Entre escoltas y camionetas blindadas, el último día de Peña Nieto como presidente de México

El nuevo gobierno analizará opciones para la seguridad del exmandatario y su familia tras la desaparición del Estado Mayor Presidencial.

Peña Nieto despedida
El ahora exmandatario dejó el cargo este 1 de diciembre. Cuartoscuro

El expresidente Enrique Peña Nieto se fue de la misma forma en que hace seis años llegó al poder: rodeado de escoltas y camionetas blindadas.

Pero esta vez, a diferencia de aquel 1 de diciembre de 2012, lo hizo con un gesto adusto y serio, tras una jornada en la que tuvo que escuchar a su sucesor felicitarlo por “no haber interferido en las elecciones”, pero luego criticarlo durante más de una hora por una gestión que, dijo, estuvo marcada por “la corrupción y la impunidad”.

El ultimo día de Peña Nieto como presidente contrastó con el primero de Andrés Manuel López Obrador desde el inicio. El hoy presidente emanado de Morena salió de su casa en el sur de la Ciudad de México a bordo del coche sedán en el que se ha desplazado en todo el proceso de transición. Y lo hizo rodeado de cientos de personas que querían tomarse una foto con él o saludarlo.

Peña Nieto también salió de su casa en Lomas de Chapultepec rodeado de personas. Pero no se trataba de una muchedumbre reunida para festejarlo, sino de una docena de integrantes de su cuerpo de seguridad cuya prioridad era conducirlo a una de las seis camionetas tipo suburban blindadas que conformaban el convoy en el que dejó el lugar.

Los únicos espontáneos afuera de la casa del expresidente eran dos mujeres y un hombre, que intentaron saludarlo y desearle buena suerte.

Antes de abordar los vehículos, y sin detener demasiado el paso, el hoy expresidente concedió unas palabras a los reporteros de tres televisoras. Lo hizo flanqueado por el general Roberto Francisco Miranda, jefe del Estado Mayor Presidencial, el cuerpo militar de seguridad que acompañó a Peña Nieto desde el día uno de su gobierno.

“Quiero tiempo para pensar… para reinventarme”, dijo cuándo se le preguntó qué haría tras dejar el poder.

La jornada de ayer marcó también el regreso de Peña Nieto a su casa (o una de ellas); la ubicada en Avenida de las Palmas 1325 en la colonia Lomas de Chapultepec. Esto tras haber dejado la Residencia Oficial de los Pinos que desde ayer, y por decisión del actual gobierno, dejó de ser casa de los presidentes del México, para convertirse en un espacio abierto al público.

Dejar Los Pinos para trasladarse a la casa de las Lomas estaba en los planes de Peña y su familia casi desde el arranque del sexenio, pero con una diferencia: a donde tenían previsto llegar inicialmente no era la casa de Avenida de las Palmas sino otra ubicada del otro lado de la manzana, la de la calle Sierra Gorda, conocida popularmente como la Casa Blanca.

Ese inmueble fue el que Angélica Rivera, la exprimera Dama, presentó a la revista ¡Hola! como la casa a la que se mudarían. Hoy en cambio, esa vivienda luce abandonada.

Luego de desayunar con su familia y esperar a su escolta, Peña Nieto dejó la casa de Avenida de Las Palmas a las 10:25 de la mañana. Esto para dirigirse al último evento oficial como presidente de México: la sesión del Consejo General en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

El trayecto era de aproximadamente 19 kilómetros, de poniente a oriente de la capital del país. El convoy de camionetas de Peña Nieto lo cumplió en unos 20 minutos, a velocidad constante, sin detenerse, en solitario. No hubo aquí ciclistas que lo acompañaran, personas saludando en las calles o corriendo para regalarle flores, todas estas estampas del otro recorrido, el de su sucesor.

La espera y la despedida

En el Congreso, Peña Nieto fue recibido por una comisión de diputados encabezada por Fernando González Noroña, uno de los políticos más críticos de su sexenio. Noroña había prometido que no realizaría protesta física ni verbal al presidente saliente. Y cumplió con ello. Eso no libró a peña de incidentes, pues un grupo de personas del otro lado de la avenida Congreso de la Unión le gritó “¡ratero!”, “¡fuera!” y “¡asesino!”.

