a contagiarse de coronavirus”.

Beverido cuenta también el caso de una paciente que llevaba 20 días con descompensación de azúcar. “No quiso venir antes por lo mismo, estaba muerta de miedo por el Covid”.

Entérate: 100 días sin consulta, la epidemia interrumpe tratamientos de casos que no son COVID

La señora Alejandra Nieto, 65 años y chef de profesión, es otro ejemplo de que el miedo ha alejado a los pacientes de este hospital veracruzano. Antes de la pandemia, la señora iba regularmente a la Clínica del ISSSTE en Córdoba, una vez al mes sin falta, a que le dieran su medicina y la checara el doctor. Su última cita la tenía para el 15 de abril, pero ya no fue.

“Tengo ya tres meses sin ir a la clínica. Y no voy porque, la verdad, sí tengo mucho miedo del coronavirus. No quiero contagiarme. Y bueno, aunque quisiera ir, mis tres hijas no me dejan salir ni de la puerta de la casa. Dicen que, como soy hipertensa, tengo mucho riesgo de enfermarme muy grave si me contagio de Covid. Así que no salgo para nada”, cuenta doña Alejandra.

La señora ha dejado de ir incluso a la farmacia de la clínica. “El medicamento lo puedo pedir por teléfono al ISSSTE, para que me lo manden para la casa. Pero, la verdad, siempre hay mucho problema con eso. Tardan muchísimo en contestar, o a veces ni contestan. Así que mejor lo compro yo por fuera, en una farmacia de genéricos, para que no me salga tan caro”, dice.

Ocho profesionales de la salud entrevistados por Animal Político para este reportaje coinciden en señalar que muchas personas no están yendo a los hospitales, aunque se sientan muy mal, por miedo a infectarse.

Los médicos y enfermeras aceptaron compartir sus testimonios respecto al tema de atención a otros padecimientos en los hospitales donde laboran y si la gente está acudiendo a las instituciones, pero todos, salvo Beverido, prefirieron omitir su nombre.

México no es un país donde los profesionales de la salud quieran compartir información con nombre y cargo. Tienen miedo de las consecuencias negativas en sus empleos.

“Hay pacientes que han suspendido su hemodiálisis por no querer ir al hospital y después ya ingresan en estado crítico. Están llegando pacientes muy graves, prácticamente a morir nada más”, asegura una residente del Hospital General de Zona # 57 del IMSS, en Cuatitlán Izcalli, Estado de México. Este es uno de los llamados hospitales híbridos, donde se reciben tanto casos de Covid como de otras enfermedades.

La médica precisa que antes de la epidemia, entre primer contacto y urgencias había entre 50 o 60 pacientes, 40 en promedio en este hospital. Ahora, solo hay de 19 a 20 pacientes en urgencias no Covid, contando los referidos de otros dos hospitales, el # 72 y el 58, dedicados al 100% a la atención del nuevo coronavirus.

En el Hospital Rubén Leñero de la Secretaría de Salud de la CDMX, otro de los híbridos, la situación es similar. Uno de los residentes de esa institución dice que antes de la crisis de Covid recibían una urgencia de apendicitis por guardia. “Ahora llega un caso cada tres o cuatro días. No sabemos si la gente se está aguantando y de pronto van a llegar, o cómo están en su casa, quizá un poco más tranquilos, no han detonado las urgencias. No sabemos”.

La cuestión es que en este hospital se manejaba un volumen de 60 o 70 pacientes y hasta 150. “Ahorita no hay ni la tercera parte. Tenemos camas vacías en la zona No covid. El área Covid sí está llena, pero la otra no. Y eso que estamos recibiendo casos de emergencia de otros hospitales, donde solo se dedican a pacientes con el virus”.

En el Hospital General de Zona # 47 del IMSS, en Iztapalapa, CDMX -otro híbrido que atiende a enfermos propios y referidos de hospitales, como el # 31, 162 y 160 del Seguro Social- una de las enfermeras comenta que por semanas hubo pocos pacientes, pero a partir del 1 de junio notaron más afluencia.

“Con lo de la Nueva Normalidad algunos entendieron que ya pueden salir y empezaron a ir a los hospitales, están llegando con padecimientos ya medio complicados, por el tiempo que esperaron. Creemos que este flujo se va a incrementar y si el de pacientes Covid no baja, a ver cómo se pone la situación”.

A uno de los médicos del Belisario Domínguez le preocupa otra posibilidad. “Como no quieren acercase a los hospitales, creemos que la gente se ha ido a buscar atención en cliniquitas, en consultorios privados pequeños o en estos de las farmacias similares. Y bueno, ahí habrá que ver si luego no se viene un problema, de gente que llegue a las instituciones de salud ya complicada y además sobremedicada”.

Los médicos consultados plantearon que, otra posible explicación de por qué hay poca carga de pacientes no Covid, es que en el triage de las áreas de urgencias generales se pusieron más estrictos para el ingreso a hospitalización.

En México, dice la residente del HGZ # 57, “se ha optado por una medicina a la defensiva. En época no Covid lo normal es que haya muchos pacientes hospitalizados que en realidad se podrían tratar de forma ambulatoria, pero hay mal manejo en los triages, en los que prefieren hacer ingresos a llevarse una demanda”.

Los ingresos innecesarios, ejemplifica, “suceden mucho cuando llegan pacientes con mucho dolor por alguna lumbalgia o por colon irritable, y en el caso de algunas infecciones urinarias, que son dolorosas pero pueden tratarse de forma ambulatoria, no todas ameritan hospitalización”.

Ahora, “esos ingresos a la defensiva no se están haciendo”.

