José Antonio lleva 10 años desaparecido y sus padres advierten a AMLO: no habrá perdón sin justicia
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José Antonio lleva 10 años desaparecido y sus padres advierten a AMLO: no habrá perdón sin justicia

Los padres del ingeniero pidieron al presidente implementar estrategias para identificar los restos de los 40 mil desaparecidos en el país.
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Hace 10 años, el 25 de enero de 2009, el ingeniero José Antonio Robledo Fernández platicaba con su novia por teléfono celular, mientras conducía su camioneta por calles de la ciudad de Monclova, Coahuila. El joven volvía de Monterrey, a donde había acudido para comprar una marcadora de pintura para jugar gotcha, y al pasar junto a la sucursal local de la refaccionaria AutoZone, le comentó a su novia que en el lugar había un auto deportivo estacionado, digno de admiración.

Segundos después, su novia escuchó a través de su teléfono celular cómo el ingeniero era abordado violentamente por desconocidos, obligado a detener la marcha y golpeado.

Instantes después, la llamada telefónica se cortó.

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Desde entonces, nada ha vuelto a saberse de José Antonio Robledo Fernández, quien se encontraba en Monclova realizando una comisión de trabajo para la constructora ICA Fluor Daniel, de la que era empleado en el Proyecto Fénix (obra que implicó la ampliación de instalaciones de la empresa Altos Hornos de México en Coahuila, con una inversión de mil 300 millones de dólares).

“La razón de que desaparecieran a Toño, mi hijo, fue para castigarlo –explica el señor José A. Robledo, padre del ingeniero–, porque tuvo la mala fortuna de enterarse de los malos manejos de ICA en el Proyecto Fénix”, específicamente, detalló, del contubernio de directivos de ICA con Los Zetas, grupo criminal al que no sólo le permitían lavar dinero con la obra del Proyecto Fénix, sino también extorsionar a proveedores y contratistas.

“En el transcurso de estos 10 años –explicó a su vez Guadalupe Fernández, mamá del ingeniero–, se ha integrado una investigación de 30 tomos, en los cuales hay suficientes pruebas de que el grupo delictivo Los Zetas y la empresa ICA Fluor Daniel estaban coludidos.”

De hecho, subrayó, hay pruebas de que la obra se realizaba “con maquinaria pesada que ICA le rentaba a ‘El Pepillo’, líder estatal de Los Zetas.”

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En estos 10 años que han pasado desde el rapto y desaparición forzada del ingeniero José Antonio Robledo Fernández, cuatro personas han sido vinculadas a proceso por los hechos, incluidos dos empleados de ICA Fluor Daniel: el jefe de seguridad de la empresa (quien falleció a principios de 2018) y un chofer de la constructora, al que le encontraron 142 dosis de cocaína y una ametralladora al momento de ser capturado.

Sin embargo, denunció el padre del ingeniero víctima de desaparición forzada, durante todo este tiempo se ha garantizado impunidad para uno de los principales ejecutivos de ICA, Raúl Alberto Medina Peralta (gerente del Proyecto Fénix) quien, según la denuncia, está directamente involucrado en los hechos.

“Yo le pido al fiscal general de la República, al doctor Alejandro Gertz Manero, que le ponga interés a todos los casos de secuestro y desaparición forzada que hay en México –señaló el señor José A. Robledo–, pero hoy le pido muy especialmente atención para el caso de mi hijo, ya que la actuación de la dependencia que ahora encabeza ha tenido mucha consideración con los directivos de ICA, específicamente con Raúl Alberto Medina Peralta quien, 10 años después, sigue gozando de impunidad”.

Un ejemplo, explicó, retrata esa impunidad: aunque desde el año 2009 los padres del ingeniero señalaron a Raúl Alberto Medina como el responsable de la desaparición, no fue sino hasta este 2019 (una década después) que las autoridades convocaron al ejecutivo de ICA, para carearse con los padres de la víctima.

