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Autoridades de Sinaloa niegan aborto a menor que sufrió violación sexual

Argumentando la reciente reforma a la Constitución de ese estado para proteger la vida desde el momento de la concepción, autoridades de diversos niveles y órdenes le negaron a una adolescente la interrupción del embarazo, pese a ser su derecho como víctima.
13 de diciembre, 2018
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El pasado jueves 29 de noviembre, una menor de edad ingresó a la Cruz Roja de Culiacán, Sinaloa. La adolescente había estado sintiendo dolores agudos en el vientre y sus hermanos la llevaron al centro de emergencias. Ahí les comunicaron que quizá estuviera embarazada y con una amenaza de aborto.

La menor había ido a pasar unos días a su pueblo natal en Oaxaca, donde fue víctima de una violación. No se lo había dicho a nadie. Apenas un rato antes de acudir a emergencias se lo había contado a su hermano. En la Cruz Roja les informaron del probable embarazo y la canalizaron al Hospital General. Ahí le confirmaron que tenía 16 semanas de gestación, amenaza de aborto y una infección en las vías urinarias, por lo que la trasladan al Hospital de la Mujer de Culiacán.

En esa institución, la menor le informó al personal de la violación y solicitó la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) como es su derecho, de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana, NOM 046. Ésta establece que una mujer víctima de agresión sexual tiene la opción de recurrir a ese procedimiento. En el caso de las menores de edad, mayores de 12 años, basta con que ellas mismas la soliciten. No necesitan ni el consentimiento de sus padres ni de un tutor. Y no es necesario que interpongan una denuncia, basta con su dicho de buena fe.

Pero en el Hospital de la Mujer no procedieron a practicarle la ILE, dice Verónica Cruz, abogada y directora del centro de derechos humanos y femeninos Las Libres de Guanajuato, que está acompañando el caso de la menor. “En lugar de eso le suministraron medicamentos para evitar el aborto natural”.

Al día siguiente, el viernes 30 de noviembre, se presentó en el hospital, cuenta la abogada, Antonio Cota, de la agencia del ministerio púbico especializado en violencia contra las mujeres. Sin que hubiera un familiar presente ni su abogado, Cota tomó la declaración de la menor, a quien “le dijo que era muy delicado lo que estaba pidiendo, que lo pensara bien porque era un delito y después la podían meter a la cárcel en cuanto cumpliera los 18 años”, denuncia la abogada.

Los familiares de la adolescente solicitaron el apoyo del colectivo No Se Metan Con Nuestras Hijas, de Culiacán, al que Cruz acaba de darles una capacitación para el acompañamiento de mujeres víctimas de violación. “Ellas me llaman el sábado y me dicen, hay un caso justo como tú nos describiste, qué hacemos”.

El colectivo acudió el lunes 3 de diciembre con Jesús Alfredo Logan Ureta, jefe de medicina legal del Hospital de la Mujer para solicitar el procedimiento, pero éste se los negó argumentando, afirma Cruz, “que en ese hospital no aplicaba la NOM 046, ni los derechos humanos, ni los tratados internacionales, solo la reciente reforma a la Constitución del estado de Sinaloa para proteger la vida desde el momento de la concepción”.

Sinaloa es la entidad número 19 en hacer esta modificación, después de que otros 18 estados la hicieron, en lo que se ha catalogado por colectivos feministas y de defensa de derechos humanos como una respuesta a la NOM 046, para impedir que las mujeres víctimas de violación acceda a la Interrupción Legal del Embarazo.

El 28 de septiembre pasado, el último día de la anterior legislatura, la LXIV, del Congreso del estado de Sinaloa, con mayoría del PAN, se aprobó esa reforma a la Constitución estatal. Hoy jueves, en Aguascalientes se presentará al pleno la iniciativa para hacer lo mismo. Y en Nuevo León está próxima a discutirse.

El de la menor en Sinaloa, dice Cruz “es un caso clarísimo, es simbólico, de cómo se reforman las constituciones en los estados para tratar de impedir que se aplique la NOM 046, incluso el médico legal del hospital nos enseñó unos oficios donde meses antes ya habían autorizado abortos legales y justo nos dijo: pero ya no, porque ahora la Constitución dice que tenemos que proteger la vida desde la concepción”.

La abogada cuenta que aunque le explicaron que esta NOM es de orden federal y su obligatoriedad está basada en el principio pro persona, establecido en la reforma constitucional de derechos humanos del 2011, en la cual se señala que la autoridad debe aplicarle a una persona la ley que más la proteja, el hospital no accedió a efectuar la ILE.

“Parece que, en efecto, han procedido a reformar las constituciones de los estados no solo para impedir que el aborto sea legal, sino para blindarse por las causales que ya están reconocidas en la ley y seguir negando la interrupción del embarazo”, afirma Cruz.

