Cómo la forma en la que los presidentes en México toman posesión marca sus sexenios
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Cuartoscuro

Cómo la forma en la que los presidentes en México toman posesión marca sus sexenios

La toma de protesta de los últimos cinco presidentes de México se ha visto envuelta en controversias y falta de convencimiento por parte de los ciudadanos, situación que marcó el inicio y rumbo de sus administraciones.
Cuartoscuro
Por Notimex
26 de noviembre, 2018
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La ceremonia de cambio de poderes en México es más que un simple acto protocolario, pues el acto deja ver cuál será el sello del gobierno durante los próximos seis años, consideraron analistas.

La toma de posesión del presidente en turno en México es, a decir del académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Luis Gómez Sánchez, un ritual político que en el año 2000 puso fin al sistema de partido único.

Pero no es sino hasta que el presidente entrante rinde protesta “cuando hay una transformación de una persona ciudadana a una persona con una responsabilidad presidencial”, explicó en entrevista.

Estos rituales sexenales pueden ser protocolarios, solemnes, complejos, pero al final es simple y llanamente que el titular del Poder Ejecutivo federal entrante asuma la responsabilidad frente a la Nación, ante los ciudadanos y con los poderes constituidos.

En las últimas tres décadas, los presidentes Enrique Peña Nieto; Felipe Calderón Hinojosa; Vicente Fox Quesada; Ernesto Zedillo Ponce de León, y Carlos Salinas de Gortari, han cumplido puntualmente y en diferentes circunstancias con ese ritual que data desde hace más de 200 años. Desde 1912 el juramento de protesta ha tenido variaciones.

El actual de “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”, data de 1917.

Fox Quesada agregaría la frase “por los pobres y marginados de este país y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”.

Para el historiador, académico y periodista Lorenzo Meyer, México ha vivido en los últimos 30 años cambios políticos enormes, no así en materia económica, los cuales se han mantenido de alguna forma en la misma variable aun durante la llamada alternancia.

Parafraseando a Daniel Cossío Villegas, consideró que es “el estilo personal de gobernar”, lo que marca a un sexenio.

Y si de frases se habla, aquellas como “No soy la señora de la casa”, “Solo recibieron shots de tequila”, “Comes y te vas”, “No traigo cash” y “Ni los veo ni los oigo”, también marcaron sus sexenios.

Al hacer un balance de las últimas cinco administraciones, dijo que, dentro de un mismo esquema general de ejercicio del poder, lo que cambia es, en buena medida, las prioridades de quien lo encabeza y, el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, no será la excepción.

“Son las prioridades del presidente lo que deja la marca del sexenio: el presidente como persona, el presidente como cabeza de un grupo, el presidente como representante de una idea de gobierno”, anotó.

A decir de Meyer Cossío, los sexenios de Peña Nieto, Calderón Hinojosa, Fox Quesada, Zedillo Ponce de León y Salinas de Gortari son parte de un mismo régimen, aunque solo tienen la peculiaridad de que en el año 2000 cambió de partido, pero no de esencia: del Revolucionario Institucional (PRI) al de Acción Nacional (PAN).

Esto es, “pese a que hubo alternancia entre priistas y panistas, no hubo grandes cambios; “es más importante la permanencia que el cambio”, opinó.

El verdadero cambio de régimen tardará en notarse

A escasos días del relevo sexenal, el doctor en Relaciones Internacionales por El Colegio de México (Colmex) vislumbró un cambio de régimen.

“Yo diría que lo que esperamos es un cambio de régimen (…) al menos eso es lo que prometió el líder de ese cambio (López Obrador) y el grupo, la fuerza que lo impulsó y que lo llevó a un triunfo contundente, la generó un cambio sustantivo, un cambio en la naturaleza del uso del poder”, expuso.

No obstante, aclaró que el cambio sustantivo va a tardar en verse, “porque no hay forma de modificar rápidamente las inercias. Entonces, sí se verá el cambio de personas, el cambio de discurso, pero en la vida práctica del ciudadano mexicano, yo creo que va a tomar bastante más tiempo. Va a ser poco a poco”.