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Un fénix cubierto de ollín

El 25 de enero de 2009, luego de escuchar a través de su teléfono celular cómo el ingeniero José Antonio Robledo era golpeado por personas que lo abordaron intempestivamente, cortándose luego la llamada que sostenían, su novia intentó inmediatamente recuperar la comunicación telefónica con él, pero todos sus intentos fueron vanos.

Preocupada, la joven se comunicó entonces con el jefe de José Antonio, es decir, con Raúl Alberto Medina Peralta, gerente del Proyecto Fénix, en el que el ingeniero víctima de desaparición forzada se encargaba de verificar que contratistas y proveedores cumplieran con los términos de sus contrataciones.

La novia le narró a Medina Peralta como el ingeniero fue atacado mientras hablaban por teléfono, le dijo que el ataque acababa de ocurrir frente a la sucursal de AutoZone de Monclova, y le dijo que a partir de ese momento dejó de ser posible contactar a José Antonio.

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Según el testimonio de la joven, el ejecutivo de ICA le pidió no preocuparse y, sobre todo, que no informara a su familia, asentada en la Ciudad de México, para evitar que el secuestro fuera denunciado a las autoridades, bajo el argumento de que eso pondría en riesgo la vida de José Antonio.

Tal como denunciaron los padres del ingeniero, ese ejecutivo de ICA convenció a la novia de no alertar de los hechos a nadie, sin embargo, un día después la novia determinó que esa no era una solución aceptable, y decidió informar del rapto a la familia de José Antonio.

“Luego de que la novia nos avisó –narró el papá del ingeniero– nosotros le marcamos a ese mismo directivo de ICA, y el nos dijo que no fuéramos a Monclova, que no tenía caso, nos dijo: ‘en unas horas lo sueltan, ya sucedió antes con dos ingenieros más’.”

Los padres del ingeniero, no obstante, ignoraron las palabras del ejecutivo de ICA y decidieron acudir a Monclova en busca de su hijo.

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“Cuando llegamos –siguió el padre de José Antonio– nos entrevistamos con el personal de ICA Fluor Daniel, y ahí, el jefe de seguridad de la empresa, Joaquín Benito del Ángel Martínez, nos dijo que a él lo habían ‘escogido’, esas fueron sus palabras, para ser el contacto con Los Zetas”, revelación por la cual, señalaron, el jefe de seguridad de la empresa fue reprendido por el gerente del proyecto Fénix.

Después de la reprimenda, “el gerente del Proyecto Fénix, Raúl Alberto Medina Peralta, nos dijo que Los Zetas se habían comunicado con su jefe de seguridad (Joaquín Benito del Ángel), para decirle que tenían a nuestro hijo. Que se lo llevaron porque iba en una camioneta llamativa, con lentes de sol y hablando por teléfono… además, dijo que se lo llevaron porque traía un arma.”

Sin embargo, destacó el padre de la víctima, nada de eso explica los hechos: por un lado, la camioneta en la que se transportaba el ingeniero José Antonio Robledo Fernández no era llamativa, tenía cinco años de antigüedad y, por otro lado, no portaba ningún arma, lo que llevaba en su auto era una marcadora de gotcha, es decir, un artefacto deportivo que lanza pelotitas con pintura mediante aire a presión, mismo que no llevaba a la vista de nadie, porque apenas lo acababa de comprar.

Hasta la fecha, denunciaron los padres de José Antonio, la empresa ICA no ha querido revelar qué canales de comunicación se utilizaron para entablar contacto con el grupo criminal Los Zetas, ni cuál fue el contenido explícito de esas comunicaciones.

“Sólo nos dijeron que fue de ‘boca en boca’, el gerente del Proyecto Fénix nos dijo: ‘Así se usa aquí, es un pueblo chico’.”

