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Quién es Claudia Sheinbaum, la primera mujer electa que gobernará Ciudad de México

Científica, feminista y de izquierda. Te contamos quién es esta mujer de 56 años que gobernará por seis años esta ciudad de 21 millones de habitantes.
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5 de diciembre, 2018
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Este miércoles se hace historia en Ciudad de México. Claudia Sheinbaum, la primera mujer electa como alcaldesa de la enorme metrópoli, asume su mandato a nombre de Morena, el partido de gobierno.

Si bien no es la primera mujer en términos absolutos (antes que ella Rosario Robles ocupó el cargo de forma interina entre 1999 y 2000), sí es la primera en acceder a la alcaldía a través del voto popular.

Con 56 años y un estilo más bien sobrio -rara vez se la ve sonreír en un acto público al que acude casi siempre en un par de jeans, camisa blanca y pañuelo en el cuello- Sheinbaum no cumple con los estereotipos del político promedio.

Nacida en el seno de una familia judía en un país mayoritariamente católico -sus abuelos emigraron de Lituania y Bulgaria-, Sheinbaum recibió no obstante una educación secular.

Y su primera pasión, al igual que la de sus padres, no fue la política sino la ciencia: estudió física e ingeniería energética en la UNAM, obtuvo un doctorado en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California, Estados Unidos, e integró el Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, el equipo que ganó el premio Nobel de la Paz en 2007.

Sin embargo, su interés por la ciencia no le ha impedido desarrollar su carrera política.

Controversia

Esta mujer, que asegura escribe sus propios discursos y se muestra cautelosa a la hora de presentar sus propuestas, ha estado vinculada desde hace años con políticos de izquierda y con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Claudia Sheinbaum y AMLO

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Sheinbaum fue su secretaria de Medio Ambiente cuando éste fue alcalde la ciudad en 2000.

En 2012, López Obrador, quien era nuevamente candidato presidencial, la propuso como posible titular de la misma dependencia, pero a nivel federal.

Sheinbaum fue también una de las primeras políticas en abandonar el tradicional partido de izquierda de México, PRD (Partido de la Revolución Democrática), y unirse a AMLO cuando lanzó formalmente su partido Morena, en 2014.

Y, en 2015, asumió las riendas de Tlalpan, uno de los 16 sectores que integran Ciudad de México.

Fue su desempeño como entonces delegada de este sector (entre 2015 y 2017) lo que generó una gran controversia en torno a su persona.

Su accionar fue criticado, sobre todo después del terremoto de septiembre de 2017 de 7,1 de magnitud, que dejó más de 300 muertos y afectó severamente la hoy alcaldía de Tlalpan.

Tragedia de Rébsamen

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19 niños y 7 adultos murieron cuando se desplomó el colegió Rébsamen, que según peritos colapsó por irregularidades en su construcción.

Entre las víctimas se encontraban 19 niños y siete adultos que perdieron la vida cuando colapsó el colegio Rébsamen.

Muchos vecinos de la zona la consideran directamente responsable de lo ocurrido, ya que los funcionarios a su cargo aprobaron los dudosos permisos de construcción del edificio que se desplomó sobre la escuela.

Sheinbaum negó las acusaciones y señaló a sus rivales durante su campaña de utilizar la tragedia del colegio Rébsamen con fines políticos.

Vida personal

Durante sus años en el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) -que luchó entre otras cosas para mejorar la calidad académica de profesores e investigadores- conoció al líder estudiantil Carlos Imaz con quien se estuvo casada entre 1987 y 2016. Tuvieron dos hijos.

Su exesposo, una figura conocida dentro de la izquierda, cayó en desgracia tras ser alcanzado por un escándalo de corrupción.

En noviembre de este año, Sheinbaum fue elegida por la BBC como una de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes de todo el mundo en 2018.


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Carlo Echegoyen

Cena con antojitos, sin alcohol y hasta la media noche, así fue el festejo en Palacio Nacional

Los invitados narraron que la celebración fue “entre amigos” y que el presidente y su familia convivieron y se tomaron fotos con los invitados antes de retirarse.
Carlo Echegoyen
16 de septiembre, 2019
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Si hubiera que elegir una palabra para definir la primera ceremonia del Grito de Independencia encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador sería “austera”, coincidieron algunos asistentes. Y es que esta vez no hubo cena de gala, ni invitados en el salón principal, tampoco vestidos elegantes, sólo lo indispensable para convivir en el patio principal entre carpas, sillas altas y papel picado.  

Las invitaciones para la ceremonia dentro de Palacio Nacional comenzaron a llegar a sus destinatarios la semana pasada. Sólo estuvieron contemplados los integrantes del Gabinete legal, el gabinete ampliado y subsecretarios, cada uno con un acompañante, más 90 embajadores de otros países en México. Sumaron unos 500 invitados. 

Debían llegar a partir de las 20 horas. Podían ingresar por la calle de Moneda, mostrar su invitación y boleto y caminar hacia una de las puertas de Palacio Nacional o entrar en auto por el estacionamiento de Correo Mayor, cerca de la Oficialía de Partes. Por ésta última optaron Santiago Nieto, el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda y el director de la CFE, Manuel Bartlett.

