Desigualdad se agravará con recortes a personas con discapacidad y estancias infantiles
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Desigualdad se agravará con recortes a personas con discapacidad y estancias infantiles

Una investigación apoyada por la CNDH revela que, en el año que termina, el gobierno federal destinó sólo 31% del presupuesto al gasto social, incluyendo la que es cofinanciada por empresas y usuarios, como el IMSS. Los expertos advierten que los recortes previstos en el PEF 2019 cargarán más peso sobre la población.
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El gobierno federal invirtió, durante el año que termina, un promedio de 13 mil 800 pesos por cada habitante del país en el rubro de Gasto Social, que cubre lo relativo a Educación, Salud, Asistencia y Seguridad Social, reveló una investigación de la organización Equidad de Género,

Ciudadanía, Trabajo y Familia. Las autoras advierten que este monto se verá reducido en 2019 con los recortes establecidos en el Presupuesto de Egresos a grupos vulnerables, quienes tendrán que asumir por su cuenta lo que no pueda otorgarles el Estado.

Los 13 mil pesos per cápita gastados en 2018 ya incluyen los gastos que son cofinanciados a partes iguales por empresas y derechohabientes -como el Seguro Social-, pues sin contemplar ese sector, el monto cae hasta cinco mil 600 pesos. Esto significa, de acuerdo con el informe, que la población derechohabiente está cubriendo junto con el Estado el Gasto Social, y goza de mayor asistencia porque la paga a través de sus contribuciones.

Esta distribución del gasto en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), además de insuficiente resulta discriminatoria, de acuerdo con la investigación; ya que del Gasto Social federal (31% del PEF 2018), menos de la mitad se destina a la población total (13%) y el resto lo recibe únicamente la población derechohabiente (18%), es decir, los trabajadores formales.

“Se esperaría que para una sociedad como la mexicana, con altos niveles de pobreza y desigualdad entre mujeres y hombres, se asignen gran cantidad de recursos al gasto social”, refiere el texto.

Esto ocurre en un país donde más de la mitad (56%) de los trabajadores están en el sector informal, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística. “Dicho de otra manera, la mayor parte del gasto social son recursos que únicamente se aplican para personas derechohabientes”, puntualiza el ‘Diagnóstico de Corresponsabilidad del Estado en los Trabajos de Cuidado’, realizado por la asociación civil en colaboración con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Esta desigualdad se agravará con los recortes contemplados en el PEF 2019 para apoyos sociales como la atención a personas con discapacidad y las estancias infantiles, que son espacios para los hijos de madres trabajadoras sin seguridad social, es decir, informales. Este sector, que de por sí carece de muchas prestaciones por no tener un empleo formal, se verá particularmente afectado por las consecuencias del recorte, advirtió una de las autoras del Diagnóstico, Lucía Pérez Fragoso.  

LEE: Personas con discapacidad protestan contra recortes en presupuesto de AMLO

La investigadora explicó a Animal Político que las estancias infantiles fueron creadas como un programa de apoyo a madres trabajadoras sin empleo formal, cuando la crisis económica obligó a que más mujeres trabajaran, no por elección sino por necesidad. “Pero como ha sido un tema tan poco atendido para la informalidad, todo lo que se asigna y reglamenta es con relación al empleo formal y las guarderías formales; estas estancias son para cubrir ese hueco tan grande de todas las mujeres que no tienen trabajo formal”, puntualizó.

Hasta el sexenio que recién concluyó, de Enrique Peña, el programa estuvo a cargo de la Secretaría de Desarrollo Social, que cambió de nombre a secretaría del Bienestar en el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Durante 2018, dicha instancia otorgó apoyo a la población no derechohabiente generando servicios de cuidado “bajo requisitos y condiciones mucho más laxas que los requerimientos de las guarderías”, señala el reporte, y también con recursos mucho menores que las contributivas.

De acuerdo con este cálculo del Diagnóstico, durante 2018 el gobierno federal destinó mil 150 pesos al mes por niño atendido en las estancias infantiles. “Es poquísimo, en comparación de lo que asigna el Estado para cuidar a los otros niños. Aunque es contributivo porque una tercera parte la pone la madre, otra el Estado y otra la empresa, aun así está poniendo mucho más dinero para los que tienen empleo formal. Esas son las injusticias”, expresó Pérez Fragoso.

Estancias infantiles recibirán la mitad

De esos recursos que ya eran pocos, para 2019 las estancias infantiles recibirán sólo la mitad, pues el Presupuesto de Egresos destinó dos mil 41 millones de pesos para este programa, en comparación con los cuatro mil 70 millones erogados en 2018. Esta polémica decisión no llegó acompañada de un argumento que explique cómo se va a cubrir a los 313 mil niños que asisten a las estancias, o si los recursos eliminados se destinarán a otro rubro que resulte en una mejor atención.

