Defraudan a más de 6 mil trabajadores mexicanos que buscaban empleo temporal en EU
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JOSƒ JOAQUIN MURRIETA / CUARTOSCURO.COM

Defraudan a más de 6 mil trabajadores mexicanos que buscaban empleo temporal en EU

De acuerdo con un reporte del Centro de los Derechos del Migrante, entre 2014 y 2018 se registraron 104 casos que involucran a 6,497 personas, quienes por un empleo falso pagaron en promedio una cuota de 9,300 pesos, el equivalente a tres meses y medio de salario mínimo en México. 
JOSƒ JOAQUIN MURRIETA / CUARTOSCURO.COM
27 de noviembre, 2018
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En la Sierra de Hidalgo no hay trabajo. Antes la gente se ocupaba en el campo. Después de 1994 y del TLC entre América del Norte esto dejó de ser una opción. Por eso cuando llegan personas pidiendo dinero a cambio de colocar a unos cuantos en empleos temporales en Estados Unidos, los que pueden lo consiguen y se los dan. Sacan sus ahorros o se endeudan para pagar la cuota al reclutador. Unos sospechan que aquello puede ser un fraude, pero no les queda más que confiar.

Javier López, activista por los derechos de los trabajadores migrantes temporales, cuenta que van dos casos, uno hace poco más de un año y otro hace unos ocho meses, en los que llegaron reclutadores a las comunidades pidiendo 7 mil pesos por cabeza para tramitar la visa. Rentaron un ómnibus para -según ellos- llevar a los interesados al consulado de Monterrey. “Pero nomás tuvieron el dinero en su poder, se bajaron del camión, y ahí los dejaron, sin visa y sin trabajo”.

El Centro de los Derechos del Migrante (CDM), una organización que apoya a las y los trabajadores mexicanos mientras se mueven entre sus comunidades de origen y sus lugares de trabajo en los Estados Unidos, ha documentado fraudes hasta por 60 millones de pesos. Entre 2014 y 2018 recibió reportes de 104 casos, que involucran a 6,497 personas quienes por un empleo falso pagaron en promedio una cuota de 9,300 pesos, el equivalente a tres meses y medio de salario mínimo en México.

La organización supo de casos en 27 de los 32 estados. Las entidades con el mayor número de fraudes son Guanajuato, Zacatecas e Hidalgo, pero es en San Luis Potosí, Tabasco y Veracruz donde se han registrado más afectados. Por lo general un fraude no involucra solo a una persona. En esos lugares ha habido más defraudados por caso. La prevalencia en ciertos puntos se explica porque son zonas de mayor movimiento de trabajadores temporales, donde es más fácil que la gente crea en una oferta de empleo provisional.

CDM reconoce que sus cifras son solo una parte del problema, nada más el recuento de los casos que reciben. Debe haber muchos más. En un reporte del 2013, Revelando el Reclutamiento: Fallas Fundamentales en el Programa de Trabajadores Temporales H-2 y Recomendaciones para el Cambio, esta misma organización aseguró que una de cada diez personas trabajadoras migrantes (en 2017 hubo en total 211,577) pagan a un reclutador por un trabajo que no existe.

La maquinaria

El gobierno de los Estados Unidos autoriza empleos temporales para migrantes a petición de las empresas de su país. Son apenas para unos meses: entre tres y nueve. Cada compañía solicita un número de trabajadores y debe cumplir con una serie de requisitos, incluyendo la obtención de una certificación de trabajo temporal. El gobierno permite entonces cierta cantidad de visas H-2, creadas para trabajadores con o sin experiencia (no profesionales y sin un título académico). Así, del lado de las empresas todo queda regulado y claro.

Para los trabajares es todo lo contrario. La información que comparte el gobierno estadounidense sobre las certificaciones H-2 es limitada. Se publica con retraso, en inglés y en un formato poco accesible. “Una persona que busca empleo en los Estados Unidos no tiene forma de saber cuáles son las vacantes disponibles en tiempo real ni los términos de trabajo autorizados”, dice Lilian López Gracian, asesora legal de CDM.

Los empleadores estadounidenses que obtienen la certificación recurren a reclutadores para encontrar a los trabajadores en México y para que los asistan en el trámite de las visas y los arreglos para el transporte a los Estados Unidos. A estos reclutadores no los regula nadie, ni el gobierno de Estados Unidos ni el de México. Como no hay registros ni permisos, las personas que buscan trabajo no tienen otra opción más que confiar.

