Por qué el primer lunes hábil del año es cuando la gente más piensa en el divorcio
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Por qué el primer lunes hábil del año es cuando la gente más piensa en el divorcio

El primer lunes hábil después de las fiestas de fin de año registra un aumento en las parejas que se sienten desilusionadas con sus relaciones, según un estudio en Reino Unido.
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7 de enero, 2019
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Estás casado o casada y este lunes estás pensando en el divorcio más de lo habitual? Puede que tu pareja también. Es normal.

Los abogados de Reino Unido consideran este lunes como el “día del divorcio”.

El primer lunes de vuelta al trabajo después de las fiestas navideñas y de fin de año típicamente registra un aumento en las parejas que se sienten desilusionadas con sus relaciones, según un estudio en Reino Unido.

Es un día en el que numerosas parejas piensan en el divorcio e incrementan la clientela de los abogados.

La principal razón: asuntos de dinero.

Ese es el motivo que genera el rompimiento matrimonial de una de cada diez parejas casadas, según un sondeo.

Más de un tercio de los encuestados (37%) dice que las presiones financieras son el mayor desafío de sus matrimonios, mientras que casi una cuarta parte (22%) afirma que las discusiones acaloradas que tienen con su pareja son sobre dinero.

La encuesta la realizó la firma legal británica Slater and Gordon con un poco más de 2.000 personas.

“Las relaciones que ya están mostrando grietas son la más propensas a quebrarse bajo la presión adicional y las costosas cuentas que acompañan la Navidad”, explicó Lorraine Harvey, abogada de familia de Slater and Gordon.

Por estos días empiezan a llegar las facturas de las tarjetas de crédito que se añaden a los pagos de hipoteca o arriendo, cuentas de los servicios y otros gastos para el transporte y los útiles escolares de los niños.

Pareja discutiendo sobre cuentas

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Las discusiones sobre las cuentas y el estado de finanzas abren la puerta a otras ideas.

Si a esto se le añade la resaca emocional de enfrentar la rutina tras largos y desgastantes días de festividad, no sorprende que la puerta quede abierta a los altercados y disgustos de pareja que siembran la semilla de la discordia.

Las cifras más recientes de la Oficina Nacional de Estadísticas en Reino Unido revelan que casi 107.000 parejas heterosexuales se divorciaron en 2016. Un incremento de 5,8%, comparado con 2015.

Es una tasa de 1,9 por cada 1.000 habitantes, más o menos común para los países europeos, según un sondeo comisionado en 2017 por el diario británico The Telegraph.

En comparación, en Estados Unidos es de 3,6 por 1.000, en Cuba (la tasa más alta en América Latina) es 2,9, seguida de la de Costa Rica: 2,5 por cada 1.000.

El proceso legal formal para divorciarse en muchos países es relativamente sencillo.

Sin embargo, asuntos como los acuerdos financieros y custodia de los hijos pueden complicar la situación. Así que no sorprende que muchas parejas busquen abogados para navegar lo que puede ser una turbulenta salida de un matrimonio.

Diccionario en inglés con la definición de la palabra "divorcio"

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Además de la carga emocional, los costos de un divorcio pueden ser enormes.

Dependiendo de las complejidades financieras de la pareja, cuánto dinero está involucrado en la separación de bienes, el proceso de divorcio puede costar mucho dinero en términos de la contratación de abogados.

Así que es importante investigar qué opciones existen cuando se está contemplando un divorcio por esta época.

Es posible finiquitar el proceso con poca o ninguna asistencia de un abogado, si la pareja está de acuerdo con la separación y sus finanzas pueden resolverse fácilmente.

Varios países tienen el llamado divorcio rápido o exprés, y la pareja puede terminar el contrato matrimonial pagando una tarifa baja.

Pareja discutiendo

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Cuando no se puede llegar a un acuerdo, el proceso de divorcio se extiende y eso les cuesta a las parejas.

Pero en la mayoría de los casos, cuando las finanzas no son tan simples, se tendrá que determinar tras un forcejeo de abogados o en un tribunal que falla con respecto a la pensión de mantenimiento y la división de bienes y propiedades.

Cuanto más se demore el proceso, más le costará a la pareja en costos legales.

El abogado de divorcio Toby Hales, de la firma británica Seddon´s, señala que los desacuerdos entre la pareja prolongan la conclusión de un acuerdo financiero.

“Encontrarán los tribunales ocupados, lo que causa más ansiedad y un desgaste a sus finanzas”, expresó.

En promedio, resolver todos los asuntos de un divorcio toma un año pero, en casi un cuarto de los casos, duró un año y medio, de acuerdo a una investigación de Seddon´s.

Así que si estás contemplando hacer averiguaciones de divorcio hoy, el acuerdo de disolución podría no estar listo antes de la próxima Navidad.

Aún entonces, como todos los divorciados saben, ese no es el fin de las cosas.

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Foto: Andrea Vega.

El bosque comunitario que se transformó en una semilla de empleos en México

Hace poco más de tres décadas, los ejidatarios de Peñuelas Pueblo Nuevo, en Puebla, se organizaron para hacer aprovechamiento forestal; han logrado conservar su bosque y, al mismo tiempo, integrar varias empresas comunitarias.
Foto: Andrea Vega.
Por Andrea Vega/ Mongabay Latam
23 de abril, 2022
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Pablo Ortega nació en una comunidad rodeada de pinos. Como muchos de sus amigos, familiares y vecinos, al terminar la educación secundaria, migró para encontrar trabajo. Durante un tiempo se instaló en la Ciudad de México, pero siempre tuvo en mente regresar a su tierra. Su anhelo se cumplió gracias al bosque y, sobre todo, a la organización de su comunidad que apostó por el aprovechamiento forestal sostenible.