Luego, dos días después de los hechos, narró el padre de José Antonio, ICA Fluor Daniel les informó, nuevamente a través del gerente del Proyecto Fénix, “que ellos no tenían ninguna responsabilidad, porque los hechos ocurrieron en día inhábil, mi hijo no traía vehículo de la compañía, y no estaba haciendo ninguna encomienda de la compañía, por eso se deslindaron y nos dijeron que le hiciéramos como quisiéramos”.

Sin embargo, explicó el padre del ingeniero víctima de desaparición forzada, los registros proporcionados por la empresa de telefonía celular con la que el ingeniero José Antonio tenía contratado su servicio, revelaron que un día después del rapto, la empresa ICA Fluor Daniel sostuvo seis llamadas telefónicas, con quienes tenían en su poder el teléfono del ingeniero desaparecido.

Las conversación, detalló, fueron de corta duración, la mayoría de alrededor de 40 segundos, y la más larga fue de dos minutos.

Tres de esas comunicaciones fueron entabladas desde las oficinas de ICA Fluor Daniel en la Ciudad de México, y otras tres llamadas se hicieron desde las oficinas de dicha constructora en Monclova, Coahuila.

No obstante, los padres del ingeniero desaparecido denunciaron que en estos 10 años transcurridos, “en ICA Fluor Daniel nunca nos quisieron entregar sus registros telefónicos. Aludieron un sinfín de cosas, y nunca entregaron esa información, nunca reconocieron que desde sus instalaciones se mantuvo comunicación” con las personas que raptaron a su hijo, y que tenían en su poder su teléfono celular.

Derecho de piso

En septiembre de 2008, es decir, cuatro meses antes de la desaparición forzada de José Antonio Robledo Fernández, el ingeniero tenía encomendado verificar que los proveedores y contratistas convocados por ICA Fluor Daniel para la obra del Proyecto Fénix cumplieran con los encargos que se les realizaban, así como con los requisitos legales preestablecidos para las asignaciones de dichos trabajos.

En esa labor, explicaron los papás del ingeniero, él se percató que muchos contratistas y proveedores no cumplían ya sea con los requisitos requeridos para ser considerados, o con las encomiendas que se les asignaban, irregularidades que él reportó a sus superiores, quienes le ordenaron pasar por alto esas irregularidades, ya que dichos proveedores y contratistas pagaban “derecho de piso”, es decir, entregaban una parte de sus ingresos a Los Zetas.

Tal como José Antonio comentó a su padre antes de su desaparición, “el encargado de cobrar (a esos contratistas y proveedores) para que pudieran trabajar en el Proyecto Fénix era el empresario Carlos Enrique Haro Villarreal”, cuya empresa de seguridad privada brindaba vigilancia a la obra de la constructora ICA Fluor Daniel.

Con dolor, el padre del ingeniero desaparecido lamentó que “fui yo quien tuvo la mala idea de aconsejarle a Toño que informara de esos hechos a su jefe en la Ciudad de México, es decir, a Raúl Alberto Medina Peralta, gerente del proyecto”.

En septiembre de 2008, detalló, ese ejecutivo de ICA Fluor Daniel fue a Monclova, “y Toño se acomidió a llevarlo de regreso, para platicarle lo que había visto, y cuando se lo dijo, el gerente del proyecto lo felicitó y le agradeció… Toño no sabía que esa sería su condena”.

Días después, el ingeniero José Antonio Robledo Fernández le informó a su padre que ya había informado a su jefe en la Ciudad de México sobre lo que había visto, y que lo había felicitado.

Cuatro meses después, el 25 de enero de 2009, José Antonio Robledo Fernández fue desaparecido de manera forzada.

Favores pagados

Una semana después del rapto de José Antonio, y estando ya sus padres en Monclova, Coahuila, en donde formularon denuncias ante la entonces Procuraduría de Justicia del Estado (hoy Fiscalía), al hotel en el que se hospedaban llegaron, de madrugada, tres personas que preguntaron por ellos.

