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Playa Espíritu, el nuevo oasis biológico de Sinaloa

Investigadores de la UNAM rescatan la riqueza de una región convertida en pastizales donde hace unos años había vacas pastando y en la actualidad hay desde jaguares hasta aves migratorias y tortugas golfinas.
Por Raquel Zapien /Newsweek México
13 de enero, 2019
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El ganado ocupó el espacio que antes era transitado por jaguares, los pastos forrajeros desplazaron selvas y los bosques de manglar fueron rellenados con tierra en el sur de Sinaloa desde tiempos de la Colonia. Hoy, la vegetación nativa empieza a repoblar sus antiguos territorios y, con ella, la fauna. La naturaleza responde a los esfuerzos de conservación que desde hace cinco años implementan investigadores de la UNAM para rescatar lo que aún queda en ecosistemas de alta biodiversidad. Al inicio se tenían registros de 90 especies de animales en la zona, pero hoy se sabe que existen al menos 282, de las cuales, 50 están en las listas de riesgo y cinco, en peligro de extinción.

Los terrenos forman parte del proyecto turístico Centro Integralmente Planeado (CIP) Playa Espíritu, que desarrolla el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) en el municipio de Escuinapa, sobre una superficie de 2,381 hectáreas en colindancia con las Marismas Nacionales de los estados de Sinaloa y Nayarit, las cuales fueron incluidas en la lista de humedales de importancia internacional en 1995 (sitios Ramsar).

Aquí ya no hay parcelas ni corrales, en su lugar hay árboles que han vuelto a echar raíces: cedros, palmas de coquillo de aceite y mangles que poco a poco ganan altura. Desde ranas del tamaño de una uña hasta jaguares habitan el espacio en el que antes pastaban las vacas.

Durante estas fechas, las aves migratorias dejan el frío de Canadá y Estados Unidos para pasar el invierno en Escuinapa; por estos días se les encuentra en la playa, unas sobrevolando el mar, otras hurgando la arena en busca de alimento. Son las aves playeras, o playeritos, como les llama la gente.

El mosaico de vegetación está compuesto por cinco ecosistemas que han logrado sobrevivir a la acción humana: manglar, dunas costeras, humedales interdunarios de agua dulce, selva baja caducifolia y selva mediana subcaducifolia. Frente a la franja costera también se extienden 800 hectáreas de palmar cocotero que fue introducido a finales de los años 70.

Hábitats han sido perturbados en diferentes etapas del desarrollo económico de la región. Desde la época prehispánica hasta la actualidad, las marismas han soportado la presión de la pesca en tanto que la vegetación silvestre fue menguada por tierras de pastoreo a partir del Virreinato.

Foto: Fonatur

Los fertilizantes que se utilizan en los campos agrícolas cercanos y las descargas de aguas residuales han contaminado los mantos freáticos y su sobreexplotación empieza a provocar la infiltración de agua salina.

A partir de 2014, investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con sede en Mazatlán, se encargan de la implementación de nueve programas ambientales encaminados a la restauración y conservación de dichos ecosistemas.

Reforestan el área con vegetación nativa y estudian el comportamiento de las diferentes especies de fauna; la calidad del agua del acuífero que atraviesa por el predio es monitoreada y se abren canales de agua dulce para rehabilitar humedales, se vigila el desplazamiento de la línea de costa y se protege a las tortugas marinas que arriban a las playas.

Las empresas que brindan sus servicios en el interior del predio son supervisadas para que acaten las disposiciones ambientales y dispongan adecuadamente de sus desechos. Todos los programas tienen seguimiento y son evaluados periódicamente.

Raquel Briseño Dueñas, acreditada ambiental, asegura que no existen antecedentes similares en la zona previo a la implementación de dichos programas, de manera que se empezó por realizar un diagnóstico de la biodiversidad existente para después aplicar metodologías probadas científicamente, las cuales se han adaptado a las características del lugar y a las variaciones ambientales que se han presentado.

El objetivo de este trabajo multidisciplinario, señala, es asegurar la supervivencia de la fauna mediante la rehabilitación de los hábitats.

“Nuestra visión fue entrar y hacer un diagnóstico del sitio para que los programas autorizados pudieran ser evaluados; esto nos permite, después de cinco años, tener propuestas para que los programas sean actualizados, orientados de una manera más eficiente”, puntualiza.

El conocimiento que se ha generado en este tiempo, añade, es fundamental para impulsar un proyecto de desarrollo turístico sustentable con una base científica.