Lee: “Sí se pudo” y “No estás solo”, los mensajes para AMLO desde el Zócalo en su primer grito

Por la puerta de Moneda entraron la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; la secretaria de Economía, Graciela Márquez; la subsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel; el director de Pemex, Octavio Romero y la presidenta del Senado, Mónica Fernández, entre otros. También, los embajadores que llegaron a bordo de tres autobuses.    

Una vez dentro, los invitados se encontraron con banderas de México colgadas en los barandales del primer piso del patio central, carpas decoradas con papel picado con leyendas de “Viva México” y “AMLO”; mesas y sillas altas y algunos sillones pequeños de colores. 

Esta vez no hubo cena de gala sino antojitos mexicanos distribuidos en mesas como si fuese buffet y pequeños anafres para mantener cada plato caliente. La cena incluyó pambazos, sopes, tostadas de picadillo, de pata, tacos dorados, y tacos de guisado como chicharrón en salsa verde y tamales. 

No hubo alcohol, ni siquiera para un brindis, tampoco refrescos, sólo agua de jamaica y horchata, atole de pinole y de postre arroz con leche, el menú “como se acostumbra en las casas”, según contaron a Animal Político los asistentes al festejo. 

Para el grito, sólo los hijos del Presidente: José Ramón, Andrés, Gonzalo y el menor Jesús Ernesto, y los integrantes del gabinete pudieron subir a los balcones, como Irma Eréndira Sandoval, titular de Función Pública; María Luisa Albores, de Bienestar o el Canciller, Marcelo Ebrard. El resto de invitados siguió la ceremonia a través de pantallas puestas en el patio. 

El presidente estuvo feliz 

Andrés Manuel López Obrador buscó la presidencia por primera vez en la contienda de 2006, donde Felipe Calderón ganó apenas por unas décimas de punto. La elección presidencial más cerrada y en la que López Obrador señaló que hubo “fraude”. 

Lee: El águila real, el símbolo nacional que está en peligro de extinción

Lo intentó por segunda vez en la elección de 2012, donde resultó ganador el priista Enrique Peña Nieto. En la tercera, como abanderado del partido que fundó, el Movimiento de Regeneración Nacional, obtuvo 30 millones de votos y a nueve meses de asumir la presidencia mantiene una aprobación de 67%, según encuestas. 

Entre las principales promesas de campaña y de gobierno, además del combate a la corrupción, está lograr la “austeridad republicana”. Por eso la eliminación de “privilegios” entre funcionarios públicos y el recorte de plazas y gastos dentro de la administración pública. Por eso, la ceremonia debía ser “congruente con la austeridad y con la situación del país”, dice uno de los asistentes. 

Ésta vez el presidente entró solamente con su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, al Salón de Recepciones como parte del protocolo para recibir la bandera, sin invitados formando una valla a los costados y aplaudiendo al paso de la pareja presidencial como acostumbraron los anteriores mandatarios.  

A diferencia de su predecesor, Enrique Peña Nieto que tenía a sus hijos a su lado durante la ceremonia, en el balcón principal sólo aparecieron el Presidente y su esposa frente a las miles de personas que segundos antes gritaban “es un honor estar con Obrador” y “sí se pudo, sí se pudo”, la arenga que se escuchó en ese mismo lugar la noche del 1 de julio de 2018 después de confirmarse que había obtenido la mayoría de votos.   

Sosteniendo la bandera con la mano izquierda y en la derecha el cordón tricolor de la campana, el presidente López Obrador se dirigió primero a las mexicanas y comenzó con la arenga. Además de nombrar a Hidalgo, Morelos y Josefa Ortiz de Domínguez, mencionó a los “héroes anónimos” y a las “comunidades indígenas”. 

Y remató con ¡viva la libertad, viva la justicia, viva la democracia, viva nuestra soberanía, viva la fraternidad universal, viva la paz, viva la grandeza cultural de México!”. 

Tocó la campana, ondeó la bandera y, como se acostumbra, siguió el espectáculo de fuegos pirotécnicos. Ahí, el presidente alzó la mirada y sonrió varias veces. A diferencia de otras transmisiones televisivas donde la producción bajaba el sonido ambiente, ésta vez se escucharon las arengas “presidente, presidente”, “no estás solo, no estás solo”.

Aunque López Obrador las ha escuchado en decenas de plazas en sus recorridos durante los últimos 12 años, incluso en ese mismo lugar, ésta es la primera vez que lo hizo como Presidente de México. Él y su esposa respondieron con los brazos alzados, saludando a la multitud. 

Después del Grito, López Obrador bajó al patio principal a saludar a sus invitados. “Estuvo sonriente, se le veía feliz, festejando entre amigos”, dijo otro de los asistentes. No hubo discurso, tampoco platicó con cada uno, pero sí se tomó fotos con los embajadores, sobre todo. Algunos de ellos, como Barbara Jones, Embajadora de Irlanda, o Rut Krüger de Noruega, lo publicaron en sus cuentas de Twitter. 

También convivieron con los invitados el resto de la familia del presidente, pero fue breve. Apenas se acabaron las fotos y los abrazos, los invitados comenzaron a retirarse poco después de la media noche. “Fue austero y emotivo”, concluye al salir otro de los invitados. 

 

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