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Cuartoscuro

Padres de niños con cáncer, cerca de contar con licencias laborales para cuidarlos

De aprobarse la iniciativa el año próximo, estos trabajadores podrán solicitar licencia laboral durante el tiempo que el hospital les exija permanecer junto al menor, conservando su empleo y también hasta 60% de su salario.
Cuartoscuro
28 de diciembre, 2018
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Cuando un niño con cáncer recibe tratamiento en México, los hospitales públicos y privados exigen a sus padres que permanezcan a su lado las 24 horas del día para procurar su atención, y no permiten la presencia de ningún otro familiar más que los padres. Esto supone una encrucijada que muchos padres no logran superar: se ausentan de su empleo para cuidar a su hijo enfermo, los despiden por su ausencia y con ello pierden la seguridad social que garantiza la atención médica del niño.

Con el objetivo de ayudarlos a, por lo menos, no perder su empleo, la organización civil Cáncer Warriors propuso en 2017 una iniciativa que está a punto de concretarse: licencias laborales para padres de niños con cáncer. El proyecto fue aprobado por unanimidad y sin discusión en la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados el pasado 23 de diciembre, con 46 votos a favor.

Al proyecto sólo le falta un paso para convertirse en ley: su aprobación en el Pleno de San Lázaro en enero próximo.

“Aquí salvamos tres cosas: que el trabajador salve su empleo, que siga teniendo un ingreso y que él y su hijo sigan teniendo seguridad social. Estamos ganando esta y vamos a ganar otras”, dijo a Animal Político Kenji López, fundador de Cáncer Warriors.

El abogado y activista explicó los principales beneficios de esta iniciativa, lo que aún tiene pendiente y el proceso que seguirá hasta convertirse en un derecho exigible por los trabajadores.

Todas las licencias que sean necesarias

La iniciativa reforma las leyes del Seguro Social, del ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) y del Trabajo, para que los empleados formales cuyos hijos padezcan cualquier tipo de cáncer puedan ausentarse de uno a 28 días sin que puedan ser despedidos por ello.

“Se expedirán tantas licencias como sean necesarias durante un periodo máximo de tres años sin exceder 364 días, mismos que no necesariamente deberán ser continuos”, especifica el texto del dictamen aprobado en comisiones.

Cuando la iniciativa fue aprobada por el Senado, en abril de este año, los potenciales beneficiarios eran nueve mil 500 familias. Sólo a la fecha ese número ha aumentado a 9 mil 750, y de acuerdo con la secretaría de Salud federal, cada año hay unos 5 mil nuevos diagnósticos de cáncer en menores de edad, siendo la principal causa de muerte por enfermedad en niños entre cinco y 14 años.

De aprobarse la iniciativa en el Pleno de la Cámara de Diputados el año próximo, estos trabajadores podrán solicitar licencia laboral durante el tiempo que el hospital les exija permanecer junto al menor, conservando su empleo y también hasta 60% de su salario.

“Aunque tengan seguridad social tienen gastos, hay desabasto de medicamentos; los padres tienen que salir a comprar medicinas de 5 mil, 6 mil pesos”, argumentó Kenji López.

Las restricciones

El proyecto aprobado tiene algunas limitantes impuestas principalmente por los institutos de seguridad social, que buscan evitar que un trabajador sea inscrito con el objetivo específico de obtener la licencia. Por ello, el trabajador que solicite el permiso deberá contar con 30 semanas cotizadas anteriores a la fecha del diagnóstico del niño; en caso de no cumplir este requisito, deberá tener al menos 52 semanas de cotización inmediatas previas al inicio de la licencia.

La segunda limitante es la edad del menor: sólo estarán cubiertos hasta que cumplan 16 años. Esto significa que los padres de adolescentes con cáncer que tengan 17 no podrán solicitar la licencia, aunque a esa edad sigue siendo requisito que los padres permanezcan al lado del menor las 24 horas.