EL ORIGEN DE LOS PROGRAMAS

Durante estos días de enero, los terrenos de Playa Espíritu aún conservan el verdor que dejaron las lluvias, pero entrando la primavera las plantas de la selva baja empezarán a tirar sus hojas, algunas hasta quedar desnudas; a simple vista parecerá que se han secado, pero solo estarán reservando el agua que les queda para poder sobrevivir y florecer en la época de secas, cuando los esteros se agrietan y el sol quema. Entonces las copas de las amapas amarillas y del palo blanco destacarán por su intenso color.

El CIP Playa Espíritu (antes Costa Pacífico) se concibió en 2007 como un desarrollo que ampliaría la oferta turística del país y detonaría la economía regional bajo la operación de Fonatur. El proyecto se aprobó en 2008 por la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y ese mismo año se realizaron las primeras obras de infraestructura.

Para continuar con el desarrollo, se tramitó la autorización de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) ante la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales. La aprobación se obtuvo en 2011, pero al siguiente año se modificó y se condicionó a Fonatur a implementar una serie de programas para mitigar y compensar los impactos ambientales.

Para cumplir con estos requisitos, Fonatur buscó la colaboración de la UNAM con el fin de realizar los programas necesarios que compensaran el impacto ambiental. También se incluyeron propuestas de la sociedad civil, las cuales también habían manifestado sus preocupaciones.

Ahora se analiza la ampliación del proyecto, pero la MIA solo aplica para una etapa prioritaria de 800.20 hectáreas, por lo que las fases subsecuentes del complejo están sujetas a la obtención de nuevas autorizaciones en materia urbana y ambiental.

DE LA COLONIA A NUESTROS DÍAS

En el siglo XVII, cuando los españoles ya habían extendido sus provincias a lo que hoy es el norte de México, existió una hacienda de 513 hectáreas en el predio conocido como Las Cabras, ubicado en la isla del Palmito de Verde, Escuinapa. Ahí pastaban los toros y vacas de Bartolomé Verde Rojas, quien registró la propiedad como suya en 1668 ante el gobierno de la Nueva Vizcaya.

“Fue la hacienda ganadera más importante del noroeste de la Nueva España que se tiene registrada”, asegura Gilberto López Rodríguez, cronista de Escuinapa. Desde ahí se movía el ganado bovino a los territorios que en estos momentos ocupan Guadalajara y Ciudad de México para comercializarlo, señala. El recorrido se hacía a pie y podía durar meses.

En el libro Sinaloa en la historia, de Carlos Grande, se menciona que, en el transcurso del siglo XVII, a la propiedad se incorporaron nuevos terrenos que contribuirían a consolidar su importante comercialización ganadera. En 1671, por ejemplo, se obtuvo una licencia para sacar a la venta 2,300 novillos, toros y torunos en el reino de la Nueva España.

Gilberto López refiere que la hacienda llegó a contar con 11,225 cabezas de ganado en 1738, las cuales estaban a cargo de Marcos Gaxiola, el tercer dueño hasta entonces. A principios del siglo XX la tierra fue adquirida por Natividad Toledo, padre del exgobernador de Sinaloa Antonio Toledo Corro, en sociedad con la familia Escutia de Mazatlán.

Para 1995, el hato ganadero incluía 61,440 animales, de los cuales el 70 por ciento eran reses, según registros de José Alberto Macías Gutiérrez, primer cronista de Escuinapa.

Cuando Toledo Corro asumió la propiedad, mantuvo la actividad ganadera y adquirió más predios hasta sumar 4,500 hectáreas; de ahí vendió 2,284 a Fonatur en 2008, correspondientes al rancho Las Cabras. Para 2009, el organismo dedicado al desarrollo de destinos turísticos compró más terrenos que en conjunto suman 2,381 hectáreas.

La disponibilidad de agua dulce en la zona benefició el desarrollo de la ganadería intensiva; la agricultura no floreció igual por las condiciones del suelo, de manera que solo los pastizales forrajeros introducidos lograron prosperar. El palmar cocotero que se incorporó en la franja costera a finales de los años 70 también se adaptó.

En los terrenos que ahora ocupa el CIP Playa Espíritu aún se puede apreciar que las condiciones naturales del entorno fueron modificadas por el sector agropecuario. Sin embargo, aún existen relictos, es decir, áreas que conservan la vegetación original y que demuestran resiliencia; pero sin un programa de conservación podrían desaparecer.

COBERTURA VEGETAL COMO ESTRATEGIA

Dicen que nadie conoce mejor las plantas de la zona que Santos Sillas Quintero, será porque nació y creció entre ellas. Hace 67 años, la partera enterró en la tierra el ombligo de este hombre, según dicta la costumbre. Desde entonces él ha estado ligado a ese territorio. Su infancia la vivió en Las Cabras cuando ya era propiedad de la familia Toledo, en donde años después trabajó en actividades del campo.

