Pocos reconocemos el profundo problema de racismo que sufre nuestro país: Cuarón
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Imagen: Dan Winters

Pocos reconocemos el profundo problema de racismo que sufre nuestro país: Cuarón

La nueva cinta de Cuarón, que se estrena en Netflix este 14 de diciembre, versa sobre la nana mixteca que llegó a su vida cuando tenía menos de un año de edad.
Imagen: Dan Winters
Por Camila Sánchez Bolaño /Newsweek México
9 de diciembre, 2018
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Después de vivir y trabajar varios años en el extranjero, Alfonso Cuarón sintió una necesidad imperiosa de retornar a México.

Tras el apabullante éxito que tuvo su largometraje Gravity, que en 2014 ganó siete premios Óscar, el cineasta mexicano se planteó regresar para filmar una película acerca “de lo que me formó cuando era niño: mi familia y mi país. La hice con todo el cariño que le tengo a toda mi historia y a esas relaciones, también con una gratitud a un país que es hermoso”.

Y, de inmediato, precisa: “Pero a la vez tenía que reconocer mis cicatrices y las tendencias que son nocivas tanto familiar como socialmente”.

En Roma, nominada a tres Globos de Oro en la categoría de mejor película extranjera, mejor guion y mejor director, el cineasta mexicano lleva a la pantalla grande pasajes íntimos de su infancia, recreando escenas de lo que componía su cotidianidad familiar: los desayunos apresurados antes de partir al colegio; las cenas y carcajadas frente al televisor; los juegos y las peleas típicas de hermanos que, en paralelo, van atestiguando que las cosas entre mamá y papá marchan mal.

Cuarón decide mostrar al desnudo esa etapa de la infancia en la que comenzó a comprender que la vida no es un cuento de hadas, que el amor de los padres no es eterno, que las mujeres se quedan solas haciendo frente a sus dolores más inmensos.

“Esta película para mí era una necesidad vital, creo que el estar tanto tiempo fuera de México, por cuestiones de vida y por no querer estar lejos de mis hijos, me llevó a regresar. Por otro lado, es un momento en que esta fantasía, esta sirena del cosmopolitismo en donde uno es ciudadano del mundo, se desgasta, entonces uno vuelve y lo hace, porque si uno no tiene las raíces bien encajadas en su origen y en su cultura, te transformas en un ser humano muy estéril”, comenta.

Roma ya ganó el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, y tiene tres nominaciones a los Globos de Oro. Imagen: Filippo MONTEFORTE / AFP.

Ante un entorno que poco a poco se hacía más denso y enrarecido, lo mismo en el hogar que en las calles del México de los años 70, dos mujeres aparecen como los pilares de esa familia de clase media alta que habitaba en la colonia Roma: la madre y la nana.

En especial, la nueva cinta de Cuarón, que se estrena en Netflix este 14 de diciembre, versa sobre Libo, la nana mixteca que llegó a su vida cuando tenía menos de un año de edad.

En Roma, Libo se llama Cleo y representa a esas mujeres que han existido por generaciones en cientos de familias mexicanas: una trabajadora doméstica a la que sus empleadores aman como si fuese otro miembro de la familia pero que, pese a todo ese gran cariño, trabaja sin recibir ningún tipo de prestación social y hace frente a actos abiertos o velados de discriminación.

“El tabú es lo que sucede en la película —explica Cuarón— y suena más o menos así: ‘Cleo, te amamos, nos salvaste la vida y queremos ir a conocer tu pueblo, pero tráete unos gansitos, un licuado, y vete a lavar la ropa’.

“Y es que, incluso en las mejores relaciones y en las propias relaciones amorosas, sigue existiendo esa barrera social”, enfatiza durante una conversación telefónica desde Londres, en donde actualmente reside con su familia.

Al primer trimestre de 2017, los trabajadores domésticos remunerados no tuvieron acceso a instituciones de salud. De acuerdo con un estudio del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), 60 por ciento de las trabajadoras ha manifestado que estarían dispuestas a ver una disminución en su salario a cambio de su incorporación al Seguro Social.

“Lo de las empleadas domésticas —refiere— es algo que existe desde la Colonia y, la verdad, es casi una esclavitud implantada, y ese tipo de discriminación sucede con las trabajadoras domésticas y con los empleados domésticos, pero también sucede en general con toda la clase indígena de nuestro país”.

Uno de los pasajes más oscuros del México de los años 70, el ‘halconazo’, se recrea en la cinta. Imagen: NETFLIX

RAZA Y COLOR DAN PRIVILEGIOS

Antes de Roma, Cuarón dirigió películas de mucho relumbrón, como la multipremiada Gravity, además de Solo con tu pareja, Y tu mamá también, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Children of Men, entre otras.

En su nueva película, el director de cine pone en el centro de su reflexión el racismo que campea en México.