Algunos de estos reclutadores son agencias; en otros casos son personas que ya han trabajado en empresas en Estados Unidos. Unos sí se llevan a las personas a ofertas verdaderas de trabajo, pero igual les cobran una cuota por ponerlos en la lista de los empleados aceptados por la empresa. En la Sierra de Hidalgo, Javier López asegura que todos los trabajadores le pagan algo al reclutador. La cuota por lo general es de mil pesos.

También hacen negocio con los traslados: cobrándoles el transporte y los alimentos. “Defraudan y abusan de los trabajadores porque pueden hacerlo, como no los regula nadie, no necesitan permisos ni registro, nada, eso genera mucha impunidad”, dice López Gracian.

Alejandra Ancheita, directora de ProDESC, una organización civil dedicada a defender los derechos económicos, sociales y culturales de las personas, señala que la falta de una intervención institucionalizada del gobierno mexicano en el proceso de reclutamiento para el programa de trabajo temporal abre la oportunidad a agencias y personas para establecer prácticas como las estafas o el cobro ilegal de cuotas.

Con Canadá, Mexico estableció el Programa de Empleo para Trabajadores Agrícolas Temporales (PETAT) y firmó un memorándum de entendimiento donde se acordó que sería el Servicio Nacional de Empleo, a través de sus oficinas en los 32 estados de la República, el encargado de reclutar a los trabajadores mexicanos.

Ante Estados Unidos no existe este mecanismo bilateral. “El gobierno estadounidense se ha negado a aceptarlo. Tienen siempre mucha reticencia a establecer procesos vinculatorios para regular las visas de trabajo”, dice Ancheita. La respuesta de apoyo ha tenido que venir de los trabajadores organizados y de la sociedad civil.

Haciendo el trabajo del gobierno

Javier López es integrante del Comité de Defensa de los Migrantes del CDM, vive en Chapulhuacán, en la sierra de Hidalgo, donde más de 70% de la población está en pobreza moderada o extrema. Se integró con el CDM, en 2003. “A mi hermana la defraudaron. Le dijeron que se la iban a llevar a trabajar a Estados Unidos y nada más le robaron. Perdió 7 mil pesos, que para nosotros es mucho. Después intentaron conmigo, pero no caí. Vi que era un problema grande por acá y como siempre he sido lidercillo, me interesé en buscar cómo frenar los fraudes”.

Las personas empezaron a acercarse buscando orientación y Javier con puro sentido común trataba de ayudar. Fue desarrollando ojo para detectar los engaños. Un conocido le contó del CDM. Al centro, que quería desplegar trabajo de prevención en esta área, le recomendaron buscarlo. Así empezó su activismo.

Antes de 1998, la gente de Chapulhuacán se ocupaba en el campo o en la construcción. No había muchos que quisieran irse. Pero el trabajo en la zona empezó a escasear y la migración se disparó, sobre todo desde el 2000. La gente empezó a irse a Florida, Carolina del Norte, Georgia o Washington; a la pizca del chile, tomate, calabaza, pepino, elote, berenjena, naranja.

Con la migración llegaron los reclutadores y también los fraudes. López cuenta que para hacer las estafas en esta zona entran a la comunidad buscando a un líder. Lo convencen de que la oferta es buena. Le piden que reúna gente. “Las personas caen porque los está invitando alguien conocido. Después los estafadores desaparecen con el dinero y dejan al líder metido en un problema”.

Otra modalidad es que un sujeto llega al lugar y renta una oficina. Monta todo como si fuera formal. A cada interesado en un empleo les piden entre 5 mil y 7 mil pesos. Los traen dándoles largas con que el trámite de la visa está tardando. Cuando juntan 100 gentes que pagaron, cierran todo y desaparecen. En dos casos han llegado hasta el punto de subir a la gente a camiones rumbo a Monterrey. Ya que tiene el dinero de las “cuotas” en sus manos, se bajan con el pretexto de cargar gasolina o comprar algo y dejan a la gente abandonada.

Tan solo este año, Javier López dice que ha parado seis fraudes, que involucraban a 150 personas. “Como ya la gente me ubica, me preguntan, empezamos a buscar información, a buscar datos del reclutador y de la supuesta empresa y detectamos si es una estafa o no”.

