El sencillo experimento con el que un niño logró que su familia consumiera menos azúcar
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Claire Carter

El sencillo experimento con el que un niño logró que su familia consumiera menos azúcar

Cuando Matthew Carter, de 12 años de edad, vio la cantidad de azúcar en su bebida gaseosa favorita y decidió involucrar a su familia en un experimento.
Claire Carter
5 de enero, 2019
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Cuando Matthew Carter, de 12 años, vio la cantidad de azúcar que contenía su bebida gaseosa favorita, decidió involucrar a su familia en un experimento.

Tomó unos tazones y todos los días, durante cinco semanas, puso en cada uno la cantidad diaria de azúcar recomendada para cada uno.

Luego pidió a sus padres, su hermano y su hermana que cuando comieran algo verificaran la cantidad de azúcar que contenía, y sacaran esa cantidad del tazón y la devolvieron al tarro de azúcar original.

Cuando sus tazones estaban vacíos, no podían consumir más azúcar ese día.

Los tazones de azúcar de la familia Carter.

Claire Carter
Los tazones de azúcar de la familia Carter.

La cantidad diaria recomendada de azúcar para un niño de 4 a 6 años es cinco cubos, que se elevan a siete para cualquier persona mayor de 11 años.

Según Public Health England (PHE), los niños están excediendo el consumo máximo de azúcar recomendado para una persona de 18 años cuando tienen 10 años. Dice que los niños consumen ocho cubos de azúcar más al día de lo que deberían, eso es 2.800 cubos de azúcar más al año.

La madre de Matthew, Claire, le explicó a la BBC cómo se produjo el experimento, realizado hace dos años.

“Todo comenzó porque Matthew no estaba pudiendo dormir y por eso medimos la cantidad de azúcar en la lata de bebida gaseosa que le gustaba. Eran alrededor de cuatro cucharaditas”.

Matthew, un entusiasta fanático del fútbol, ​​también había leído que para los deportistas la alimentación saludable era una parte importante para mantenerse en forma.

Había notado que sus amigos aumentaban de peso y lo relacionó con el chocolate que estaban comprando después de la escuela.

Gráfico sobre azúcar

BBC

Poco después de que comenzara el experimento, Claire comenzó a ver cambios en el comportamiento de sus hijos.

El segundo día, Sarah, que tenía seis años, anunció que no quería azúcar en su cereal de desayuno porque consumir tanto de lo que tenía permitido tan temprano haría que aguantar todo el día fuera más difícil.

Sarah comenzó a comer fruta y ya no lloraba si le decían que no podía comer algo dulce como una galleta.

“Debido a que podía ver su consumo diario de azúcar en el tazón, el concepto de una cucharadita empezó a cobrar sentido para ella”, cuenta Claire.

“El acto mismo de sacar el azúcar del tazón y meterlo en el frasco significaba que podía ver la cantidad de azúcar en lo que estaba a punto de comer”.

Arreglo de fiesta de cumpleaños

Getty Images
Los hermanos Carter siguen eligiendo comer menos azúcar, incluso en las fiestas de cumpleaños.

Claire y su esposo Martin también perdieron peso durante las cinco semanas de prueba.

Larga duración

El experimento de Matthew ha tenido un efecto duradero en su familia.

“Dos años después, nuestro consumo de azúcar todavía está bajo control”, asegura Claire.

“Otros padres me dicen que incluso cuando mis hijos están en una fiesta, por ejemplo, siguen eligiendo diferentes opciones de comida que sus amigos. Creo que simplemente no están acostumbrados a una dieta alta en azúcar y por eso ya no la ansían”.

Matthew, quien comenzó el experimento, dice: “No pensé que seguiríamos hablando de mi experimento dos años después. Ya no usamos los tazones porque ya sabemos cuánto azúcar debemos comer, pero los tazones nos permitieron ver lo que estábamos comiendo “.


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Cuartoscuro

En 6 años persiste la crisis en las cárceles; la prisión preventiva agrava el hacinamiento

La CNDH vuelve a advertir sobre la existencia de problemas reincidentes en las cárceles, mismos que también fueron denunciados en años previos por instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Cuartoscuro
27 de abril, 2022
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A pesar de que desde al menos 2016 se han emitido recomendaciones generales y se han publicado numerosos informes por violaciones graves a derechos humanos, la situación en las cárceles mexicanas continúa siendo igual de grave en la actualidad que hace seis años, pues persisten problemas como la existencia de autogobierno, extorsiones, hacinamiento, mala calidad de los alimentos, y falta de higiene. 

Además, a estos problemas añejos hay que sumarle que, en la actualidad, se está produciendo un uso “excesivo” de la prisión preventiva oficiosa, misma que, “lejos de lograr una disminución en los altos índices de violencia, solo genera la sobrepoblación de las cárceles mexicanas”. 

Estas son algunas de las conclusiones que se exponen en el informe Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2021 que publica este 27 de abril la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), en el que se hace un análisis detallado de las condiciones de infraestructura, del personal que trabaja, y de los reos que habitan en más de 200 penales estatales. 

En este informe, la CNDH vuelve a advertir sobre la existencia de problemas reincidentes en las cárceles, mismos que también fueron denunciados en años previos por instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 

Entre esos problemas reincidentes están, por ejemplo, que los reos “no acceden a una alimentación suficiente, nutritiva y adecuada”, que los alimentos a los que sí acceden están descompuestos, obligando a la población presa “a lapsos considerables de ayuno”, y que persiste la falta de jornadas de prevención de enfermedades, así como la falta de atención médica y psicológica adecuada. 