“Pocos reconocemos el profundo problema de racismo que sufre nuestro país, porque sí es un problema: a los mexicanos nos gusta apuntar el dedo cuando otros son racistas, pero nos cuesta mucho reconocer el racismo interno que se vive en nuestro país. México es un país preocupantemente racista y existe una relación entre clase y raza porque el color de piel que tienes te da privilegios”, señala.

“Y por eso me enojo con estos temas porque yo me puse de a pechito, a mí y a mi familia”, agrega sobre la manera en que utiliza su historia para hacer visible un problema que está arraigado desde nuestro círculo más cercano, como lo es la familia.

A los mexicanos nos encanta reconocer nuestras raíces cuando se trata de presumir que tenemos las mejores playas o las inmensas pirámides que crearon nuestros antepasados, cuando se trata de poner mariachi en una fiesta, cuando tomamos mezcal y comemos tacos de canasta. Pero algo sucede al mexicano en el momento de reconocer sus raíces autóctonas. Y es que, para Cuarón, “no sabemos, no podemos o no queremos reconocer a nuestros pueblos autóctonos, a las naciones originales, a la población indígena, y ese sí me parece un problema muy fuerte”.

En este punto hace una pausa. Antes de que el silencio se alargue demasiado, continúa el cineasta: “Estos temas están profundamente arraigados en nuestra sociedad y hay un tema del que se habla poco: ese paradigma de que tu color y raza tienen que ver con el dinero que tienes, en realidad es un paradigma que únicamente se ha roto y ha cambiado con la cultura del narcotráfico. Creo que alguien se debe detener un momento para ver de dónde nace parte de ese poder que tienen los narcos ahora, nos toca preguntarnos: ¿quién les ha dado ese poder?”.

Hace unas semanas, Yalitza Aparicio fue designada por la revista Time como una de las diez mejores actrices de 2018. La actriz mexicana, que interpreta el papel de Cleo en Roma, fue atacada en las redes sociales por haber posado para la revista Vanity Fair con vestidos de Gucci, Louis Vuitton y Prada. Las reacciones en las redes sociales al ver sus fotografías fueron indignantes: se inundaron de comentarios racistas que cuestionaban a la actriz por haber posado con ropa de diseñador.

Al respecto, Cuarón comenta: “La verdad, me dolió. Me duele como país, esto que sucedió con Yalitza es aterrador, preocupante y muy triste. Yo no sé si en México esté regulado el comentario racista como un crimen. No sé si haya una ley que, como muchas cosas en nuestro país, no se aplica. Pero es una cuestión sistemática, porque una cosa son los comentarios racistas, que son aterradores, pero otra cosa son los usos y costumbres, que son igualmente aterradores”.

Y precisa: “Creo que mínimo se podría hacer el experimento de observar el trato que recibe la gente blanca en México a diferencia del que recibe la gente morena. Por desgracia, es diferente”.

“Pobres de los que no pueden ver la belleza de esta mujer”, lamenta el cineasta. Lo cierto es que también se ha visto un enorme reconocimiento y cariño hacia la actriz, oriunda de Tlaxiaco, Oaxaca, que pasó de soñar con ser maestra de preescolar a volverse una actriz reconocida internacionalmente con este filme de Alfonso Cuarón.

Cleo, interpretada por Yalitza Aparicio, se basa en Libo, la niñera del cineasta mexicano. Imagen: Netflix

MÁSCARAS Y REPRESIÓN

Roma también aborda otras problemáticas que siguen vigentes desde las décadas de 1960 y 1970 en México, como es la violencia del Estado.

“La represión del gobierno que vemos en la película, esa represión no ha terminado. Lo que es aterrador es que, al conectarme y tratar de recuperar mi país y hablar de lo que me formó, se me hizo bien evidente que esas cosas no han cambiado, simplemente se han agudizado y ahora están peor que nunca”.

Y agrega: “Hay quienes hablan de que las cosas han cambiado en México porque tienen esta quimera de que existe una democracia en nuestro país y de que los procesos han sido democráticos en los últimos sexenios, pero en realidad solo han cambiado máscaras y formas, la sustancia sigue igual”, dice Cuarón, quien se encuentra esperanzado de que las cosas en nuestro país cambien con la salida de Enrique Peña Nieto del gobierno.

Lo dijo el 1 de diciembre poco después de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador. “Por fin México se libera de EPN. México ha sufrido de presidentes corruptos, represores y cobardes. Enrique Peña Nieto también lo fue, pero además fue increíblemente incompetente”, escribió el cineasta mexicano en su cuenta de Twitter.

