Gestación subrogada: Morena apuesta por regular en lugar de prohibir
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Elizabeth Ruiz /CUARTOSCURO.COM

Gestación subrogada: Morena apuesta por regular en lugar de prohibir

Renta de mujeres pobres para gestar y dar luz a bebés que serán criados como hijos de otras personas, o autonomía de la mujer y respeto a su derecho a decidir, posiciones que se encuentran a debate ante la posibilidad real de que se apruebe en el Congreso la regulación a las técnicas de reproducción humana asistida, entre ellas la gestación subrogada.
Elizabeth Ruiz /CUARTOSCURO.COM
Por Claudia Ramos
10 de diciembre, 2018
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En México se practican anualmente más de 80 mil procedimientos de reproducción humana asistida, entre ellos la gestación subrogada. Estas técnicas se realizan en más de 100 establecimientos, de los cuales sólo 52 cuentan con autorización para realizar esta actividad, de acuerdo con datos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS).

Los centros funcionan en ausencia de una legislación federal específica en la materia, lo que ha dado pie a que establecimientos que ofrecen servicios de reproducción humana asistida “con apego a los más altos estándares internacionales médicos y éticos” como el IMSS, el ISSSTE y el Instituto Nacional de Perinatología, coexistan con otros “que apenas si reúnen las características mínimas para operar”, alerta una iniciativa sobre reproducción humana asistida presentada por Morena en el Senado en días pasados.

En los últimos seis años la técnica de gestación subrogada, de manera particular, ha propiciado una serie de denuncias de organizaciones feministas y de defensa de los derechos reproductivos de las mujeres, como Feministas Mexicanas contra Vientres de Alquiler (FEMMVA) y el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), por violación a los derechos humanos de las partes involucradas, tanto de las mujeres gestantes como de los padres intencionales, e incluso de los recién nacidos producto de dicha procreación.

Entre las prácticas denunciadas se encuentran la ausencia de un consentimiento informado; la imposición de cláusulas para controlar diversos aspectos de la vida de las mujeres que fungen como madres gestantes, como la alimentación, la actividad sexual y el sueño; la imposición de tratamientos hormonales para aumentar la probabilidad del embarazo, que ponen en riesgo la salud de la gestante; la imposición de tratamientos hormonales con fines eugenésicos; la limitación o imposición de la interrupción legal del embarazo, y hasta la obligación de registrar al recién nacido como la madre y luego darlo en adopción para eludir la legislación que prohíbe los contratos de gestación subrogada con extranjeros.

Estas denuncias han abierto un debate respecto a la forma de solucionar el problema. GIRE ha cabildeado para que las autoridades federales regulen las Técnicas de Reproducción Humana Asistida a través de reformas a la Ley General de Salud que permitan la gestación subrogada, como un reconocimiento al derecho de autonomía de las mujeres. En el otro extremo se encuentran organizaciones de mujeres feministas como FEMMVA, quienes han denunciado la práctica como “un negocio en donde se rentan mujeres y se venden bebés en perjuicio de mujeres pobres”.

En medio de este debate se han presentado desde el 2012 diversas iniciativas en el Congreso que han buscado prohibir la práctica y una, la más reciente, que busca justamente regular las técnicas de reproducción humana asistida. Esta iniciativa, presentada el pasado 20 de noviembre por la entonces senadora Olga Sánchez Cordero, actual secretaria de Gobernación, da pie para regular la gestación subrogada, permitida hasta el momento sólo en Tabasco y Sinaloa, y prohibida expresamente en Coahuila y Querétaro. En el resto del país no hay legislación al respecto.

Al debate se suma la reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que el pasado 21 de noviembre resolvió a favor de una pareja del mismo sexo a quienes un juez de Distrito en Yucatán negaba el amparo para que el Registro Civil de esa entidad le otorgara un acta de nacimiento a su hijo, gestado a partir de un contrato de gestación subrogada. La Corte reconoció la voluntad procreacional de la pareja, y su derecho para acceder a los adelantos de la ciencia en materia de reproducción asistida y convertirse en padres a través de estas técnicas.

Esto obliga a que, independientemente de que no exista una regulación federal en la materia, los códigos civiles de los estados consideren la “voluntad procreacional” de quienes acceden a un contrato de gestación subrogada y registren como hijo legal al recién nacido producto de ese embarazo. Justo lo que niegan los códigos civiles de Coahuila y Querétaro.

