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México, en caída libre durante el sexenio de Peña Nieto en combate a la corrupción

En diciembre de 2012, cuando inició su mandato, México ocupaba el sitio 105 en el conteo internacional hasta llegar al lugar 138.
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El lugar de México en el Índice mundial de Percepción de la Corrupción se fue en picada desde 2012 y hasta 2018: el sexenio en que el priista Enrique Peña Nieto gobernó el país.

En diciembre de 2012, cuando inició su mandato, México ocupaba el sitio 105 en el conteo internacional; en 2014 y 2015 tuvo un repunte considerable de hasta 10 puntos pero a partir de 2016 fue en caída libre hasta llegar al lugar 138 de 180 a nivel global, al final de su administración.

-En 2012, México estaba en el lugar 105

-En 2013, el país ocupaba el lugar 106

-En 2014, el ranking lo ubicaba en el sitio 103

-En 2015, México estaba en el lugar 95

-En 2016, Registró una caída más pronunciada y se fue al lugar 123

-En 2017, el país estaba en el lugar 135

-En 2018, último año del gobierno de Peña Nieto, ocupó el lugar 138

En los seis años de la administración federal de Peña, el país cayó 33 lugares en el ranking de posiciones.

El acelerado descenso de nuestro país en el Índice se debe en buena medida a la inacción del gobierno de Peña en controlar la corrupción de los gobernadores desde el inicio de la administración, explicó Eduardo Bohórquez, director de la oficina en México de Transparencia Internacional.

“Fue tolerante en el marco del Pacto por México, privilegió la estabilidad política y terminó pagando los costos de su decisión”, dijo el experto a Animal Político.

Esta nueva caída ubica al país en el último lugar entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en materia de combate a la corrupción.

El Índice 2018, publicado la noche de este lunes por la organización internacional Transparency International, coloca a México en el grupo de naciones con graves problemas de gobernabilidad y menores niveles de ingreso y desarrollo humano, con 28 puntos en la escala de 0 a 100 del Índice. De esta forma, el país queda apenas por encima de otros latinoamericanos como Guatemala y Nicaragua, que enfrentan severas crisis de gobernabilidad democrática, señala el reporte.

Este ranking, que mide la percepción de expertos internacionales en corrupción y analistas de riesgo financiero, consideró que las medidas que México tomó durante 2018 para combatir este flagelo fueron ineficaces porque se basan sólo en la prevención, sin estar acompañadas de sanciones, recuperación de activos robados o reparación de daños a las víctimas.

Además, el enfoque del combate a la corrupción en México ha fracasado porque sus instituciones no investigan redes sino sólo a las cabezas visibles de la red, mientras el resto de sus miembros siguen operándola, advirtió Bohórquez.

Leer: Hacienda se basará en casos como La Estafa Maestra para detectar fraudes y corrupción

Otro de los factores que enturbian el combate a la corrupción en este país, de acuerdo con el director de Transparencia Mexicana, es el tratamiento diferenciado de casos con el mismo nivel jerárquico: una serie de exgobernadores han sido acusados de diversos delitos ligados a corrupción pero no todos han recibido el mismo trato del gobierno federal, lo que a decir del activista, ilustra quiénes tienen mayor protección política.

“El gobierno se mostraba mucho más cómodo hablando de Duarte que de Medina o Borge, son redes de protección política distintas”, dijo en referencia a los exgobernadores Javier Duarte, de Veracruz (actualmente preso) y Rodrigo Medina, de Nuevo León (acusado de otorgar incentivos irregulares a la armadora KIA Motors y posteriormente absuelto). “La red siempre tiene al lado otra red de protección política, que pueden no ser cómplices pero sí beneficiarios de los actos de corrupción”, abundó el director de Transparencia Mexicana.

La organización reveló que la ratificación en 1999 de la Convención de la OCDE para prevenir el Cohecho ha sido infructuosa, ya que desde ese año a la fecha se inició un número limitado de investigaciones y ninguna de ellas ha derivado en sanciones penales por ese delito.

Lee:  Los siete organismos del Sistema Nacional Anticorrupción tendrán recorte para 2019

Parte de las causas de esta ineficacia es que el marco legal anticorrupción aprobado por México en 2015 sigue sin ser implementado a cabalidad, según el reporte. Señala que el Sistema Nacional Anticorrupción no está plenamente integrado a tres años de su creación: siguen sin ser nombrados los titulares de la fiscalías Especial Anticorrupción, de Delitos Electorales y de Derechos humanos; así como los jueces anticorrupción en materia administrativa.