Lee la nota completa en Newsweek México

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VIH/Sida: qué hace este virus al sistema inmunitario y por qué es tan difícil encontrar una cura o una vacuna

Han pasado casi cuatro décadas desde que se reportaron los primeros casos, y pese a todos los esfuerzos sigue siendo una enfermedad incurable. ¿Por qué?
Science Photo Library
1 de diciembre, 2020
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Dibujo, infección de VIH

Science Photo Library
El blanco del virus son los linfocitos CD4.

Desde que se detectaron los primeros casos a principios de la década de los 80, el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) se ha cobrado alrededor de 33 millones de vidas, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Este virus, que de no tratarse da lugar al síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida, continúa siendo una amenaza para la salud pública: se estima que hay cerca de 38 millones de personas viviendo con VIH (hasta finales de 2019).

Si bien se han hecho grandes avances en cuanto a su tratamiento y prevención, y en la actualidad las personas infectadas pueden llevar una vida saludable, aún no se ha podido hallar una cura para la enfermedad.

Solo dos pacientes hasta la fecha —uno, conocido como el “paciente de Berlín, que falleció en septiembre de este año a raíz de otra enfermedad; el otro, un venezolano establecido en Londres— parecen haberse curado definitivamente del virus.

Tampoco se ha logrado dar con una fórmula para una vacuna, pese a que su búsqueda se inició muy poco después de que se reportaran los primeros casos.

Para entender por qué esta infección es tan difícil de erradicar (en contraposición al coronavirus SARS-CoV-2, que en menos de un año desde que se desató la pandemia cuenta con varias candidatas de vacunas prometedoras), es fundamental comprender primero cómo afecta el VIH a nuestro sistema inmunitario, el arma que tiene nuestro organismo para protegernos de las enfermedades.

Ataque directo al centro de defensa

El VIH entra en nuestro cuerpo a través del intercambio de ciertos fluidos corporales como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales de una persona infectada.

Es, además, un retrovirus. Es decir, su material genético está en forma de ARN (ácido ribonucleico) y no de ADN. Por ello, antes de insertar sus genes en el genoma de la célula huésped para replicarse, tiene primero que convertir su ARN en ADN.

Esto lo hace mediante un proceso que se conoce como de transcripción inversa (los virus en cambio usan uno de transcripción normal), lo cual genera muchos errores en sus copias -puede que esta explicación te sobre en esta instancia, pero guárdala en tu mente porque te ayudará a entender más adelante por qué es tan difícil desarrollar un tratamiento y una vacuna-.

Investigación

Getty Images
En el campo de investigación sobre tratamientos para el VIH se han logrado muchos avances.

A diferencia, por ejemplo, del SARS-CoV-2 que ataca y se replica en las células del pulmón y otros órganos que tienen en su superficie el receptor ACE2, el VIH tiene como objetivo principal un tipo de células de nuestro sistema inmunitario: los llamados linfocitos CD4 (o también T CD4).

“Los linfocitos CD4 son una parte fundamental del sistema inmunitario. Son predominantes en todos los procesos de lucha contra distintos patógenos —virus, bacterias, parásitos— y forman parte del centro de coordinación de otra parte del sistema inmune”, le explica a BBC Mundo José Luis Casado, médico del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid, España.

“Son una especie de capitanes de las defensas que no solo manejan soldados, sino que coordinan a otros oficiales para luchar contra el enemigo”, añade.

Una vez dentro del CD4, el virus introduce su propio material genético y secuestra el mecanismo de esta célula para replicarse.

Los nuevas copias de VIH salen de la célula y se propagan por el cuerpo, infectando a su vez a otras células y destruyendo gradualmente linfocitos CD4. La reducción de estos linfocitos provoca, en consecuencia, una deficiencia en el sistema inmunitario.

“Cuando el sistema inmunitario reconoce que hay CD4 infectados, activa otras células para matar a estos CD4, y esa inmunoactivación estimula la producción de linfocitos CD4 para compensar a los soldados caídos en batalla”, explica Casado.

Pero este es un proceso compensatorio temporal. “El organismo no sabe mantener altos niveles de activación inmune persistente”, agrega, con lo cual esta estrategia no resulta eficaz a largo plazo, y no se consigue erradicar a todos los CD4 infectados.

Timothy Ray Brown

Getty Images
Timothy Ray Brown, conocido como el “paciente de Berlín”, fue la primera persona en curarse de VIH. Falleció de cáncer en septiembre de este 2020.

A medida que la infección avanza y el cuerpo va perdiendo su capacidad para defenderse, el individuo infectado se vuelve vulnerable a sufrir otras infecciones conocidas como enfermedades oportunistas.

Cuando la cantidad de linfocitos CD4 cae por debajo de 200 células por milímetro cúbico de sangre (una persona con un sistema inmunitario sano tiene entre 500 y 1.600), o cuando aparecen una o más infecciones oportunistas más allá del recuento de CD4, se considera que una persona infectada tiene sida.

