¿Qué nivel de servicios sociales tienen los mexicanos? Coneval usará nuevos indicadores
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro Archivo

¿Qué nivel de servicios sociales tienen los mexicanos? Coneval usará nuevos indicadores

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social presentó una serie de indicadores para asegurar que el combate a la pobreza y la desigualdad sean efectivos, pues hasta ahora los gobiernos se han enfocado en cobertura y no en la calidad de los servicios.
Cuartoscuro Archivo
11 de diciembre, 2018
Comparte

La medición de la pobreza en el periodo 2008-2016 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revela que la mayoría de las carencias sociales disminuyeron y, sin embargo, México no ha podido combatir realmente la pobreza en los últimos 30 años. Este fracaso se refleja en las altas carencias de acceso a la seguridad social y alimentación que aún padecen algunos grupos de población, como las mujeres y los jóvenes, cuyo ejercicio de derechos se encuentra sistemáticamente comprometido, refiere el Consejo.

Esto se debe a que el combate a la pobreza ha tenido un enfoque cuantitativo soslayando la calidad de los servicios, explicó el secretario ejecutivo del Coneval, Gonzalo Hernández Licona. Las políticas públicas se han enfocado en la cobertura y no en el acceso efectivo a los derechos sociales, por lo cual el Consejo presentó una serie de indicadores para medir la pobreza durante el próximo gobierno, enfocándose en los derechos y su ejercicio real.

“Necesitamos medir más allá de la pobreza porque el desarrollo social es más que eso: es acceso efectivo a los derechos, no sólo que el niño vaya a la escuela sino que vaya a una escuela de calidad. No es suficiente que haya una afiliación al seguro popular sino que haya calidad en los servicios de salud. Eso hay que medirlo para que podamos cerrar las brechas de un país profundamente desigual”, dijo Hernández Licona a Animal Político.

En el marco del Día de los Derechos Humanos y del 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Coneval presentó dos productos que permitirán evaluar el acceso efectivo de la población a los derechos sociales, confiando en que sirvan para crear un mecanismo de colaboración interinstitucional de combate real a la pobreza y de garantía de derechos.

Los productos son el libro ‘Pobreza y derechos sociales en México’ y los ‘Diagnósticos de los Derechos Sociales 2018‘, en los que se identifica las brechas de los grupos sociales que se encuentran en mayor desventaja. El objetivo, explicaron los presentadores, es que el país cuente con un sistema de información continua que permita monitorear el ejercicio de los derechos sociales, más allá de los indicadores de pobreza.

Este sistema, de acuerdo con Gonzalo Hernández, busca institucionalizar indicadores -además de la pobreza- para guiar políticas públicas centradas en alcanzar la calidad y no sólo la cobertura de los servicios. “Para que le digamos al gobernador ‘oiga, no sólo ponga pisos firmes, no sólo haga que el niño vaya a la escuela -que eso baja la pobreza-: es que ese niño y esa familia tenga acceso efectivo a los derechos completos, que aprenda en la escuela”, abundó el funcionario.

No obstante, para que el acceso efectivo a los derechos sea no sólo medido sino garantizado por las instituciones, se necesitaría que los indicadores fueran acordados no sólo por Coneval sino por otras instancias públicas, para que el gobierno se enfoque en un puñado de grandes objetivos que se lleven a cabo por todos los órdenes de gobierno de manera coordinada, puntualizó Hernández Licona.

“La pobreza sólo da cuenta marginalmente de la desigualdad. El acceso a los derechos buscando igualdad de oportunidades te da directamente una entrada a la desigualdad tan grande que hay en el país. Si esa no la afrontamos, si no la perseguimos con política pública, podríamos tener una pobreza extrema que va bajando pero sin cerrar las brechas”, dijo el secretario ejecutivo de Coneval.

Con este objetivo, el Instituto Nacional de Economía Social (dependiente de la secretaría del Bienestar, antes de Desarrollo Social) se encuentra en una etapa de planeación para definir nuevas reglas de operación que permitan que el sector social de la economía sea protagonista de las políticas públicas, lo que deberá estar listo en los primeros meses del año entrante, indicó el director del Instituto, Juan Manuel Martínez.

“Todo lo que está en esta publicación, la orientación de los derechos sociales, es la reflexión que estamos teniendo en el grupo interno de la Secretaría para que justamente podamos tener las modificaciones normativas que nos acerquen”, dijo Martínez en entrevista. Indicó que el primer paso para la secretaría será replantearse su labor, a fin de que no sólo busque generar un desarrollo social en términos amplios y ambiguos sino en la exigibilidad de derechos.