“Lo que nos importaba era que se aprobara para tenerlos cubiertos, lo que falta podemos impulsarlo en un adendum”, confía López, impulsor de la iniciativa que llegó a reunir 130 mil firmas en la plataforma Change.org antes de su aprobación en el Senado y que actualmente cuenta con más de 360 mil.

El proceso

La aprobación y entrada en vigor de la iniciativa ocurrirá, confía López, en el primer trimestre de 2019. “Si en enero se cita a periodo extraordinario para ver lo de la Guardia nacional, los diputados tienen interés en que ahí salga la nuestra”, relata. Si el Pleno de la Cámara la aprueba, se envía al Ejecutivo para su promulgación y publicación.

“Constitucionalmente, el Ejecutivo tiene facultad para emitir observaciones, pero ya va tan planchada que esperamos que no las haya”, dice en referencia al buen recibimiento que ha tenido en ambas Cámaras. Y vamos a sugerir que se promulgue el 15 de febrero, que es el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer Infantil. Entraría en vigor al día siguiente y las instituciones tendrán un margen máximo de un mes para organizarse administrativamente y comenzar a expedir las licencias.

Si bien la aprobación en comisiones de este dictamen es una buena noticia para activistas, pacientes y sus padres, aún faltan elementos básicos por cumplir para que estas familias puedan afrontar dignamente la enfermedad de los niños. De acuerdo con Kenji López, lo más urgente es la infraestructura hospitalaria para que los familiares se alimenten y mantengan condiciones mínimas de higiene.

“El papá que está 12 horas y hace turnos con la mamá, tiene que quedarse mirando cuando le sirven la comida a su hijo. Y no es porque el hospital no quiera, sino que no hay recursos, deberían tener por lo menos un comedor, que los baños tengan más capacidad para asearse, hay gente que viene de muy lejos, que no puede bañarse, que no tiene un cepillo de dientes”, puntualiza el abogado.

El Instituto Nacional de Pediatría -segundo en porcentaje de pacientes pediátricos de cáncer atendidos, según la Secretaría de Salud, después del Hospital Infantil Federico Gómez- recibirá el año entrante 50.8 millones de pesos para la ampliación de la Unidad Pediátrica de Hemato-Oncología, provenientes del Fideicomiso 2012-2019 destinado a ese hospital.

“Qué bueno que piensen en el paciente y tengan la infraestructura médica para atacar la enfermedad, pero que también piensen en las familias que se están fletando ahí día y noche, y que necesitan tener las condiciones mínimas de dignidad”, expresó.

Por ello, el impulsor de la iniciativa considera que su aprobación daría cobertura a “la punta del iceberg” de todo lo que implica enfrentar el cáncer en México.

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G. D. Olmo

Cómo es la vida en la Colonia Tovar, el enclave alemán de Venezuela que resiste a la escasez y la inseguridad

Los habitantes de la Colonia Tovar, un hermoso pueblo fundado en el siglo XIX por colonos alemanes en lo alto de una montaña junto al mar Caribe, viven lejos de la escasez y la inseguridad frecuentes en otros lugares del país.
G. D. Olmo
28 de junio, 2019
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“Vivir aquí es una bendición”, proclama con la más ancha de sus sonrisas José Rivera.

En esta fresca mañana de sábado ha montado en la plaza central del pueblo su bien surtido puesto de frutas.

Frambuesas, duraznos, aguacates, moras… José tiene de todo.

Su puesto despliega más colores que la paleta de un pintor expresionista. Por eso atrae cada fin de semana a los turistas que visitan la Colonia Tovar, a pocos kilómetros de Caracas, en lo alto de un montaña.

Este agricultor de 50 años se dice un privilegiado en la Venezuela de la crisis. Heredó una finca que explota junto al resto de su familia: “Toda la vida nos ha ido bien”, dice.

Relatos como este no abundan en la Venezuela actual.

Pero este lugar no es solo venezolano; es también alemán.

Sí, han leído bien; la Colonia Tovar es alemana.

