Toma de protesta de AMLO: las 5 tradiciones que rompe López Obrador
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Toma de protesta de AMLO: las 5 tradiciones que rompe López Obrador

López Obrador prometió un cambio radical para el país, y ha buscado implementar ese objetivo desde su toma de posesión, con diferentes gestos.
1 de diciembre, 2018
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Desde su campaña para la presidencia y durante su periodo como presidente electo de México, una promesa constante de Andrés Manuel López Obrador ha sido la de traer un cambio radical para el país.

Este objetivo no solo lo ha manifestado al referirse a su presidencia como una “Cuarta Transformación”, término con el que pretende situar a su sexenio al nivel de tres momentos clave en la historia de México: la Independencia, la Reforma y la Revolución, sino también con las medidas para su toma de posesión.

“El ritual está siendo alterado para marcar un mensaje, se acabó la época de la presidencia imperial e inicia una presidencia más cercana al pueblo. Ese es el mensaje central” señaló en entrevista con BBC Mundo, Sergio Aguayo, académico e investigador del Colegio de México.

“Un buen número de las medidas que está tomando como viajar vuelos comerciales, vender el avión presidencial desaparecer al Estado Mayor Presidencial, tienen sentido porque los presidentes mexicanos han abusado de los presupuestos y de los privilegios que tienen”.

Así, la visión de hacer un parteaguas de su presidencia también lo expresa AMLO en la forma en la que asume el poder este 1 de diciembre y en las tradiciones que se omitirán durante su periodo como mandatario. Aquí te presentamos algunas.

Cadetes del Colegio Militar

Getty Images
Para la toma de posesión, el presidente del senado, Martí Batres, dijo que los cadetes del Heroico Colegio Militar que escoltarán a AMLO no acudirán armados.

1. Eliminación del Estado Mayor Presidencial

El órgano técnico militar conocido como Estado Mayor Presidencial (EMP) tiene la tarea de garantizar la protección del jefe de Estado y de su familia.

De acuerdo con información del portal oficial del gobierno de México, existe desde el inicio de la vida independiente el país, aunque con diferentes nombres y características. De hecho, Agustín de Iturbide, quien rigió el primer gobierno provisional mexicano, “contó desde 1823 con un denominado Estado Mayor”.

Sin embargo, AMLO ha reiterado desde su campaña que no usará el servicio de protección y seguridad del Estado Mayor Presidencial como parte de su plan de “austeridad republicana”.

En lugar del EMP, López Obrador dijo que contará con la “ayudantía” de 10 mujeres y 10 hombres que no estarán armados y que recibirán entrenamiento “no necesariamente en seguridad”.

Ejército mexicano

Getty Images
El objetivo de la toma de posesión de AMLO es ser “austera y solemne”.

2. Presencia limitada de militares en toma de posesión

“¡Pelones, no!”, con estas palabras, el presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo resaltó a mediados de octubre que no habría ni militares ni hombres armados en la toma de protesta de AMLO.

Y en un comunicado de la Cámara de Diputados rechazó que se implementara un “súper cerco de seguridad”.

“Solo la seguridad preventiva. Francamente no vemos por ningún lado un trastorno que pueda haber”.

Como contraste, Enrique Peña Nieto fue custodiado durante todo su sexenio por elementos del Estado Mayor Presidencial.

Y en el periodo en el que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) estuvo en el poder, previo al año 2000, se solían hacer desfiles como parte de la toma de posesión en los que participaba el ejército.

El objetivo, de acuerdo con Muñoz Ledo, quien como presidente de la Cámara de Diputados estuvo a cargo de la ceremonia, es que la toma de posesión fuera “austera y solemne” ya que es la “refundación de la República”.

Recidencia Los Pinos.

Getty Images
Enrique Peña Nieto recibió en la residencia de Los Pinos a la princesa de Dinamarca.

3. El presidente no vivirá en la residencia Los Pinos

La Residencia Oficial de Los Pinos, conocida coloquialmente como “Los Pinos”, ha sido desde 1934 la propiedad en la que viven los presidentes de México. Antes de convertirse en la residencia oficial, los presidentes vivían en el Palacio Nacional o en el Castillo de Chapultepec.

Sin embargo, una de las declaraciones que ha hecho AMLO desde su campaña ha sido que no vivirá en Los Pinos ni en el Palacio, sino en una casa que rentará aledaña a la zona.

“No voy a vivir en Los Pinos, van a cambiar las cosas. No voy a vivir en una mansión; voy seguir viviendo en mi casa, que es casa de ustedes. No voy a ir a vivir a esa casa que está embrujada, ahí espantan, sale el chupacabras”, señaló en mayo López Obrador en Miahutlán, Oaxaca.

