close
Suscríbete a nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Denver Post vía Getty Images
Los migrantes mexicanos a los que Estados Unidos sí les dio la bienvenida
La Segunda Guerra Mundial creó una demanda de mano de obra que EU no satisfacía, y la solución fue el Programa Bracero, el cual dio empleo temporal a campesinos mexicanos desde 1942 hasta 1964.
Denver Post vía Getty Images
24 de noviembre, 2018
Comparte

 

Uno de cientos de miles de campesinos que pudieron trabajar legalmente por temporadas en Estados Unidos.

Getty Images
Uno de los cientos de miles de campesinos que pudieron trabajar legalmente por temporadas en Estados Unidos. Los trabajadores mexicanos abandonaban sus hogares y familias y viajaban desde el sur de la frontera cada año en busca de dólares.

Oí que estaban contratando gente para venir y trabajar en Estados Unidos, así que me emocioné. Hubo gente que creyó que nos traían para pelear en la guerra y por eso no vinieron. Pero yo dije: ‘Si me van a matar, que me maten’, y vine“.

Lorenzo Cano* fue uno de cientos de miles de mexicanos, la mayoría pobres, muchos analfabetos, casi todos campesinos, que fueron a trabajar legalmente en EE.UU. durante las décadas de 1940, 50 y 60.

Les llamaban “braceros” y formaron parte del más amplio programa de trabajadores invitados llevado a cabo por Estados Unidos.

“Para suscribirse al (programa) Bracero, tenías que presentarte con tus papeles y ya. Te hacían un examen de sangre… algunos se desmayaban con eso. Luego te fumigaban con toda tu ropa puesta, antes de dejarte cruzar la frontera”, cuenta Cano.

Fila para cruzar la frontera

Getty Images
Antes de cruzar la frontera, un examen y una fumigada.

Cano venía de una aldea del estado de Durango y tenía apenas 18 años de edad cuando se inscribió por primera vez al programa Bracero, poco después de que éste se implementara a principios de la década de 1940.

De guerra en guerra

Otro bracero fue Antonio Pérez*, quien dejó a su familia en Michoacán para irse con su hermano mayor a EE.UU. en busca de trabajo.

“La gente volvía a casa con jeans y radios. Todos queríamos lo mismo. Yo estaba trabajando como profesor de escuela primaria pero pagaba muy poco y mi hermano me dijo que me fuera con él a EE.UU.”.

Pérez se unió al programa en la década de los años 60, cuando estaba a punto de terminar.

Originalmente, el programa Bracero fue concebido como una medida temporaria para compensar la escasez de mano de obra en Estados Unidos durante a la Segunda Guerra Mundial.

Pero fue extendido cuando el país se involucró en el conflicto de la Península Coreana.

Tras suscribirse, Pérez fue llevado en tren a la frontera y luego en un viaje por tierra de 10 horas hasta una granja en California.

“Recuerdo que nos llevaron a un campo enorme en el que había mucha gente que también había sido contratada y venía de todas partes…”.

“Éramos como 400. Mi contrato era del 13 de junio a mediados de octubre. Empecé recogiendo melones y, cuando se acabaron, nos mandaron a recoger tomates”.

Aunque los trabajadores eran reclutados inicialmente dentro de México, a menudo los procesaban en EE.UU. por personas como Inés Fresquez*, estadounidense de origen mexicano.

Según cuenta, a principios de los 50, cuando ella trabajaba en la oficina de procesamiento, nunca había escasez de mexicanos queriendo trabajar en Estados Unidos y, aunque no les gustaba que ella conversara con los jóvenes que pasaban por su escritorio, Fresquez dice que no podía evitar sentir lástima por ellos.

Trabajadores agrícolas mexicanos hacen fila para registrarse para trabajar en los Estados Unidos, a través del programa Bracero, parte del Acuerdo de Trabajo Agrícola Mexicano.

Getty Images
Trabajadores agrícolas mexicanos hacen fila para registrarse para trabajar en los Estados Unidos, a través del programa Bracero, parte del Acuerdo de Trabajo Agrícola Mexicano.

Viviendo en cajas

Pero no todos respetaban o le daban la bienvenida a los mexicanos.

Los labradores estadounidenses temían que les quitaran el trabajo y que no pudieran competir con campesinos a los que les pagaban sueldos más bajos.

En teoría, los trabajadores invitados sólo podían ser contratados en áreas designadas como necesitadas de mano de obras. Pero a menudo eso era pasado por alto.