Paseando por sus calles, repletas de cervecerías de estilo bávaro y restaurantes que sirven una amplia variedad de salchichas con repollo agrio, o contemplando su iglesia principal, dedicada a un santo católico que murió mucho antes de que los europeos tuvieran noticia de la existencia de América, cuesta imaginar que el Caribe queda a poco más de 30 kilómetros.

También el blanco caserío con gruesas vigas de madera que salpica su verde y montañoso paisaje recuerda más a la Selva Negra alemana o a los Alpes italianos que a nada que uno pudiera asociar a la tropical Venezuela.

¿Cómo surgió y sobrevivió esta “Alemania del Caribe”?

Colonia Tovar.
G. D. Olmo

En el mercadillo de los fines de semana los turistas pueden adquirir la fruta que se cultiva en los alrededores, conocida por su gran calidad.

El viejo Ciro Enrique Breidenbach es su cronista y conoce la historia mejor que nadie.

“Hacia 1840, durante el gobierno de José Antonio Páez, había una gran emigración del campo a la ciudad y la producción agrícola de Venezuela estaba cayendo, así que se encargó al militar y geógrafo italiano Agostino Codazzi un plan para atraer colonos alemanes que trabajaran los campos”, cuenta, mientras muestra con delicadeza de entomólogo el original del primer contrato de asentamiento suscrito con uno de estos colonos.

Martín Tovar Ponte, uno de los próceres de la independencia, aportó las tierras a unos 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar en las que hoy se asienta la colonia, agraciada por un clima benigno y un suelo fértil que son una de las razones por las que aquí no se da la escasez de alimentos que aqueja a otros lugares del país.

Dos años después, un grupo de 60 familias de la aldea de Endingen, en el actual estado alemán de Baden-Wurtemberg, en apuros tras una época de malas cosechas, aceptaban la oferta de Codazzi e iniciaban una travesía por el Atlántico que les llevaría a las tierras de Tovar.

Nacía así este sitio tan peculiar.

“Codazzi quería mantener a los alemanes aislados de la población local porque temía que el contacto con los venezolanos arruinaría su carácter trabajador”, relata el cronista.

Él mismo, descendiente de alemanes, es un ejemplo vivo de que no lo logró.

Con el tiempo, colonos y autóctonos fueron emparejándose, dando lugar a un excepcional mestizaje germano-venezolano que perdura en la actualidad.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
El cronista de la ciudad muestra un documento con los nombres de los primeros colonos del lugar.

Alemanes en Venezuela

Mariel Rivero, camarera en uno de los mesones típicos de la localidad, está casada con un ciudadano alemán y sus dos hijas tienen el pasaporte de ese país europeo.

“Es muy agradable vivir aquí; la colonia me lo ha dado todo”, cuenta.

Cabellos rubios y ojos azules como los suyos, poco frecuentes en el Caribe, abundan aquí.

Son parte de un legado que los más concienciados de los colonieros, como se conoce a los habitantes de la colonia, tratan de conservar.

Es el caso de Carlos y Tulio Misle, padre e hijo involucrados ambos en proyectos vinculados al origen alemán de la comunidad.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Mariel Rivero se siente agradecida y sus hijas tienen la nacionalidad alemana.

Tulio viajó a Alemania para formarse y regresó para montar una empresa de producción de vinos y cerveza artesanal que ahora intenta expandir pese al contexto económico adverso en el país.

“Producir aquí una bebida tradicional de la Colonia es un orgullo”, afirma, mientras atiende a los clientes de su negocio.

Carlos, su padre, está empeñado en salvar el alemán coloniero, el habla local resultado de la fusión del español con el alemánico, un raro dialecto del alemán que trajeron consigo los primeros colonos.

“Un grupo de personas comprometidas con el rescate de nuestro acervo cultural llevamos dos años dedicadas a escribir la gramática del alemán coloniero”, cuenta.

Alarmados por un estudio en el que comprobaron que cada vez quedan menos hablantes, se decidieron a “unificar el dialecto para que no se pierda” y han producido un manual para que el curso que viene los más pequeños comiencen a estudiarlo en algunas escuelas del municipio.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Muchos de los muertos que descansan en este cementerio son de orígenes alemanes.

