El rechazo a centroamericanos es racismo; no son una amenaza y no vienen a quitarnos nada: investigadores
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El rechazo a centroamericanos es racismo; no son una amenaza y no vienen a quitarnos nada: investigadores

Miles de personas no son un peligro en una población de 120 millones de personas. Si se emplean lo harán en trabajos precarios que no quieren los mexicanos, y no son delincuentes, vienen huyendo de la pobreza y la violencia.
Cuartoscuro
7 de noviembre, 2018
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Entre las noticias publicadas estos días sobre el éxodo centroamericano aparece el video de un voluntario en el estadio Jesús Martínez ‘Palillo”, en la alcaldía de Iztacalco, en la Ciudad de México. Es parte del grupo de personas que están ahí para apoyar a la caravana migrante. El joven dice a cuadro que por ahora hay suficientes donaciones de ropa de mujer y de niños. Pide llevar mejor vestimenta de hombre, tenis, chamarras, bóxers y calcetines.

En los comentarios dejados en el video hay frases como: “ah sí, ya nada más falta que quieran Gucci, Oscar de la Renta, Dockers, Levis, todo quieren esos delincuentes” o “asómate cómo está la gente de Tepic, y los mexicanos están más preocupados por estos delincuentes que entraron de forma violenta e ilegal al país”.

Leer: Mexicanos del norte apoyan dar trabajo a migrantes; los rechazan en el occidente y bajío: Mitofsky

Hay muchos mensajes en redes sociales con las mismas palabras: delincuentes, ilegales, violentos. Muchos más enuncian el miedo a que no solo quieran pasar por México hacia Estados Unidos, sino que quieran quedarse y entonces causen sobrepoblación, desempleo, más delincuencia. El contraste está en la respuesta de apoyo de las comunidades pobres por donde la caravana ha pasado. En las redes también ha quedado testimonio de eso: los de menos recursos apoyando a migrantes que para otros, en mejor posición, parecen un peligro.

Máximo Jaramillo, coordinador de Estudios de Desigualdad de Oxfam México, dice que esta parte de la reacción, xenófoba-clasista-racista, es una expresión más de la narrativa meritocrática: negada a reconocer los privilegios de algunos sectores por su origen. “A través de esas narrativas justifican lo que tienen y que no se hagan mayores acciones para tratar de cambiar la desigualdad”.

Este tipo de posicionamientos, agrega el investigador, los reproducen por lo general quienes se auto adscriben a la clase media, aunque en realidad no pertenezcan a ésta: sectores de la clase alta y quienes en realidad, por ingreso, se ubican en la clase baja. “En México, de acuerdo a datos del INEGI, la clase media representa 40% de la población total del país, pero el 70% se auto adscriben en ese grupo”. El 30% imaginariamente mal ubicado son quienes apoyan más fuerte estas narrativas individualistas o meritocráticas.

Leer: Más de 2,600 migrantes que pidieron refugio a México ya tienen permiso provisional para trabajar

La encuesta Caravana Migrante, de Consulta Mitofsky, también da información respecto al perfil de quienes rechazan al éxodo. Los resultados muestran que 51% de las y los mexicanos concuerdan con la propuesta del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, sobre ofrecerles empleos dignos y el 42% la rechaza. Los sectores que muestran más apoyo a la caravana son: los hombres; los habitantes de localidades rurales, y los de nivel económico más bajo. El sector con más rechazo está constituido por los votantes del PAN en las elecciones presidenciales; que residen en el occidente o el bajío del país, y quienes conforman la clase media.

El argumento principal de quienes están en contra de la caravana es que su presencia puede provocar inseguridad; desempleo para los mexicanos; sobrepoblación; mayor crisis, y por miedo o temor. Pero todo eso es solo una reacción xenófoba y racista, concuerda Patricio Solís, profesor investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México (COLMEX). “Son muletillas que se le colocan a los prejuicios para justificarlos”.

Solís asegura que en términos de cantidad, una caravana de 7 mil personas no es ninguna amenaza para una población de más de 120 millones. Ese número, e incluso uno más elevado, no afectaría la densidad de población del país. Los centroamericanos tampoco alterarían la disponibilidad de empleos. Aun cuando el número de migrantes fuera mayor, y permanente, no impactaría en la ocupación de los mexicanos, por el tipo de trabajos que suelen desempeñar. “Por sus niveles de calificación –explica el investigador– y por sus antecedentes de empleo, estos migrantes se ubican en la parte baja de la estratificación ocupacional”.

Jaramillo, el investigador de Oxfam, dice que los migrantes del éxodo centroamericano no se quedarán con el empleo de un profesionista. “Lo más común cuando los contratan en la frontera sur, con los permisos de tarjetas de visitante trabajador fronterizo, es que los empleen en el campo, en trabajos un poco más precarios de los que ocuparían connacionales. Es la misma lógica de cuando contratan a migrantes mexicanos en Estados Unidos”.