Hijo de mi hija, mi nieto

Desde que en 1974 se reformó el artículo 4o de la Constitución para incorporar el derecho de toda persona a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos, se encuentran disponibles en México diversas técnicas de reproducción humana asistida, entre ellas la inducción de ovulación, la inseminación artificial, la fecundación in vitro, la transferencia de óvulos fecundados, la transferencia intratubárica de gametos u óvulos fecundados, la criopreservación de ovocitos y óvulos fecundados, y la donación de ovocitos y óvulos fecundados.

La gestación subrogada como técnica de reproducción humana asistida existe en el país desde hace 20 años. Sin embargo, fue hasta 2012 que su práctica se empezó a incrementar debido a modificaciones legales en India y Tailandia –entonces destinos internacionales de la gestación subrogada– que impusieron restricciones a extranjeros y parejas del mismo sexo, y que convirtieron a México en la opción para celebrar este tipo de contratos con mujeres que aceptan gestar para una persona o pareja, de manera altruista o a través de una compensación económica.

De esa forma Tabasco se convirtió en el destino favorito de personas o parejas de otros países que buscaban ser padres a través de la gestación subrogada, hasta que en 2016 se reformó su Código Civil para limitar el uso de esta técnica exclusivamente a mexicanos, como lo establece Sinaloa desde un inicio. El principal problema que ha generado esta reforma es la dificultad que ahora enfrentan personas y parejas extranjeras para registrar como suyo al recién nacido producto del contrato de gestación subrogada que firmaron previo al cambio legal, y que ha provocado que mujeres gestantes se vean obligadas por las agencias a registrar a la criatura para luego cederla en adopción, con la incertidumbre jurídica que ello genera para todos los involucrados.

Para FEMMVA, “negar el parto como señal inequívoca de maternidad supone un retroceso a los tiempos en que lo determinante en un nuevo ser humano era la aportación genética del hombre; la mujer era apenas una simple vasija, un lugar de paso. Esta postura, además, no toma en cuenta que para un bebé recién nacido no importa de dónde haya venido el óvulo: madre es la mujer que lo gestó y lo parió”.

En un pronunciamiento dado a conocer en sus redes sociales, el grupo enumera 25 razones para prohibir la gestación subrogada, entre las que destaca que el alquiler de vientres se presta a la trata de personas y es contrario al ejercicio de la libertad de elección de las mujeres. “Gestar y parir para otros no es un derecho (…) las mujeres que son contratadas como madres gestantes se encuentran en precariedad económica, ante una falta de auténticas oportunidades laborales que les garanticen un salario digno con el cual cubrir sus necesidades básicas. Cuando la alternativa es la pobreza extrema o la carencia constante de recursos, la elección no es libre”.

Argumentan además que “quienes buscan legalizar la venta de vientres no son las mujeres empobrecidas, sino las empresas intermediarias, que se encuentran en los países del tercer mundo un negocio jugosísimo. Esa legalización no favorecería el bienestar de las mujeres sino la ganancia de unos empresarios”.

Para GIRE, el argumento es exactamente el contrario: “la reproducción asistida es un avance de la ciencia fundamental para poder ejercer el derecho que tienen todas las personas a fundar una familia, así como el de su autonomía reproductiva”, y la gestación subrogada, como técnica de reproducción humana asistida “puede ayudar a las personas a ejercer su derecho a formar una familia con el número de hijos y espaciamiento que deseen”, como lo establece el artículo 4o Constitucional y tratados internacionales de los que México es parte.

“Criminalizar el acto de gestación subrogada al considerarlo una forma de trata de personas significa partir del supuesto de que las mujeres no son capaces de decidir de manera autónoma si quieren gestar el producto de otra persona; significa asumir que siempre hay abuso y coerción y no un ejercicio libre de derechos”.

GIRE afirma que mientras no exista una legislación de las técnicas de reproducción humana asistida en general, “la incertidumbre jurídica permitirá abusos para las personas involucradas en los procesos de gestación subrogada, desprotección para el personal médico que intervenga e incluso violaciones a los derechos humanos de los recién nacidos bajo estas técnicas”.

Hijo de mi hijo, ¿quién sabe?

La iniciativa presentada por la entonces senadora y actual secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, no es el primer intento por legislar respecto a las técnicas de reproducción humana asistida, pero sí es el primero que reconoce que el Estado debe garantizar el acceso a los servicios de reproducción humana asistida como una forma de proteger el derecho de las personas a fundar una familia, a la igualdad y no discriminación, a la salud, y a beneficiarse del progreso científico.

“Cuando el constituyente permanente aprobó esa reforma hace ya 40 años, seguramente no pudo imaginar que la ciencia iba a avanzar hasta dar origen a la reproducción humana asistida; sin embargo, en su atinada redacción, dejó abierta la puerta para que el acceso a esos servicios se convirtiera en un derecho.