Incluso, López Obrador dijo que convertirá a Los Pinos en un “espacio para las artes y la cultura” al que tendrá acceso cualquier ciudadano mexicano o extranjero y que la zona en la que se encuentra dicha propiedad pasará a formar parte del parque del Bosque de Chapultepec.

La Secretaría de Cultura entrante ya dio un paso en esta dirección y anunció que “Los Pinos” será abierta al público desde este sábado a partir de las 10:00.

Será la primera vez que se la residencia oficial se abra al público general, lo que ya causó expectativa entre muchos mexicanos curiosos de conocer el lugar donde vivieron los anteriores presidentes del país.

Avión presidencial Boeing 787-8 "José María Morelos y Pavón"

Getty Images
El avión presidencial Boeing 787-8 “José María Morelos y Pavón” se adquirió durante la presidencia de Felipe Calderón en 2012 y llegó a México en 2016.

4. Adiós al avión presidencial

En 2016 llegó a México el Boeing 787-8 “José María Morelos y Pavón”, para ser el nuevo avión de los presidentes del país y sustituir a la aeronave Boeing 757-200 “Presidente Juárez”, con 28 años de servicio, de acuerdo con información del portal oficial del gobierno mexicano.

El costo total del avión, que se había adquirido en 2012 durante la administración del expresidente Felipe Calderón, fue de US$218,7 millones.

Y desde el momento de su compra hubo críticas por el costo de la aeronave, entre las cuales resalta el famoso “ese avión no lo tiene ni Obama”, que dijo AMLO en repetidas ocasiones durante su campaña con la promesa de que venderá el avión una vez que sea presidente.

¿Cómo se transportará el presidente de México?

Ni en Morelos ni en Benito. Lo que ha anunciado hasta ahora es que viajará como lo hizo durante su campaña, en vuelos comerciales.

Beatriz Gutierrez y AMLO.

Getty Images
Beatriz Gutiérrez será la primera dama con mayor nivel de estudios en la historia de México al contar con licenciatura, maestría y doctorado.

5. No habrá Primera Dama

La esposa de AMLO, Beatriz Gutierrez ha hablado de “poner fin a la idea de la primera dama” y ser simplemente la compañera del próximo presidente.

“En México no queremos que haya mujeres de primera ni de segunda”, dijo Gutiérrez, doctora en historia, durante un mitin en Veracruz el mayo pasado.

“Con todo respeto a las mujeres que han estado antes en ese papel, decir ´primera dama´ es algo clasista”.

Sobre el impacto que tendrá o no el dejar en el pasado estas tradiciones, queda por verse.


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Foto: Manu Ureste

'Mujeres de hierro' luchan contra el cáncer de mama, los estigmas y la discriminación 

Mujeres con cáncer de mama tienen que enfrentar la discriminación laboral en tiempos de crisis económica por la pandemia de Covid.
Foto: Manu Ureste
18 de octubre, 2020
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Este lunes 19 de octubre es el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Una lucha que, como cuentan las mujeres entrevistadas para este reportaje, va mucho más allá de combatir a contrarreloj una enfermedad.

Se trata también, o tal vez sobre todo, de una lucha contra los estigmas y el desconocimiento y contra la discriminación laboral que, en tiempos de crisis económica por la pandemia de Covid, ha empeorado aun más la situación de miles de mujeres que han tenido que aprender a la fuerza a sobrevivir y a ser unas ‘mujeres de hierro’.

“¿Tienes cáncer? Ya te llamamos nosotros”

Anayanci Álvarez dice que desde que le diagnosticaron cáncer de mama en abril de 2018 nunca ha tratado de ocultar su enfermedad. Al contrario, asegura la mujer de 35 años. Saliendo de la consulta se enjuagó las lágrimas, se abrazó a su marido, y lo primero que hizo al llegar a casa fue comunicar a sus hijos la noticia.

“Aún son pequeños, tienen 9 y 11 años. Pero siempre he sido muy franca con ellos. Les expliqué que el cáncer es una enfermedad muy mala, pero que la voy a vencer”.

Después, cuando comenzaron las sesiones de quimioterapia y las cejas y el cabello se cayeron, y las ojeras comenzaron a anidarse en las bolsas de los ojos, Anayanci tampoco se refugió en la cama, a pesar de que el tratamiento la dejaba completamente agotada.

Tampoco permitió que la depresión se apoderara de la imagen que le devolvía el espejo. Ni que las miradas indiscretas sobre el pecho extirpado, ni los comentarios del tipo ‘tengo una amiga que también se murió de cáncer’, afectaran su estado de ánimo y autoestima.

“Yo salgo a la calle con mi calva y me siento bien, y muy orgullosa por toda la lucha que estoy haciendo. Pienso: ‘tengo una enfermedad muy complicada, es cierto’. Pero yo me veo bien y me siento bien. ¿Cuál es el problema?”.

