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Archivo / Cuartoscuro

Más de 200 familiares y amigos de desaparecidos inician Brigada de búsqueda en Guerrero

Por cuarta ocasión, madres, padres, hermanos e hijos de personas desaparecidas parten, esta vez a Guerrero, con la esperanza de reencontrarse con sus seres queridos.
Archivo / Cuartoscuro
18 de enero, 2019
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Con el deseo encontrar a sus seres queridos desaparecidos y ante la falta de efectividad del Estado en las investigaciones, este viernes parte de Ciudad de México, la cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, hacia el estado de Guerrero.

Conformada por más de 200 familiares (entre madres, padres, hermanos y hermanas, hijos e hijas) y personas solidarias, esta brigada recorrerá Huitzuco, Chilpancingo, Iguala, Cocula y Taxco, los municipios más afectados por la violencia y la desaparición de personas.

Este movimiento fue impulsado por la Red de Enlaces Nacionales, la cual está conformada por más de 60 colectivos de 18 estados del país.

Lee: Hay más de 40 mil desaparecidos y 36 mil muertos sin identificar en México, reconoce Gobernación

“Ante la indiferencia e ineficacia del Estado, las familias nos hemos organizado para buscar a nuestros familiares”, expresaron los integrantes de la brigada en un comunicado.

La Brigada Nacional de Búsqueda es, en palabras de sus fundadores, un modelo de búsqueda y un ejercicio de autonomía y democracia por parte de los colectivos de familiares para realizar tareas de búsqueda ciudadana de personas desaparecidas.

Uno de sus fines es la creación de un espacio organizativo y un mecanismo de búsqueda “que logre resultados y obligue a las autoridades a cumplir con su mandato de proteger a la ciudadanía y encontrar a nuestras personas desparecidos”.

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Plantean que su misión no es encontrar culpables sino “a las decenas de personas desaparecidas a lo largo de nuestro país, sin criminalizar ni estigmatizar a nadie”.

Los objetivos de la Brigada Nacional de Búsqueda son:

  • Fomentar la reparación del tejido social y la construcción de paz a través del trabajo con comunidades de fe y comunidades escolares.
  • Priorizar la localización e identificación de personas desaparecidas.
  • Buscar sin criminalizar ni estigmatizar a las personas desaparecidas.
  • Fomentar un diálogo entre los diferentes actores involucrados dentro de la ola de violencia en que está sumido el país.
  • Promover la articulación y organización entre familiares y comunidades para fomentar la reconstrucción del tejido social.

Las tres brigadas anteriores, las cuales recorrieron Veracruz y Sinaloa, lograron la localización de de 4 mil fragmentos óseos, y varios cuerpos, que han sido entregados a las autoridades correspondientes para su identificación.

“Exigimos el pronto cumplimiento de esta tarea para poder entregar los restos a las familias y así poner fin a la angustia de la incertidumbre y empezar el proceso de duelo”, argumentan.

La brigada eligió este año el estado de Guerrero al ser una entidad con una larga historia en temas de desapariciones.

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En tierras guerrerenses, la brigada será recibida por el Frente Guerrero, conformado por colectivos de familiares del estado y organizaciones comprometidas con los derechos humanos.

El recorrido de la brigada puede seguirse a través de las redes sociales con los hashtag #BuscandoNosEncontramos #BrigadadeBúsqueda.

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Getty Images

¡Deja de tratar de ser feliz! No estamos diseñados para serlo

La industria de la felicidad ha contribuido a crear la fantasía de que la felicidad es un sueño que todos podemos alcanzar. Pero, como reflexiona el psiquiatra Rafael Euba, los humanos no evolucionamos para ello. Es más, el estado de ánimo fluctuante es lo que nos hace ser humanos.
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22 de julio, 2019
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Una gigantesca industria de la felicidad y el pensamiento positivo, valuada en cerca de US$11,000 millones al año, ha contribuido a crear la fantasía de que alcanzar la felicidad es un objetivo realizable.

Perseguir el sueño de la felicidad es un concepto muy estadounidense, exportado al resto del mundo mediante la cultura popular.

De hecho, la “búsqueda de la felicidad” es uno de los “derechos inalienables” de los estadounidenses.

Desafortunadamente, esto ha contribuido a crear una expectativa que la vida real se niega obstinadamente a cumplir.

Porque incluso cuando todas nuestras necesidades materiales y biológicas estás satisfechas, el estado de felicidad sostenida sigue siendo una meta teórica y elusiva, tal y como lo descubrió Abderramán III, Califa de Córdoba, en el siglo X.

Él era uno de los hombres más poderosos de su época que había hecho grandes logros militares y culturales, y que disfrutaba también de los placeres terrenales que le proporcionaban sus dos harenes.

Hacia el final de su vida, sin embargo, decidió contar el número exacto de días en los cuales se sintió feliz. Sumaban exactamente 14.

La felicidad, como decía el poeta brasileño Vinicius de Moraes, “es como una pluma llevada por el viento. Vuela liviana, pero no por mucho tiempo”.

La felicidad es una construcción humana, una idea abstracta que no tiene equivalente en la experiencia humana.