Denunciar los fraudes es complicado. Si va solo uno o dos de los afectados, no les hacen caso. “Necesitarían ir todos o muchos, pero es difícil que quieran, no existe la cultura de la denuncia porque no confían en las autoridades”. Por ahora, Javier se apoya en CDM y en la herramienta que la organización ha desarrollado para ayudar a los trabajadores temporales: contratados.orgdonde hay información de empresas y reclutadores y comentarios que las personas dejan sobre un reclutador en específico.

Otra iniciativa de la sociedad civil es la Coalición de Trabajadoras y Trabajadores Migrantes Temporales de Sinaloa. Después de pasar por fraudes, cobro de cuotas ilegales y diversas violaciones a sus derechos humanos mientras llegaban a Estados Unidos y permanecían trabajando allá, un grupo de trabajadores, acompañados por ProDESC creó esta organización, que hoy está conformada por 21 mujeres y 32 hombres de los poblados de Topolobampo, Gabriel Leyva Solano, Los Mochis y Campo pesquero el Colorado, en Sinaloa.

Esta coalición -dice Ancheita, directora de ProDESC- ya logró que se hiciera una inspección a un reclutador fraudulento que solicitaba cuotas. “Se presentó una denuncia penal colectiva y ya se giró la orden de aprensión sobre esta persona que por más de 20 años estuvo defraudando a los trabajadores”. El reclutador está prófugo, pero la orden de aprensión envía un mensaje de freno a tanta impunidad, dice la abogada.

Ademas, la Coalición inauguró el pasado 22 de octubre también con el acompañamiento de ProDESC el Centro de Asistencia, Asesoría y Atención al Trabajador Migrante (CAAATM), en Topolobambo. En esta zona y en las aledañas, las personas suelen migrar a empleos temporales en la industria del pescado y los mariscos, aunque también en la del camote. Los hombres se van a trabajar a los barcos pesqueros y las mujeres a las plantas procesadoras.

Son empleos que dejan secuelas de por vida. En las plantas donde se procesa el cangrejo o el camarón, las mujeres pasan horas y horas lastimándose las manos y los huesos, abriendo y limpiando los mariscos. Olivia Guzman Garfias dice que después de años de trabajar en esa industria, hay muchas noches que el dolor en los dedos de sus manos no la deja dormir.

Juan Francisco Gámez se iba a trabajar en los barcos pescando sardina. Un día tuvo un accidente: una mantaraya le atravesó un costado del cuerpo. “Después de eso ya no volví a ser el mismo. Estuve meses en el hospital. Salí, pero ya no podía trabajar igual. Me dolía todo y quedé muy afectado del riñón. Me indemnizaron, pero me dieron poco y no tengo servicio médico porque no tenía prestaciones”.

María de los Ángeles Soto se empezó a ir a trabajar en las plantas procesadoras de cangrejo en 2005. Estuvo también en las de camote. Recuerda que les cobraban los traslados a Estados Unidos. Le descontaban lo de los uniformes, la comida y la renta en una traila donde vivían hasta 14 mujeres. Cuando había mucho producto, había días en los que trabajaba de 7 de la mañana a tres de la madrugada, sin parar. Solo descansaba los domingos y eso si no la llamaban también ese día para una jornada extra.

Por todas esas violaciones a sus derechos humanos y laborales es que ellos tres y otros compañeros crearon la coalición y están atendiendo en el CAAATM. Este centro ofrecerá servicio de orientación y capacitación diversa, por ejemplo, sobre cómo se abre y se limpia el cangrejo. “Cuando nadie te enseña, te lastimas mucho las manos, acabas con cortadas por todos lados y hasta con fiebre”, dice María.

También van a ofrecer asesoría y acompañamiento para los trámites de las visas y en las dudas que tengan los trabajadores. El centro apenas abrió el 22 de octubre pasado y ya hay mucho movimiento. Olivia cuenta que llegan a preguntarles por las pensiones que desde hace tres años es posible obtener si se ha trabajado durante 10 años en Estados Unidos y se tienen ya 62 años de edad.