“México carece de una política anticorrupción integral para todos los niveles y poderes de gobierno. Sin una política efectiva en todo el territorio, los escándalos de los que la sociedad mexicana ha sido testigo por décadas seguirán sucediendo, y México se mantendrá en esta lamentable posición, en éste y otros índices internacionales”, advierte el texto del Índice.

Estafas que quedan impunes

El director de Transparencia Mexicana explicó que la política pública en materia de corrupción tiene seis etapas: preventiva, de detección, investigación, sanción, recuperación de activos y reparación del daño a las víctimas. En ese proceso, México tiene un nivel muy bajo en sanción, la recuperación de activos es prácticamente nula y la reparación del daño ha sido inexistente.

Bohórquez atribuye esto a que los gobiernos en los últimos 35 años se concentraron en medidas de prevención, como la Transparencia. “Pero si no la conectas con la detección, la investigación y la sanción, te quedas con la Estafa Maestra, que es muy útil para detectar pero si no la conectas con sanción, te genera impunidad”, puntualizó.

Recordó que la reforma constitucional de 2015 para la creación del Sistema Nacional Anticorrupción permite que tanto la Auditoría Superior de la Federación como la Fiscalía General inicien investigaciones de oficio a partir de una investigación periodística, sin necesidad de presentar una denuncia.

“Si hay una serie de carpetas de investigación abiertas, habrá que ver si ya se judicializaron a raíz de la Estafa, hay que estar muy pendientes del estatus jurídico de esas investigaciones y de que los procesos vinculados con este caso u otros se estén informando regularmente a la opinión pública. Lo que importa es que un juez ratifique y se deslinden responsabilidades”, indicó.

Combate al huachicol requiere responsables

Respecto del plan llevado a cabo por la nueva administración federal, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador para combatir el robo de combustible -conocido como huachicoleo- Eduardo Bohórquez dijo que resulta positivo que se reconozca como toda una red de corrupción operando alrededor de este delito, pero advirtió que para que la estrategia sea efectiva se deben deslindar responsabilidades. “Es la primera vez que se reconoce la simultaneidad de las redes de corrupción”, admitió.

No obstante, para asegurar que haya justicia en este caso, debe haber garantías de que no habrá un tratamiento diferenciado a partir de la protección política. “La única forma en que sintamos que hay justicia es que todos los casos tengan el mismo tratamiento de la Fiscalía, que tiene que mostrar que no importa el color del partido”, señaló.

Apuntó que se debe transparentar las siete mil carpetas de investigación que el presidente ha mencionado, para saber dónde se levantaron, cuáles están judicializadas y cuáles no; cómo están distribuidas y qué tipo de delito tratan. No obstante, calificó como positivo que el eje de las investigaciones sea la Fiscalía General (FGR) pero incluyendo al Sistema de Administración Tributaria (SAT) y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

“En un delito económico, los que tienen la capacidad técnica de investigar son la FGR, el SAT y la UIF, esos son los que realmente pueden desmantelar una red, apoyados en la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación. Ese es un cambio muy importante de paradigma”, puntualizó.

Sin embargo, el Índice de Percepción de la Corrupción advierte que México sólo podrá afirmar que está avanzando en el control efectivo de la corrupción cuando inicie el desmantelamiento de las redes de corrupción y cuando regresen a las arcas de la nación los recursos desviados, mediante una política de recuperación de activos.

 

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3 trucos que usan los latinos para hablar en Espanglish

Hablar 'espanglish' puede ir mucho más allá de meter unas palabritas en inglés 'here' and 'there'. Aquí te mostramos tres de las prácticas lingüísticas más comunes al hablar español en Estados Unidos.
26 de noviembre, 2019
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Si te pregunto “¿dónde tú vas?”, seguramente supongas que vengo de algún país caribeño. Si hablando de mi madre te dijera que “la di un beso”, posiblemente pensarías que soy de España. ¿Y si te contara que “estoy aplicando para principal de mi escuela”?

Las tres frases evidencian un uso coloquial de nuestro idioma, pero lo que hace más llamativa a la tercera es la marcada influencia del inglés, típica de la variedad de español que se habla en Estados Unidos.

Muchos llaman espanglish a esta manera de hablar, en la que se mezclan elementos del léxico y la gramática del español y el inglés.

https://www.youtube.com/watch?v=NphJULxY5ng

Los lingüistas están enzarzados desde hace años en un debate académico sobre si es apropiado o no usar ese término. Hay una corriente de expertos que lo rechaza y prefiere hablar de español de Estados Unidos, sin más etiquetas.

Pero en las calles, entre los hispanohablantes o latinos, se usa el término espanglish tanto como se habla.

Para el 70% de los jóvenes de origen hispano hablar espanglish es algo habitual o constante, según una encuesta de 2009 del Pew Research Centre.