“Hoy podemos afirmar que la libre decisión reproductiva consagrada en la Constitución Mexicana no implica exclusivamente la garantía de acceso a esquemas de planificación familiar (…) sino que también comprende la obligación del Estado de promover lo conducente para que todas las personas tengan acceso a los mecanismos necesarios para ejercer su derecho a la procreación, lo que incluye los servicios de reproducción humana asistida”, enfatiza la exposición de motivos de la iniciativa.

En ese sentido, considera que ninguna de las anteriores iniciativas prosperaron debido a “la prevalencia de enfoques meramente ideológicos que buscan contradecir a los hechos concretos comprobados por la ciencia y a su método (e. g. como el dotar de personalidad jurídica a un embrión)” y por postular “argumentos discriminatorios que excluyen de los beneficios a todas aquellas personas con preferencias sexuales distintas a la heterosexualidad o que no se encuentren unidas en figuras como el matrimonio o el concubinato”.

Con el objetivo de garantizar este derecho, el documento advierte que la regulación se requiere ante el riesgo en que se encuentran particularmente las mujeres gestantes.

“De acuerdo con datos obtenidos por GIRE, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) reconocía que en 2013 existían en México 52 establecimientos autorizados para aplicar técnicas de reproducción asistida. Sin embargo, otros datos señalan que operan más de 100, lo que hace pensar, primero, que el número puede ser mayor, y segundo, que muchos de ellos funcionan sin apegarse a la regulación general a la que se ha aludido previamente (regulación general aplicable a servicios de gineco-obstetricia y manejo de células y tejidos)”, además de “jugar con el legítimo anhelo de las personas de poder lograr un embarazo y con el hecho de poner en peligro su vida”.

La iniciativa de Sánchez Cordero propone reformar la Ley General de Salud y fue turnada para su análisis a las comisiones unidas de Salud, y de Estudios Legislativos Segunda, con opinión de la Comisión de Derechos de la Niñez y la Adolescencia. Sólo necesita la mayoría del grupo parlamentario de Morena para ser aprobada.

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El desertor homosexual que escapó de Corea del Norte (y de su matrimonio) y encontró el amor a los 62 años

Jang Yeong-jin huyó de Corea del Norte escapando de un matrimonio sin amor. Ahora se ha prometido con su novio.
22 de marzo, 2021
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Jang

Oh Hwan
A los 62 años, Jang ha encontrado el amor y se va a casar con su novio estadounidense.

La singular historia del único desertor abiertamente homosexual de Corea del Norte fue cubierta por la prensa internacional cuando publicó su autobiografía. Ahora, 25 años después de huir de su país, cuenta a la BBC sus planes para casarse con su novio estadounidense.

Jang Yeong-jin nunca le habían parecido atractivas a las mujeres. Pero no fue hasta la noche de bodas, a los 27 años, que esto le hizo su vida más difícil.

Jang se sintió intensamente incómodo. “No podía poner un dedo sobre mi esposa“, recuerda.

Aunque la pareja finalmente consumó su matrimonio, el sexo era poco habitual.

Cuatro años después, su esposa seguía sin quedar embarazada, y uno de los hermanos de Jang comenzó a averiguar. Jang admitió que jamás se había sentido atraído por una mujer, y su hermano lo mandó rápido al doctor.

“Fui a muchos hospitales en Corea del Norte porque pensé que tenía algún problema“.

Nunca se le ocurrió a Jang, o su familia, que podía haber otra razón por su falta de interés hacia su esposa.

Pruebas médicas

“La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, dice.

Si se ve a alguien correr a saludar a un amigo del mismo sexo, se asume que son buenos amigos. De hecho, con frecuencia se ve a adultos del mismo género agarrados de la mano en la calle, explica.

“Corea del Norte es una sociedad totalitaria. Tenemos mucha vida comunitaria, así que es normal para nosotros”.

Echando la vista atrás, Jang piensa que no era el único incomprendido.

Cuando ingresó en el hospital durante un mes para hacer pruebas médicas, conoció a otros pacientes.

“Descubrí que muchos habían tenido una experiencia similar: hombres que no podían sentir nada hacia una mujer”.

Pero explorar lo que realmente sentían era casi imposible.

“En Corea del Norte, si un hombre dice que no le gusta una mujer, la gente piensa que está enfermo”.

Un hombre con el que Jang había servido en el ejército lo visitó varias veces después de ser dado de alta. Le confió que su noche de bodas también había sido un desastre y que ni siquiera podía tomar de la mano a su esposa.