Así, el 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador rendirá protesta en el Palacio Legislativo de San Lázaro, en el mismo lugar que lo hicieron Peña Nieto, Calderón Hinojosa, Fox Quesada, Zedillo Ponce de León y Salinas de Gortari, aunque no en las mismas circunstancias.

Los presidentes Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, eligieron el Palacio de Bellas Artes para recibir el poder y dar su discurso, mientras que Luis Echeverría, optó por el Auditorio Nacional.

El tabasqueño recibirá la banda presidencial de manos del presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo. Se espera que, tras ser investido como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, dirija un mensaje a la Nación.

Ello, previo llamado a la civilidad política, del presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, Mario Delgado, tras el amago de la bancada panista de protestar por la presencia en el Recinto Legislativo, del mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro.

Pero, tanto al interior como al exterior del Palacio Legislativo de San Lázaro, las protestas se han hecho presentes. Al menos, las investiduras de Peña Nieto, Calderón y Salinas, así lo confirman.

El 1 de septiembre de 2012, Enrique Peña Nieto fue recibido en una Cámara de Diputados rodeada de vallas metálicas, en medio de protestas de jóvenes integrantes de Movimiento #YoSoy132 y dentro del recinto por legisladores de oposición con gritos de “Monex”, Monex”.

Calderón Hinojosa se despojó de la banda presidencial, la besó, para posteriormente depositarla en las manos del presidente de la Mesa Directiva, Jesús Murillo Karam quien, a su vez, la entregó a Peña Nieto.

Seis años antes, también en medio de protestas, empujones y de fuertes medidas de seguridad, Felipe Calderón rindió protesta del cargo de presidente de los Estados Unidos Mexicanos en medio de una rechifla de legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que tomaron la Tribuna.

“Calderón ganó con una duda, y tanto había duda que si hubiera habido certeza se hace el recuento de voto por voto, casilla por casilla, pero no quisieron arriesgarse”, planteó el historiador Meyer.

A las 8:00 horas del 1 de diciembre de 2006, concluyó la tregua de no agresión que habían pactado panistas y perredistas. Luego, vinieron los roces, los enfrentamientos, así como las barricadas hechas con curules en las puertas para evitar el quórum para la sesión de Congreso General, que al final se instaló con 335 diputados y 94 senadores.

A las 9:47, según marcaba el reloj electrónico de la Cámara Baja, entró Calderón Hinojosa al Recinto Legislativo y detrás de él, el presidente Vicente Fox Quesada con la banda presidencial en ambas manos. La ceremonia de investidura duró apenas unos minutos.

Calderón Hinojosa ganó la Presidencia de la República a López Obrador, con una diferencia de 0.56 por ciento de los votos.

El guanajuatense “de la transición”, Vicente Fox recibió la banda presidencial en una Sesión General de Congreso ordenada, tal y como lo marca el ritual sexenal.

En medio de una ovación y consignas de ¡México! México!, el exgobernador de Guanajuato fue investido el 1 de diciembre del año 2000, a sus 58 años de edad, como presidente de la República.

El presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ricardo García Cervantes, entregó la banda presidencial a Vicente Fox, entre gritos de ¡Fox! ¡Fox! ¡Fox! Era la primera vez que un mandatario no priista asumía el cargo. Ernesto Zedillo, fue el último presidente priista del siglo XX.

Antes de dirigir su primer discurso ante el Congreso de la Unión –el cual fue interrumpido con algunas consignas- saludó a sus hijos Cristina, Paulina, Vicente y Rodrigo.

“La toma de protesta de Fox implicó un cambio de gobierno, no así un cambio de régimen político. Para que hubiera un cambio de régimen político se deberá dar una transformación que esté ligada a la creación de una nueva Constitución”, indicó el académico de la UNAM, Gómez Sánchez.

La malograda candidatura presidencial de Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas, abrió el paso a Ernesto Zedillo como abanderado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ganó los comicios.