“Vienen también a preguntarnos qué hacemos aquí, qué tipo de asesorías damos y cuánto cuestan nuestros servicios. Eso genera mucha inquietud. Pero no, aquí no cobramos, todo es gratuito”. Olivia dice que ya llegó una señora buscando asesoría por un posible fraude. A su hijo le estaban cobrando 25 mil pesos de cuota por llevarlo a trabajar a la cosecha de cereza en Estados Unidos.

“Le preguntamos a la señora que cómo se llamaba el reclutador, para qué empresa trabajaba, y no sabían, ni ella ni su hijo. Se fue al pueblo de donde son a tratar de averiguar y cuando el reclutador supo que estaban indagando, les dijo que quedaba suspendido el proceso, que les avisaba cuando se volviera a reactivar. Creemos que sí era un fraude y el reclutador ya mejor lo dejo ahí. También es que muchos ya saben que andamos aquí dándoles lata”.

Esa lata ha impulsado que las cosas estén mejor para los trabajadores en Topolobambo. “Si no nos organizábamos nosotros nadie nos iba a defender –afirma María–. Ahora ya algunas empresas les pagan el traslado, viáticos. Ya no trabajan hasta 16 horas, y solo dos mujeres viven en las trailas”.

Toca ahora expandir el apoyo. En el CAAAMT están viendo cómo hacer para crear redes de reclutadores que no cobren cuota alguna por llevar a los trabajadores y también quieren conformar una coalición nacional, porque hay otros lugares, dice Maria, como Chiapas “donde están ahorita como nosotros estábamos hace diez años, hay muchas violaciones a los derechos de los compañeros, muchos fraudes, y el gobierno no los para”.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Emma Coronel y el creciente papel de las mujeres en el narcotráfico de México

Emma Coronel, esposa de "El Chapo", es la última pareja de un líder del narco mexicano en ser acusada de participar activamente en los negocios de su marido. Los roles de las mujeres en estos grupos son diversos y, en muchas ocasiones, acaban siendo víctimas de la propia violencia del crimen organizado.
25 de febrero, 2021
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La acusación de Estados Unidos que llevó a la reciente detención de la esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán es tajante al describir su supuesto grado de implicación en las actividades delictivas del capo.

El señalamiento judicial sobre Emma Coronel, quien enfrenta cargos de narcotráfico internacional, afirma que la joven tenía absoluto conocimiento de las operaciones del cartel de Sinaloa dirigido por su marido y que, presuntamente, participó en algunas de sus operaciones.

“Coronel entendía que los ingresos de la droga que controló durante su matrimonio con Guzmán derivaban de estos envíos (de droga a EU). De 2012 a 2014, transmitió mensajes en nombre de Guzmán para promover actividades de narcotráfico mientras él intentaba evitar su captura por parte de las autoridades mexicanas”, se lee en el documento.

La joven es incluso acusada de conspirar para que “El Chapo” pudiera escapar de una cárcel en México mediante el pago de un millonario soborno a funcionarios antes de que finalmente fuera extraditado a Nueva York y condenado a cadena perpetua.

Será la justicia la que determine la veracidad de esta investigación en la que se citan testigos cooperantes anónimos y cartas, pero a juzgar por los cargos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) parece tener claro que Coronel no era en absoluto ajena a los negocios de “El Chapo”.

Como supuestamente en su caso, la presencia de las mujeres en el narcotráfico y otras actividades del crimen organizado creció en los últimos años en México y, con ello, sus roles también han ido variando.

“El papel de las mujeres en general ha ido en aumento en estas organizaciones. Coronel viene además de una familia de narcotraficantes y, por la edad que tiene, no es una persona que haya podido estar de manera pasiva” ante lo que ocurría a su alrededor, le dice a BBC Mundo Alberto Islas, experto en seguridad.

Precisamente por ese entorno condicionante y por las características de un mundo absolutamente dominado por hombres, entender los motivos por el que las mujeres se implican en él resulta bastante más complejo que asociarlo a un simple y único deseo de poder y dinero.

Roles diversos

Según el informe de 2020 “Mujeres y crimen organizado en Latinoamérica: más que víctimas o victimarias”, las mujeres “no solo ejercen una multiplicidad de roles, sino que oscilan fluidamente entre la condición de víctimas y objetos y la de protagonistas y sujetos activos de las acciones criminales”.