Otros problemas habituales que no se han resuelto son que la mayoría de cárceles no cuentan con ventilación, luz, ni agua potable suficiente; que no se provee a la población de productos de higiene personal suficiente; que se extorsiona a la población penitenciaria a cambio de acceder a insumos básicos provenientes del exterior; y que, por el contrario, unos pocos reos sí reciben privilegios, producto de la situación de autogobierno que impera en las cárceles estatales. 

Además, los espacios e insumos materiales destinados a las visitas íntimas “están en pésimas condiciones de higiene, privacidad y con fauna nociva”, mientras que en otros casos la falta de espacios hace que las visitas tengan que sentarse en el suelo, o convivan en la cocina, o se recarguen en lavaderos y piletas.

“Lo anterior es solo un bosquejo de las condiciones en las que la CNDH ha constatado que viven las personas privadas de la libertad en ciertos sistemas penitenciarios estatales de nuestro país, lo cual se traduce en una deshumanización del propio sistema”, denunció la Comisión en su informe, en el que también lamentó que se “invisibilicen” las necesidades básicas de las personas presas, “vulnerando claramente su dignidad humana”. Una situación, criticó la Comisión, “que a todas luces no ha sido un tema primordial en la agenda pública”. 

Prisión preventiva: el arma que encarcela pobres e inocentes

Las irregularidades más recurrentes

En total, la CNDH documentó 20 irregularidades que son las que más se repiten en los 233 centros de reclusión que visitó durante 2021. 

La más recurrente es una “inadecuada clasificación de las personas privadas de la libertad”; esta situación fue documentada en 210 penales estatales, es decir en el 90%. 

La segunda es la “deficiente separación entre procesados y sentenciados”, que se repitió en el 88% de los penales. 

La tercera es la “insuficiencia de vías para la remisión de quejas de probables violaciones a los derechos humanos”, misma que se produjo en el 87% de los casos. 

La cuarta, “la insuficiencia de personal de seguridad y custodia”, situación que la CNDH documentó en el 83% de las cárceles. 

Y la quinta, “deficientes condiciones materiales e higiene de instalaciones para alojar a las personas privadas de la libertad”; situación que se repitió en el 77% de los centros. 

Otra irregularidad es que en al menos 121 cárceles, es decir, en el 52% de las visitadas, existe sobrepoblación, mientras que en otras 114, el 48.9%, hay hacinamiento. 

En 113 centros (48.5%) también hay “deficiencia en la atención a personas adultas mayores”, y en 109 hay “insuficiencia de programas para la prevención y atención de incidentes violentos”. 

En cuanto a los centros penitenciarios estatales donde son las personas presas quienes realizan labores que debería hacer la autoridad, como brindar seguridad a toda la población presa, la CNDH documentó que esta situación de autogobierno permanece en al menos 44 de los 233 centros que visitaron, o sea, casi en 2 de cada 10. 

Algunos de esos centros donde existe el autogobierno son el Reclusorio Preventivo Varonil Norte y el Varonil Oriente de la Ciudad de México; el Centro Regional de Reinserción Social de Tlapa de Comonfort, en Guerrero; o el Centro de Readaptación Social de Zumpango, en el Estado de México. 

En este apartado llama la atención que los estados de Hidalgo y de Sonora, con 7 penales autogobernados por los presos, respectivamente, son las dos entidades que acumulan más cárceles en esta situación. 

Las mejores y peores cárceles en 2021

De hecho, varias de las cárceles con existencia de autogobierno están también entre las peores calificaciones por la CNDH, que analizó en sus visitas varios factores como las condiciones de gobernabilidad, estancia digna, o el grado de reinserción social. 

La cárcel peor calificada en 2021, con una puntuación de apenas 1.85 sobre 10, fue el Centro de Reinserción Social de Atotonilco El Grande, en Hidalgo. 

En esta cárcel, la Comisión documentó deficiencias en los servicios de salud, falta de prevención de violaciones a derechos humanos, sobrepoblación, deficiencias en la alimentación, falta de capacitación del personal penitenciario, falta de reglamentos, manuales y lineamientos de actuación, inexistencia de actividades deportivas y educativas, entre otras irregularidades.

Otras cárceles por las que la CNDH mostró una especial preocupación, puesto que obtuvieron una puntuación por debajo del 4, fueron las de Tizayuca, Zacualtipán, Huichapan y Jacala, también en Hidalgo; la de Tenosique, Cunduacán, Tacotalpa y Macuspana, en Tabasco; Ometepec y Tlapa de Comonfort, en Guerrero; y la cárcel distrital de Loreto, en Zacatecas. 

Por el contrario, la cárcel mejor calificada en 2021 fue la Femenil Morelos, con 8.52 puntos; le siguen, la Número 8 de Sinaloa, con 8.1; el Centro de Prevención Social Guanajuato, con 8.08; y el Cefereso número 4 de Nayarit, con 8.0. 

En la Femenil de Morelos, la CNDH destacó que hay una buena atención de las personas privadas de la libertad en condiciones de aislamiento, una buena distribución de las personas privadas de la libertad; y un correcto número de personas privadas de la libertad en relación con la capacidad del centro. 

También destacó la prevención de violaciones a derechos humanos y la supervisión del funcionamiento del centro por parte del titular. 

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