México superaría la pobreza hasta 2035, estima la Cepal; es uno de los 18 con más desigualdad en América Latina
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México superaría la pobreza hasta 2035, estima la Cepal; es uno de los 18 con más desigualdad en América Latina

El Panorama Social de América Latina 2018 revela que la pobreza extrema creció a nivel regional; países como México y Brasil tienen los mayores índices de desigualdad.
Cuartoscuro
15 de enero, 2019
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La desigualdad y el número de personas en situación de pobreza extrema continúan a la alza en América Latina; México se encuentra entre los 18 países con mayores índices en ambos rubros.

En América Latina se registraron 184 millones de personas en condición de pobreza, lo que equivale al 30% de la población; de los cuales, 62 millones se encuentran en pobreza extrema, según cifras del informe Panorama Social de América Latina 2018, realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

El informe, presentado este martes, plantea que ante estas cifras, la erradicación de la pobreza, así como la reducción de la desigualdad, deben ser los desafíos centrales para los países de la región.

Leer: Más de un millón de menores de edad no pueden ir a la escuela por pobreza: Coneval

Resalta que desde 2015 se han registrado retrocesos, particularmente en lo que respecta a la pobreza extrema.

Entre los principales motivos generadores de pobreza se detectó que desde 2015 “se deterioraron importantes indicadores laborales: aumentaron las tasas de desocupación y se interrumpió el proceso de formalización del empleo que había tenido lugar en diversos países”.

En lo que respecta a la desigualdad, se encontró que, aunque entre 2002 y 2016 se lograron avances en términos de inclusión social y laboral, persisten brechas estructurales que afectan mayormente a las mujeres; los jóvenes; personas indígenas; afrodescendientes, y personas con discapacidad.

En este escenario, México, junto a Brasil y Panamá, aparece como uno de los países con mayor desigualdad entre las familias, respecto a la distribución de la riqueza, seguida de la desigualdad por ingresos, y la desigualdad en la propiedad de activos financieros (préstamos bancarios, contratos de alquiler, acciones).

Leer: Desigualdad se agravará con recortes a personas con discapacidad y estancias infantiles

El informe de la Cepal muestra que, en México, el índice de Gini (que mide la desigualdad de los ingresos, con un cero cuando todos tienen el mismo ingreso y 1 si una sola persona tiene todos los ingresos) asciende a .50.

El país con el índice de Gini más alto, es decir, con mayor desigualdad, es Brasil con .54, seguido de Panamá y Colombia, ambos con .51.

El estudio plantea que aunque la desigualdad de ingresos en América Latina ha reducido y la distribución del ingreso mejorado, ambos procesos se han enlentecido desde 2014.

Pobreza extrema creció

En lo que se refiere a los índices de pobreza, el informe muestra que tras 12 años de reducción en las tasas de pobreza y pobreza extrema, para 2015 y 2016 se registraron incrementos sucesivos de ambas tasas.

Cifras de 2017 muestran un incremento en la pobreza extrema, mientras que la tasa de pobreza no presentó variaciones respecto del valor registrado en el año anterior.

Para 2018 se espera que el crecimiento del PIB de la región contribuya a una ligera reducción de la tasa de pobreza y frene el aumento de la pobreza extrema.

El informe de la Cepal explica que el aumento de personas pobres registrado en 2017 fue resultado de variaciones contrapuestas observadas o proyectadas en diversos países.

De esta forma, en 2018 se registraron 182 millones de personas en condición de pobreza, de los cuales 63 millones están en pobreza extrema.

El total de personas pobres disminuyó en comparación con 2017, cuando se contabilizaron 184 millones de habitantes; pero sucedió lo contrario con el sector en pobreza extrema, de 62 millones en 2017 a 63 millones de personas en 2018, siendo ésta la cifra más alta en las últimas décadas.

En el caso de México, la Cepal plantea que, con base en las condiciones actuales, sería hasta 2035 cuando nuestro país alcance las metas de reducción de pobreza, siempre y cuando mantenga un desempeño similar al histórico en materia de crecimiento y reducción de la desigualdad.

Leer: Si no se combate informalidad, para 2050 México tendrá una población adulta en pobreza

La pobreza y la pobreza extrema afectan de distintas formas a la población según el área en que reside y sus características sociodemográficas. Por ejemplo, la tasa de pobreza es 20% mayor para la población que reside en las áreas rurales, en comparación a la que reside en zonas urbanas.

El documento también explica que, tanto la pobreza como la pobreza extrema tienen una mayor incidencia entre las mujeres que entre los hombres, en el rango de 20 a 59 años.

El segundo grupo más afectado por la pobreza es el de los niños, niñas y adolescentes de hasta 14 años; seguido de las personas de entre 35 y 44 años, y las personas de 65 años y más.

La condición étnica también presenta una asociación clara con la incidencia de la pobreza. En las personas indígenas, la tasa de pobreza duplica la de las personas no indígenas ni afrodescendientes.

El último factor relacionado con la pobreza es la actividad económica que realizan las personas.

Gasto Público disminuye en México

Otro de los rubros analizados a nivel regional fue el de Gasto Público, que se conforma por los recursos otorgados por el sector público para la adquisición de bienes y servicios, y la prestación de subsidios.

A nivel regional, en América Latina se registró una alza en el presupuesto de este rubro, sin embargo en algunos casos como México las cifras disminuyeron.

El documento informa que en lo referente al gasto público destinado a las políticas del mercado de trabajo, Costa Rica y Uruguay destinan el doble de recursos en comparación a años anteriores, mientras que en México, el gasto público bajó de .91% al .35% del PIB entre 2012 y 2016.

En cuanto a la estructura del gasto, países como Argentina centra su esfuerzo fiscal en la capacitación y la creación directa de trabajo; Colombia y Costa Rica en la capacitación, y Uruguay en la protección del ingreso en situación de desempleo.

En México el gasto se destina mayoritariamente para el emprendimiento, la creación directa de trabajo y los incentivos laborales.

Pobreza y desigualdad: desafíos centrales

El estudio resalta que los retrocesos en materia de pobreza y desigualdad se registran desde 2015, a pesar de los esfuerzos emprendidos en algunas naciones para revertir la situación.

La Cepal argumenta que los países que conforman a América Latina deben prestar especial atención a los factores que propician que la pobreza afecte a ciertos grupos como el de los menores, la población rural y las personas indígenas.

En cuanto al tema de la desigualdad se reconocen las mejoras en temas de inclusión entre 2002 y 2016, pero persisten desafíos para la inserción laboral: desempleo, bajos ingresos, altos niveles de informalidad y desprotección en el trabajo.

Una de las medidas, plantea la Cepal, para reducir los índices de pobreza, desigualdad y los déficits de la inclusión social, es reforzar las políticas sociales y laborales, además de abordar de manera explícita las desigualdades de género para evitar su profundización y avanzar en su superación.

Estas políticas deberán ser centrales e intersectoriales, “sensibles a las diferencias y orientadas al aumento de la cobertura y calidad de los servicios sociales, a la protección social y al trabajo decente”, finaliza el estudio.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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