No obstante, el informe de la Universidad del Rosario en Colombia e InSight Crime identifica que la mayoría de mujeres en estos grupos asumen roles criminales de baja responsabilidad que los líderes hombres les delegan.

Cartel de El Chapo

AFP
La mayoría de mujeres en el crimen organizado asumen roles de baja responsabilidad que los líderes hombres les otorgan.

Estos papeles abarcan desde trabajo en cultivos de droga, como “mulas” para transportar sustancias, en la organización logística y financiera o en labores de microtráfico o “narcomenudeo”, entre otras.

Sin embargo, y aunque son una clara minoría, el estudio destaca que también hay mujeres “que ejercen distintos papeles por voluntad propia, que pueden ser protagónicos y a veces de liderazgo”.

En el caso de México, uno de los nombres más reconocidos es el de Enedina Arellano Félix, a quien en su momento las autoridades mexicanas consideraron la única mujer al frente de una organización de narcotráfico por ser jefa del cartel de Tijuana.

Conocida como “La jefa” o “La narcomami”, llegó a esa posición después de que casi todos sus hermanos varones —fundadores del cartel— perdieran la vida o fueran capturados por las autoridades.

Otro caso muy popular es el de Sandra Ávila Beltrán o “La reina del Pacífico”, a quien se le acusó cuando fue detenida en 2007 de ser una pieza clave en las operaciones del cartel de Sinaloa.

Sin embargo, ella siempre negó tener influencia en el negocio del narcotráfico y algunos creen que, más por sus actividades, cobró más fama realmente por creerse que inspiró la novela “La reina del sur”, algo que su autor Arturo Pérez-Reverte negó.

libro de Sandra Avila

BBC
Ávila relató su historia en el libro “La reina del Pacífico: es la hora de contar”.

También está Leticia Rodríguez Lara, conocida como “La reina de la Riviera Maya”, quien controló esta zona turística y se enfrentó para defender su mercado contra el Cartel Jalisco Nueva Generación de “El Mencho”.

O Ignacia Jasso, “La Nacha”, una de las mujeres pioneras en el narcotráfico en México al dedicarse al tráfico de drogas en el estado de Chihuahua desde 1930.

Víctimas y relaciones sentimentales

“Es cierto que, y probablemente venga de la evolución de la igualdad de género en los últimos años, hay un empoderamiento ‘para mal’ de mujeres que van tomando liderazgo en estructuras criminales” en pequeñas o medianas bandas, le dice a BBC Mundo Sandra Romandía, periodista mexicana especializada en temas de narcotráfico.

Sin embargo, la experta destaca que en un gran número de casos hay un factor fundamental a la hora de entender el estatus de estas mujeres en el crimen organizado: sus relaciones familiares o sentimentales.

Así, son muchas las esposas, madres o hijas a las que se ha señalado por haberse implicado en el negocio de líderes de carteles o incluso haberlo asumido después de que estos murieran o fueran detenidos, como Enedina Arellano.

Lo vimos por ejemplo poco antes de la detención del líder del cartel de Santa Rosa de Lima, José Antonio Yépez “El Marro”, cuando su madre, hermana y prima fueron también arrestadas como presuntas operadoras financieras del grupo criminal pero fueron liberadas tras denunciar tortura.

En muchas ocasiones, novias o esposas de líderes acaban convirtiéndose en víctimas subordinadas a los hombres al ser utilizadas, por ejemplo, para ayudarlos a cometer delitos.

Según el informe de Insight Crime, el encarcelamiento de mujeres en América Latina por delitos asociados al crimen organizado, en especial el narcotráfico, aumentó en la última década.

En México, la población carcelaria femenina general creció un 56% entre 2010 y 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía recopilados por el informe.

Carcel en Mexico

Getty Images
El número de mujeres en prisión en México creció un 56% entre 2010 y 2015.

“Está documentado que no todas, pero muchas de las mujeres que cumplen condena por delitos de drogas, lo hacen por lealtad a sus parejas o por amenazas de ellos“, destaca Romandía.

Según la experta, muchas de estas situaciones surgen un esquema machista en el que las mujeres tienen miedo a decir que no, lo que tiene más que ver con la estructura de valores del propio género “y no tanto como un deseo de poder de ellas” para adentrarse en ese negocio.

“Y, en muchos casos, no es más que una inercia de seguir el negocio familiar porque es lo que les dejó el esposo, y es lo que saben hacer”, agrega la coautora del libro “Narco CDMX”.