“Si le quitaron dinero porque lo van a convertir en un programa mejor, qué bueno, pero eso es lo que no sabemos. Si está atendiendo a más de 300 mil niños y le quitan la mitad del dinero, querría decir que van a atender a la mitad. ¿Qué va a pasar con esos otros?”, cuestionó la experta en Economía Feminista y Trabajo de Cuidado.

Advirtió que resulta muy delicado recortar recursos a un sector de la población vulnerable y que no tiene otras opciones, como las madres trabajadoras del sector informal, pues aunque la asignación presupuestal para las estancias resulte discriminatoria, es lo único que tienen.

“Es de esos programas muy malos pero que si los quitas, dejas a la población sin nada. Las personas que cuidan a esas niñas y niños hacen un esfuerzo enorme con recursos muy escasos. Y si reciben la mitad, no se puede pagar 500 pesos por mes a las que hay, yo creo que lo que se va a reducir son las estancias. Habrá menos concesiones. Pero eso no queda claro en el Presupuesto, ni dónde habrá dinero para cubrir a los que quedan desprotegidos. En México los presupuestos siempre han sido para cobertura, les encanta ampliar y ampliar la cobertura pero muy poco para calidad”, sentenció la autora del Diagnóstico.

La atención a los niños que quedarán descubiertos, advirtió la experta, quedará solamente en manos de sus familias, quienes tendrán que arreglárselas para cubrir estas carencias ante la ausencia del Estado; tal como ocurre en México con la mayor parte de las labores de cuidado, que recaen siempre en las mujeres de la familia.

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Día de Muertos: Pomuch, el pueblo de México donde sacan los cadáveres para limpiar sus huesos

La tradición de un pequeño pueblo en Campeche de limpiar los restos de sus familiares antes de cada 1 de noviembre atrae la atención desde hace décadas incluso de turistas.
1 de noviembre, 2021
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Atención: este artículo contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores.

Al entrar por primera vez en el cementerio de Pomuch es probable sentirse incómodo e incluso asustado al creerse observado por la atenta mirada de decenas de cráneos.

Aunque, durante esos primeros minutos de la visita, la persona que pasea por los estrechos y laberínticos callejones de este camposanto puede estar más preocupada incluso por no tocar y mucho menos tirar al suelo involuntariamente alguna de las cajas que contienen -y muestran- los huesos de los cadáveres.

Porque sí, en este poblado del estado de Campeche, en el sureste mexicano, los restos óseos de los fallecidos descansan todo el año en cajas entreabiertas que reposan en sus nichos del cementerio.

Sin embargo, es en esta época del año, justo antes del Día de Muertos, cuando sus vecinos protagonizan otra curiosa tradición que atrae a cientos de turistas: la limpieza de los huesos de sus familiares.

Este ritual, que en maya se conoce como Choo Ba’ak, se celebra en el pueblo desde hace al menos 150 años, según Hernesto Pool, promotor local de esta tradición.

“Nos basamos en la cosmología maya, que aseguraban que los muertos tenían más allá de una vida. Con esta tradición de tenerle culto a los muertos, entendemos que existe vida después de la muerte, que existe el paso del inframundo y luego regresa de nuevo”, le explica a BBC Mundo.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El proceso de limpieza

Pomuch pertenece al municipio de Hecelchakán, un caluroso y tranquilo lugar en la península de Yucatán.

Map

El ambiente relajado que se percibe en su cementerio ayuda a que, pasados unos minutos, vaya desapareciendo ese impacto inicial durante una primera visita al lugar.

Desde mediados de octubre, parientes de los fallecidos acuden para hacer la limpieza de huesos de sus difuntos y tenerlos listos para el 31 de octubre y 1 de noviembre, días en los que se cree que regresan los niños y los adultos respectivamente.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Las familias conversan tranquilamente entre sí mientras lo realizan. La mayoría trae flores y velas para adornar el nicho y también bellos paños bordados o pintados con flores y el nombre del difunto, sobre el que reposarán los huesos limpios y que permitirá retirar el usado el año anterior.

“Con la limpieza es como si se les bañara y con el nuevo paño es como cambiarles la ropa, porque están a punto de venir de visita y tienen que estar preparados. Las veladoras se ponen para que vean el camino y puedan regresar con nosotros”, cuenta Ricardo Yam, quien trabaja pintando los nichos y que se encarga cada año de limpiar los huesos de uno de sus gemelos, fallecido al nacer hace 28 años y por el que se sigue emocionando cuando lo recuerda.

Ricardo Yam

Marcos González
Ricardo Yam trabaja como pintor en el cementerio de Pomuch.

A algunos vecinos, sin embargo, les resulta duro ocuparse personalmente de limpiar los huesos de sus familiares, por lo que piden ayuda a personas como Venancio Tuz, sepulturero del cementerio.

