Universidades en México no garantizan la igualdad de género a estudiantes y trabajadores por falta de mecanismos
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Cuartoscuro

Universidades en México no garantizan la igualdad de género a estudiantes y trabajadores por falta de mecanismos

Entre 40 universidades públicas y privadas muy pocas cuentan con medidas para garantizar la igualdad de género, Chapingo es la institución con mayor rezago.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
29 de noviembre, 2018
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Las principales instituciones de educación superior (IES) en México cuentan con muy pocos procesos y marcos normativos institucionales para lograr la igualdad de género en su entorno administrativo y estudiantil.

Entre 40 universidades públicas y privadas, a nivel nacional, se encontró que la mayoría de ellas no alcanza niveles satisfactorios, si acaso intermedios, en cuanto a legislación; lenguaje; sensibilización; estudios de género y no violencia para alcanzar la igualdad de género.

El Observatorio Nacional para la Igualdad de Género en las Instituciones de Educación Superior (ONIGIES), colectivo que busca la construcción de espacios libres de sexismo, segregación, violencia, discriminación y cualquier otra desigualdad basada en la condición de género, presentó sistema de medición de avances institucionales, para conocer el panorama real de la igualdad de género dentro de las universidades del país.

Para esta medición se analizaron ocho ejes: legislación con perspectiva de género; estadísticas con perspectiva de género; lenguaje incluyente y no sexista; sensibilización; investigaciones de género; violencia de género, e igualdad de oportunidades.

Los ocho rubros se analizaron a nivel administrativo y estudiantil y se estableció una calificación del cero al cinco para medir los avances, donde cero equivale a “nulo” y cinco a “consolidado”. Al resto de los parámetros (del 1 al 4) les corresponden las etiquetas: muy bajo; bajo; intermedio; en vías de consolidación, y significativo.

Los resultados no fueron nada alentadores. En las principales universidades del país como la UNAM el índice general de igualdad de género alcanza apenas 2.4 de 5 puntos y aunque su calificación mejora  en otros rubros como la no violencia, donde alcanza 3.8 puntos, disminuye en otros como la existencia de estadísticas y diagnósticos con enfoque de género, donde apenas registra un 1.4 puntos. Su nivel es alto también en el uso de lenguaje incluyente (3.3 puntos) y en la sensibilización de género (3 puntos).

En el caso del Instituto Politécnico Nacional (IPN) el índice general de igualdad de género apenas es de 2 puntos; la legislación con perspectiva de género de 1.3 puntos; la no violencia no alcanza ni un punto, y la sensibilización de género de 1.9. El IPN solo alcanza niveles intermedios o en vías de consolidación en cuanto al uso de lenguaje incluyente (3.3 puntos), y la corresponsabilidad familiar (3.7 puntos).

Por su parte, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (IBERO) tiene solo 1.4 puntos en el índice general de igualdad de género; uno en estadísticas y diagnósticos; 1.1 en sensibilización; 1.7 en lenguaje incluyente, y su mejor rubro es la no violencia en el que tiene 2.5 puntos. Así la IBERO es una de las instituciones que alcanza niveles apenas intermedios en alguno de los 8 rubros.

Entretanto El Colegio de México (COLMEX) tiene 1.6 como índice general de igualdad de género; no alcanza un punto (.7) en la legislación con perspectiva de género; presenta 2.6 en estadísticas y diagnósticos sobre el tema; 1.7 en lenguaje incluyente, y su mejor rubro es el de las investigaciones y estudios de género, donde alcanza 4.2 puntos.

Chapingo, la universidad con menos avances

De las 40 instituciones analizadas, la Universidad Autónoma de Chapingo es la que registra los menores índices de igualdad de género. De los 8 ejes estudiados solo tiene calificación numérica en tres, en el resto se encuentra en cero.

Su índice general de igualdad de género, alcanza apenas el .3, es decir, ni siquiera medio punto; .6 en estadísticas y diagnósticos con enfoque de género, y 1.1 en investigaciones y estudios de género. En el resto de los rubros está en ceros.

A Chapingo le siguen otras instituciones comola Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATX) con .7  en su índice general de igualdad de género; la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) con .9; la Universidad de Guadalajara (UdeG) también con .9, y la Universidad Autónoma de Nayarit con un punto.

La UAEH, entre las mejores

El lado opuesto, lo encabeza la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) con 2.9 en su índice general de igualdad de género; 5 puntos en el uso de lenguaje incluyente; 4 puntos en la generación de estadísticas y diagnósticos con enfoque de género; 2.6 en sensibilización, y 2.5 en no violencia.

Si bien no todos sus rubros alcanzan los 5 puntos, sí es la institución con mejores puntuaciones, y por ende, la que tiene mayor avance en la atención de la igualdad de género.

Después de la UAEH se ubican: la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) con 2.6 en su índice general de igualdad de género, y el Tecnológico Nacional de México (TECNM), institución pública que en su mayoría ofrece ingenierías, con 2.3 en su índice general de igualdad de género.

Aunque más arriba se señala que la UNAM tiene 2.4 en este mismo índice, el resto de sus ejes analizados no alcanza los 5 puntos, mientras que en la UAEH, la UADY y el TECNM tienen de 4.3 a 5 puntos en al menos uno de sus 8 ejes.

Para lograr esta medición la ONIGIES abordó los ocho ejes antes mencionados a través del análisis de componentes sistemáticos en cada una de las instituciones.

Esto incluyó la revisión de: la normatividad institucional; los planes de igualdad de género; los recursos destinados para este tema; las bases de datos con perspectiva de género; la  atención de casos de violencia de género y la prevención de ésta.

Para ello fueron consultados, los estudiantes, el personal administrativo, el personal académico y las autoridades de cada escuela.

Este índice de igualdad de género, argumenta el ONIGIES, servirá como una herramienta para identificar los niveles de avance en el tema y para comparar la situación de las instituciones de educación superior a nivel regional y nacional.

El sistema de medición y la situación de las 40 instituciones analizadas está disponible en la página del ONIGIES.  

El ONIGIES se creó en 2016 a raíz de una iniciativa del el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, hoy en día es coordinado por la UNAM; INMUJERES; la CNDH; la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM), y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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