Feminicidios y crimen organizado

Según datos del servicio de emergencias 911 en México del pasado mes de agosto, en torno al 60% de los asesinatos de mujeres hasta entonces en 2020 estarían relacionado con el crimen organizado.

Pero eso no quiere decir que todas las mujeres estén involucradas en ello. En ocasiones, de nuevo, se convierten en una especie de víctimas colaterales de las actividades ilícitas de sus parejas.

Cartel en manifestacion contra violencia de genero en CDMX

AFP
Hasta el 60% de los asesinatos de mujeres durante los primeros meses de 2020 en México estaban relacionados con el crimen organizado.

“Algunas son asesinadas simplemente porque tienen un parentesco o son pareja sentimental de alguien del grupo contrario. También algunos usan los cuerpos de las mujeres para mandar mensajes amenazantes a sus rivales”, le dice a BBC Mundo la investigadora María Salguero.

Salguero, creadora del Mapa de Feminicidios en México en el que recopila desde hace años todos los que se registran en el país, dice que estas muertes vinculadas al crimen organizado se mantuvieron también en pandemia, lo que demostró que “no todas las mujeres estaban siendo asesinadas por sus parejas en el confinamiento”.

La experta no niega que haya mujeres involucradas directamente en narcotráfico, pero incluso en estos casos, alerta que muchas veces hay causas relacionadas directamente con su género que explican su decisión.

“Casi siempre hay historias de desigualdad detrás de ellas. Siendo narcomenudistas, pueden ganar como un dólar por paquete que venden. Son mujeres vulnerables que a veces tienen que sacar adelante a la familia, no encuentran trabajo… y se involucran en estos grupos, muchas veces motivadas también por el entorno”, explica.

“Buchonas”

La realidad de muchas de estas mujeres descrita por los expertos, por tanto, dista mucho de la imagen de lujo o glamour que muestran algunas películas o series de televisión sobre “reinas del narco”.

El concepto de la narcocultura es el que exalta la violencia del narcotraficante y todo el dinero ganado con su negocio criminal, mientras que sus mujeres pueden ser vinculadas al mundo del crimen organizado casi como objetos que los hombres utilizan para exhibir su poder y éxito.

Tequila de El Chapo

AFP
El nombre de “El Chapo” fue incluso registrado como marca por una de sus hijas para producir tequilas, joyas y otros artículos y como modo de atraer la atención de cierto público.

Estas mujeres, conocidas popularmente como “buchonas”, presumen con orgullo de ser la pareja de un líder criminal y de la vida de lujo que eso les permite llevar en forma de joyas, autos de lujo u operaciones quirúrgicas para lucir cuerpos esculturales.

Esa cultura del derroche y de ostentación del dinero suele ser más habitual entre parejas sentimentales de mandos medios o medios-bajos de grupos criminales.

Pero llama mucho la atención que Coronel, siendo esposa de uno de los capos más buscados del mundo como lo fue “El Chapo”, tuviera una presencia tan mediática y pública.

En los últimos meses, promocionaba empresas entre su casi medio millón de seguidores en Instagram. Intentó crear una marca de ropa y accesorios de lujo con el nombre de su marido e incluso apareció en un programa de televisión enfocado en la vida de personas o familiares vinculados en algún momento con carteles.

“Su actitud y falta de discreción fue desafiante e, indudablemente, con ese protagonismo en medios estaba cruzando líneas rojas en términos de tolerancia de las autoridades”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, analista y experto en seguridad de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM.

Coronel

Getty Images
Coronel tenía una presencia mediática muy poco habitual entre parejas de grandes capos del narcotráfico.

El hecho de que las mujeres en el crimen organizado no sean aún tan conocidas responde, indudablemente, a que su presencia es todavía anecdótica en comparación con los hombres. Pero Romandía pronostica cambios.

“Aún no hay un liderazgo de mujer que esté poniendo en jaque a las autoridades. Pero sí probablemente lo empezaremos a ver en los próximos años, por el papel importante que algunas están tomando en bandas de menor tamaño”, dice.

“Aún no han tenido una exposición mediática muy evidente como para que se cree un personaje o una leyenda alrededor de ellas… pero acabará ocurriendo”, concluye la periodista.


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