También se suponía que había garantías para los derechos de los mexicanos, pero en la práctica, las condiciones variaban mucho.

Braceros haciendo fila para comer

Getty Images
Haciendo fila para comer en el campo en el que trabajan en 1963, un año antes de que el gobierno estadounidense lo dejara de considerar vital para la producción e industria de EE.UU.

Lorenzo Cano, quien trabajó durante 11 años a temporadas como bracero, recuerda que en una de las granjas los alojaban en lo que describe como una pequeña “caja”.

“Vivíamos en pequeños refugios de madera en los campos cuando estábamos cosechando. No había baños, y teníamos que calentar agua en un barril y luego echárnosla encima.

“Cada uno tenía que hacer sus propias tortillas. Comíamos frijoles secos y a veces nos traían arroz con leche, pero nunca carne ni nada así“.

En sus humildes barracas después de un duro día de trabajo, los braceros se relajan mirando la televisión. Los hombres juntaban sus ganancias para comprar el set.

Getty Images
En sus humildes barracas después de un duro día de trabajo, los braceros se relajan mirando la televisión. Los hombres juntaban sus ganancias para comprar el set.

“Vivíamos 10, a veces 15 o 25 en esas chozas. El viento se colaba por las paredes y teníamos que tapar los huecos con pedazos de tela.

“Esa era la vida de bracero”.

Campesinos mexicanos quitando malezas en una granja en Colorado

The Denver Post via Getty Images
Campesinos mexicanos quitando malezas en una granja en Colorado, donde los productores locales decían que la oferta de trabajadores de campo estadounidenses era inadecuada, por lo que importaban los braceros mexicanos.

Melones, algodón, tomates…

A los braceros mexicanos los mandaban a trabajar por todo el país. Algunos incluso trabajaron en los ferrocarriles.

Generalmente no tenían salarios fijos sino que les pagaban por los resultados: a Lorenzo por la libra de algodón que recogiera; a Antonio, por la caja de tomates o melones.

“A eso de las 5 p.m. la campana sonada e íbamos a un gran salón con largas mesas para comer”, cuenta Antonio Pérez.

“Nos daban nuestras raciones pero teníamos que pagar por todo, incluso la comida.

“Me acuerdo que las primeras dos semanas que trabajé, gané sólo US$120, que no era mucho. Cuando se acabó el programa Bracero me quedé recogiendo melones. Gané más trabajando ilegalmente que cuando tenía contrato”.

“Todos fuera”

En el momento cumbre del programa Bracero -a mediados de la década de 1950-, aproximadamente medio millón de mexicanos se inscribieron en un año.

La mayoría de los contratos duraban unos pocos meses y cuando terminaban, les decían a los mexicanos que se fueran a casa.

Recogiendo fresas en el Valle Salinas.

Getty Images
Recogiendo fresas en el Valle Salinas.

“Era ‘todos fuera’, y nos teníamos que ir. Algunos ‘desertaban’ y trataban de quedarse, pero yo no”, recuerda Lorenzo Cano, quien regresaba a trabajar en los campos de su familia en Durango hasta la siguiente vez que podía conseguir un contrato en el norte.

Por su parte, cuando su contrato terminó, Antonio Pérez se filtró por la frontera ilegalmente y terminó lavando pisos en un hotel de Los Ángeles.

Ambos hombres más tarde consiguieron documentos para quedarse legalmente en Estados Unidos.

“Creo que me iba mejor cuando trabajaba sin permiso pues ganaba más, aunque todo dependía de mí”, señala Pérez.

“Aunque como bracero, podía llevar cosas a casa -un nuevo par de pantalones o algo para los niños-.

Realmente, no me puedo quejar de EE.UU.“, concluye el ex bracero.

…………………………………………

*Antonio Pérez, Lorenzo Cano e Inés Fresquez fueron entrevistados por investigadores de la Universidad de Texas en El Paso, como parte de un proyecto llamado “Bracero History Archive”. La BBC tuvo acceso a ese archivo.



Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

¿Ya conoces nuestro canal de YouTube? ¡Suscríbete!

