Acción Poética busca llegar a las bardas de las escuelas de la SEP
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Acción Poética busca llegar a las bardas de las escuelas de la SEP

Este grafiti poético callejero está presente en 185 ciudades de toda la República Mexicana y en 35 países; busca proyectos con la SEP, la ONU y la Unesco.
Acción Poética
5 de enero, 2019
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“También de este lado hay sueños”, se lee en una parte del muro fronterizo en donde poetas urbanos o gente que simplemente quiere expresar lo que siente pinta frases, hace dibujos, escribe nombres o cuelga cruces de madera. Algunos se reúnen de vez en cuando para retocar la pintura de una bandera de Estados Unidos que, en lugar de estrellas, tiene cruces.

Esta frase se pintó en Tijuana en 2012, pero en 2018 se hizo viral y fue retomada por varios medios de comunicación para ilustrar las notas sobre el presidente de EU, Donald Trump, y sus amenazas de construir un muro en la frontera con México −de concreto y el más alto−, para evitar que más que migrantes entren al país.

La frase está firmada por el movimiento Acción Poética y resume lo que para muchos mexicanos y centroamericanos significa el llamado sueño americano.

Armando Alanís, creador de este movimiento, cuenta que, aunque los temas que se tratan de evitar en las bardas son política y religión, a veces es imposible no hablar de asuntos de coyuntura como el muro.

Este grafiti poético callejero está presente en 185 ciudades de toda la República Mexicana y en 35 países de América Latina como Colombia, Venezuela, Perú, Guatemala, Argentina y Chile; en Europa está por ejemplo en Italia, España, Bélgica, Irlanda, Dinamarca; y en África ha llegado hasta Angola.

En la Ciudad de México es imposible no haber mirado una barda pintada por Acción Poética con frases como: “Mi fantasía textual es que me comas y punto”, “Yo tampoco sé cómo vivir, estoy improvisando”, “También creo en el amor a primera risa”, “Es el amor el que hace la revolución”, “Pinta la vida antes que ella te destiña”, “Vivir es un detalle que a menudo olvidamos”, “Ten el valor de equivocarte”, “Fuiste, eres y siempre serás mi más bonita casualidad”.

Acción Poética incluye frases de inspiración propia, de canciones y poemas, principalmente.

A Armando Alanís quien es originario de Monterrey, Nuevo León, un día se le ocurrió llevar la poesía a la gente y repartir volantes en las principales avenidas con poemas completos, o pegarlos en lugares concurridos como supermercados o bancos, luego pensó que las bardas serían una mejor opción y así la poesía podría ser una parte cotidiana del paisaje.  

Todo inició en 2016. En ese entonces las bardas se pintaban de manera clandestina y sin permiso, pero con el tiempo y con la difusión del movimiento, todo es más legal.

“Ahora ya nos autorizan espacios, aunque la verdad no falta quien invade un lugar que considera bueno y pinta algo. Pedimos permiso y el perdón cuando es necesario, yo siempre digo que las bardas nos eligen a nosotros, y bueno, ahora hasta la policía se toma selfies con nosotros”, dice Alanís.

Quieren proyectos con la SEP, la ONU y la Unesco

Este 2019 y ya con la nueva administración federal, Armando Alanís buscará tener un acercamiento con la Secretaría de Educación Pública (SEP) para llevar poesía a las bardas interiores y exteriores de las escuelas; grafitear frases de literatura clásica y moderna, e incluso hacer una campaña contra el bullying, pintada en las paredes por los propios alumnos.

En México, cuenta, hay Acción Poética en maya, otomí y náhuatl en varios estados del país.  “La mayoría son frases de amor y de desamor, pero pintar en las bardas de las escuelas también poesía y literatura en sus lenguas sería increíble, me gustaría mucho hacer este proyecto para las escuelas del país”, asegura Alanís.

En Argentina, por ejemplo, hay Acción Poética en braille, se ha hecho en las calles y en una escuela para alumnos con discapacidad visual. Todo se “escribió” con corcholatas y la frase elegida fue “lo esencial es invisible a los ojos”, extraída del libro El Principito, de Antoine de Saint Exupéry.

En 2016 el movimiento trabajó con el gobierno de la Ciudad de México en 15 de las 16 alcaldías (antes llamadas delegaciones) para plasmar frases de contenido social, y también le gustaría hacer algo similar.

Además, Armando Alanís, quien obtuvo el Premio Nacional de Poesía Experimental en 2009, también buscará este año tener acercamientos con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para que la poesía llegue a más gente.