Se trataba de Joaquín del Ángel Benito Martínez, jefe de seguridad de ICA Fluor Daniel; Carlos Arturo Jiménez Encinas, alias El Plátano (presunto operador financiero del principal líder de Los Zetas, Omar Treviño Morales), y José David Galindo Flores, quien en ese entonces fungía como procurador de la Defensa del Trabajo en Monclova, Coahuila.

Estas personas, detalló el padre del ingeniero víctima de desaparición forzada “nos dijeron: ‘somos de la última letra del abecedario’. Y como yo no entendí a qué se referían, me dijeron concretamente: ‘Somos de Los Zetas”.

En el lobby del hotel, “estos tipos nos mostraron que ya llevaban toda la información que nosotros habíamos incluido en la denuncia que habíamos presentado en la Procuraduría estatal, y nos dijeron que si queríamos volver a ver a nuestro hijo ya no fuéramos con ninguna autoridad, porque ellos controlaban a las autoridades municipales, estatales y federales de Monclova, Saltillo y Monterrey”.

Por ese vínculo con Los Zetas, la Procuraduría General de la República detuvo a Joaquín Benito del Ángel Martínez, jefe de seguridad de ICA, en mayo de 2011, y ya estando preso, en una investigación distinta por el delito de trata de personas con fines de explotación sexual, este mismo empleado de ICA fue identificado como “cobrador” de Los Zetas.

Específicamente, fue señalado como “el enlace para el cobro de la seguridad de ICA, y para hacer llegar el pago a (Carlos Enrique) Haro (Villarreal)”.

Durante los seis años y medio que permaneció sometido a juicio, el jefe de seguridad de ICA nunca reveló cuál fue el motivo por el cual desaparecieron de manera forzada al ingeniero José Antonio Robledo Fernández, ni tampoco su paradero. Guardó silencio todo ese tiempo y, finalmente, el 13 de septiembre de 2017 fue puesto en libertad de forma ilegal por el juez federal Ubaldo García Armas.

Dicho juez liberó al jefe de seguridad de ICA bajo un argumento sin sustento jurídico: alegó que al ser detenido en 2011, los papás de José Antonio no fueron formalmente notificados del arresto, por lo cual, todo el juicio era inválido y lo puso en libertad.

Una semana después, el juez fue removido (y puesto al frente de un juzgado federal en Michoacán, donde sigue laborando sin mayor consecuencia hasta la fecha), y la libertad que decretó en favor de Joaquín Benito del Ángel fue revocada, sin embargo, se dio a la fuga, por lo que una nueva orden de captura fue emitida en su contra.

Medio año después, en marzo de 2018, Joaquín Benito del Ángel fue localizado en el área de cuidados intensivos de un hospital del IMSS, en donde recibía atención médica por un cuadro de cáncer terminal.

“¿Yo me pregunté, entonces, cómo es que esta persona estaba afiliada al Seguro Social? –explicó el papá de José Antonio–. Pues bueno, investigamos, y comprobamos que la empresa ICA recontrató a Joaquín Benito del Ángel tan pronto como fue liberado, le dieron un sueldo alto, y luego le dieron un aumento de 50%”.

ICA Fluor Daniel contrató de nuevo a su jefe de seguridad a pesar de que estaba prófugo de la ley, “y yo me pregunto –cuestionó el papá del ingeniero raptado– ¿qué haría ese señor, que ICA le debía ese favor tan grande?”.

Joaquín Benito del Ángel Martínez murió dos meses después de haber sido localizado por las autoridades, en mayo de 2018, sin revelar qué fue lo que hicieron con el ingeniero José Antonio Robledo.