Anayanci se responde de inmediato que ninguno, obvio. Por eso, aceptó la invitación para ser una de las modelos de la exposición del fotógrafo Gerardo Cárdenas ‘Mujeres de Hierro’, que se presenta de manera virtual este lunes 19 de octubre, y que tiene como objetivo mostrar que en la lucha contra el cáncer tambien hay vida y belleza. Y por eso, añade tajante, se niega a mentir en una entrevista de trabajo cuando le preguntan por qué lleva un año desempleada.

“Les explico que es por el cáncer, claro. Pero les digo que ya puedo trabajar porque pasé las quimios y la radioterapia, y que ahora solo estoy en la fase de revisión cada seis meses”.

Sin embargo, a pesar de contar con amplia experiencia en el sector de las exportaciones comerciales, la respuesta en las últimas diez entrevistas ha sido siempre la misma: ‘ya te llamamos nosotros’.

“Es muy frustrante -dice con voz cansada al otro lado de la línea telefónica-. Me quitaron un seno, pero puedo pensar igual que lo hacía antes. Puedo escribir, puedo estar detrás de un escritorio, y puedo hacer muchas cosas. Sin embargo, las dos opciones que me están dejando son: o no decir en las entrevistas que estoy luchando contra el cáncer, y llevármela como pueda si tengo que ir a una revisión. O decirlo abiertamente y esperar un milagro”.

En espera de esa oportunidad laboral, Anayanci vive con su modesto negocio en internet de venta de ropa y bolsas. No le deja mucho, pero ante la falta de empresas que den oportunidades, es lo que junto al trabajo de su marido les permite sacar adelante a sus hijos.

“Ahora, con el mes del cáncer de mama, todas las empresas se ponen la camiseta y el listón rosa de ‘estamos con ellas, las apoyamos’. Pero la verdad es que, más allá de quedar bien, deberían ser mucho más empáticas. Está bien que se pongan el listón rosa, ¿pero y los trabajos? ¿Y las oportunidades?”, se pregunta Anayanci.

“Con el Covid todo ha empeorado”

Yahel Leguel es psicóloga y fotógrafa, y fue diagnosticada con cáncer de mama en marzo de 2017.

Precisamente hace un año, en octubre de 2019, denunció en un reportaje publicado por Animal Político la discriminación laboral que padecen las mujeres con cáncer de mama y otros pacientes oncológicos.

“Cuando buscas empleo y ven en tu currículum que en los dos últimos años de tu vida te dedicaste a un tratamiento de cáncer… Pues, aunque no te lo digan a la cara, no te contratan porque lo que piensan es: ‘bueno, para qué voy a contratar a esta mujer si ya se va a morir”, narraba en aquel reportaje.

Ahora, un año después, Yahel sigue sin empleo formal, al margen de participar como psicóloga voluntaria en la organización civil Oncoayuda, donde ayuda dando terapias a pacientes oncológicos.

“En todo este tiempo no he visto mejoría, ni ninguna empatía en las empresas. Al contrario, con el Covid 19, todo ha empeorado”, lamenta la psicóloga que explica que, si ya antes era muy complicado encontrar un trabajo siendo paciente oncológico, ahora lo es todavía más porque: uno, los empleos cayeron en picada con la pandemia; y dos, porque son personas especialmente vulnerables al nuevo virus.

Por ejemplo, en su caso, además de destruirle el tumor, la radioterapia le quemó parte del pulmón. Y puesto que el nuevo coronavirus ataca principalmente el aparato respiratorio, contraerlo podría resultar mucho más rápido y letal que el cáncer con el que lleva años batallando.

“Estamos en una situación en la que, o sales a la calle a buscar trabajo arriesgándote mucho porque tienes un factor de riesgo muy elevado, o te quedas en casa y a ver cómo le haces”, plantea.

Y a esta disyuntiva hay que añadir otra complicación, apunta: la pandemia está acaparando buena parte de los esfuerzos y recursos del sistema de salud, dejando rezagada la atención de otros padecimientos y enfermedades graves, como el cáncer. Lo cual provoca retrasos en los tratamientos contra una enfermedad que no espera ni un solo día.

“Hay hospitales, como el mío, donde han seguido dando atención oncológica, a pesar del Covid. Sin embargo, hay muchos servicios que sí se han visto afectados. Por ejemplo, por mi afectación en el pulmón, tendría que verme un neumólogo. Pero los neumólogos están concentrados en atender la pandemia”, explica Yahel, que lleva un mes y medio en espera de que la llamen para hacerse un escaneo de cuerpo completo, luego de que los últimos estudios arrojaran marcadores tumorales elevados en la sangre.