Ahora, don Santos se encarga de recolectar semillas y fragmentos de tallos de especies protegidas o de importancia biológica que entrega en el vivero del CIP Playa Espíritu para su reproducción y posterior trasplante. Su conocimiento empírico sirve de apoyo a los científicos encargados de recuperar la cobertura vegetal.

El trabajo de don Santos es fundamental, pues el rescate del material genético vegetal y su reproducción es indispensable para restaurar los ecosistemas del lugar, ya que en el interior del predio nada más quedan tres cedros blancos, un árbol de tempisque y muy pocos ejemplares de trucha, amapa y coquillo de aceite, todos clasificados en peligro de extinción, junto con cuatro tipos de mangle.

Se estima que en total existen 196 especies de flora, entre las que se encuentran árboles maderables, plantas de interés para la industria cosmética y de alimentos, así como las medicinales que durante generaciones han sido utilizadas por la gente de las comunidades. Pero, además, sus hojas, flores, frutos y semillas son fuente de proteína para la fauna; de esa forma, por ejemplo, los camichines, higueras y guayabos silvestres proporcionan alimento y refugio a las aves.

Por eso, al incrementar la densidad vegetal se generan condiciones para que los animales encuentren refugio, alimentación, sitios de reproducción y anidación, explica por su parte Daniel Benítez Pardo, responsable del Programa de Manejo Integral de Flora.

“Las plantas son las únicas capaces de generar su propio alimento, y el resto de la cadena alimenticia se puede alimentar de ellas, gracias a eso hay vida”, puntualiza.

Desde el punto de vista botánico, la selva mediana que se encuentra en el sitio es importante por ser la de mayor diversidad y altura de todo Sinaloa. Por otro lado, la colindancia del predio con las Marismas Nacionales convierte la región en una zona de amortiguamiento para el territorio de manglares más conservado del Pacífico mexicano, destaca Francisco Amador Cruz, especialista en ecología vegetal.

“Lo que se haga en el sitio impacta en las marismas porque no hay una barrera física, hay una influencia directa”, advierte.

BIODIVERSIDAD

Cada año, a partir de febrero de 2015, se ha documentado el tránsito de jaguar, el tercer felino de mayor talla a escala mundial, después del león africano y el tigre. Hasta entonces, el predio no aparecía en la base de datos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas como hábitat del jaguar.

Su presencia está relacionada con el incremento de la cobertura forestal y, por lo tanto, con la existencia de fauna de la cual se alimenta, entre la que destaca la población de venados, pecarís y armadillos.

A través del monitoreo ha sido posible identificar a las diversas especies de fauna silvestre, sus hábitos y áreas de distribución en el interior del territorio que comprende el proyecto turístico y zonas contiguas. Algunos de los ejemplares no se habían visto durante años o se ignoraba su presencia.

Al cierre de 2018, se registraron 282 especies de las cuales 214 son aves, 36 reptiles, 22 mamíferos y 10 anfibios. Dentro del listado de registros se encuentran 50 especies protegidas, cinco de ellas en la categoría de peligro de extinción.

Erik Navarro Sánchez, responsable del Programa de Manejo Integral de Fauna, informa que se ha detectado capacidad de adaptación y resiliencia en aquellos lugares que han sido rehabilitados o que han logrado subsistir a los impactos generados por actividades humanas.

“Lo que pudimos observar durante estos cinco años de trabajo es que, a pesar de que la modificación sea grande, mientras haya espacios en donde las especies se puedan adaptar lo van a hacer y los van a tomar, no importa que sean pequeños”, manifiesta.

Los esfuerzos de conservación de las tortugas marinas también arrojan evidencias de recuperación. A paso lento, especies de golfina, laúd y prieta, todas en peligro de extinción, anidan cada año en los 42 kilómetros de playas del municipio de Escuinapa, 12 de los cuales son adyacentes al proyecto turístico.

La especie más abundante es la golfina, la cual registra un incremento en el número de nidos rescatados y crías liberadas en los siete años en los que se ha implementado el Programa de Protección y Conservación de Tortugas Marinas y el Campamento Tortuguero, el primero del extremo sur de Sinaloa y el primer programa en operar dentro del CIP Playa Espíritu. En este periodo se reportó un total de 424,883 tortuguitas que ingresaron en el mar.

Las nidadas son rescatadas y trasladadas al campamento para su protección e incubación en vivero. Se monitorean las playas de arribo, se mide la temperatura de la arena para evitar daños a embriones y se realiza un seguimiento satelital de hembras y machos adultos para conocer su distribución espacial. Los dos últimos ejemplares machos en portar un dispositivo de rastreo sobre su caparazón fueron bautizados con el nombre de Pablo y Fernando, a quienes se les ubicó por última vez frente a las costas de Guerrero y Sinaloa, respectivamente.