Epílogo: el presente

Para refrendar el compromiso de búsqueda de su hijo, el pasado viernes 25 de enero de 2019, al cumplirse 10 años de la desaparición, sus padres convocaron a una conferencia de prensa en la que, cobijados por otras madres de personas víctimas de desaparición forzada, aclararon que su estrategia de búsqueda es en campo, pero sobre todo, en tribunales, porque “a través de la justicia estamos buscando la verdad”.

Por ello, señaló la señora Guadalupe Fernández, mamá de José Antonio, “hoy pedimos al presidente de la República voluntad política en la implementación de estrategias integrales, que lleven a buscar y a encontrar, en vida y en muerte, a las 40 mil 180 personas desaparecidas en México, incluyendo a los 43 normalistas de Ayotzinapa y a los migrantes que cruzaron nuestro país sin llegar a su destino”, fundamentada en una campaña nacional de búsqueda e identificación.

“Queremos que se cotejen los datos de quienes buscamos, con los de decenas de miles de cuerpos depositados en Servicios Médicos Forenses, restos humanos localizados por los mismos familiares en fosas clandestinas, miles de indicios que tienen nombre, apellido, y una familia que busca recuperarlos”.

Por ello, concluyó el señor José A. Robledo, papá del ingeniero víctima de desaparición forzada, “nosotros tenemos esperanzas en que el nuevo gobierno federal llegue al fondo (…) tenemos confianza en que este gobierno sí actúe pero, sinceramente, aquí le pido al presidente (Andrés Manuel López Obrador) que antes de pedirnos que perdonemos, que haga justicia, antes de perdonar queremos saber quiénes fueron”.

Y remató: “Si en nuestro país sólo se castiga 2% de los delitos, cómo le vamos a hacer, ¿hay que perdonar al otro 98% de los delincuentes a los que nunca van a capturar? Es pregunta…”

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LISE ASERUD/Getty Images

4 fascinantes lugares en los que el ser humano no puede poner el pie

¿Existe realmente algún lugar en la Tierra que ningún ser humano pueda visitar? Aunque parezca difícil de imaginar, la respuesta es positiva. Te invitamos a descubrir algunos de ellos.
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3 de abril, 2022
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En nuestro mundo actual, es difícil imaginar un lugar que no podamos visitar, y que no esté incansablemente fotografiado, compartido y etiquetado en las redes sociales.

Pero existen todavía unos pocos que permanecen intactos a los turistas.

Si bien la mayoría de los rincones del planeta reciben visitantes, hay algunos cerrados herméticamente al público.

A menudo por razones de seguridad, legales o científicas, está estrictamente prohibido poner el pie en ellos.

Te invitamos a conocer cuatro de estos rincones aislados del mundo (sin el riesgo pisar las zonas restringidas).

1. La “bóveda del fin del mundo”

Entrada al Banco Mundial de Semillas de Svalbard

Arterra/Universal Images Group via Getty Images
Esta es la entrada a la “bóveda del fin del mundo”, el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, Noruega.

En una isla remota llamada Spitsbergen, en el archipiélago ártico de Svalbard, Noruega, una montaña de arenisca alberga a 120 metros su interior un lugar apocalíptico: el depósito de semillas más grande del mundo.

A unos 1.300 km del Polo Norte y a 130 metros sobre el nivel del mar, el espeso permafrost -la capa de hielo permanente congelada que rodea la bóveda- ayuda a preservar los cientos de miles de muestras de semillas almacenadas en su interior.

El lugar es también idóneo para esa tarea por su falta de actividad sísmica.

Sin embargo, aunque las semillas se almacenaron de la manera más segura posible desde que el búnker fue inaugurado en 2008, no existe manera humana de comprobarlo.

Gráfico del Banco Mundial de Semillas

BBC

La bóveda está fuertemente protegida a cal y canto, lo cual garantiza que las semillas que contiene puedan sobrevivir durante miles de años si fuera necesario.

Sin embargo, en los últimos años algunos científicos han mostrado preocupación por el aumento de las temperaturas, que han provocado un deshielo del permafrost.