“Un mes y medio en tiempo cáncer es una eternidad -subraya-. Pero tampoco puedo borrar el Covid, ni ir a los hospitales a apresurar a los doctores”.

Y tampoco puede hacerse los estudios en un laboratorio privado, añade, porque cuestan como 45 mil pesos.

“Sin un trabajo fijo, y con la situación económica por la pandemia, a muchos pacientes oncológicos no nos queda más remedio que esperar a que nos atiendan”.

“¿Por qué mejor no renuncias?”

Elisa Lorena Estrada pasó por todo un periplo de hospitales públicos, estudios, y ultrasonidos, cuando a sus apenas 22 años una bolita de unos pocos centímetros apareció en su seno.

En todas las clínicas le dijeron lo mismo: no tienes nada / a tu edad es normal / sigue con tu vida.

Pero Lorena no podía seguir.

Algo en su interior, más el antecedente de su abuela que falleció por cáncer de mama, no la dejaba tranquila. Así que acudió a la Fundación Cáncer de Mama (FUCAM), una organización civil especializada en la detección y el tratamiento especializado en cáncer de mama.

Allí, tras hacerle una biopsia, el diagnóstico confirmó su terrible intuición: tenía un tumor maligno expandiéndose por el seno que, a pesar de lo que aseguran los otros diagnósticos fallidos, ya estaba en etapa avanzada.

Así que tenía que empezar de inmediato con las quimios.

“Cuando te dan el diagnóstico es como una bomba que te cae encima. Piensas: ‘Me voy a morir’. Pero luego, cuando pasa un poco el shock, te dices: ‘No, tengo que seguir adelante. Quiero ver crecer a mi hija’. Y empiezas a sacar fuerzas de donde no sabías que las tenías, porque, en realidad, somos mucho más fuertes de lo que pensamos”.

En su caso, la sospecha lejana de que algo no andaba bien con esa bolita también la ayudó a digerir más rápido la noticia. Por eso, una vez pasado el impacto, su principal interés fue “iniciar cuanto antes la batalla”.

Y lo hizo: tres semanas después del diagnóstico, inició con las sesiones de quimio, que duraron dede septiembre del año pasado hasta marzo de este 2020. Y ya en abril, la operaron para extirparle el seno afectado “en una masectomía radical”. En septiembre empezó con las radiaciones, y ahora sigue en tratamiento de inmunoterapia que durará al menos otros seis meses.

Lorena está ganando la batalla a la enfermedad. Pero, como contaron Anayanancy y Yahel, ahora su otra batalla está siendo el empleo.

Precisamente, poco después de terminar con las quimios en marzo encontró trabajo en una instancia gubernamental, de la que prefiere omitir su nombre. Antes de comenzar, les dijo que tenía cáncer de mama, que ya había superado las quimios, que estaba en la fase de radioterapias para terminar de eliminarlo, y que el oncólogo le había dado luz verde para volver a trabajar.

“Con la pandemia está siendo muy difícil encontrar un trabajo. Así que pensé: qué bueno que me aceptaron aquí”.

Pero pronto surgieron las complicaciones. Lorena acudía a las 7 de la mañana a sus radioterapias, a una clínica ubicada en Coapa, en el sur de la Ciudad de México, y de ahí se tenía que trasladar hasta Santa Fe, a unos 30 kilómetros de distancia en el extremo poniente. Un océano de distancia en términos capitalinos.

Pronto, comenzaron los toques de atención por los retrasos y las sugerencias de que mejor lo dejara “porque no iba a poder sacar adelante el trabajo”.

“Me parece ilógico, porque yo fui honesta desde el inicio con mi cáncer, y solo les pedía llegar un poco tarde porque mis radiaciones eran a las siete y muy lejos del lugar de trabajo”.

En abril, cuando la pandemia de Covid empezó a arreciar en México, dos personas de su oficina resultaron positivas. Y a la par, ella comenzó a tener dolor de cabeza, cansancio y fiebre. Su oncólogo le dijo que, muy probablemente, era un efecto pasajero de la radioterapia. Pero por precaución le pidió que se aislara un par de semanas. Y esa fue la gota que derramó la paciencia de sus jefes.

“Me dijeron que, si me aislaba, quién iba a hacer mi trabajo. Y como decían que el trabajo requería gente al 100%, y como mi contrato además era temporal, pues me quedé sin empleo”.

Ahora, Lorena se mantiene gracias al apoyo de su familia y de su pareja. Se siente frustrada porque no ha vuelto a encontrar trabajo -a ella también le aplican la de ‘ya te llamaremos’ cuando menciona la palabra cáncer-, pero dice que se mantiene positiva y optimista, porque, paradógicamente, la enfermedad que la amenaza es la que le ha enseñado a no derrumbarse. A mantenerse firme y fuerte, como una ‘mujer de hierro’.

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