Proyecto ciudadano

Decir más con menos es una de las premisas de este proyecto. Y como todo movimiento también tiene reglas: en las bardas deben escribirse frases cortas con menos de 10 palabras, usar fondo blanco y letras negras.

Aunque la marca Acción Poética está registrada se puede usar en las bardas sin ningún permiso previo, pues es un proyecto ciudadano.

“A través de las redes sociales gente de la República y de otros países se contacta conmigo pidiéndome autorización de pintar, yo les paso las reglas y todo es libre”, comenta el creador de este movimiento.

Por las redes sociales Armando Alanís se coordina también con los representantes que hay en otros países y comparten imágenes. “Tenemos nuestro muro real y nuestro muro virtual, así nos completamos muy bien”.

En redes sociales, por ejemplo, sumando los seguidores de las más de 500 páginas, somos millones”, indica.

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Por qué la glucosa juega un papel clave en la obesidad (y la diabetes)

Los procesos químicos que tienen lugar en el cuerpo cuando consumimos azúcar nos dan una pista sobre cómo evitar dos de las enfermedades más extendidas del mundo: obesidad y diabetes.
24 de junio, 2020
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Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Getty
Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Cuando comemos un pedazo de pan o un simple caramelo y vemos qué ocurre en nuestra sangre resulta que, a los pocos minutos, nuestros niveles de glucosa (comúnmente denominada “azúcar”) han subido.

¿Qué es lo que ha ocurrido mientras?

Acompañemos a la comida en su recorrido para averiguarlo.

A los pocos minutos de tragarnos ese pedazo de pan, éste llega ya digerido (por el estómago) al intestino delgado.

Las células intestinales absorben los nutrientes que contenía, entre los que se encuentra la glucosa.

Y dado que estas células están en contacto directo con el sistema circulatorio, inmediatamente se vierten a la sangre y se dirigen al hígado.

Como consecuencia la concentración sanguínea de glucosa (glucemia) se dispara.

Lo que viene a continuación es fácil de deducir.

En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

Getty
En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

La sangre transporta la glucosa hacia los órganos que la necesitan como “combustible”.

De este modo, pueden obtener la energía necesaria (ATP) para llevar a cabo todas sus funciones.

El problema surge cuando un exceso o un déficit de glucosa en el organismo conduce al desarrollo de patologías.

De ahí la importancia de mantener su equilibrio.

Es el ying y el yang de la glucosa.

El hígado y el páncreas controlan el suministro

Las células requieren un suministro permanente de glucosa para realizar sus funciones vitales.

Sin embargo, su aporte es discontinuo, limitado a las comidas.

¿Cómo resolverlo para garantizar que las células reciben constantemente azúcar sin comer a todas horas?

El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

Getty
El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

Existen detectores celulares en distintos órganos (hígado, páncreas e hipotálamo, entre otros) que vigilan la disponibilidad de glucosa.

El papel del hígado

Cuando es alta (por ejemplo, inmediatamente después de comer), el hígado puede almacenar parte en forma de glucógeno para después, esto es, para cuando la glucosa escasee.

Como ocurre durante el ayuno entre comidas o mientras dormimos.

Entonces lo degrada y vuelve a obtener glucosa, que es liberada a la sangre para ser utilizada por otros órganos.

No acaba ahí su misión.

El hígado también convierte el exceso de azúcares en triglicéridos (grasa) y promueve su almacenaje en el tejido adiposo como reserva energética.

En momentos de ayuno prolongado, estos triglicéridos son hidrolizados y convertidos en ácidos grasos, que viajan donde se les necesita a través de la sangre para ser oxidados o degradados por las mitocondrias de las células y así producir energía.

Páncreas

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La insulina es la hormona que produce el páncreas y que permite a nuestro cuerpo absorber la glucosa.

El pancreas, clave del proceso

Por su parte, el páncreas juega un papel importantísimo en el equilibrio de los niveles de glucosa.

Se ocupa de detectar el exceso o déficit de glucosa, y responde en consecuencia fabricando y secretando hormonas que intentan restaurar el equilibrio.

La más conocida es la insulina, que se libera a la sangre cuando sube la glucemia y manda una orden contundente a las células: “captad glucosa sanguínea, que hay demasiada, y gastadla o almacenadla”.

Como consecuencia, el azúcar en sangre disminuye.

Hambre, saciedad y obesidad

Entretanto, en el cerebro, el hipotálamo permanece ojo avizor a los niveles de glucosa.

Este área del cerebro tiene asignada la importante misión de regular la ingesta controlando las sensaciones de hambre y saciedad.

Después de comer, su mensaje es: “hay mucha glucosa, así que necesitamos parar de comer; voy a activar la señal de saciedad”.