El funcionario aseguró que el rediseño de la secretaría de Desarrollo Social -que inició con su transformación en secretaría de Bienestar- está relacionado con el objetivo de centrar las políticas en los derechos, lo que -a decir de él- está reflejado en la nueva configuración de la estructura de la propia secretaría. “Nosotros no queremos un mero combate a la pobreza sino que realmente toda la población tenga acceso a los medios productivos y financieros que garanticen la concepción de sus derechos sociales”, señaló.

Por su parte, Gonzalo Hernández precisó que el primer paso que el gobierno entrante debe dar para lograr estos objetivos es que los indicadores de medición del bienestar -el de pobreza sumado a otros tres o cuatro específicos- formen parte del Plan Nacional de Desarrollo, “para que todo el mundo vaya sobre esas metas y no dispersar acciones, porque México tiene tantas necesidades que es muy tentador querer arreglar muchas y al final no resolver mucho”.

Agregó que aumentar la cobertura es fácil y la prueba es que ha crecido desde hace 20 años, sin embargo, se requiere una estricta coordinación con los estados, especialmente en los programas relativos a educación y salud. “Desde la descentralización, la responsabilidad es de los estados. Hablando de los ‘superdelegados’ -tan controversiales-, si estos cuates se dedicaran a apretar las tuercas a los gobernadores en la calidad de los servicios de salud y educación, sería un hitazo”, concluyó Hernández Licona.

En la presentación de los indicadores estuvieron presentes también Edgar Corzo, quinto visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y el presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez Cuéllar. Los funcionarios coincidieron en que para cambiar el enfoque de las políticas de desarrollo social por uno de derechos sociales se requiere que éstos sean exigibles, y que la medición de la pobreza deje de estar basada sólo en el ingreso y contemple otros factores como los precios y el control del mercado.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Dominio público

El papa que decretó un confinamiento y salvó a Roma de la peste en el siglo XVII

Hace 400 años Alejandro VII ordenó unas medidas sanitarias que, según los investigadores, hizo que una epidemia de peste tuviera una baja letalidad en la que es hoy la capital de Italia.
Dominio público
18 de abril, 2021
Comparte

Era un intelectual, un aficionado al arte y la arquitectura, doctor en filosofía, teología y derecho. Cuando el italiano Fabio Chigi (1599-1667) se convirtió en el papa Alejandro VII, ni en sus peores presagios imaginó que tendría que enfrentarse a una epidemia de peste.

Su reacción, sin embargo, fue contundente.

Aunque la ciencia descubrió la bacteria causante de la peste en 1894 —gracias al bacteriólogo Alexandre Yersin—, el sumo pontífice decretó medidas sanitarias que, según investigadores, contribuyeron a que la letalidad en Roma fuera mucho menor que en otros lugares afectados por la misma epidemia.

Según un estudio del historiador italiano Luca Topi, profesor de la Universidad de Roma La Sapienza, entre 1656 y 1657 la peste mató al 55% de la población de Cerdeña, la mitad de los habitantes de Nápoles y al 60% de los residentes de Génova.

En Roma, en cambio, murieron 9.500 personas de un total de 120.000, menos del 8%. Estos datos fueron publicados en una revista científica italiana en 2017.

Se calcula que distintas olas de la peste arrasaron con cerca de la mitad de la población europea.

Cuando llegaron los primeros reportes de muertes por la epidemia en el entonces reino de Nápoles, Alejandro VII llevaba un año como pontífice.

Representación pictórica de la peste en Italia.
Getty Images

Diversas olas de la peste mataron a casi la mitad de la población europea.

El papa no era sólo el líder del catolicismo. Si hoy es el soberano del diminuto estado del Vaticano, en aquella época mandaba sobre los llamados Estados Pontificios, que comprendían Roma y buena parte de los alrededores; prácticamente todo el centro de la Italia actual.

Esta fascinante historia cuenta cómo muchas de las restricciones que se aplican hoy contra la pandemia de coronavirus dieron resultado en Roma contra la peste hace 400 años.

¿Cuáles fueron las medidas del papa?

Dentro de los dominios papales, el brote ocurrió entre mayo de 1656 y agosto de 1957.

Tan pronto como llegaron las primeras noticias de la peste a Roma, Alejandro VII puso en alerta al Congreso de la Salud, que había sido creado en un brote anterior.

Las medidas de contención se implementaron gradualmente, según la situación se volvía más peligrosa.

El 20 de mayo se promulgó un decreto que suspendía todo comercio con el reino de Nápoles, que ya se encontraba muy afectado.

Cuadro del siglo XVII de la Plaza de San Pedro en El Vaticano.

Getty Images
En el siglo XVII, el papa era la máxima autoridad en los Estados Pontificios, que comprendía la región de Roma y alrededores, prácticamente todo el centro de la actual Italia.