En 2020, los investigadores locales documentaron el verano más cálido en Svalbard desde que hay registros.

“Vimos un derretimiento sin precedentes en los glaciares y el deshielo del permafrost”, dijo a la BBC el científico Kim Holmen, del Instituto Polar Noruego.

La situación comenzó a monitorearse hace algunos años.

Banco Mundial de Semillas de Svalbard

Tim E White/Getty Images
El permafrost permite preservar los cientos de miles de semillas almacenadas en el interior de la bóveda.

Este búnker de semillas puede ser vital para conservar, en caso de un gran desastre mundial, una reserva de cultivos que garantice la restauración de las especies, y que no nos falte alimento a los seres humanos.

Cada país guarda sus propias semillas vitales para su producción alimentaria, pero el Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una suerte de respaldo global.

2. Ilha da Queimada Grande: una isla venenosa

Ilha da Queimada Grande, conocida como Ilha das Cobras (isla de las cobras), es una pequeña isla rocosa, agreste, sin playas y de difícil acceso, ubicada a 35 km de la costa de São Paulo.

La isla fue descubierta en 1532 por la expedición colonizadora de Martim Afonso de Souza.

Sin embargo, la historia de Ilha das Cobras es mucho más antigua. Se formó a finales de la última glaciación, hace unos 11.000 años, cuando subió el nivel del mar, separando el cerro (que formaba parte de la Serra do Mar) del continente y convirtiéndolo en una isla.

Ha llamado la atención en los últimos cinco siglos por una característica inusual: está habitada casi exclusivamente por serpientes: hay estimaciones que dicen que puede haber entre una y cinco serpientes por cada metro cuadrado de la isla.

Ilha da Queimada Grande

Marcelo Ribeiro Duarte
La cabeza de lanza dorada solo existe en esta isla frente a la costa de São Paulo, Brasil.

Es la segunda mayor concentración de serpientes por área en el mundo: alrededor de 45 por hectárea, aproximadamente equivalente al tamaño de una cancha de fútbol – una cifra solo superada por Isla Shedao, en China.

Pero en la isla brasileña una especie de serpiente altamente venenosa se diferenció de sus parientes terrestres y se transformó en la cabeza de lanza dorada (Bothrops insularis) una especie de víbora de pozo endémica de Queimada Grande.

Es tan mortal que una sola mordedura basta para evitar que las aves de las que se alimenta puedan vovler a emprender el vuelo.

“El veneno de la víbora es más tóxico para las aves que para los mamíferos”, explicó a BBC Brasil el biólogo Marcelo Ribeiro Duarte, del Laboratorio de Colecciones Zoológicas del Instituto Butantan. “Eso prueba la gran adaptabilidad de la especie”.

La Bothrops insularis mide entre medio metro y un metro, siendo las hembras un poco más grandes.

Jararaca-ilhoa

Marcelo Ribeiro Duarte
A diferencia de las especies continentales de Brasil, esta serpiente es más pequeña y menos pesada y tiene una piel más elástica.

“Como la fauna de la isla es muy escasa, sin roedores ni otros mamíferos (a excepción de los murciélagos), los adultos de la especie se alimentan de aves migratorias (las aves residentes no son depredadas)”, dijo a BBC Brasil el investigador y especialista en animales venenosos Vidal Haddad Júnior, de la Facultad de Medicina de Botucatu.

“Los ejemplares jóvenes comen lagartijas, anfibios y artrópodos, como ciempiés, por ejemplo”.

El gobierno brasileño prohibió a cualquier persona pisar la isla, como medida de precaución.

La única excepción a esta norma son algunos investigadores, que para poder visitarla deben estar acompañados en todo momento por un médico y seguir estrictos protocolos.

En cualquier caso, esta remota isla de 43 hectáreas frente a la costa paulista no parece precisamente el destino vacacional más apetecible.