Ese lunes 3 de diciembre por la noche, recibió a las activistas, el secretario de Salud de Sinaloa, Efrén Encinas Torres, el encargado jurídico de la Secretaría de Salud, el sub secretario y el director del Hospital de la Mujer para decirles que iban a revisar el caso y que solicitaran por escrito el procedimiento.

Para supuestamente actuar, el director del Hospital de la Mujer de Sinaloa, Oscar Garzón López, exigió un oficio donde se asentara que ya existía una denuncia y que debía aplicarse la NOM 046, “eso no es necesario, pero aceptamos para acelerar las cosas”, cuenta la abogada.

Fueron entonces a la fiscalía especializada en delitos sexuales de Culiacán para solicitar que se emitiera una medida cautelar para que el hospital procediera. “Marlene Medina López, titular de la Unidad Especializada en Violencia Contra las Mujeres, la Familia y Grupos en estado de Vulnerabilidad, nos dijo que ella no podía darle órdenes al Hospital, que además de acuerdo con la reciente reforma a la Constitución local lo que se estaba pidiendo era matar una vida”.

Cruz, que para entonces ya se había trasladado a Sinaloa para asistir personalmente en el caso, acudió el pasado miércoles 5 de diciembre a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, donde la visitadora adjunta, Cynthia del Rincón Castro, le aseguro que en Sinaloa no aplica la NOM 046 ni los derechos humanos.

“Como empezamos a protestar, salió el visitador general, Miguel Ángel Calderón, nos dijo que nos iba a apoyar, que iba a hablar con las autoridades. Obtuvimos entonces el oficio y el hospital accedió al procedimiento, pero aceptaron ingresar a la niña hasta el pasado 10 de diciembre y entonces el director nos dijo que ese día, lunes, no había ningún médico no objetor de conciencia que pudiera realizar el aborto”.

Había que esperar al martes, pero quien se presentó fue la subprocuradora para la Defensa del Menor y la Familia del Sistema Estatal del DIF, Liliana Pimentel, “diciendo que ella era la tutora real de la menor, que no iba a permitir el aborto y que ya tenía una familia para la adopción”.

Fue lo ultimo, después de eso y de que las enfermeras le estuvieran diciendo que no abortara porque eso sería ser una mala madre, la familia y las activistas sacaron a la menor del hospital, apenas hace dos días, el pasado martes, y la trasladaron a la CDMX, para que proceda la ILE.

Eso deja claro, dice Cruz, como ya se sabía, que solo si tienen un acompañamiento de este tipo o dinero para viajar, por su cuenta, a la CDMX, es que las niñas víctimas de violación puede acceder a su derecho a la ILE, “de lo contrario están obligadas a continuar con la gestión, bajo la presión y la amenaza de todas las autoridades que debían apoyarlas”.

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Natasha Pizzey-Siegert

Chamulas musulmanes: la historia de cómo el islam llegó a Chiapas (y se quedó)

Unos 300 indígenas chamulas profesan el islam en San Cristóbal Chiapas. A pesar de que esta ciudad en el sureste de México se caracteriza por su diversidad religiosa, los musulmanes son la minoría más inesperada.
Natasha Pizzey-Siegert
12 de julio, 2019
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‘Allahu Akbar’ significa en árabe “Dios es grande” y es una expresión de fe muy común en el mundo musulmán. Pero es demasiado extraño escucharla en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, en el sureste de México, un país con una amplia mayoría católica.

Y todavía aún más extraño si quienes lo pronuncian son indígenas chamulas, algunos ataviados con sus peludos trajes de lana.

Aunque en esa ciudad hay un gran mosaico de iglesias, son sobre todo católicas y evangélicas. El islam suena casi improbable.

Pero ahí está.

Lo practican unos 300 indígenas chamulas que concentran en cuatro comunidades distintas .

Y viven con las tradiciones musulmanas.

Musulmanes chamulas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Ana Gabriela Rojas

Unos 300 indígenas chamulas practican el islam en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

En Ramadán, el mes del ayuno para el islam, los adultos no comen ni beben agua desde que sale el sol hasta que se pone.

Algunos, rompen su ayuno con dátiles, como se hace tradicionalmente en los países árabes.

Otros, se adaptan y lo hacen con fresas, plátanos o melón, mucho más fáciles de encontrar en San Cristóbal.

Celebran el Eid al-Fitr, o el final del ayuno, con un festín de cordero a la marroquí o barbacoa al estilo mexicano.

Y dan gracias a Alá en árabe.

En su vida diaria hablan en su lengua, el tzotzil, y a veces en español, pero en cualquier caso salpicado con un Inshallah, la expresión árabe equivalente a “si dios quiere”.

