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Dos espías en Caracas: la historia de dos extranjeros en un fallido golpe de estado en Venezuela (Capítulo de regalo)
En la primera novela de ficción de Moisés Naím, dos espías se encuentran en medio de una revolución en Venezuela, ambos rivales, durante el gobierno de Hugo Chávez.
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El fallido golpe de Estado que encabezó en Venezuela Hugo Chávez contra el gobierno de Acción Democrática y que lo llevó al encarcelamiento es parte de la trama de la novela Dos espías en Caracas, escrita por el periodista Moisés Naím. El libro describe a detalle la situación de un oficial derrotado tras fallar en tan importante golpe militar.

Este hecho real es parte de los escenarios en los que se desenvuelven dos de los personajes principales de la novela: Eva López, agente de la CIA, y Mauricio Bosco quien trabaja para el servicio de inteligencia cubano, G2.

Ambos espías tienen la misión de monitorear lo que sucede en Venezuela, por un lado Eva, una mexicana migrante que para permanecer en Estados Unidos de forma legal tiene que elistarse en la Marina de ese país. Por su parte, Mauricio, el hijo de un comandante espera en una oficina la oportunidad para ser tomado en cuenta en defensa de la Revolución.

Hechos reales en una historia de ficción

A pesar de que Dos espías en Caracas es una novela de ficción con hechos reales que sucedieron en Venezuela, su autor Moisés Naím platicó a Animal Político que tanto Eva como Mauricio, “son producto de mi imaginación pero tienen ciertos elementos de personas que yo he conocido. Nunca existieron pero hay ciertas cosas que hacen y aspectos de su vida que corresponden a personas que he conocido”.

El articulista venezolano también habló de las diferencias entre la Venezuela de los años 90 y la que vemos hoy día: “la Venezuela que vemos hoy en día es un país fallido, un país donde el gobierno no es capaz de darle comida a la población, tampoco medicinas, tampoco seguridad personal. Es el país con mayor nivel de homicidios en el mundo, el país con mayor inflación del mundo, es un país fracasado”.

“Venezuela en los años 90 fue un país con problemas pero no era un país fracasado”, a pesar de que estos escenarios se encuentran dentro de la novela, solo son una parte de la situación, “en la novela hice un esfuerzo grande porque no fuera una novela de agenda, no fuera un manifiesto y no fuera un texto pedagógico, didáctico. Mi propósito era entretener y amarrar al lector o a la lectora, haciendo que quiera leer la segunda página y si lees la tercera que llegue a la cuarta y así, termine todo. Ese era el propósito”.

Su primer novela

Esta es la primera novela que escribe Naím y lo describe como un momento liberador porque “los artículos que escribo en las columnas de opinión o los libros que he escrito, que son libros de no ficción están mezclados con datos, evidencias, fuentes, todo citado en referencias.

Todas las afirmaciones están sustentadas por referencias y fuentes que están siendo corroboradas pero, escribir una novela me liberó de todo esto; que puedo escribir de lo que yo quiera sin darle cuentas a nadie”.

Dos espías es Caracas se desarrolla en Venezuela, sin embargo esta historia también resulta ser un ejemplo de otros Estados populistas. Moisés sugiere que en el fondo de este libro “hay una presentación, hay un discusión sobre populismo que no es la discusión típica que está en los artículos serios, académicos, etc., si no, vemos la dinámica, vemos la anatomía de cómo se construye una revolución populista, de quién hace qué, cuáles son las tácticas, trucos, estrategias, que se usan para lograr eso, visto o no, en términos de una descripción lógica sino a través de los personajes”.

Todo lo anterior acompañado de un personaje más, dispuesta a conocer cómo se hace una Revolución y es Chloe “una activista de izquierda y europea que decide ir a América Latina a estudiar las revoluciones, para ver cómo puede participar en ellas.

Moisés Naím es escritor venezolano cuyas columnas semanales sobre temas de actualidad internacional  son publicadas por un gran número de diarios de todo el mundo. Ha escrito más de diez libros, traducidos  en decenas de idiomas.

En  2011  obtuvo  el premio  Ortega y Gasset  por su trayectoria  periodística y, como director  de la revista Foreign  Policy, entre  1996 y 2010,  recibió tres veces  el premio de excelencia editorial otorgado por la Sociedad Estadounidense de Editores de Revistas.

Antes de dedicarse al periodismo, Moisés Naím fue académico y luego ministro de Fomento  de Venezuela en el gobierno que Hugo Chávez intentó derrocar.