El 1 de diciembre de 1994, arribó a San Lázaro donde ya lo esperaba el presidente saliente Carlos Salinas de Gortari.

En la tribuna, presidente saliente y entrante se dieron un efusivo abrazo, así como un fuerte apretón de manos. Posteriormente, Salinas procedió a despojarse de la banda presidencial, la dobló y la depositó en manos de la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Carlota Guadalupe Vargas Garza, quien a su vez la entregó a Ernesto Zedillo.

“Zedillo fue el presidente resultado de un accidente (la muerte de Luis Donaldo Colosio) esto es, el presidente que no quería ser presidente y que lo demostró cuando dejó de serlo al lograr su sueño: ser profesor de una muy buena universidad fuera de México”, opinó a su vez, Lorenzo Meyer.

“(Zedillo) se hizo académico después de dejar la presidencia y salir del país”, no sin antes cargar con el llamado ‘error de diciembre’. Es el presidente que ya no apoyó al PRI a fondo, él no fue priista, que no defendió a sangre y fuego la presidencia”, abundó.

La ceremonia de investidura de Carlos Salinas de Gortari, el 1 diciembre de 1988, estuvo marcada por la llamada “caída del sistema”.

El graduado en la Universidad de Harvard, donde obtuvo la maestría en administración pública, tuvo durante la campaña a dos grandes opositores: Manuel J. Clouthier,”Maquío”, del PAN, y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, postulado por el Frente Democrático Nacional.

Salinas de Gortari recibió la banda presidencial de manos de la periodista y exlegisladora colimense, la ahora expriista Socorro Díaz Palacios, en medio de protestas y cuestionamientos acerca de su triunfo electoral.

A decir de Lorenzo Meyer, “el estilo personal de gobernar de Salinas, fue el de alguien que no logró mostrar que hubiera ganado la elección en 1988, pero que a juicio de otros y del él mismo, ganó la presidencia después de la elección. Se montó en el poder y lo ejerció a plenitud.

“Si hay una manera de definirlo es: tratar de ganar la presidencia después de la elección. Esa idea va a continuar por siglos. Usó la presidencia, gobernó como un presidente fuerte después de la elección”, puntualizó.

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Northwestern Medicine

Mayra, la primera persona en recibir un trasplante doble de pulmón por COVID-19

Cuando Mayra Ramírez despertó otra vez a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado. Esta es su historia.
Northwestern Medicine
7 de agosto, 2020
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Cuando Mayra Ramírez despertó a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado.

Estaba en una cama de un hospital de Chicago, conectada a decenas de cables, aparatos y monitores, una escena similar al último recuerdo que tenía, cuando fue ingresada con los síntomas inequívocos de COVID-19 a finales de abril.

Pero las marcas frescas de las cicatrices mostraban que algo había sucedido mientras ella estaba en un coma inducido, en un no-tiempo de inconsciencia y pesadillas recurrentes.

“No fue hasta semanas después de que desperté que me di cuenta de que me habían hecho un trasplante de pulmones el 5 de junio y de que era el primer caso en Estados Unidos que lo recibía como un paciente de coronavirus”, cuenta en entrevista con la BBC.

Los médicos de Ramírez -de 28 años y sin ninguna enfermedad conocida que pudiera agravar su estado- habían visto su salud deteriorarse progresivamente desde que ingresó.

La joven había llegado al hospital con falta de aire, pero unas semanas después sus pulmones ya estaban “como un queso gruyer“.

A inicios de junio, llamaron a la familia en Carolina del Norte para que se despidiera de ella: no le daban dos días de vida.

Pero casi a último minuto los médicos decidieron probar una técnica que, hasta donde se conoce, no se había practicado antes con un paciente de coronavirus en EU.

“Mayra, más allá de la enfermedad, estaba saludable y también es joven, por lo que si éramos capaces de arreglar sus pulmones, todo lo demás debería estar bien”, cuenta a la BBC el cirujano Ankit Bharat, uno de los responsables del trasplante.