Los chamulas se caracterizan por su apertura religiosa: algunos practican sincretismos con tradiciones prehispánicas, pero también hay católicos y evangelistas de todas las iglesias.

Pero, ¿cómo llegaron a convertirse en musulmanes?

La respuesta data de hace 25 años y tiene que ver con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en 1994.

El primer musulmán que llegó a Chiapas.

Cortesía: Gaspar Morquecho

Todos los ojos en San Cristóbal

Los ojos del mundo voltearon a Chiapas, y específicamente a San Cristóbal, para ver cómo miles indígenas se revelaban frente sistema político y económico.

Un arcoíris de representantes de movimientos políticos y sociales querían estar cerca para ver lo que pasaba.

Así sucedió también con el español Aureliano Pérez Yruela, que tiene el nombre musulmán de Nafia, y que estaba en México cuando estalló el movimiento.

Nafia pertenece al Movimiento Mundial Murabitún (MMM), un grupo islámico fundado en Granada, España, por Ian Dallas, Abdalqadir as-Sufi, un escritor escocés y cercano a la banda de los Beatles.

“Fuimos atraídos por ese momento histórico para los indígenas en Chiapas”, dice Esteban López Moreno, Hajj Idriss, que fue el segundo en llegar, después de que Nafia.

Así que se asentaron para hacer el trabajo y hablar de Alá a gente que no había jamás oído hablar del islam”, explica.

Mujer chamula musulmana

Natasha Pizzey-Siegert
Mujer chamula musulmana

Cuenta que al principio tenían que utilizar un intérprete porque muchos indígenas no hablaban castellano.

“Pero comprobamos que la comunicación es a nivel de los corazones, que tienen un lenguaje que no se ve pero que funciona. Entonces supieron que nosotros teníamos algo importante para ellos y eso creo un lazo de confianza. Y empezaron a convertirse en musulmanes“, dice Hajj Idriss, que también es imán.

Cuenta que su mensaje se fue pasando por familias: se hacía musulmán el padre, luego la madre y luego los hijos.

Pero los zapatistas no se convirtieron al islam.

“Nuestra relación desde un principio fue con el mundo chamula porque el primero que se convirtió era uno de sus líderes y fue quien conectó con nosotros”, explica

Carta al subcomandante Marcos

El investigador de islam en Chiapas, Gaspar Morquecho, enseña a BBC Mundo una carta que el MMM envió a los zapatistas.

Carta de los musulmanes a los zapatistas.

Natasha Pizzey-Siegert
La carta está dirigida al subcomandante insurgente Marcos.

Está dirigida al subcomandante insurgente Marcos y asegura que el cambio de sociedad no se puede dar con el cristianismo, ni con el marxismo.

“La lucha por la liberación de los pueblos debe hacerse bajo la bandera del islam transformador, siguiendo el mensaje revelado que nos trajo Mohamed, el último de los profetas, el libertador de la humanidad”, dice.

Los zapatistas no respondieron. Así que seguramente los MMM percibieron una posibilidad de crecer en la comunidad indígena a través de los chamulas, que llevaban una historia de expulsión de su pueblo San Juan Chamula y que se habían ido asentado en San Cristóbal de las Casas desde 1974″, explica Morquecho.

Cuenta que en los 70 en San Juan Chamula había un grupo de caciques que ostentaban todo el poder. Y que se vieron amenazados cuando el obispo Samuel Ruiz promovió programas sociales, que disminuían su hegemonía, por ejemplo una caja de ahorro, una cooperativa de consumo popular o campañas contra el alcohol.

El Imam Ibrahim Chechev habla a otros musulmanes.

Natasha Pizzey-Siegert
El imán Ibrahim Chechev fundó la comunidad Ahmadía en San Cristobal.

Los caciques terminaron por expulsar al programa católico conocido como Misión Chamula y despúes, de manera todavía más violenta y masiva, a otras iglesias cristianas y sus fieles.

“A diferencia de lo que se cree, los chamulas son un grupo muy abierto, son gente emprendedora. Y en este mundo de incertidumbres, buscan certezas. Es un andar de ese pueblo y yo los he visto cambiar de partido político a otro, de una organización social a otra o de una religión a otra”.

Dice que muchos también cambiaron a otras iglesias que prohibían el alcohol porque eso ayuda a aliviar muchos problemas en la familia, como de peleas o económicos.

“Otra razón por la que se unen al islam es porque les dijeron que el último mensaje de dios no es el de la Biblia, sino el del Corán y pensaron que solo con ese último mensaje iban a llegar al paraíso”, explica el investigador que ha seguido a la comunidad chamula desde su expulsión.

Mujeres chamulas musulmanas se abrazan en la celebracion del fin del Ramadan.

Natasha Pizzey-Siegert
Después del mes de ayuno viene un gran festejo.

