Narcos México, quién es quién en la serie de Netflix sobre los capos mexicanos
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Narcos México, quién es quién en la serie de Netflix sobre los capos mexicanos

La serie sigue los pasos de Miguel Ángel Félix Gallardo y los inicios de la estructura del narcotráfico mexicano en la década de los 80.
3 de diciembre, 2018
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La serie Narcos, de Netflix, sale por el momento de Colombia para volver su mirada hacia los capos que sentaron las bases del narcotráfico en México.

Tras una primera temporada centrada en la figura de Pablo Escobar, esta nueva saga, estrenada a mediados de noviembre, sigue los pasos de Miguel Ángel Félix Gallardo y los inicios de la estructura del narcotráfico mexicano en la década de los 80.

Aunque la serie se describe como una “dramatización inspirada en hechos reales”, en la que varios de los momentos retratados sufrieron alteraciones, la mayoría de los protagonistas se corresponden con personajes reales de la historia de México.

A continuación te contamos quién es quién en la saga de “Narcos: México”.

Miguel Ángel Félix Gallardo

También conocido como “El Jefe de Jefes” o “El Padrino”, Félix Gallardo fue fundador del cartel de Guadalajara y el narcotraficante más poderoso de México en los años 70 y 80. Aunque antes de esa época no se utilizaba la palabra cartel para referirse en México a los grupos grandes del narcotráfico.

En la serie de Netflix lo interpreta Diego Luna, y fue el primer mexicano en exportar cocaína a gran escala a Estados Unidos a través de México.

“Algo que cambió la operación de los traficantes mexicanos que solo comerciaban con marihuana y amapola”, señala el periodista de BBC Mundo en México Alberto Nájar en un reportaje sobre Félix Gallardo.

“El ‘Jefe de Jefes’ además es indirectamente responsable del actual mapa del narcotráfico en el país”.

Antes de convertirse en “El Padrino”, trabajó como policía judicial en el estado de Sinaloa.

Y fue detenido en 1989 durante las investigaciones por el asesinato de Enrique “Kiki” Camarena Salazar, agente de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA).

Enrique “Kiki” Camarena

De origen mexicano y nacionalidad estadounidense, Kiki Camarena fue un agente encubierto de la DEA que siguió de cerca el surgimiento del cartel de Guadalajara.

En la serie lo interpreta el actor estadounidense Michael Peña y, según la página web oficial de la DEA, se unió a la agencia antidrogas en 1974 como agente en Calexico.

Camarena permaneció un año y medio en México y tras ser secuestrado y torturado en febrero de 1985, fue el primer miembro activo de la DEA en ser asesinado. Tenía 37 años cuando murió.

“Las principales figuras del crimen organizado en México -entre ellas Rafael Caro Quintero, Rubén Zuno Arce, Miguel Félix Gallardo, Humberto Álvarez Machain, Mario Verdugo y Ernesto Fonseca Carrillo- fueron arrestados por la tortura y asesinato de Enrique Camarena”, señala la DEA.

“Este evento desencadenó la operación Leyenda, la investigación de homicidio más grande que la DEA había emprendido”.

Rafael Caro Quintero

También originario de Sinaloa y cofundador del cartel de Guadalajara, a Rafael Caro Quintero se le conoce como el “Narco de Narcos”.

Al igual que muchos capos de su época, provenía de una familia de campesinos con pocos recursos. Al crecer entre la siembra y la cosecha de marihuana poco a poco escaló posiciones hasta ser uno de los narcotraficantes más poderosos de los años 80.

Caro Quintero, quien es interpretado por Tenoch Huerta en la serie, fue acusado del secuestro y asesinato de Enrique Camarena.

Tras pasar 28 años en prisión, fue liberado en 2013 en un controvertido proceso legal.

Desde entonces está prófugo y Estados Unidos ofrece una recompensa de US$20 millones por su captura.

Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”

Fue socio de Félix Gallardo y capo del cartel de Guadalajara.

En la serie “Narcos: México” es interpretado por Joaquín Cosío y está emparentado con ex líderes del cartel de Juárez y Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”.

Ernesto Fonseca Carrillo y Joaquín Cosío.

DEA/Getty
Ernesto Fonseca Carrillo está emparentado con capos del cartel de Juárez y con Amado Carrillo Fuentes.