Obesidad

Getty Images
Uno de cada cuatro hombres en Argentina, Uruguay, Chile o México es obeso.

A la vista de todo lo que hemos expuesto, es fácil deducir lo que ocurre si ingerimos más comida (nutrientes) de la que “quemamos” (gasto energético).

El equilibrio se descompensa, retiramos hasta donde podemos la glucosa sobrante de la circulación y fabricamos grasa.

La consecuencia inmediata es que desarrollamos sobrepeso.

Y, si la situación se mantiene, obesidad.

En ocasiones, el equilibro se puede descompensar porque alguno de los pasos que hemos explicado está alterado.

Por otro lado, si los niveles de glucosa en sangre se mantienen altos incluso en periodos de ayuno (hiperglucemia), hablaremos de la existencia de diabetes.

Dos elementos clave

Existen dos puntos clave a nivel molecular para controlar el desarrollo de obesidad o de diabetes.

Patatas fritas

Getty Images
La incorporación de comida procesada ha contribuido al aumento de la obesidad.

De un lado los sensores, esto es, dispositivos moleculares que se encuentran en las células que detectan los niveles de glucosa o el estado energético de la célula (niveles de ATP), respectivamente.

Ejemplos de éstos son las proteínas glucoquinasa (GCK), el transportador de glucosa 2 (GLUT2), la quinasa activada por AMP (AMPK), la quinasa con dominios PAS (PASK) o la diana de rapamicina en células de mamífero (mTOR).

De otro lado, debe generarse una correcta respuesta a la insulina, es decir, que las células sean capaces de identificar y responder a esta hormona adecuadamente.

De que respondamos adecuadamente a la insulina se encargan una serie de receptores de la membrana de las células, así como un conjunto de proteínas intracelulares (IR, IRS, PI3K, AKT, etc).

Si el mecanismo falla en algún punto, las células no responden a la insulina, y el azúcar sanguíneo sobrante no se elimina.

Es lo que se conoce como resistencia a la insulina.

La consecuencia es que la glucosa en sangre permanece alta y se desarrolla diabetes (diabetes tipo 2).

Obesidad

Getty Images
La obesidad está catalogada como una enfermedad.

Diabetes tipo 2, compañera de la vejez

A lo largo de los años, las células envejecen, los mecanismos moleculares de respuesta a la insulina se deterioran y van perdiendo su funcionalidad, por lo que es frecuente desarrollar resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

Por eso es una enfermedad habitual de la tercera edad.

Incluso se puede adelantar en personas obesas.

En estos casos, lo que sucede es que el tejido adiposo, obligado a almacenar un exceso de grasa por encima de su capacidad, está hipertrofiado y alterado.

Como consecuencia, la respuesta a la insulina se ve mermada.

1 de cada 4

Para colmo, los tejidos son menos eficientes captando y gastando glucosa, lo que conduce a un aumento del azúcar en sangre (hiperglucemia) y, en consecuencia, diabetes tipo 2.

No es baladí, sobre todo si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas mayores padece diabetes tipo 2.

Es más, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología el 40% de personas mayores de 65 años padecen diabetes (2,12 millones).

Esto supone un problema de salud grave dadas las numerosas complicaciones asociadas a esta enfermedad: problemas cardiovasculares, retinopatía diabética, nefropatías, neuropatía diabética, etc.

Niños comiendo hamburguesas

Getty Images
El bajo precio de la comida poco saludable está vinculado a un mayor riesgo de obesidad en la población de bajos recursos.

Investigación para el futuro

Por ejemplo, cada año aparecen alrededor de 386,000 nuevos casos de diabetes en la población adulta española.

De ahí la importancia de llevar a cabo estudios encaminados tanto a conocer sus mecanismos moleculares como a diseñar fármacos dirigidos a controlar los sensores de glucosa y nutrientes.

A eso precisamente lleva años dedicándose nuestro grupo de investigación, en la Universidad Complutense.

Concretamente estudiamos sensores y nutrientes a nivel del hipotálamo, el hígado y el tejido adiposo que ayuden a atajar una enfermedad responsable de una gran mortalidad y morbilidad en el mundo.

En los tiempos actuales, se ha añadido una nueva enfermedad infecciosa que, cuando afecta a enfermos de diabetes, produce un incremento en su severidad y mortalidad.

Nos referimos, claro está, a la covid-19.

La investigación de la interrelación entre ambas enfermedades se hace necesaria y urgente.

*María del Carmen Sanz Miguel, Ana Pérez García, Elvira Álvarez García y Verónica Hurtado Carneiro forman parte de un equipo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia Creative Commons.

Haz clic aquí para leer la nota original.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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