Con autorización de Ediciones B, del Grupo Editorial Penguin Random House, y del autor Moisés Naím Animal Político te regala un Capítulo de regalo Dos espías en Caracas.

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La historia de amor y activismo de la primera pareja gay legalmente reconocida del mundo
Hace 30 años, Dinamarca se convirtió en el primer país del mundo en reconocer la unión civil entre personas del mismo sexo. Unos meses después, la ley entró en vigor con la unión de Axel y Eigil Axgil, que hicieron historia en el movimiento LGBT.
9 de junio, 2019
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El 7 de junio de 1989 se publicó un documento histórico en Dinamarca.

La firma de la reina Margarita II selló una ley pionera aprobada por los parlamentarios daneses: el país europeo pasaba a ser el primero del mundo en reconocer oficialmente la unión civil entre parejas del mismo sexo.

“Dos personas del mismo sexo pueden registrar su unión estable”, garantiza el primer artículo de la ley.

Pese a haber sido aprobada por los parlamentarios y rubricada por la reina, la ley no entraría en vigor hasta algunos meses después, el 1 de octubre de 1989, el tiempo necesario para que los órganos públicos adaptaran sus procedimientos internos.

La primera pareja que usó por primera vez ese derecho ya convivía desde hacía cuatro décadas y era bastante conocida entre la comunidad LGBT: los activistas Axel Lundahl-Madsen (1915-2011) y Eigil Eskildsen (1922-1995) que, como prueba de amor habían adoptado el apellido Axgil (inventado a partir de la unión de sus nombres).

Tom Ahlberg, el alcalde de Copenhague, inició el evento con un pronunciamiento que reconocía la importancia de la fecha. Después, ofició la ceremonia.

Fue él quien preguntó a Axel Axgil si aceptaba a Eigil Axgil como compañero, y viceversa. Y escuchó dos veces un “sí”.

Hasta el final de ese año, 270 hombres gays y 70 mujeres lesbianas registraron sus uniones civiles en Dinamarca.

“No habíamos ni siquiera imaginado que llegaríamos tan lejos”, dijeron ellos, después de la ceremonia.

“Mantengan las mentes abiertas. Vengan y continúen luchando. Es la única manera de cambiar las cosas. Si las personas salen del armario, este tipo de legalización va a ocurrir en todas partes”.

Como afirma el artículo dedicado a ellos en la Enciclopedia Británica, el honor de ser los primeros en “casarse” se justificaba: “Sus esfuerzos sociales y políticos finalmente valieron la pena cuando, en 1989, Dinamarca se convirtió en el primer país en legalizar las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Axel y Eigil intercambiaron votos en el ayuntamiento de Copenhague”.

Según la cronología de la organización LGBT Danmark, la legalización de la unión civil homosexual fue resultado de “décadas de militancia” y sirvió para “inspirar y motivar la adopción” de leyes similares en otros países.

“La ley de la unión estable (para personas del mismo sexo, promulgada en 1989) era prácticamente idéntica a la ya existente ley danesa para matrimonios civiles, con la excepción de algunos derechos familiares relacionados con adopciones y nacionalidad. Las excepciones se fueron eliminando en los años siguientes”, contextualiza la organización.

Activismo pionero

Inspirado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas en diciembre de 1948, Axel se comprometió a crear una organización de defensa y reivindicación de los derechos para gays, lesbianas y bisexuales.

Nació entonces Kredsen af 1948 (“Círculo de 1948”).

Al año siguiente, el grupo fue rebautizado como Forbundet af 1948 (“Asociación de 1948”, o simplemente F-48). En 1951 ya congregaba a 1.339 miembros en Dinamarca, Noruega y Suecia.

“Con el final de la Segunda Guerra Mundial, el foco se puso en los valores y derechos democráticos”, contextualiza LGBT Danmark, el nombre actual de la organización, desde 1985.

“Los homosexuales empezaron organizarse. Al contrario de otros grupos que fueron perseguidos durante la guerra, los homosexuales no fueron incluidos en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948“.

Axel conoció a Eigil en un encuentro del grupo activista en 1949. Y ya nunca más se separarían.

Juntos crearon un diario con contenido destinado a la comunidad gay, el Vennen (“Amigo”, en español).

También crearon una agencia de modelos y una empresa de fotografía, ambas especializadas en temática gay.

Fueron detenidos en 1955 por la publicación de fotos de hombres desnudos. Según declararon autoridades danesas en la época, el material, “aunque no obsceno, podría ser considerado especulación comercial con intenciones sensuales”.