En 1985 fue capturado y sentenciado a 40 años de cárcel por el secuestro y asesinato del agente Enrique Camarena, pero en 2016 quedó en arresto domiciliario por su edad hasta obtener su libertad total en 2017.

Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”

Carrillo Fuentes fue uno de los capos más poderosos y más buscados de México.

Se le conocía como “El Señor de los Cielos” por la flotilla de aeronaves Saberliner, Learjet y Cessna que poseía para mover drogas desde Sudamérica hasta Estados Unidos para el cartel de Guadalajara y sus aliados.

Después de la muerte de Pablo Escobar, pasaría a ser el “sucesor” del mercado con “El Chapo” Guzmán, los hermanos Beltrán Leyva y Héctor Palma en ascenso, según las investigaciones de la periodista Anabel Hernández, autora de “Los señores del narco“.

José María Yazpik

Getty Images
A Amado Carrillo Fuentes se le conocía como “El Señor de los Cielos” por su flotilla de aviones.

“El Señor de los Cielos”, interpretado por José María Yazpik en la serie de Netflix, fue líder del cartel de Juárez y hermano del narcotraficante Vicente Carrillo Fuentes, alias “El Viceroy”.

Murió en 1997 tras someterse a una cirugía plástica para cambiar su aspecto.


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Cuartoscuro

México rechaza pagar repatriación del cuerpo de migrante camerunés que murió en naufragio en Chiapas

La extitular de la entidad, Mara Gómez, dijo a los representantes de la familia que los recursos son limitados y que se prioriza a los mexicanos.
Cuartoscuro
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La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) rechaza pagar el coste de la repatriación del cuerpo de Emmanuel Ngu Cheo, un migrante camerunés de 39 años muerto en octubre de 2019 en un naufragio entre Chiapas y Oaxaca.

En su argumentación el ente público alegó que Ngu Cheo no está considerado como víctima ya que no forma parte del Registro Nacional de Víctimas (Renavi) ni tampoco una institución federal lo ha reconocido como tal. 

La investigación de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Oaxaca, que se encarga del caso porque el cuerpo fue hallado en una playa de la entidad, sí le da tal consideración. Por eso la CEAV argumenta que es un asunto estatal en un dictamen fechado a 12 de noviembre de 2020 pero que fue recientemente comunicado a los afectados.

El gobierno de Oaxaca, por su parte, ya avisó a los representantes de la familia del migrante camerunés que no dispone de fondos para sufragar el gasto de repatriación. Mientras tanto, esta tuvo que endeudarse para pagar los 112 mil pesos que costó enviar los restos desde Ixtepec, donde permaneció tres meses en una funeraria, hasta Bamenda, en Camerún.

“Alegan que no forma parte del Registro Nacional de Víctimas (Renavi), pero son ellos los que no lo han inscrito”, dice Fabbienne Cabaret, abogada de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, que acompaña a la familia del migrante fallecido.

La CEAV es la última ventanilla de un largo proceso para intentar que las instituciones mexicanas se hagan cargo de los costos de repatriación de una víctima de las políticas de contención de migrantes. Ni INM ni SRE quisieron hacerse responsables.

En otras ocasiones, como la masacre de Camargo en la que fueron asesinados 16 guatemaltecos, fue Migración la que pagó los retornos. En la mayoría de casos, sin embargo, las instituciones ignoran los requerimientos hasta para pasar la pelota a la CEAV.

En una queja presentada ante la Comisión Nacional para los Derechos Humanos (CNDH) interpuesta en febrero de 2020 la ONG explica algunos de los razonamientos esgrimidos de forma verbal por la entonces titular de la CEAV, Mara Gómez Pérez. Según el documento, esta llegó a asegurar que los recursos eran limitados y, por lo tanto, había que priorizar a los mexicanos ya que estos pagan los impuestos. 

El naufragio tuvo lugar el 11 de octubre de 2019 en Puerto Arista, municipio de Tonalá, Chiapas. Allí aparecieron los cuerpos de otras dos víctimas: Romanus Atem Ebesor y Michael Atembe. Allí también fueron a parar los cinco sobrevivientes, quienes actualmente se encuentran en Estados Unidos tramitando su asilo. Todos los migrantes de aquella expedición habían escapado meses atrás de Camerún, que sufre un violento conflicto armado desde 2016.