Uno de los factores que lo han ido arrinconando ha sido el turismo

Pero es también una de las fuentes de riqueza de la Colonia.

Lo sabe bien Ankeith Bracamonte, que hace unos años decidió dejar su puesto de empleado público para fundar una agencia de viajes junto a dos socios.

“El principal atractivo es la gastronomía, que cada fin de semana trae a visitantes, sobre todo de Caracas, pero también de Maracay y Valencia”, indica, refiriéndose a las principales ciudades de Venezuela.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
La gastronomía alemana es uno de los reclamos turísticos de la Colonia Tovar.

La estampa habitual cualquier fin de semana aquí es muy distinta de las colas, protestas o mercados desabastecidos que suelen proyectar los informativos internacionales cuando hablan de Venezuela..

Entre los que se divierten este fin de semana están Armando Nazerdine y sus dos primos. Hijo de inmigrantes libaneses que se instalaron en Venezuela en la década de 1980 huyendo de la guerra en su país, ahora vive en la Isla Margarita, se siente un venezolano más y da gracias por lugares como este.

“Venezuela es tierra de paz y armonía” cuenta, mientras se balancea en el remolque del vehículo rústico que los pasea a él y a otros visitantes por los alrededores de la Colonia.

A bordo va también Dugleilis Sibad, empleada del Estado que ha venido con una amiga desde Valencia a disfrutar del día.

Acaba de degustar una muestra del chocolate elaborado con el cacao criollo, la variedad local, y está de mejor humor incluso que cuando llegó.

“Todo esto es muy bonito. El clima es muy agradable y hay una gran variedad de frutas, verduras y artesanía”, comenta.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
La Iglesia que preside la localidad está dedicada a San Martín de Tours, un santo católico europeo.

Una zona “segura” en Venezuela

El turismo es también una de las claves que explican que, según sus habitantes, la Colonia siga siendo un lugar relativamente seguro pese a ubicarse en el estado Aragua, considerado uno de los más violentos y peligrosos de Venezuela.

Reinaldo, el conductor que pasea a Dugleilis y a Armando, explica por qué: “El asunto de la inseguridad está controlado aquí; quienes trabajamos en el turismo hacemos de patrullas civiles y reaccionamos en cuanto hay algo sospechoso porque no nos interesa que la Colonia Tovar pierda su buena fama”.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Reinaldo se gana la vida paseando turistas por los alrededores. “Quienes vivimos del turismo velamos por la seguridad”, afirma.

¿Y qué hay de los apagones, la otra lacra que ha hecho insoportable el día a día de muchos venezolanos?

La Colonia también tiene suerte en esto. Al ubicarse en la misma línea que da servicio a Caracas, cuyo suministro prioriza el gobierno, los cortes de electricidad son muy raros aquí.

Y sin embargo, los colonieros no son totalmente inmunes a la crisis.

Inge Hubrig regenta una charcutería que presume de que su fundador, su difunto esposo, elaboró en 1993 la salchicha más grande del mundo.

Vive “tranquilamente” aquí desde hace 39 años, pero ahora ha empezado a ver algo nuevo para ella. “A veces llega gente pobre pidiendo salchichas; yo se las regalo, claro”.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Inge cuenta que ahora hay gente que se acerca a su negocio a pedir que les regalen comida.

Sentado en el comedor de un coqueto hotel que antes tenía menos habitaciones libres, Esteban Bocaranda, alcalde del municipio Tovar, el que engloba a la colonia, confirma los nubarrones en el horizonte.

“La Colonia permanece viva porque es un centro turístico nacional y, aunque no tenemos manera de medirlo científicamente, hemos notado que llegan menos turistas y algunos negocios han cerrado”, dice.

“También se han ido muchos muchachos y ahora los tenemos regados por toda América”.

El alcalde mira el cielo plomizo a través del amplio ventanal antes de responder a mi última pregunta: “Mire, aquí intentamos permanecer ajenos a lo que pasa en el resto del país”.


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