De los trabajadores que están ocupados en México y que son migrantes, especifica Máximo Jaramillo, el 74%, tres de cada cuatro no tienen prestaciones laborales. “De esa magnitud es su mala situación, así que no podrían estar compitiendo con el empleo de todos los que están preocupados en redes sociales”.

Tampoco es que sean delincuentes, “no son personas que vienen a hacer cosas malas, son personas que están huyendo de situaciones graves como la violencia y la pobreza en sus países”, dice Ana Saiz, directora de Sin Fronteras. “La migración irregular no es un delito ni tampoco lo es la necesidad de protección internacional, esto es un derecho, y no por eso son delincuentes”, aclara Daniela Gutiérrez, coordinadora del Área de Solicitantes de Asilo de la Comisión Mexicana para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH).

¿Por qué entonces causan tanto miedo?

Patricio Solis explica que el éxodo migrante lo que en realidad amenaza es nuestro nacionalismo, construido sobre un proceso de mestizaje que lleva en el fondo un proceso de blanqueamiento de la población. “Es un mestizaje aspiracional que tiende a pasar a la blancura, y la migración que nos viene del sur de alguna manera representa un retroceso en ese proyecto blanqueador de la sociedad mexicana”. Por eso es que no pasaría lo mismo si estos migrantes fueran europeos, agrega. Las reacciones no serían tan fuertes. “Aquí están entrelazados todos nuestros fantasmas, es una mezcla de racismo, xenofobia, clasismo, que se manifiesta en esta coyuntura particular”.

Si se analiza el origen de los migrantes empleados en México, señala Máximo Jaramillo, resulta que, según datos del INEGI, el 17% es de Centroamérica y el 13% es de Europa. “La diferencia es poca, pero claramente los que nos preocupan son los centroamericanos y no los europeos, cuando son ellos quienes traen niveles de educación más altos y pueden sí representar competencia para la clase media”.

Respecto a que primero se atienda a los pobres de México y después se piense en los centroamericanos, “al final de cuentas –dice Jaramillo– y claro que hay criticas respecto a cómo se hace, pero ya se está atendiendo a la población en pobreza en México, no es que no se atiendan. Lo otro es que los migrantes no vienen a ser beneficiarios de los grandes programas sociales”.

Lo que les están ofreciendo con el programa Estás en tu casa, por ejemplo, es atención médica y empleo temporal. “A lo que aspirarían es a algo menor al seguro popular, que ya de por sí es muy carente. No es como que vayan a ocupar el lugar de un mexicano en la atención médica, y sobre el empleo, ya se dijo, sería temporal y precario. El gobierno realmente no les está ofreciendo nada más y quien sabe si eso se los vaya a cumplir”.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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3 razones por las que el "capitalismo responsable" es todavía una ilusión

Multimillonarios y grandes corporaciones están utilizando en su discurso la idea de que las empresas deben ser más responsables con el medioambiente y las personas. Pero al confrontar las palabras con la realidad... la historia no es tan simple.
23 de febrero, 2020
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Con una nueva oleada de consumidores en países desarrollados que prefieren productos menos contaminantes y cuyo proceso de producción respete los derechos humanos y laborales, las grandes corporaciones han comenzado a reaccionar.

La organización Business Roundatable, que reúne a unas 200 de las mayores compañías estadounidenses, lanzó en agosto del año pasado una declaración en la que insta a las empresas a dejar atrás la “primacía de los accionistas” y reemplazarla por el llamado “stake holder capitalism”, o capitalismo que considera a todos los afectados por el negocio.

El concepto, que básicamente se refiere a un “capitalismo responsable” con el medioambiente, los accionistas, los trabajadores, las comunidades donde opera y los proveedores, ha ganado fuerza en el discurso de las corporaciones.

Incluidos los directores ejecutivos de Amazon, Apple, Walmart o General Motors, los firmantes de la declaración aseguran que las empresas no deberían servir exclusivamente a los intereses de sus dueños.

“El sueño americano está vivo pero se está deshilachando. Los grandes empleadores están invirtiendo en sus trabajadores y en sus comunidades porque saben que esa es la única vía para ser exitoso en el largo plazo”, dijo Jamie Dimon, presidente ejecutivo del banco JP Morgan Chase y jefe de la organización Business Roundatable.

Jamie Dimon, JP Morgan

Getty Images
“El sueño americano está vivo pero se está deshilachando”, dijo Jamie Dimon, presidente del banco JPMorgan y jefe de Business Roundtable.

El tema fue discutido en el Foro de Davos, que reúne cada año a la élite empresarial y política del mundo. Existe incluso un “Manifiesto de Davos 2020”, que llama a las empresas a trabajar en favor de la sociedad y no solo en favor de los accionistas.

Las protestas de los activistas climáticos

Todas estas declaraciones han generado críticas de los escépticos, particularmente los activistas contra el cambio climático.

Hace unos días, por ejemplo, un grupo de manifestantes en París entró a las oficinas de BlackRock -el administrador de fondos más grande del mundo- para protestar contra sus inversiones en empresas que destruyen el medioambiente.