Y esta manera de hablar, aunque espontánea, tiene características recurrentes. Aquí te hablamos de tres de las prácticas lingüísticas más típicas del español en contacto con el inglés de Estados Unidos: el cambio de códigos, la extensión y los préstamos, y de un factor subyacente que de fondo lo afecta todo.

‘Code switching’ o cambio de códigos

Chicas latinas

Getty Images
El español que se habla en Estados Unidos tiene características propias, igual que el español que se habla en España y en otros países de América Latina.

Este es probablemente el rasgo más llamativo del español de Estados Unidos: el cambio frecuente de un idioma al otro, dentro de una misma frase o conversación.

Lo interesante es que ese vaivén de idiomas no sucede al azar, sino que sigue ciertos patrones.

Aunque no hay puntos de cambio fijos, hay lugares en los que jamás se da, explica Kim Potowski, profesora de lingüística hispánica en la Universidad de Chicago, coautora del libro “El español de los Estados Unidos” y una de las académicas que rechaza el uso del término espanglish.

Según Potowski, casi nunca vamos a ver cambio de códigos entre el auxiliar y el participio. Nunca escucharíamos frases como “yo he gone” o “yo no have esa información”.

Sí es frecuente, en cambio, pasar al otro idioma en el objeto directo.

I don´t have your peine”, dice en la peluquería de su madre el personaje de Laritza, encarnado por la actriz cubano-estadounidense Jenny Lorenzo, conocida en YouTube por sus personajes latinos, como “la abuela cubana”.

See, I know que tú tienes my peine”, le replica su madre, Maruchi, en una rítmica frase en espanglish con dos puntos internos de cambio.

Familia hispana de Estados Unidos.

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Según la lingüista Ana Celia Zentella los hispanohablantes en Estados Unidos han pasado por una historia de “opresión lingüística”. Hoy en día el dominio de los idiomas está ligado a la generación migratoria.

Este tipo de virajes varía mucho según el dominio que el hablante tiene de los dos idiomas y según los hábitos de la comunidad de habla a la que pertenece, que pueden ser muy distintos dentro de Estados Unidos.

Según Potowski, la gente que tiene un dominio de la sintaxis muy fuerte en las dos lenguas puede hacer cambios de códigos más complejos, por ejemplo, dentro de la misma oración.

Mientras, quienes carecen de esa habilidad totalmente bilingüe tienden a cambiar de código tras fragmentos de lengua más largos.

Curiosamente el dominio de los dos idiomas y el grado de influencia del inglés están ligados a la generación migratoria.

“La primera generación que llega puede mostrar ciertos cambios, pero no tantos como la segunda, ni mucho menos como la tercera”, comenta Potowski.

Muchos nietos de migrantes tienden a hablar casi todo en inglés pero hacen cambios de códigos “emblemáticos” en español: “Echan ahí un órale“, o un “mijo“, o algo así, solo para dejar saber que “hey, yo pertenezco a este grupo étnico, si bien no tengo todas las destrezas lingüísticas”.

La extensión

Imagen de la actriz Jenny Lorenzo interpretando al personaje de Maruchi la peluquera. Cortesía de Jenny Lorenzo.

Jenny Lorenzo
“See, I know que tú tienes my peine”, dice el personaje de Maruchi en perfecto espanglish en esta escena en una peluquería, interpretado por la actriz cubano-estadounidense Jenny Lorenzo.

Esta práctica lingüística frecuente en el español de Estados Unidos consiste en “extender” o aplicar el significado de una palabra en inglés a una en español que es igual o muy parecida.

Ejemplos ilustrativos de este fenómeno son el uso del verbo moverse (del inglés to move) como mudarse , soportar (del inglés to support) como sustentar, o vacunar (del inglés to vacuum) como pasar la aspiradora.

Se podría decir que hay distintos “grados” de extensión: algunos usos informales, como el de aplicar por solicitar, ya son tan habituales en Estados Unidos que algunos profesores de español los aceptan en sus clases.

Otros pueden sonar más ajenos, como el uso del verbo realizar con el significado de darse cuenta de algo (del inglés to realize). Por ejemplo, “Laritza realizó que sí tenía el peine y entonces se lo dio.

Además de léxica, la extensión también puede ser morfosintáctica, es decir, afectar a la estructura de la frase.

Un ejemplo de esto sería el uso del gerundio como sujeto, una sintaxis típica del inglés, como en la frase smoking is bad for your health.

Así, en algunas comunidades de latinos pueden decir “fumando es malo para su salud”, en lugar de usar el infinitivo, fumar.

Ahora, hay ciertas extensiones estructurales que son típicas de hablantes con un menor dominio del español.