¡Gracias por leer! Ayúdanos a seguir con nuestro trabajo. ¿Cómo? Ahora puedes suscribirte a Animal Político en Facebook. Con tu donativo mensual recibirás contenido especial. Entérate cómo suscribirte aquí. Consulta nuestra lista de preguntas frecuentes aquí.
Cuartoscuro
Comunidad indígena logra que gobierno del Edomex cambie proyecto para autopista Naucalpan-Toluca
La obra de infraestructura es una propuesta de los propios pobladores, elaborada con la asesoría de ingenieros y ambientalistas.
Cuartoscuro
22 de mayo, 2019
Comparte

Después de 12 años de lucha, la comunidad otomí de San Francisco Xochicuautla, ubicada en el Estado de México, llegó a un acuerdo con el gobierno y una filial de Grupo Higa para que la autopista de peaje Toluca-Naucalpan no divida por completo el Parque Otomí Mexica, y deje confinados a los habitantes de la zona alta de Lerma y sin poder subir a la montaña.

De acuerdo al plan de la empresa, la obra de infraestructura partiría en dos la reserva natural. Lo que quedara de un lado y de otro estaría conectado solo por dos pequeños pasos. La comunidad otomí ya no tendría libre acceso a lugares del bosque, que para ellos son sagrados, y la fauna de la región estaría en peligro, al verse obligada a cruzar una autopista, vuelta de pronto frontera, en donde para ellos antes había libre tránsito.

Hay un acuerdo para suspender las obras en Xochicuautla: habitantes

En 2007, Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, autorizó la construcción de la autopista Toluca-Naucalpan, a la empresa TEYA S. A. de C. V, filial de Grupo Higa.

“El proyecto, como estaba planteado, afectaba bosques, fauna, lugares sagrados y la cultura de nuestro pueblo otomí, además de importantes fuentes de agua, que incluso abastecen a la zona metropolitana”, explicó, en entrevista con Animal Político, José Luis Fernandez, integrante del Consejo Supremo Indigena de la Comunidad Xochicuautla.

Ante ese plan, los habitantes de la zona se rebelaron. Nadie los consultó sobre el proyecto, alertaron, e iniciaron la lucha legal y de resistencia social. Esa batalla entró en su fase final en 2016, cuando los pobladores decidieron, frente al avance del 93.7 % del total de la obra, que tenían una única opción viable: proponer un proyecto alternativo que les permitiera conservar su paso por el bosque y proteger a la fauna y toda el hábitat.

Nuevo proyecro de la autopista Toluca-Naucalpan.

Nuevo proyecro de la autopista Toluca-Naucalpan.

Policías del Edomex desalojan a habitantes de Xochicuatla, que se oponen a un proyecto de Higa

La propuesta sigue el trazo original de la autopista pero respeta los escurrimientos naturales subterráneos, que alimentan los ríos y fuentes de agua de la comunidad. “Nuestra propuesta respeta también el movimiento humano y de fauna, en lugar de cortar el paso”, asentó el Consejo Indigena en su posicionamiento oficial.

Para lograr esto, el proyecto alterno de la comunidad considera 10 pasos que se traducirán en puentes (uno de ellos mide 260 metros); pasos superiores multiusos con flora, (que servirán para mantener el continuo biológico de todas las especies) y un paso superior vehicular.

Además, la comunidad logró imponer un “Plan de Desarrollo Integral” con siete ejes estratégicos: educación, cultura, salud, deporte, productivo (sustentable y autosuficiencia alimentaria), forestal, (conservación y el cuidado de nuestros bosques) e infraestructura. En cada uno, la comunidad decidirá de manera autónoma los contenidos y acciones.

Otro logro es la creación de un fideicomiso, promovido por la recomendación 56/2016 de la CNDH, para que parte de los ingresos de la autopista Toluca-Naucalpan se destinen a obras de infraestructura en la comunidad, incluidos pozos para captación de agua pluvial.

Para los pobladores también es importante el reconocimiento moral. “Somos parte de una comunidad indígena en resistencia que logró crear una alternativa técnicamente mejor a la del gobierno y la empresa”, afirmó José Luis Fernández.

Los acuerdos, que terminaron de firmarse en marzo, fueron resultado de dos años de mesas técnicas con la empresa, y los gobiernos federal y del Estado de México, en las que la comunidad estuvo acompañada por testigos como la CNDH, la Organización de las Naciones Unidas y Servicios y Asesoría para la Paz.

¡Gracias por leer! Ayúdanos a seguir con nuestro trabajo. ¿Cómo? Ahora puedes suscribirte a Animal Político en Facebook. Con tu donativo mensual recibirás contenido especial. Entérate cómo suscribirte aquí. Consulta nuestra lista de preguntas frecuentes aquí.