Dos días después iniciaron el procedimiento, sin tener ninguna esperanza -o certeza- de cuáles serían los resultados.

El lugar del silencio

Mayra, que es originaria de Carolina de Norte, se había mudado en 2014 a Chicago, donde comenzó a trabajar como asistente legal.

Mantenía una vida saludable: le gustaba correr, viajar y en su tiempo libre solía visitar a sus amigos o su familia o jugar con sus perros.

Cuando la pandemia comenzó a golpear el estado de Illinois, el temor de enfermarse la llevó a reforzar las precauciones: comenzó a trabajar de forma remota y asegura que apenas salía de casa.

Mayra

Northwestern Memorial Hospital
Mayra todavía se recupera de su operación.

Pero en abril comenzó a sentirse inusualmente mal y algunos síntomas recurrentes se mostraron como un mal augurio.

“Es la cosa más difícil por la que he pasado en mi vida. Estaba trabajando desde casa cuando empecé a perder el olfato y el sabor. Estaba muy cansada, me faltaba el aire y no podía caminar grandes distancias”, recuerda.

Contactó con la línea nacional de COVID para seguir sus consejos. Le recomendaron que se aislara en casa y vigilara sus síntomas.

Pero cada día se sentía peor.

“El 26 de abril ya no pude soportar más y fui a emergencias. Tomaron mis signos vitales y mi oxígeno en sangre estaba muy bajo. A los 10 minutos ya me estaban pidiendo que designara a alguien para que pudiera tomar decisiones médicas por mí“, recuerda.

Fue su último recuerdo por más de un mes.

Una cama de hospital

BBC
La joven estuvo en un ventilador por más de un mes.

La joven fue sedada y conectada casi inmediatamente a un respirador y a una máquina ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), un dispositivo que brinda soporte cardíaco y respiratorio.

“Estuve durante seis semanas en el respirador”, dice.

De todo ese tiempo solo recuerda unos malos sueños que todavía la atormentan.

“Durante esas semanas tuve pesadillas que todavía me afectan hoy, mientras todavía sigo tratando de recuperar algunas capacidades mentales y cognitivas”, asegura.

El momento decisivo

Pero luego de un mes y medio en un respirador Mayra no mostraba mejoría y sus pulmones ya mostraban daños irreversibles.

“Entonces fue cuando le dijeron a mis padres que yo tenía un daño pulmonar agudo y les pidieron que vinieran al hospital a decir adiós porque yo no pasaría de la noche”.

El equipo médico del Chicago’s Northwestern Memorial Hospital, sin embargo, decidió tomar una decisión arriesgada: completaron una evaluación urgente, la consultaron con la familia y como último recurso decidieron someterla a un trasplante doble de pulmón.

Era un procedimiento que se había probado antes en países como Austria y China para pacientes de coronavirus, pero no existía referencia hasta ese momento de otro caso similar en EU.

“Inmediatamente después del trasplante su corazón comenzó a bombear sangre de forma correcta a todos los demás órganos”, afirma el doctor Bharat.

“Cuatro semanas después estaba fuera del hospital. Ahora está en casa, hablando bien, con niveles de oxígeno adecuado”, agrega.

Según un comunicado del hospital, el caso de Ramírez y de otro hombre sometido poco tiempo después a una intervención similar muestran que los trasplantes dobles de pulmón pueden ser también una opción para casos críticos de coronavirus.

Para Ramírez, tras la operación, no solo comenzó el largo proceso de la recuperación, en el que ha tenido que aprender a respirar e incluso a caminar de nuevo.

También, dice, ha tenido que lidiar con las profundas cicatrices emocionales y psicológicas que los últimos meses han dejado en su vida.

“Ahora me siento mucho mejor que cuando desperté tras el trasplante. Estuve durante tres semanas en un proceso de rehabilitación que me ha ayudado drásticamente a mejorar mis habilidades físicas, pero todavía estoy tratando luchar con esto desde un punto de vista mental”.

“Es un proceso lento, pero estoy mucho mejor”.

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