La semana siguiente, el bloqueo se extendió y se prohibió la entrada a Roma de cualquier viajero que viniese de allí.

El 29 de mayo, en la ciudad de Civitavecchia, ubicada en los Estados Pontificios, se registró la llegada de la peste e inmediatamente se impuso la cuarentena.

“En los días y meses siguientes, se aislaron muchas otras localidades de ese territorio”, detalla el historiador Topi en su artículo.

En Roma, la decisión fue radical: se cerraron casi todos los portones de acceso a la ciudad. Solo ocho permanecieron abiertos, pero eran protegidos las 24 horas del día por soldados supervisados por “un noble y un cardenal”.

A partir de entonces, cualquier entrada debía ser justificada y registrada.

El 15 de junio Roma tuvo su primer caso: un soldado napolitano que murió en un hospital. Las normas se endurecieron aún más.

El 20 de junio se implantó una ley que obligaba a los ciudadanos a informar a las autoridades en caso de conocer algún paciente.

Posteriormente, un nuevo dispositivo papal comenzó a obligar a cada párroco y sus asistentes a visitar, cada tres días, todas las casas de sus distritos electorales para identificar y registrar a los enfermos.

Luego corrió la noticia de otra muerte, esta vez un pescador de la región del Trastévere.

“Los familiares de la víctima también se infectaron y muchos murieron”, cuenta Raylson Araujo, estudiante de teología de la Universidad Católica Pontificia de Sao Paulo, Brasil, quien también investigó el asunto.

La primera idea fue intentar aislar la región.

Ilustración de Alejandro VII.

Dominio Público
Alejandro VII impuso medidas graduales hasta llegar al confinamiento total.

“El papa también era la autoridad civil. Conforme la epidemia comenzó a extenderse, implementó medidas de aislamiento. Tras prohibir el comercio con Nápoles, decretó otras reglas de distanciamiento social: prohibió reuniones, procesiones y todas las devociones populares”, dice Araujo.

El endurecimiento de las medidas fue gradual hasta llegar al confinamiento total.

“Conforme pasó el tiempo, el papa adoptó nuevas prohibiciones. Las congregaciones en la iglesia fueron suspendidas, las visitas diplomáticas también, al igual que encuentros religiosos y reuniones públicas, se vigilaron los caminos”, enumera Araujo. “Se suspendieron todas las aglomeraciones civiles”.

“Se prohibieron diversas actividades económicas y sociales. Se cancelaron las fiestas y ceremonias públicas, civiles y religiosas”, dice el seminarista Gustavo Catania, filósofo del Monasterio de São Bento de Sao Paulo.

Plaza de San Pedro vacía por las restricciones en Roma.

Getty Images
Al igual que con la pandemia de coronavirus, en el siglo XVII se prohibió asistir a celebraciones religiosas en Roma.

“Se suspendieron los mercados y se echó a algunas personas que vivían en la calle porque podían ser causa de contagio. Se prohibió el cruce nocturno del río Tíber”.

El papa también determinó que nadie debía ayunar, con el objetivo de que la población se alimentanse y mantuviese así más saludable por si se contagiaba.

A todos aquellos que tuvieran al menos una persona infectada en la familia se les prohibió salir de casa. Para garantizar la asistencia, Alejandro VII separó a los sacerdotes y médicos en dos grupos: los que tendrían contacto con los enfermos y los que no, quienes atenderían al resto de la población.

“Preocupaba que los sacerdotes se convirtieran en vectores de la enfermedad”, dice Araujo.

Los médicos tenían prohibido huir de Roma“, dice Catania, señalando que muchos temían infectarse.

Como los pacientes estaban aislados, se creó una red de apoyo a la población.

“Había una previsión de ayuda económica para las familias que no podían salir de casa y algunas personas recibían comida por la ventana“, dice el seminarista.

En los meses de octubre y noviembre, cuando la incidencia de la enfermedad era mayor, incluso se preveía la pena de muerte para quienes infringieran las normas.

Negacionistas y noticias falsas

Sin embargo, no todos admitían la gravedad de la situación.

Hubo quienes la desdeñaron y hasta difundieron bulos.

“Se acusó al papa de inventar la enfermar para su propio beneficio y para ganar popularidad”, comenta Mirticeli Medeiros, investigadora de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

Protestas negacionistas en Roma por la pandemia de coronavirus.

Getty Images
Como también ha sucedido en esta pandemia, hubo negacionistas en aquella época que no admitían la existencia de la enfermedad.

“Muchos no querían que el pontífice adoptara estas medidas para no alarmar a la población”, complementa.