Pueblo expulsado

La comunidad musulmana fue creciendo entre los indígenas expulsados de San Juan Chamula, asentados en la periferia del noreste de San Cristóbal.

Hasta alrededor del año 2000, que empezaron las rupturas con el MMM, explica Morquecho.

“Porque los chamulas tienen esa tradición de movilidad social y también se separan por problemas internos entre las distintas familias”.

Morquecho coincide con otros entrevistados que los malos tratos de los españoles del MMM a los chamulas también propició que muchos conversos se fueran a otras comunidades musulmanas de nueva formación.

Dicen que no les dejaban hablar con personas que no fueran musulmanas, aunque fueran sus familiares. También los obligaban a hablar solo español para poder entenderlos. Y les decían que no debían comer tortillas porque eran una porquería.

Hajj Idriss, el imán español del MMM en San Cristobal, asegura que estas son “leyendas” y que en los distintos grupos no hay problemas.

Todo parte de nuestra semilla. Fuimos los primeros musulmanes y a partir de ahí empezaron a hacerse más. Con el paso del tiempo ha habido gente que ha querido hacer por su cuenta un pequeño sitio de oración, pero todos parten de aquí”.

Ahora los MMM tienen la mezquita más grande de México, de unos 400 metros cuadrados, que se levanta imponente en la periferia de San Cristobal.

Pero, además de ellos ahora hay tres comunidades musulmanas más. Cada uno con su lugar de oración. Aunque son más bien casas adaptadas, cada grupo llama a su lugar “mezquita”. Y todas están muy cerca la una de la otra.

Dos de ellas son de tradición suní. Una liderada por un sirio, conocido como Mudar, otra la comunidad Al Kauzar.

Ahmadia

La tercera es la comunidad Ahmadía, que para el mundo islámico más tradicional no son considerados musulmanes.

Comunidad Ahmadia en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Ana Gabriela Rojas
Comunidad Ahmadia en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Ellos tienen dos creencias que los separan de los demás: que su fundador, el indio Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, era el mesías prometido y que Jesús murió en Cachemira -y no regresará- a diferencia de lo que creen los musulmanes más tradicionales

El lema de su comunidad es “amor para todos, odio para nadie”, explica a BBC MundoIbrahim Chechev, el imán de la comunidad Ahmadia en Chiapas.

Explica que las tradiciones del islam no chocan con las de los indígenas porque “el islam se adapta a cualquier cultura, a cualquier lengua, a cualquier raza. Lo que importa es el fitra, el estado natural del ser humano, que es siempre generoso. El islam viene a pulir ese ese lado natural y a elevarlo”.

Cuenta que el ayuno es para alabar a dios. Que es un entrenamiento de abstinencia de todos los sentidos.

“Por ejemplo, la boca no come, pero tampoco miente, maldice, dice chismes. Así, cada uno los otros sentidos debe hacerlo y entrenarse para seguir el resto del año. También, ayunar nos ayuda a entender a aquellos que tienen menos y tienen la panza vacía”.

Celebración del fin del Ramadán.

Natasha Pizzey-Siegert
Celebración del fin del Ramadán.

La historia personal de Chechev está muy relacionada con el islam en San Cristóbal de las Casas.

El fue el primero de su familia en convertirse al islam, con apenas 15 años.

A los 19 se casó con Yanna, la hija de Hajj Idriss, el segundo español musulmán que llegó a la ciudad.

Después también pasó por la organización musulmana Al Kauzar y después fundó Ahmadía en San Cristobal por invitación de la organización en Guatemala.

Su abuelo, Miguel Gómez Hernández (Miguel Caxlán), fue uno de los primeros indígenas en convertirse a otra religión: se hizo protestante. Formó parte de los expulsados de San Juan Chamula y fue asesinado en San Cristóbal en 1981.

Su hija, Juana Gómez Hernández, madre de Ibrahim, no olvida ese día: “Ya era la hora en que mi papá llegaba, pero no aparecía. Yo tenía un mal presentimiento que lo sentía en el cuerpo. Me dijeron que ya lo habían agarrado. Y yo supe a que se referían: lo habían matado. Lo perseguían desde que vivíamos en Chamula”.

Mujer chamula musulmana

Ana Gabriela Rojas
Juana, que prefiere el nombre árabe Nura, cuenta que la nahua, o falda de lana peluda, es característica de los chamulas.

Ahora, Juana dice que se siente más a gusto como Nura, su nombre musulmán.

Cuenta después del asesinato de su padre, ella y su esposo se pasaron a la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Después, su hijo Ibrahim, cuando era un adolescente, acercó a toda la familia al islam.

“Le doy gracias a Alá que ahora todos mis hijos son musulmanes”, dice. Asegura que su esposo dejó de tomar alcohol gracias al islam.

“Ahora hasta que me muera voy a ser musulmana”, asevera.


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