3. Lascaux: la cueva francesa que encierra de arte valioso

Réplica de Lascaux en Montignac, 2012

PHILIPPE LOPEZ/Getty Images
Esta cueva en Montignac, en el suroeste de Francia, es una réplica de Lascaux. La original se cerró al público en 1963.

Cuatro adolescentes en busca de un perro que había desaparecido por un agujero en la tierra descubrieron esta maravillosa cueva en el sur de Francia en 1940.

En el más sorprendente de los accidentes, su perro los llevó hasta una cueva cubierta de pinturas murales que retratan animales, como caballos y ciervos.

Con una antigüedad de unos 17.000 años, fue uno de los ejemplos de arte prehistórico mejor conservados jamás descubiertos, con alrededor de 600 pinturas y 1.000 grabados en total.

Lascaux - pinturas

Universal History Archive/Getty Images
Las pinturas de Lascaux son fascinantes.

Cuando se hizo el descubrimiento, la Segunda Guerra Mundial estaba en sus albores.

Ocho años más tarde, la cueva de Lascaux se abrió al público curioso que quería ver de cerca la obra de sus antepasados.

En 1963 se suspendieron las visitas al público. Había brotado moho en las paredes de la cueva que amenazaba la preservación de la obra de arte que había existido en condiciones herméticas antes de su descubrimiento.

Casi 60 años después, la cueva todavía está en gran parte fuera del alcance del público, aunque se construyó una réplica muy cerca para que puedan visitarla los turistas.

Visitantes en Lascaux, 1983.

Pierre VAUTHEY/Getty Images
La réplica de Lascaux fue inaugurada en 1983, año en que se tomó esta fotografía.

4. Uluru: el “ombligo del mundo”

Uluru, antes conocida como Ayers Rock, fue una atracción turística durante muchos años, pero se sumó recientemente a la lista de lugares que el público no puede visitar.

También llamado el “ombligo del mundo”, es uno de los monolitos más grandes del planeta.

Anteriormente, los visitantes podían intentar el ascenso de 348 metros a la cumbre, aunque eso significaba enfrentar un calor extremo, con temperaturas en verano de alrededor de 47 grados centígrados.

La escarpada subida a la cima también podía causar dificultades. Pero, para muchos, la belleza del lugar lo compensaba.

Uluru en 2013.

Mark Kolbe/Getty Images
Uluru en 2013.

Uluru es un sitio sagrado para los aborígenes indígenas anangu que son los custodios de la roca y deseaban que los visitantes dejaran de escalarla por respeto a sus tradiciones.

Ese deseo fue respaldado unánimemente por una petición de la junta del Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, que tomó la decisión de impedir que la gente pusiera el pie en Uluru en 2017.

El 25 de octubre de 2019 fue el último día en que se permitió a las personas escalar la roca antes de que la prohibición entrara en vigor. Se formaron largas colas de turistas.

Uluru se cerró permanentemente a los escaladores el 25 de octubre de 2019, aborígenes consideran sagrado el monolito rojo

SAEED KHAN/Getty Images
Para los aborígenes locales (y habitantes tradicionales), el monolito rojo de Uluru es un lugar sagrado.

En la cultura anangu, Uluru es evidencia de que los seres celestiales llegaron a la Tierra cuando aún estaba sin forma y sin vida. Viajaron a través de ella, creando especies y formas vivas, como Uluru, en el camino.

Los visitantes aún pueden visitar el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Pero la roca sagrada yasolo se puede observar, nunca pisar ni escalar.

Muchos turistas no reprimen la oportunidad de tomar la instantánea desde el aire.

Pasajeros a bordo de un vuelo QF787 de Qantas, un avión Boeing 787 Dreamliner mientras vuela cerca de Uluru en el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, Territorios del Norte el 10 de octubre de 2020 en Uluru, Australia.

James D. Morgan/Getty Images
Algunos aviones sobrevuelan cerca del Uluru en el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta.

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