Ya dentro del recinto legislativo, el expresidente tuvo que esperar casi 20 minutos para que iniciara el evento por un ligero retraso en la llegada de López Obrador. Por primera vez en seis años, el arranque no dependía de la llegada de Peña Nieto.

Lo que pasó después es historia conocida, transmitida en vivo a nivel nacional. Peña Nieto se quitó la banda presidencial a las 11:23 de la mañana para entregársela al diputado Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados quien, a su vez, se la entregó a López Obrador. Así, con ese gesto, uno dejó de ser presidente y el otro comenzó a serlo.

En el discurso que vino después, López Obrador dedicó los cinco minutos iniciales para agradecer a Peña Nieto no haber intervenido en las elecciones pasadas y haber respetado “la voluntad del pueblo” en las urnas.. El reconocimiento se cerró con un aplauso. Y fue el único momento terso.

La hora y 15 minutos restantes del discurso del hoy presidente fue de ataque a las políticas implementadas en el pasado, con el gobierno de Peña Nieto como uno de los actores protagonistas. Obrador criticó en especial las reformas estructurales, consideradas por su predecesor como uno de sus grandes logros, pero que él calificó como un error que no benefició al país.

Durante todo el discurso, Peña Nieto intentó mantenerse inexpresivo, moviéndose ocasionalmente en su silla. Pero en varias ocasiones, el expresidente se llevó las manos al rostro, a veces para rascarse, otra para cubrir su ojos. También se remojaba los labios constantemente. Gestos discretos pero denotaban un grado de incomodidad del hoy exmandatario.

Hubo un momento en el cual peña Nieto hizo un apunte en un papel y dirigió una palabra a Martí Batres, el senador de Morena que hoy preside el Senado. Esto ocurrió justo después de que López Obrador hiciera referencia al crecimiento de la deuda pública en el país y que hoy suma más de 10 billones de pesos.

Al concluir el discurso, Peña Nieto estrechó la mano de Obrador y le deseó suerte. Después salió del Congreso acompañado por la comitiva de los legisladores que lo recibió. Se retiró de la zona en el mismo convoy de camionetas en el que llegó, acompañado por el mismo cuerpo de seguridad.

Pero esta vez su partida no fue por la parte central del Palacio de San Lázaro, por donde entró aún siendo presidente. Peña se retiró por un acceso lateral del edificio del Congreso, rodeado todavía de su cinturón de seguridad. Lo hizo en silencio y ya sin la banda presidencial.

¿Qué sigue para EPN?

Por la mañana, cuando caminaba los escasos metros que recorrió de la puerta de la casa de Avenida de las Palmas al convoy de camionetas blindadas, Peña fue cuestionado sobre qué haría después de dejar de ser presidente. Esto fue lo que dijo:

“Lo que quiero es tener tiempo para pensar y reinventarme… Hoy voy a estar con mi familia, con mi esposa y con mis hijos. Habré de estar con ellos departiendo solo en el núcleo familiar, así será con ellos”, dijo.

En días pasados, Peña Nieto adelantó que deseaba retirarse de la política al menos por un tiempo. Su esposa, Angélica Rivera, mencionó recientemente en una entrevista con la periodista Pati Chapoy que se tomarían un “descanso”. Ambos confirmaron que su objetivo es continuar viviendo en México.

En cuanto a la seguridad del presidente Peña Nieto, la información proporcionada por las autoridades es que continuaría acompañado por algunos elementos del Estado Mayor Presidencial pero esto no será definitivo, pues la política del nuevo gobierno es que los militares ya no cumplan esta función con los expresidentes.

Autoridades federales indicaron que existe la posibilidad de que elementos de otra corporación federal colaboren con la seguridad de Peña Nieto y su familia, en un esquema más discreto. No se prevé que se den detalles públicos sobre esto.

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