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Plan Maestro del Aeropuerto de Santa Lucía

Mitre alerta de riesgo de embotellamiento con operación simultánea del AICM, Santa Lucía y Toluca

Para el centro de investigación la opción de Santa Lucía y operar tres pista implicaría una “innecesaria complejidad”, además falta estudio del espacio aéreo para dicha operación.
Plan Maestro del Aeropuerto de Santa Lucía
Por Redacción Animal Polítco
22 de noviembre, 2018
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El centro de investigación estadounidense Mitre, especializado en navegación aeronáutica, calificó como “preocupante” la operación simultánea del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y la Base Militar de Santa Lucía.

Asegura que la alternativa es preocupante al requerir “la creación de un espacio aéreo sumamente complejo que además no ha ido más allá de un plan conceptual ni ha sido simulado como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM)”.

La operación de tres pistas en el NAIM, refiere, sería mejor opción que las cinco propuestas con la inversión en el actual aeropuerto y en Santa Lucía, pues implica una “innecesaria complejidad de operación”.

La idea de que sumar pistas equivale a tener mayor capacidad aérea es errónea y puede resultar en un embotellamiento de tráfico aéreo, apunta.

La opción planteada por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, propone operar un mayor volumen de tráfico aéreo en tres aeropuertos relativamente cercanos: el AICM, Santa Lucía y el Aeropuerto Internacional de Toluca (AIT). Ante ello Mitre recomendó que se estudie el espacio aéreo y su gestión, antes de emprender obras en Santa Lucía.

“Sería desafortunado comprobar que la operación de los tres aeropuertos resulte en un ‘embotellamiento’ de tráfico aéreo sin mitigación”.

En un comunicado, el centro —que asesora a diversos organismos y autoridades de aviación—señala que el aeropuerto debe diseñarse desde el aire y no en tierra.

“Nadie ha desarrollado el obligado estudio de espacio aéreo de AICM+Santa Lucía, dejando a un costado, ante la abrupta orografía de la CDMX, que el sistema debe diseñarse de arriba (el espacio) hacia abajo (las pistas), no al revés”, señala el documento.

Lee: No hay estudios de impacto ambiental de Santa Lucía porque solo era proyecto: Espriú

La construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco cubriría las necesidades operacionales del tráfico aéreo de la capital mexicana durante “gran parte del resto del presente siglo”, según Mitre. En cambio, la operación del actual aeropuerto y de Santa Lucía resolverán el problema por un breve periodo.

“Mitre ha expedido muy diversos documentos técnicos, reestudiados por expertos en la materia, que explican la razón por la cual considera que el sitio en Texcoco es un sitio aeronáuticamente excelente, además de ser poco común en el mundo de hoy, por su cercanía al centro de pasajeros al que serviría”.

Además, ante los problemas de conectividad con los tres aeropuertos propuestos por el equipo de AMLO, “Panamá, Houston y otros (aeropuertos) captarán gran parte de ese tráfico de transferencia”, advierte el centro de investigación.

Mitre subrayó que el preestudio de octubre de la consultora Navblue (empresa de la firma Airbus) presentado por el equipo de López Obrador no es suficiente para iniciar la construcción de la opción Santa Lucía+AICM.

Respecto a la mecánica de suelos, que aunque aclara no es su especialidad, señala que un buen número de aeropuertos han sido construidos en zonas pantanosas (Munich es uno) y en islas extendidas hacia el mar (como Hong‑Kong) y muchos más.

LEE: ¿Qué pasará con quienes viven y trabajan en Santa Lucía? Nadie lo ha explicado y hay muchas dudas

Sobre el tema del medio ambiente, en donde Mitre es pionero, detalla que el AICM al cerrarse acabaría con la contaminación sonora sufrida por tantos ciudadanos y, en cambio, Texcoco fue alineado para no afectar con ruido áreas urbanas, mientras que se afectaría “la hoy tranquila área habitada de Santa Lucía”.

También, Mitre aclara que no certifica aeropuertos, ya que tanto la Agencia Federal de Aviación (FAA), así como la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) auditan diversos factores de la aviación internacional.

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Qué son los números imaginarios y por qué sin ellos no podrías leer esto

Fueron un invento de matemáticos renacentistas y, de acuerdo a la lógica convencional, no pueden existir. Sin embargo, aunque tardaron siglos en adoptarse, hoy están detrás de algunas de las tecnologías más esenciales que usamos.
18 de mayo, 2019
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En la Italia renacentista de comienzos del siglo XVI uno de los espectáculos callejeros más populares en la ciudad universitaria de Bolonia eran los duelos. Pero no solo los de espadas. También había combates puramente intelectuales.

Se trataba de desafíos matemáticos, en los que dos o más expertos batallaban por encontrar la solución a un problema. El duelo se llevaba a cabo en plazas públicas y era seguido por miles de habitantes.

Fue en esta época que algunos matemáticos italianos se empezaron a dar cuenta de que algunas ecuaciones eran imposibles de resolver.