“Creo que era alguien como yo”, reflexiona Jang.

Park Jeong-Won, profesor de leyes en la Universidad Kookmin en Seúl, Corea del Sur, no tiene conocimiento sobre alguna ley explícita en Corea del Norte contra las relaciones homosexuales.

Pero agrega que las leyes del estado contra las relaciones extramaritales y la violación de las costumbres sociales probablemente serían utilizadas para enjuiciar cualquier acto sexual gay.

Jang

Oh Hwan
El caso de Jang se conoció abiertamente cuando publicó su biografía hace 25 años.

Otro académica en Seúl, Kim Seok-hyang, ha entrevistado docenas de desertores sobre esto, y dice que ninguno había escuchado jamás hablar sobre el concepto de homosexualidad.

“Cuando les preguntaba sobre homosexualidad, les costaba entender. Así que tenía que explicarlo a cada persona”, dice Kim, profesora de estudios norcoreanos en la Universidad de Mujeres Ewha.

Todos los desertores le confesaron que si alguien les descubría explorando relaciones con alguien del mismo sexo, serían condenados al ostracismo, incluso posiblemente ejecutados.

Jang fue dado de alta con un historial médico limpio. Todas las pruebas médicas solicitadas por su hermano mostraron que no tenía nada malo.

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BBC

La decisión de marcharse

Por otro lado, la esposa de Jang seguía siendo infeliz.

“Pensaba: ‘Debería dejar marchar a esta persona. Deberíamos encontrar una forma de ser felices'”, cuenta el desertor.

Jang solicitó el divorcio. Sin embargo, este proceso no es fácil en Corea del Norte. Se requiere el permiso de un tribunal, y estos priorizan la unidad familiar, dice el profesor de leyes Park Jeong-Won.

Solo autorizan una separación si el matrimonio es visto como una amenaza a la ideología del país, explica.

Fue entonces cuando Jang se dio cuenta que solo le quedaba la opción de huir, de abandonar Corea del Norte. Esto anularía automáticamente su matrimonio y permitiría volver a casarse a su mujer.

Pero el catalizador de su decisión fue una visita del mejor amigo de Jang, un hombre llamado Seoncheol.

Habían crecido juntos en el pueblo norteño de Chongjin. Eran muy cercanos, y dormían en la misma cama cuando uno se quedaba en casa del otro durante la infancia.

Pero cuando crecieron, los sentimientos de Jang por Seoncheol se intensificaron.

“Realmente Seoncheol me gustaba mucho. Todavía sueño con él”.

A veces Seoncheol le visitaba para cenar y, una noche, preocupado por lo tarde que se había hecho, Jang persuadió a Seocheol para que se quedara a dormir.

Unas horas más tarde, Jang se encontró saliendo de su propia cama y acercándose a Seoncheol. Estaba devastado cuando su amigo dormido ni siquiera se movió.

“No sé exactamente qué quería de él, tal vez solo que me abrazara fuerte”, dice Jang.

Aquel momento le hizo sentir que su vida en Corea del Norte había llegado a su fin.

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BBC

La fuga

Jang llegó a Corea del Sur en abril de 1997 arrastrándose por la zona desmilitarizada (DMZ) llena de minas que divide las dos naciones, después de que su ruta inicial le dejara varado en China.

Cruzar la DMZ es tan arriesgado e infrecuente que su fuga fue noticia en el sur.

Zona desmilitarizada en Corea del Norte.

Getty Images
Jang escapó a través de las verjas fortificadas de la zona desmilitarizada llena de minas que divide las dos Coreas.

Las dinámicas en Seúl eran muy distintas a las de Corea del Norte, pero incluso aquí el caso de Jang desconcertó a los funcionarios surcoreanos.

Todos los desertores de Corea del Norte se someten a varias semanas de interrogatorios obligados del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) para comprobar que no son espías.

Jang fue interrogado durante más de cinco meses porque se resistía a explicar la verdadera razón por la que desertó.

Cuando finalmente admitió que simplemente no se sentía atraído por su esposa, se le permitió quedarse, pero una vez más fue enviado al médico.

“Los funcionarios del NIS me dijeron que debía haber alguna razón por la que no me gustaban las mujeres”.

En aquel tiempo, incluso en el sur había poca conciencia sobre las distintas orientaciones sexuales. Varios doctores le recomendaron buscar ayuda psicológica, pero ignoró sus consejos.

Descubrimiento y decepción

Entonces, en la primavera de 1998, 13 meses después de llegar a Corea del Sur, Jang abrió una revista para leer una entrevista que dio sobre su deserción.