La atención a emergencias no ha parado

A las personas que sí acuden a los hospitales buscando atención por una emergencia diferente a la de Covid se les está canalizando a los que son híbridos, así lo confirmaron a Animal Político tanto médicos como familiares.

El 3 de junio, Carla Suárez llegó con su suegra al Hospital General de Zona # 57. Primero la había llevado a la Unidad de Medicina Familiar # 64 en la colonia Tequesquinahuac, en Tlanepantla. Ahí le dijeron que se la llevará al hospital. La señora, de 81 años, tenía una grave infección en las vías urinarias, complicación de la diabetes que padece desde hace años.

A Carla y a su esposo les dio miedo llevarla, no querían que la señora se contagiará de Covid en un hospital, pero se enfilaron para la institución de salud. En el HGZ # 57 recibieron de inmediato a la adulta mayor. Su ingreso se hizo por la puerta de urgencias generales, separadas de las provocadas por el nuevo coronavirus.

Se supone que en los hospitales híbridos, donde se atienden casos Covid y no Covid, se está recibiendo a todo aquel que llegue con una emergencia. Aunque los médicos explicaron a Animal Político que se les recibe solo en caso de una urgencia “real”.

En estos tiempos eso significa llegar a un hospital con apendicitis, una herida de bala o de arma de fuego, traumatismos por accidente, próxima a un parto o cesárea, hernias, sangrado en el tubo digestivo, infartos o insuficiencia renal complicada.

“Si llegan y es una urgencia no se les niega la atención. Pero se valora si realmente lo amerita y esto es por la propia seguridad del paciente. Somos un hospital híbrido, se están atendiendo también casos de Covid-19, es por su seguridad”, explica el residente del Hospital Rubén Leñero.

En esta institución se está recibiendo a los pacientes de otros hospitales de la Secretaría de Salud capitalina que son 100% Covid, como el Belisario Domínguez, el General de Tlahuac o el Enrique Cabrera.

En el Belisario Domínguez, dice un médico del hospital, si llega una urgencia real, “un baleado, un acuchillado”, se les recibe, pero solo mientras se resuelve el problema agudo. Después, ya más estable, se les envía a otro hospital de los que son híbridos: el Balbuena, el Leñero, La Villa, el de Xoco; hasta más pequeños como el Emiliano Zapata, o el Gregorio Salas (en Tepito).

Animal Politico solicitó a la Secretaria de Salud, al IMSS y al ISSSTE información sobre cuántos de sus hospitales son híbridos y cuál es la estrategia para referir a los pacientes a estas instituciones, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Solo la Secretaría de Salud de la CDMX respondió que las emergencias, en efecto, se están atendiendo en sus seis hospitales que son híbridos: Xoco, Rubén Leñero, Balbuena, La Villa, Iztapalapa y Milpa Alta

En la puerta del Rubén Leñero, familiares de enfermos confirman que el hospital ha recibido a los casos graves de otros padecimientos distintos al nuevo coronavirus.

“Mi esposo llegó por un tumor en el hígado, necesitaba una cirugía de urgencia. Llegó ayer (15 de junio) y hoy ya está en el quirófano. No me pusieron ningún pero para recibirlo. Tampoco peregrinamos. Un familiar que había visto en redes o algo así que este era híbrido nos dijo que lo trajéramos directo acá”, cuenta una mujer apostada en la puerta de urgencias del Rubén Leñero, quien prefiere no dar su nombre.

La señora no termina su relato porque le suena el teléfono. Desde dentro del hospital le piden que vaya a conseguir un fármaco. Ella se disculpa y corre a buscarlo.

Por el lado de la puerta de hospitalización, tres mujeres esperan recargadas en un árbol. La más joven dice que su mamá tiene dos días hospitalizada.

“Llegó el sábado (13 de junio) en la mañana por una inflamación en el cerebro. Empezó con un dolor de cabeza el día anterior. No se le quitaba, se hizo más fuerte y se agravó con vértigo. Primero fuimos al Hospital Balbuena, pero de allá nos enviaron para acá, porque ese otro es Covid”.

Aquí la recibieron sin peros. Ahora está en observación. “Nos dicen que la inflamación puede ser por una deficiencia severa de potasio. Pero aún no es definitivo el diagnóstico. La verdad es que le están haciendo pruebas y le van a hacer la de COVID también”, señala la joven que también prefiere omitir su nombre.

En el otro extremo de la puerta de hospitalización del Hospital Rubén Leñero de la CDMX está otra joven. Ella dice que no tiene problema en identificarse. Se llama Laura Ríos. También a su mamá la refirieron del Hospital de Balbuena para acá.

“Tiene un sangrado intestinal. Llegó ayer (15 de junio) en la noche. Le están haciendo estudios para saber si es una úlcera o un tumor u otra cosa. Estamos en espera del diagnóstico, pero sí la atendieron sin problema”.

Las familias que esperan informes de sus familiares en la puerta de este hospital coinciden en que no han sido testigo de que se le niegue la atención a algún paciente.

Lo mismo dicen las personas que se encuentran en la puerta principal del Hospital General de Zona # 57 en la Quebrada, en Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Todos los pacientes que llegan con una emergencia son admitidos.

Aquí incluso le dieron acceso a la suegra de Carla, la adulta mayor de 81 años que llegó con una infección grave en las vías urinarias.

“Tiene 13 días hospitalizada y hoy la dan de alta. Como no tiene Covid y no está en área Covid, porque aquí los tienen muy bien separados, nos han dejado entrar a verla. Tres veces hemos entrado. Está bien, pero ya se quiere ir. Le da miedo contagiarse del coronavirus”, dice la nuera de la señora.

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