En particular, aquellas cuya resolución requería calcular la raíz cuadrada de números negativos.

Como quizás recuerdes de la escuela, los números negativos no tienen raíces cuadradas: no hay un número que, cuando se multiplica por sí mismo, da un número negativo.

Esto se debe a que los números negativos, cuando son multiplicados, siempre producen un resultado positivo. Por ejemplo: -2 × -2 = 4 (no -4).

Pero los matemáticos Niccolo Fontana (alias Tartaglia) y Gerolamo Cardano se dieron cuenta de que si permitían la existencia de raíces cuadradas negativas, podían resolver ecuaciones verdaderas -o con “números reales”, como se conoce a los números que poseen una expresión decimal-.

Fue así como crearon una unidad nueva, imaginando la raíz cuadrada de -1 (o √-1 en términos matemáticos).

Ilustración de Gerolamo Cardano.

Getty Images
Gerolamo Cardano fue el primero que difundió la idea de la unidad imaginaria, que había pensado Niccolo Fontana (alias Tartaglia).

En 1573 otro matemático renacentista, Rafael Bombelli, explicó cómo funcionaba la aritmética con este nuevo concepto, en una obra llamada “Álgebra”.

Allí señaló que la unidad nueva no era positiva ni negativa y, por lo tanto, no obedecía las reglas habituales de la aritmética.

Por cerca de un siglo muchos pensadores rechazaron esta nueva idea, llamando a esta unidad inventada “ficticia, imposible o sin sentido”.

Uno de los detractores fue el filósofo francés René Descartes, quien en su obra “La Géométrie” (1637) bautizaría a la invención con el término despectivo de “números imaginarios“.

i

Pasarían muchas décadas más para que los matemáticos empezaran a aceptar a estos números imaginarios, que desafiaban la lógica, como algo válido y genuino.

En 1707, otro francés, Abraham de Moivre, relacionó los números imaginarios con la geometría, logrando así usar esta disciplina para resolver complejos problemas algebraicos.

Setenta años más tarde, los números imaginarios tendrían finalmente su propio símbolo: i (gracias al matemático suizo Leonhard Euler).

Y su uso permitiría extender el sistema de números reales (R) al sistema de números complejos (C), donde se combinan números reales con números imaginarios.

Un hombre escribiendo fórmulas en un pizarrón.

iStock
Podrá sonarte como un montón de números y fórmulas sin sentido, pero en realidad tienen muchos usos prácticos.

Quizás todo esto suena como algo completamente abstracto y sin utilidad real, que solo podría interesarle a intelectuales que viven en el mundo de las ideas, pero esa está lejos de la realidad.

En el siglo XX, los números imaginarios empezaron a tener muchos usos prácticos, permitiendo a ingenieros y físicos, entre otros, resolver problemas que de otra forma no hubieran tenido solución.

Telecomunicaciones

Hoy estos números imaginarios y complejos están detrás de algunas de las tecnologías más esenciales que usamos.

Resultaron especialmente valiosos cuando se inventó la electricidad, ya que son muy útiles para analizar cualquier cosa que se expresa en ondas (como las ondas eléctricas).

La ingeniería eléctrica utiliza números complejos, en los que “i” es usado para indicar la amplitud y la fase de una oscilación eléctrica.

Ondas de sonido

iStock
Los números imaginarios y complejos son especialmente útiles para analizar ondas: desde la electricidad y el sonido hasta la mecánica cuántica.

Sin estos números, no se hubiera podido desarrollar las telecomunicaciones. No existiría la radio, la televisión e internet y hoy no estarías leyendo esta nota en tu computadora, tablet o celular.

Los números imaginarios también permitieron todo tipo de desarrollos tecnológicos y científicos, desde el radar y el GPS hasta la resonancia magnética y las neurociencias.

La física cuántica reduce todas las partículas a formas de onda, lo que significa que los números complejos son fundamentales para comprender ese extraño mundo.

No sólo podrían ser clave para el futuro, sino que algunos creen que eventualmente podrían servir para responder una de las grandes incógnitas que siguen dejando perplejos a los científicos: ¿qué pasó antes del Big Bang y cuándo empezó realmente el tiempo?

¿En serio?

La clásica teoría general de la relatividad de Albert Einstein vinculó el tiempo con las tres dimensiones espaciales con las que todos estamos familiarizados (arriba-abajo, izquierda-derecha y adentro-afuera), creando un “espacio-tiempo” cuatridimensional en el que el tiempo solo puede avanzar.

Una teoría brillante, pero cuando se aplica a la creación del Universo surgen problemas.

Pero si invocas la teoría cuántica y le agregas algo de tiempo imaginario y todo empieza a cobrar sentido… al menos para los cosmólogos.

El tiempo imaginario se mide en números imaginarios y, a diferencia del tiempo real, puede avanzar y retroceder como una dimensión espacial adicional.

Y eso le da al Big Bang un momento para comenzar.


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