“Nadie nos ha ayudado”, dice familia

“Nadie nos ha ayudado”, se queja Cecilia Ngu, hermana de la víctima y que actualmente trabaja como policía en Mineápolis, Estados Unidos. Casi año y medio después de la muerte de Emmanuel la familia no ha recibido apoyo alguno.

Tuvieron que endeudarse para lograr que el cuerpo pudiese ser enterrado en Camerún y a día de hoy no tienen noticia alguna sobre el avance de las investigaciones. La fiscalía de Oaxaca ni siquiera ha permitido que sus representantes tengan acceso a la carpeta de investigación. 

El naufragio de Chiapas es el símbolo de cómo México se convirtió en una barrera para más de 7 mil solicitantes de asilo y migrantes africanos que permanecieron varados durante varios en meses en Tapachula, Chiapas, a lo largo de 2019.

Su objetivo era llegar a Estados Unidos pero un cambio en la forma de aplicar la ley por parte del gobierno mexicano les dejó atrapados en el sur del país. Emmanuel Ngu, de 39 años, era uno de ellos. Maestro de profesión, casado y con cuatro hijos, dejó Camerún tras el asesinato de un compañero. Atravesó Ecuador, Panamá, Nicaragua, Honduras y Guatemala antes de quedar atrapado en México. En su cuerpo todavía eran visibles las marcas de la tortura que padeció a manos de la policía. Su esperanza era la carta que llevaba en el bolsillo y con la que pretendía pedir asilo. Nunca llegó a entregarla a las autoridades estadounidenses.

“Es una víctima de las políticas migratorias de México”, dice la queja presentada ante la CNDH por la Fundación por la Justicia y el Estado Democrático de Derecho. Hartos de esperar en un campamento en el exterior de la estación Siglo XXI de Tapachula, Chiapas, Ngu y sus compañeros decidieron jugarse la vida para continuar el su camino. En el naufragio tres de ellos se dejaron la vida.

Una vez muertos dejaron de importar

Tras el accidente comienza un nuevo calvario. Los sobrevivientes fueron encerrados durante días con la misma ropa que llevaban cuando casi pierden la vida. Finalmente, todos ellos lograron cruzar al norte y están peleando su caso de asilo. Por su parte, las familias de los muertos fueron ignoradas y maltratadas por diversas instituciones. En el caso de Ngu, su hermana Cecilia viajó al sur de México para identificar el cuerpo, lo que le permitió acordar con la funeraria que se mantendría en un congelador hasta que fuese repatriado.

Los allegados de los otros dos no lograron realizar el trámite y los restos fueron incinerados. Los ritos funerarios de Camerún no permiten la cremación del cuerpo, por lo que las urnas con los restos se quedaron en Tapachula, Chiapas. Las familias se negaron a recibirlas.

Durante el último año la CEAV trató de argumentar que Ngu no era víctima. Según se recoge en la queja ante la CNDH, quienes tienen el mandato de defender a los damnificados alegaron que se trataba de un accidente. No quisieron tomar en cuenta, como recuerda la Fundación en su escrito, que los cameruneses recurrieron al coyote tras permanecer atrapados varios meses a causa de la política migratoria del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Tampoco que se trata de un caso de tráfico de personas. Según testimonios recogidos por Animal Político de los sobrevivientes, hubo otro barco que logró su objetivo. Sus ocupantes hicieron referencias a casas de seguridad con hombres armados. Nada de esto está siendo investigado. 

Existen dos carpetas de investigación, una en Oaxaca y otra en Chiapas. No hay constancia de avances en ninguna de ellas. Ngu es la única víctima con representación en México. Y sus familiares ni siquiera han logrado ver el expediente. Así que no parece que las pesquisas vayan a avanzar mucho en el caso de migrantes pobres muertos sobre los que nadie va a reclamar. 

Al final, Ngu y sus compañeros fueron importantes cuando trataban de cruzar México e importunaban los acuerdos firmados con EU. Una vez muertos ya no podían tratar de cruzar ninguna frontera. Que les ocurra después dejó de ser un problema para las autoridades mexicanas. 

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