Los afectos positivos y negativos residen en el cerebro, pero la felicidad sostenida no tiene una base biológica. Y, quizás esto sorprenda, creo que esto es algo de lo que hay que estar felices.

Naturaleza y evolución

Los humanos no están diseñados para ser felices o incluso estar contentos. En cambio, estamos diseñados primordialmente para sobrevivir y reproducirnos, como cualquier otra criatura en el mundo natural.

Mujeres con distintas expresiones faciales.

Getty Images
Al menos si no eres feliz, no es por tu culpa.

La naturaleza desalienta el estado de satisfacción porque bajaría la guardia contra posibles amenazas a nuestra supervivencia.

El hecho de que la evolución haya priorizado el desarrollo de un lóbulo frontal grande en nuestro cerebro (lo cual nos da capacidades analíticas y ejecutivas excelentes) por sobre la capacidad natural de ser felices, nos dice mucho sobre las prioridades de la naturaleza.

Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro.

De hecho, expertos en este campo argumentan que el fracaso de la naturaleza en desterrar la depresión del proceso evolutivo (a pesar de sus obvias desventajas en términos de supervivencia y reproducción) se debe precisamente al hecho de que la depresión como adaptación juega un rol útil en tiempos de adversidad, ayudando al individuo deprimido a no involucrarse en situaciones riesgosas e imposibles en las que él o ella no pueden ganar.

Los pensamientos depresivos pueden también cumplir la función de resolver problemas en momentos difíciles.

Moralidad

La industria actual de la felicidad tiene parte de sus raíces en códigos de la moral cristiana, muchos de los cuales nos dirán que hay una razón moral por cada momento de infelicidad que podamos experimentar.

Dirán, con frecuencia, que se debe a nuestras propias carencias morales, nuestro egoísmo y nuestro materialismo.

Cerebro

Getty Images
Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro.

Abogan por un estado de virtuoso equilibrio psicológico mediante la renuncia, el desapego y el control del deseo.

Pero estas estrategias solo tratan en realidad de encontrar un remedio a nuestra inhabilidad innata de disfrutar de la vida de forma consistente, por eso debemos consolarnos con el conocimiento de que la infelicidad no es nuestra culpa. Es la culpa de nuestro diseño natural. Está en nuestros genes.

Los defensores de un camino moralmente correcto hacia la felicidad también desaprueban el tomar atajos con la ayuda de drogas psicotrópicas.

George Bernard Shaw dijo: “No tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla que a consumir riqueza sin producirla”. Aparentemente, hace falta ganarse el bienestar, lo que prueba que no es un estado natural.

Los habitantes de la novela de Aldous Huxley “Un mundo feliz” viven perfectamente felices con la ayuda de “soma”, una droga que los mantiene dóciles y contentos.

En su novela, Huxley da a entender que un ser humano libre debe inevitablemente sentirse atormentado por emociones difíciles.

Si nos dan la opción entre tormento emocional y placidez feliz, sospecho que muchos elegirían la última.

Pero el “soma” no existe, por tanto el problema no es que el acceso a la satisfacción confiable y constante por medios químicos sea ilegal, sino que es imposible.

Las sustancias químicas alteran la mente (lo cual a veces puede se bueno), pero como la felicidad no está vinculada a un patrón de función cerebral en particular, no podemos replicarlo químicamente.

La infelicidad que te hace humano

Aldous Huxley

BBC
En la novela “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, la gente vive perfectamente feliz con la ayuda de una droga que los mantiene dóciles y contentos.

Nuestras emociones son mixtas e impuras, desordenadas, enredadas y, a veces, contradictorias. Investigaciones han mostrado que las emociones y afectos positivos y negativos pueden coexistir en el cerebro y ser relativamente independientes el uno del otro.

Este modelo muestra que el hemisferio derecho procesa preferencialmente las emociones negativas, mientras que las emociones positivas son procesadas por el lado izquierdo.

Cabe recordar que, entonces, no estamos diseñados para ser consistentemente felices. En cambio sí lo estamos para sobrevivir y reproducirnos.

Estas son tareas difíciles, por eso estamos preparados para luchar y esforzarnos, buscar gratificación y seguridad, combatir amenazas y evitar el dolor.

El modelo de emociones en competencia planteado por la coexistencia del placer y el dolor se acomoda a nuestra realidad mucho mejor que la dicha inalcanzable que nos quiere vender la industria de la felicidad.

Es más, pretender que cualquier grado de dolor es anormal o patológico solo generará sentimientos de que somos inadecuados y frustración.

Postular que no hay algo tal como la felicidad puede parecer un mensaje puramente negativo, pero el lado positivo, el consuelo, es el conocimiento de que la insatisfacción no es un fracaso personal.

Si a veces eres infeliz, esto no es una falta que exige una reparación urgente, como pregonan los gurúes de la felicidad.

Lejos de ser así. Esta fluctuación es, de hecho, lo que te hace humano.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Rafael Euba es epecialista y profesor de psiquiatría de la tercera edad en el King’s College London. Está afiliado al Oxleas NHS FT y al London Psychiatry Centre.


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