LA VIDA DE NOCHE

En la oscuridad absoluta las estrellas se multiplican. Parecen estar más cerca y al alcance de quien las observa. El sonido de las olas que se rompen es más fuerte y perceptible en la profundidad de la noche que aparenta calma. Pero no todos duermen; en la franja de playa, frente al palmar cocotero, las tortugas marinas llegan a desovar y el personal del campamento tortuguero realiza recorridos para rescatar sus huevos y protegerlos de los depredadores.

Cerca de ahí, entre la selva baja y mediana, los murciélagos se encuentran activos y la lechuza del campanario, de rostro blanco, plano y en forma de corazón, rastrea el terreno desde la rama de un árbol en busca de roedores para alimentarse.

En la mañana será posible apreciar con claridad las huellas de coyotes, venados, linces, jaguares y otros mamíferos en las orillas de las lagunas y espejos de agua. El bullicio y el canto de las aves indican que el día avanza.

Lee la nota completa en Newsweek México

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#YoSoyAnimal
Lisa Marie Shillito Cambridge University

El fascinante hallazgo en unas heces de 8 mil años de antigüedad (y qué revela de nuestros antepasados)

Los coprolitos o excrementos fosilizados fueron encontrados en una aldea neolítica en Turquía. Sus pobladores vivieron 3 mil años antes de que se inventara el retrete o inodoro.
Lisa Marie Shillito Cambridge University
5 de junio, 2019
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Donde otros ven solamente excrementos, Piers Mitchel ve pistas sobre la historia de la humanidad.

Mitchel es investigador de la Universidad de Cambridge en Inglaterra y uno de los mayores expertos en coprolitos, excrementos humanos fosilizados.

El científico y sus colegas realizaron un extraordinario hallazgo: deposiciones humanas de 8.000 años de antigüedad encontradas en una aldea neolítica llamada Çatalhöyük, en Turquía.

El análisis de las heces no solo mostró aspectos clave sobre la alimentación en una época en la que la humanidad hizo la transición entre la caza y la recolección hacia la agricultura sedentaria.

El estudio también reveló la presencia de parásitos que afectaron a los habitantes de Çatalhöyük.

“Se ha sugerido que el cambio en el estilo de vida resultó en un cambio similar en los tipos de enfermedades”, señaló Mitchel.

“Como el lugar era uno de los más grandes y densamente poblados de su tiempo, este estudio en Çatalhöyük nos ayuda a entender mejor ese proceso”.

Huevos de lombriz

Los científicos analizaron varios coprolitos así como el suelo contaminado con heces en los sitios de entierro. Los coprolitos datan de entre 7.100 y 6.150 a.C.

Entre restos de una dieta omnívora rica en vegetales, los investigadores encontraron huevos de lombriz.

Excavaciones arqueológicos en Çatalhöyük

Scott Haddow University of Cambridge
Çatalhöyük es uno de los sitios mejor preservados del Neolítico.

“Fue un momento especial identificar los huevos del parásito con más de 8.000 años de antigüedad”, señalo Evelena Anastasiou, coautora del estudio publicado en la revista Antiquity.

Los investigadores hallaron huevos de parásitos intestinales llamados tricocéfalos o gusanos látigo (Trichuris trichiura).

Se trata de la evidencia arqueológica más antigua de infección por parásitos intestinales en el Cercano Oriente.

Los gusanos látigo pueden alcanzar entre 30 y 50 milímetros de longitud.

Viven adheridos al intestino grueso donde pueden llegar a poner más de 5.000 huevos al día.

La infección puede causar anemia, enfermedades intestinales y dolor, además de defecaciones con sangre.

Antes del retrete

La aldea de Çatalhöyük es famosa por ser uno de los sitios arqueológicos mejor preservados de su época.

La población de la aldea estaba compuesta por agricultores que cultivaban trigo o centeno, y tenían además ovejas y cabras.

El retrete o inodoro fue inventado en Mesopotamia unos 3.000 años después del florecimiento de Çatalhöyük.

Los investigadores creen que los habitantes de la aldea defecaban en montones de basura colectiva.

“Como la escritura se inventó 3.000 años después de la época de Çatalhöyük, los habitantes del lugar no pudieron registrar lo que les sucedió durante sus vidas”, afirmó Marissa Ledger, otra de las investigadoras.

“Este trabajo nos permite por primera vez imaginar los síntomas sentidos por algunos colonos prehistóricos que vivían en Çatalhöyük y fueron infectados por este parásito”.

Los científicos quieren ahora hallar y analizar restos similares de los primeros cazadores recolectores, para determinar cómo el cambio en la alimentación y la forma de vida afectó sus infecciones intestinales.


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