La pareja Axgil rehizo su vida gestionando una pequeña posada en el norte de Dinamarca, preocupada especialmente en atender con respeto y dignidad al público LGBT. Nunca dejaron el activismo.

No fue por casualidad que en la celebración de su unión, el 1 de octubre de 1989, estuvieran acompañados por una multitud de activistas y simpatizantes que se aglomeró alrededor del ayuntamiento de Copenhague.

Eigil murió en septiembre de 1995, con 73 años. Axel siguió siendo una voz influyente entre los activistas LGBT hasta su muerte, en octubre de 2011, a los 96 años. En 2013, fue aclamado póstumamente por la organización Equality Forum como uno de los 31 íconos mundiales LGBT.

“Podríamos decir que estaban muy adelantados a su tiempo”, dice el sociólogo Barry Adam, autor del libro The Rise of a Gay and Lesbian Movement y profesor de la Universidad de Windsor, Canadá.

En su libro, Adam cita la oficialización de la unión de los Axgil como un punto fundamental para la consolidación de los derechos de los homosexuales en el mundo.

Recuerda que ellos “celebraron con una gran fiesta por las calles de Copenhague”, y que el acto en sí fue emblemático dado que la población LGBT, en mayor o menor medida alrededor del mundo, vivía bajo persecución y tenía que esconder su estatus real.

La ley

William Eskridge, profesor de derecho en la Universidad de Yale, cuenta cómo fue la aprobación de la ley danesa en el libro Gay Marriage: for Better Or for Worse?: What We’ve Learned from the Evidence.

En él relata que hubo un largo debate sin precedentes en el Parlamento, con una intensa participación de sectores de la sociedad, sobre todo religiosos “cristianos fundamentalistas”, tanto sacerdotes como líderes laicos.

“Una petición firmada por 122 padres daneses instaba a los parlamentarios a archivar la ley. ‘El Estado no puede hacer leyes contra el mandado de Dios’, decía el texto. Los religiosos temían que la ley “privilegiase anormalidades”, relata el jurista.

Incluso entre los políticos hubo discusiones similares. Cuando el proyecto fue puesto a discusión, un parlamentario, en tono rudo, argumentó que la ley era “una catástrofe”, y que colocaría a Dinamarca “contra todo el resto del mundo”.

“Pocas veces hubo en el Parlamento danés un debate tan fundamental como ese, en el cual los miembros discutieron y no estuvieron de acuerdo muchas veces, sobre el papel de la religión a la hora de legislar”, puntualiza Eskridge.

Los que defendían la ley, por otro lado, argumentaban que había llegado “el día en que una forma de discriminación contra gays y lesbianas fuera eliminado de los libros de derecho”.

El día 23 de mayo de 1989, la ley fue votada. Cuando apareció el marcador, se hizo una fiesta entre el público que acompañaba la votación: 71 votos a favor, 47 en contra, 5 abstenciones.

“Axel y Eigil Axgil, los padres del movimiento gay danés moderno, sonreían triunfantes”, narra Eskridge.

El británico Richard Coles, periodista, músico y sacerdote de la Iglesia anglicana, afirma que suele pensar en la pareja Axgil cuando celebra matrimonios.

“Fue Dinamarca el que abrió el camino, con sus uniones estables civiles”, como se llamaban los de matrimonios gays.

El primer matrimonio en oficializar la unión fue Axel y Eigil Axgil, compañeros y activistas que habían participado en la campaña para cambiar la ley”, escribe Coles, en su libro Bringing in the Sheaves: Wheat and Chaff from My Years as a Priest.

“Esas uniones fueron contraídas solo en ceremonias civiles, pero la Iglesia en Dinamarca permitió que su clero realizase bendiciones de parejas del mismo sexo, bajo el argumento de que son personas, no instituciones, las que son bendecidas”, dice el sacerdote.

“En 2010, el Parlamento danés permitió que parejas del mismo sexo pudieran adoptar. Y, en 2012, las uniones civiles fueron sustituidas por matrimonios entre personas del mismo sexo. Esos casamientos pueden ser realizados en iglesias, pero el clero no está obligado a oficiarlos se no quieren”, prosigue el sacerdote.

“Eigil Axbil murió en 1995 a los 73 años. Axel Axgil murió en 2011 a los 96. Muchas veces pienso en ellos cuando estoy oficiando un casamiento de parejas que encajan en los criterios que exige la Iglesia, pero en cuyo futuro ni siquiera el jugador más imprudente apostaría”.


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