Por ejemplo, frases del tipo “no tengo nadie para jugar con”, que hacen un calco sintáctico del inglés, ya solo se ven en las generaciones posteriores, comenta Potowski, las de “los nietos de los que emigraron”.

Los préstamos

Esta práctica lingüística consiste en tomar una palabra del inglés y adaptarla morfológica y fonológicamente al español, aplicándole sufijos o conjugaciones como si fueran palabras “nativas” de nuestro idioma.

En la frase “estaba hangueando en la marqueta“, por ejemplo, hay un verbo y un sustantivo creados a partir de palabras inglesas.

Familia hispana de Estados Unidos.

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Muchos nietos de migrantes tienden a hablar casi todo en inglés pero hacen cambios de códigos “emblemáticos” en español: “Echan ahí un “órale”, o un “mijo”, o algo así, solo para dejar saber que “hey, yo pertenezco a este grupo étnico, si bien no tengo todas las destrezas linguísticas”.

Algunos latinos de Estados Unidos usan el verbo hanguear, del inglés to hang out, para expresar la idea de pasar un rato de manera relajada, disfrutando, sin hacer nada… en este caso, en el mercado.

Pero el uso de préstamos del inglés, o anglicismos, no solo es común en el español de Estados Unidos.

Muchas comunidades de hablantes de distintos países de América Latina y España los utilizan a menudo, particularmente en el ámbito de la tecnología.

Los usuarios de nuestro canal de YouTube nos contaron que conjugan con frecuencia verbos como chatear, postear, tuitear, guasapear, feisbuquear, laiquear, forwardear, estokear, etc.

Así como expresiones tomadas directamente del inglés, sin ninguna adaptación, como oh my god, lol, by the way, busy, full, freeky, etc.

La huella del “bullying lingüístico”

El español es la lengua minoritaria más hablada de Estados Unidos: 40 millones la hablan en casa, más gente que las poblaciones combinadas de Cuba, Ecuador y Bolivia.

Pero es también una lengua minorizada, y eso deja marcas en cómo la usan sus hablantes.

Según Potowski actualmente hay mucha presión social para que se deje de hablar y mucho bullying lingüístico“, además de agresiones físicas, incluso en público, hacia la gente que lo hace.

En un contexto así hay menos oportunidades para usar el idioma y por eso hay ciertas características de cómo se habla español en Estados Unidos que están derivadas de la falta de uso, y no necesariamente de la influencia del inglés.

Por ejemplo, muchos hablantes usan el subjuntivo menos que en otros países, explica la lingüista. Dicen frases como “espérame ahí hasta que él llega”.

“El inglés puede ser el catalizador de estos cambios, pero no los causa directamente”, matiza Potowski.

Cartel que dice: "Bienvenido a EE.UU., ahora hable inglés"

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“Este es un país en el que hablamos inglés. ¡Hay que hablar inglés!”, repitió Donald Trump durante la campaña para las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

Según la lingüista Ana Celia Zentella, de la Universidad de California, San Diego, el uso de préstamos y de ciertas formas sintácticas en el español de Estados Unidos no suceden de una manera tan libre como podría parecer, sino que forma parte de una situación de opresión, donde el español no es el idioma subordinante, sino el subordinado.

Zentella, que defiende el uso del término espanglish, cree que esta palabra sirve para captar ese conflicto subyacente y la historia de “opresión lingüística” por la que han pasado los hispanohablantes en Estados Unidos.

Para esta experta en sociolingüística describirlo como “español de Estados Unidos” borra ese conflicto.

¿Hora de “embrazarlo”?

Hoy en día muchos jóvenes hispanos dicen que hablan espanglish con cierto menosprecio, como si su manera de expresarse influenciada por el inglés fuera una variedad del español de mala calidad o de menor categoría que el español coloquial que se habla en cualquier otro país.

Y esas actitudes negativas son las que quiere combatir la mayoría de los profesores y lingüistas en Estados Unidos, al margen de polémicas semánticas sobre el uso del término espanglish.

Niños latinos en Estados Unidos

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Para los latinos de Estados Unidos mezclar el español y el inglés es una manera natural de expresarse como el pueblo bilingüe que son.

A lo largo de los años Potowski ha ido observando con sus propios estudiantes cómo esas percepciones están evolucionando hacia posturas más positivas, y en 2016 más de 40 universidades estadounidenses ofrecían cursos en espanglish o español de Estados Unidos, según datos citados por la cadena estadounidense NPR.

Las proyecciones demográficas dicen que en otros 25 años más el 25% de la población de Estados Unidos será de origen hispano, es decir, uno de cada cuatro estadounidenses.

Y para ellos mezclar el español y el inglés es y será una manera natural de expresarse como el pueblo bilingüe que son.

* Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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