Y no es la primera vez que la firma es señalada por manifestantes.

Manifestante arrestado en Davos

Getty Images
Manifestantes protestaron en las oficinas de BlackRock en París.

Lo que llama la atención es que justamente el director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, anunció a mediados de enero que solo haría negocios con empresas que beneficiaran a la sociedad de alguna manera.

“Sin un sentido de propósito, ninguna compañía, ya sea pública o privada, puede alcanzar su máximo potencial”, escribió Fink en su carta anual dirigida a los accionistas.

Pero los activistas no le creen.

“Es fácil de decir pero muy difícil de hacer”

En medio de las protestas y “declaraciones de buenas intenciones”, los académicos Vijay Govindarajan y Anup Srivastava publicaron un artículo en la revista Harvard Business Review en el que analizan qué está ocurriendo en la práctica con esta idea del “capitalismo responsable”.

“Se habla mucho sobre el capitalismo responsable, pero no estamos viendo tanto progreso”, le dice a BBC Mundo Vijay Govindarajan, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Dartmouth, New Hampshire, Estados Unidos.

Vijay Govindarajan

Getty Images
Vijay Govindarajan explica que el capitalismo responsable “es fácil de decir pero muy difícil de hacer”.

La razón, explica, es que no existen muchos ejemplos documentados de empresas que busquen maximizar su rentabilidad y que al mismo tengan prácticas de capitalismo responsable.

“Optimizar las ganancias y hacer el bien al mismo tiempo… es fácil de decir pero muy difícil de hacer”, apunta el experto.

Sin embargo, Govindarajan dice que de acuerdo a sus estudios no todo el panorama es sombrío.

Cita como ejemplo a la empresa Pepsi, que “transformó su filosofía operativa para servir a todas las partes interesadas” (y no solo a los accionistas), y que al mismo tiempo tuvo un desempeño financiero sobresaliente entre 2006 y 2018.

Pero más allá de lo que han hecho determinadas empresas, ¿por qué el capitalismo responsable es todavía una ilusión?

Según el análisis de Govindarajan y Srivastava, hay varios obstáculos que impiden llevar el discurso a la práctica.

1. La medida del éxito

Una de las razones que muestran por qué el capitalismo responsable es todavía una ilusión tiene que ver con la manera en que se mide el éxito de una empresa.

El objetivo principal en la mayor parte de las grandes firmas sigue siendo crear riqueza para los accionistas.

Gráfico

Getty Images
El éxito de una empresa se sigue midiendo en función de las ganancias para sus accionistas.

Por lo pronto, no hay un marco consensuado que defina el éxito combinando medidas financieras y no financieras.

Casi cada movimiento se evalúa en función de su impacto en los ingresos, utilizando métricas como la eficiencia, el retorno del capital y las ganancias.

Mientras no existan otros parámetros que incluyan una evaluación del desempeño ambiental y social de una empresa, dicen los autores, será muy difícil que se produzca un cambio.

2. Directivos despedidos

Vinculado a lo anterior, los directivos de las grandes corporaciones siguen siendo contratados, despedidos o recompensados según las metas financieras.

Así, factores como las ganancias y el precio de las acciones definen la carrera de una persona.

Ejecutivo sendado en una banca.

Getty Images
Los directivos de las grandes corporaciones siguen siendo contratados, despedidos o recompensados según las metas financieras.

Para avanzar hacia un capitalismo responsable, los directivos deberían ser evaluados por sus logros financieros en un marco de respeto a los valores que la compañía dice respetar.

Por otro lado, el directorio de una empresa sigue siendo elegido por los accionistas, quienes están preocupados de maximizar sus ganancias y no por promover la responsabilidad empresarial.

Y los grandes inversionistas que administran fondos para entregar dividendos a muchos clientes dispersos siguen siendo evaluados por el rendimiento de su inversión y no precisamente por el tipo de empresa donde esa inversión generó riqueza.

3. El financiamiento y la presión social

Otra razón que impide que el capitalismo responsable se lleve a la práctica es la manera en que se financian las empresas.

Los emprendedores requieren inversionistas para echar a andar su proyecto. Cuando la firma comienza a desarrollarse, aparecen los inversores de segunda etapa, que quieren ver sus retornos financieros lo antes posible y, sin duda, los bancos están a la espera de recibir el pago de su capital y los intereses de los préstamos.

El engranaje de financiamiento se puede tornar complejo y suele ocurrir que las firmas privilegien el rendimiento para satisfacer a quienes aportaron capital -a través de distintos mecanismos- antes que apegarse a los valores de una empresa responsable social y ambientalmente.

Por último, hay una fuerte presión social que le asigna valor a la gente según su riqueza acumulada.

Entonces, destacan aquellas personas que crean grandes fortunas, pero muchas veces la gente no se pregunta cómo lograron esa riqueza y qué valores pudieron haber sido sacrificados en el camino.


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