Por qué los tratamientos no logran curar el VIH

Los tratamientos que han dado muy buenos resultados y que se utilizan para controlar el VIH consisten en una combinación de fármacos antirretrovirales que atacan varios aspectos del ciclo de vida del VIH, y evitan así que el virus se multiplique y pueda penetrar células sanas.

Al reducir la carga viral, el sistema inmune tiene más posibilidades de recuperarse y combatir infecciones. Por eso los pacientes en tratamiento —que debe seguirse de por vida— pueden tener una vida prolongada y sin síntomas.

Con el tratamiento antirretroviral se logra que no desarrollen sida ni infecciones oportunistas.

Por otra parte, “si no hay replicación viral, no hay transmisión“, dice Casado, de modo que no hay posibilidad de contagio.

Sin embargo, el virus no desaparece: una vez que penetró la célula puede quedarse allí, en estado latente.

“Tenemos una serie de células CD4 activas y muchas CD4 en reposo. Están allí por si hay una guerra, una infección. Se estima que solo un 2% de células CD4 están activas habitualmente, porque el resto, en situación basal, no las necesitamos”, explica Casado.

Según le dice a BBC Mundo Mundo Nadia Roan, profesora de la Universidad de California, San Francisco, en Estados Unidos, “este reservorio latente de células infectadas es, esencialmente, la principal barrera para encontrar una cura para el VIH”.

Preservativos

Getty Images
Los preservativos son fundamentales para prevenir el contagio del VIH.

“Sabemos de su existencia desde hace mucho tiempo, pero no hemos podido atacarlo o controlarlo. Y una de las razones es porque no hay un biomarcador en la superficie de estas células que nos permita distinguir entre una célula sana y una célula infectada con VIH”, dice la experta, cuya investigación se centra en encontrar una forma de caracterizar a estas células infectadas.

Estos reservorios de VIH se establecen pocos días después de que una persona se ha infectado, y mientras el virus está escondido dentro de las células no puede ser combatido ni por el sistema inmunológico que no lo reconoce, ni por los fármacos que no pueden destruirlo hasta que entre en acción.

Tratamiento de alto riesgo

Cuando una persona infectada deja el tratamiento antirretroviral por la razón que fuere, el virus se reactiva al poco tiempo.

Solo hubo dos casos en los que el virus parece haber quedado eliminado por completo.

El primero se logró con un trasplante de médula en un paciente que tenía leucemia (el paciente de Berlín), de un donante con una mutación específica en su ADN resistente al VIH.

El otro caso fue el de un paciente venezolano establecido en Londres que padecía linfoma de Hodgkin (un tipo de cáncer), al que se le suministró quimioterapia y se le implantaron células madre también de un donante con la mutación resistente al VIH.

“Básicamente, tuvieron que deshacerse de sus propios sistemas inmunitarios”, explica Roan.

Pero este tratamiento, que en estos casos fue necesario por las otras enfermedades que sufrían los dos pacientes, “no puede utilizarse ampliamente porque el riesgo es muy elevado”, añade.

Hasta el momento, todas las estrategias que se han investigado —incluyendo una que intenta reactivar los reservorios para que el virus salga de la célula y los anticuerpos del plasma puedan erradicarlo— han conseguido disminuir el reservorio, pero no llevarlo a cero.

“El problema es que con quede un solo clon viable de VIH, solo es cuestión de tiempo para que vuelva a infectar a otra célula y vuelva a recomenzar todo el proceso”, dice Casado.

Vacuna

Desde hace décadas investigadores trabajan para encontrar una vacuna sin éxito.

Pastillas

Getty Images
Los antirretrovirales atacan distintas fases del ciclo vital del virus.

Además del problema de la latencia del virus, que lo transforma en un objetivo casi imposible de atacar mientras está “invisible” dentro de la célula, una de las principales razones por las que es difícil dar con una vacuna es su alto grado de mutabilidad.

La mayor parte de las vacunas eficaces estimulan la producción de anticuerpos para neutralizar al virus. Pero como el virus comete muchos errores en su proceso de replicación -lo que te explica más arriba cuando hablaba de la transcripción inversa-, los anticuerpos que produce el sistema inmune para neutralizarlos se vuelven inefectivos contra estas nuevas formas del virus.

“Al virus no le importa tener hijos mutantes siempre que consiga sobrevivir”, dice Casado. “Su variabilidad genética es muy alta, y eso hace que sea muy difícil establecer zonas del VIH que sean buenas desde el punto de vista antigénico, es decir, que creen una respuesta inmunológica adecuada”.

Y no olvidemos que el virus ataca precisamente las células encargadas de orquestar el ataque para combatirlo.

En fin, concluye Casado, “tenemos todo para que sea la vacuna más difícil posible: por el tipo de virus, por el tipo de replicación y por dónde lo hace. Lo tiene todo”.


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