Al pasar la página, descubrió un artículo sobre hombres homosexuales saliendo del armario, con una escena de una película estadounidense que mostraba dos hombres besándose sobre una cama.

Ahí se convenció de que él también era homosexual.

“Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

Aquella revelación transformó la vida de Jang, quien se volvió un cliente habitual de los bares para gays en Seúl.

Pero años después, este nuevo mundo expuso a Jang a un fraude devastador.

En 2004, el dueño de uno de los bares favoritos de Jang le presentó a un auxiliar de vuelo.

Salieron durante tres meses y Jang se enamoró.

El auxiliar de vuelo le pidió a Jang mudarse juntos, pero le explicó que, como vivía con su padrastro, primero debían comprar una casa más grande.

Jang se mudó de su apartamento alquilado y le dio US$82.000 de sus ahorros y todas sus pertenencias.

Nunca más volvió a verle. Acudió cada día a la estación de policía durante dos semanas hasta que le dijeron que se diera por vencido.

Jang jamás pensó que alguien pudiese engañarle de esta manera.

“En Corea del Norte tenemos una vida muy controlada. Si hubiera dicho que alguien me había estafado, el partido lo habría rastreado y castigado con dureza”.

Jang enfermó y fue hospitalizado durante un mes. Piensa que fue producto del estrés. Esto significó perder su trabajo en una fábrica. Como consecuencia, se quedó sin dinero, sin casa y desempleado.

Poco a poco fue reconstruyendo su vida. Consiguió un trabajo como limpiador, ahorró para rentar una nueva casa y comenzó a escribir en su tiempo libre.

De niño ganó una vez un concurso de escritura, pero entonces se requería que los estudiantes solo escribieran para honrar al régimen norcoreano.

Ahora, finalmente, Jang podía escribir lo que quisiera. Su autobiografía A Mark of Red Honor (“La marca del honor rojo”) fue publicada en 2015.

Encontrar el amor

Tomó un largo tiempo antes de que Jang se arriesgara a tener una cita. El año pasado, con 62 años, Jang conoció a Ming-su, el dueño de un restaurante, en un sitio de citas.

Cuatro meses más tarde, Jang viajó a la nación que conocía como “el país de los lobos”, el término despectivo de Pyongyang hacia Estados Unidos.

Pero cuando Jang vio a Min-su esperándolo en la sala de llegadas, su corazón se hundió. Min-su llevaba pantalones cortos y gorra, y dice Jang que esto le decepcionó.

“Al ver cómo se vestía, asumí que era un hombre maleducado y brusco“, dice Jang.

Jang

Jang Yeong-jin
Compartiendo vinos y picnics, la pareja se ha ido conociendo cada vez más.

El confinamiento por coronavirus les dio espacio para conocerse mejor, bebiendo vinos y organizando picnics.

“Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter. Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”.

Tras dos meses, Min-su decidió proponerle matrimonio.

Ahora Jang está finiquitando sus documentos para probar que su matrimonio en Corea del Norte está terminado y esperan casarse a fines de este año.

“Siempre me sentía miedoso, triste y solitario cuando vivía solo. Soy muy introvertido y sensible, pero él es una persona optimista. Somos buenos el uno para el otro”, dice.

Jang y su prometido.

Jang Yeong-jin
Jang y su prometido tienen varios planes para cuando terminen las restricciones por coronavirus.

Pero a pesar de su felicidad recién descubierta, Jang sigue obsesionado por el impacto que su deserción tuvo en su familia.

Varios de sus parientes fueron desterrados a una aldea remota en el helado norte, un destino brutal para aquellos cuyos familiares se perciben como desleales al régimen. Seis de sus familiares murieron de hambre y enfermedad, incluida su madre y cuatro de sus hermanos.

Jang dice que la única forma en que puede lidiar con esa culpa es escribiendo.

“Siempre que pienso en mi familia es muy doloroso para mí, por eso decidí escribir. Pienso que es la única manera en que puedo compensarle”, reflexiona.

Pero al menos le consuela que su decisión de abandonar Corea del Norte dio nuevas oportunidades a su esposa. Escuchó que había vuelto a casarse.

“Siempre pensé que era muy talentosa, así que me sentí muy feliz por ella”.

Y dice que espera expandir sus horizontes una vez se flexibilicen las restricciones por el coronavirus y quiere visitar Washington, a media hora en auto, con Min-su.

“Escuché que hay muchos bares gay allí. Quiero ir a esos bares con él”.

Mientras tanto, dice que disfruta de la tranquilidad de los suburbios, que describe como si estuviera en un “cuento de hadas”.

Min-su es un nombre falso.


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