Hasta sus colaboradores más cercanos le aconsejaron que no lo hiciera. Temían que, desde el momento en que se hizo pública la gravedad de la situación, a través de decretos y divulgaciones, la economía comenzara a sentir los efectos de este tipo de postura. Pero el papa fue firme y cumplió con su política de salud”.

Araujo compara esos hechos del siglo XVII con el “movimiento de hoy y la resistencia popular” para aceptar la gravedad de la pandemia de coronavirus.

“Comerciantes aconsejaron al papa que no adoptara las medidas, porque el cierre perjudicaba el comercio y la cosecha“, comenta el investigador.

“Hubo grupos que acudieron a él para pedirle que no promulgara más medidas de aislamiento. Querían maquillar y tapar la situación para que no se extiendera el pánico y cerraran los comercios”, continúa Araujo.

Hay informes de que un médico divulgó bulos sobre las verdaderas motivaciones del encierro.

“Hizo correr la voz de que tras las decisiones de este papa había intereses políticos”, dice el historiador Victor Missiato, profesor del Colegio Presbiteriano Mackenzie de Brasília.

“Fue acusado de difamación y terminó condenado a trabajar en un hospital, dedicado a curar la peste”.

Victoria contra la enfermedad

Cuando se resolvió el brote en 1657, la celebración estuvo a la altura.

Alejandro VII demostró el renacimiento de la Iglesia con monumentos que hasta hoy marcan El Vaticano, como el conjunto de columnas de la plaza de San Pedro, del escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini.

Columnas de Bernini en la Plaza San Pedro.

Edison Veiga
Las obras del papa Alejandro VII marcaron el aspecto de El Vaticano hasta hoy.

“En ese periodo era muy común que los papas visibilizaran su soberanía y poder. Los grandes monumentos de Roma de esa época fueron construidos con esa motivación”, contextualiza Medeiros.

“Como el caso de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona, la Fontana di Trevi y otros”.

“Alejandro VII era un apasionado del arte y amigo de Bernini. Su comienzo como papa estuvo marcado por la peste”, explica.

“La forma que encontró de apagar aquel periodo sombrío fue invirtiendo en obras colosales. Las columnas de San Pedro representan los brazos abiertos de la Iglesia. La basílica de San Pedro fue restaurada como símbolo de poder temporal, no solo espiritual”.

Otros casos

Este no fue el único momento histórico en el que la Iglesia, en el pasado, cerró sus puertas por brotes y epidemias.

“Hubo otros casos en algunas diócesis de Italia, especialmente en el siglo XIX durante la epidemia de cólera”, recuerda Medeiros. “Entonces se tomaron medidas restrictivas similares”.

Grabado de un mercado durante la epidemia de cólera en Italia.

Getty Images
Durante la epidemia de cólera en el siglo XIX la iglesia tomó restricciones similares en Italia.

Por otro lado, la experta recuerda que en el brote de peste del siglo XIV ocurrió “todo lo contrario”.

“El papa Clemente VI, aislado en el palacio pontificio de Aviñón, en Francia, no parecía muy preocupado por lo que sucedía fuera de los muros de su casa”, apunta la investigadora.

“En esa época la enfermedad era un castigo divino y se producían procesiones y otras aglomeraciones para intentar, según la mentalidad religiosa, de superar el mal”.

En el siglo anterior, la región de Milán se vio muy afectada por la plaga. El cardenal arzobispo Carlo Borromeo también estableció estrictas medidas sanitarias en su circunscripción.

“Propuso una cuarentena general y se decretó a la gente a quedarse en casa hasta resolver la situación. Solo podían irse los que asistían espiritual y materialmente a la población.

El investigador dice que incluso las misas se celebraban “a distancia”.

“Un cura iba a la esquina y celebraba en la calle. Los fieles miraban desde sus ventanas”, explica.

Fe en la ciencia

Al analizar estos episodios del pasado, a menudo similares a los de hoy, hay que tener en cuenta que entonces la ciencia no se valoraba tanto como hoy y que la religión y la política estaban muy entrelazadas.

“En el siglo XVII, el absolutismo era muy fuerte en Europa y estaba ligado al poder de la Iglesia. El poder político y el poder religioso estaban muy mezclados“, explica Missiato.

“En ese momento, la revolución científica aún no se había extendido a las diferentes sociedades del mundo europeo. La creencia en lo divino como entidad definitoria de la paz y el caos todavía se veía como el camino hacia la salvación”.

Por eso el encierro impuesto por Alejandro VII es tan relevante.

“Lo que pasó muestra un alineamiento entre fe y ciencia, una fe con los pies en la tierra“, dice Araujo.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=S5Lkm_l-47M

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.