Con asombrosa rapidez y tranquilidad, don Venancio limpia de manera mecánica el conjunto de huesos de quien se lo pide en menos de 15 minutos.

Uno a uno, va retirando el polvo de cada hueso con ayuda de una brocha y los vuelve a depositar en su caja sobre el paño nuevo.

Limpieza de huesos

Marcos González

“El orden para limpiarlos es como si ellos estuvieran parados (de pie), de abajo para arriba. Por eso a los lados de la caja van las costillas, luego los huesos de pierna y brazos, y lo último es el cráneo que va arriba en el centro. El cabello, como ve, nunca se pierde”, relata a BBC Mundo, sin dejar ni un minuto su trabajo.

El sepulturero cuenta que al menos deben pasar tres años desde la muerte de la persona para poder realizar la primera limpieza de huesos, una vez que el cuerpo se ha descompuesto.

Don Venancio

Marcos González
Don Venancio lleva 20 años limpiando huesos de cadáveres del cementerio.

Entiende que su trabajo no sea apto para todos. Cuenta que realizarlo “costaba al principio”, pero que ya está más acostumbrado tras 20 años dedicándose a ello. Durante estas semanas puede llegar a limpiar hasta 15 cuerpos al día. A cambio, pide 30 pesos (US$1,5).

Frente a él, dos jóvenes extranjeras observan el ritual en silencio mientras graban con su teléfono. Hay más localidades en la zona con tradiciones similares, pero es Pomuch la que atrae más atencion de turistas, especialmente desde que su práctica fue nombrada Patrimonio Cultural Intangible del estado de Campeche en 2017.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El futuro de la tradición

Uno de los cuerpos limpiados por don Venancio es el del hermano de Carmen Naal. Ella dice que normalmente se suele encargar su marido, pero que este año decidió pedir ayuda al sepulturero ante el poco tiempo que quedaba para el 1 de noviembre.

“Además, esta vez están más sucios de lo habitual porque el año pasado no pudimos hacerlo por la pandemia y porque falleció mi mamá. Así que este año no podíamos faltar”, comparte con una sonrisa.

Carmen Naal

Marcos González
Carmen Naal acudió al cementerio para preparar a todos sus familiares tras no poder hacerlo en 2020 por la pandemia.

Esta vecina de Pomuch habla con pasión de esta tradición de la que siente gran orgullo. Para ella, la limpieza de huesos es un momento “muy íntimo y cercano, sientes como que estás abrazando con amor de nuevo a tu familia”.

La visita a este cementerio está marcada también por los alegres y llamativos colores que decoran los nichos, muchos de los cuales son pintados de nuevo antes del Día de Muertos.

“Se pintan y limpian como si fuera una casa en miniatura. Es como si los muertos se cambiaron de casa y hay que visitarles”, compara Naal.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González
Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Ella se muestra esperanzada de que la tradición no desaparezca con las nuevas generaciones y asegura que a sus hijos les ha inculcado que quiere que sigan la tradición con ella una vez que muera, pero lo cierto es que apenas se ven jóvenes en el cementerio.

Una de ellas es María José, una adolescente que acompaña a su mamá y que asegura que continuará la tradición cuando ella no esté.

Ligia y M. José

Marcos González
Ligia se esfuerza en que su hija María José continúe con la tradición de la limpieza de huesos.

Su madre, Ligia Pool, asiste a una de las limpiezas que probablemente sea más impactante: la de un bebé.

De su hija, fallecida recién nacida hace tres décadas, se conservan pocos restos pero se adivina su edad por el tamaño de los mismos y unas pequeñas botitas de tela que luce en la limpieza.

“Platicamos con ellos, es como si los tuviéramos con nosotros. Murió su cuerpo, pero la persona sigue con nosotros y estos días son para festejarlos a ellos. Por eso los padres inculcamos esta tradición a los hijos, yo le digo a la niña: ‘esta es tu hermana, aquí está con 30 años, como si fuera ayer…'”, dice conteniendo el llanto.

Cuando se le pregunta a Hernesto Pool si comprende que muchas personas no entiendan su tradición, responde sin dudar. “Esto no es algo macabro, no es algo de miedo. En Pomuch no se adora a la muerte, se le respeta y se da el valor que merece, que es el paso de la vida”.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

Sea como fuere, quienes ocupan este cementerio continuarán tras el Día de Muertos asomando parte de sus cráneos desde sus cajas como símbolo de que “están en vigilancia, pendientes de nosotros con su mirada al frente y viendo hacia nuestro mundo”, según el promotor local.

Es en esa posición que esperarán por 12 meses a ser meticulosamente limpiados por sus seres queridos. “Y es que yo creo que los muertos de Pomuch no mueren hasta que nosotros los olvidamos. Por eso la importancia de esta tradición”, concluye Pool.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

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