Hoy Pablo Ortega, de 43 años, tiene una labor muy diferente a la que realizaba en la fábrica de pegamento donde trabajó cuando vivió en la Ciudad de México. Desde hace quince años es el encargado del vivero y del banco de semillas de pinos y oyameles del ejido Peñuelas Pueblo Nuevo, ubicado en el municipio de Chignahuapan, en el estado de Puebla.

“A pesar de tener quince años trabajando aquí, sigo disfrutando ver el proceso: como van quedando (las semillas) sin basura y después ver como solo quedan las mejores”, dice Ortega. Él es hijo de uno de los 105 ejidatarios de Peñuelas Pueblo Nuevo, comunidad que desde hace 33 años realiza manejo forestal en sus 800 hectáreas de bosque templado.

Lee: Los guardianes del bosque que da agua a la ciudad de Xalapa, en México

En esta comunidad, los ejidatarios decidieron ir hasta el origen para crear un círculo virtuoso en el aprovechamiento y cuidado de su bosque: aquí no solo se produce madera en forma sostenible, también se cuenta con un aserradero, un vivero, un huerto semillero, un banco de semillas y un taller de artesanías, muebles y palos de escoba. Para todas estas labores se formaron empresas comunitarias que dan trabajo temporal y permanente a, por lo menos, cien pobladores de la región.

Hacer del bosque un fondo común

El ejido de Peñuelas Pueblo Nuevo es una de las pioneras en el manejo forestal comunitario en la zona centro de México. Fue a finales de la década de los ochenta, cuando sus pobladores se organizaron para hacer un aprovechamiento adecuado de sus bosques y poner un alto al desmonte.

“Personas de la comunidad talaban sin permiso”, recuerda el ejidatario Baldomero Ortega. Como la mayoría de los ejidatarios se oponían a que se destruyera el bosque, se convocó a una asamblea para discutir qué acciones se tomarían. Un grupo de ejidatarios, el comisariado ejidal en turno y el técnico forestal, Noé González, originario del ejido, propusieron asesorarse para evaluar la posibilidad de realizar aprovechamiento forestal.

Los asesores les mostraron estudios y ejemplos de otras comunidades en donde ya se hacía aprovechamiento forestal en forma organizada y planificada. El ejido realizó los trámites ante las autoridades ambientales. Lograron que se aprobara su programa de manejo por 50 años. Ese documento señalaba cuántos árboles podían cortar al año sin que eso causara un daño al bosque; además, indicaba que en cada área de corte los ejidatarios tenían que reforestar con mil 200 árboles por hectárea.

Instalaciones del banco de semillas de Pueblo Nuevo. Foto: Andrea Vega.

Para contar con las plantas necesarias para la reforestación, el técnico Noé González propuso que el ejido instalara su propio vivero. Así se hizo. El gobierno del estado de Puebla les otorgó recursos para ponerlo en marcha. El trámite les llevó dos años. Empezaron, en 1996, con una producción de 200 mil plantas; eso les permitió contar con plántulas suficientes para, incluso, vender a otras comunidades de la región.

Cinco años después, en 2001, pidieron el apoyo de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) para expandir el vivero. La dependencia puso la mitad de la inversión y el ejido la otra mitad; así lograron producir hasta 4.5 millones de plántulas. Durante ocho años mantuvieron esa cifra. Además del aprovechamiento forestal y un aserradero que abrieron, el vivero fue una fuente más de ingresos para la comunidad.

“Conafor hacía convenios con los ejidos y nos decía: ‘le vas a entregar tantas a tal ejido’ y a nosotros nos las pagaba la dependencia”, explica Baldomero Ortega.

Un año antes de la expansión de su vivero, los ejidatarios aprobaron un nuevo reglamento donde se estableció que los recursos económicos obtenidos con las empresas comunitarias se tenían que repartir entre los ejidatarios y otra parte se destinaría a un fondo común para financiar las obras de conservación de suelos, la construcción de obras de infraestructura, la compra de maquinaria e implementos de labranza, los trabajos para el aprovechamiento de las aguas destinadas a riego, abrevaderos y uso doméstico. Ese dinero también se destinaría a nuevos proyectos.

Sembrar empleos para la comunidad

Aurelio Bastida, profesor de la Universidad Autónoma de Chapingo y especialista en sistemas forestales que ha dado seguimiento a los proyectos comunitarios de Peñuelas Pueblo Nuevo, explica que la creación de este fondo fue decisivo en la historia del ejido, porque le permitió contar con recursos para invertir e impulsar empresas comunitarias, entre ellos la expansión del vivero y la creación de un banco de germoplasma.

Los ejidatarios recuerdan que cuando el vivero comenzó a tener más demanda, los técnicos forestales que asesoraban a la comunidad, entre ellos Noé González, les recomendaron instalar este banco para tener semillas suficientes y de buena calidad.

Así que, una vez más, el ejido solicitó apoyo a dependencias federales y estatales. En 2006, los ejidatarios instalaron el banco de semillas de pinos y oyamel. Para esta nueva empresa comunitaria se necesitaba sumar a más trabajadores.

Pueblo Nuevo

Foto: Andrea Vega.

En 2007, Pablo Ortega se enteró que en su ejido había trabajo en el bosque; renunció a su empleó en la fábrica de pegamento, dejó la Ciudad de México y regresó a su tierra: “Supe que ya había oportunidades de trabajo y volví. Me dieron empleo en el vivero. Solo estudié hasta la secundaria y no sabía nada de producción de plantas, pero aquí me empezaron a enseñar. Aprendí y fui escalando, hasta ser el encargado, tanto del vivero, como del banco de germoplasma”.

Además de Pablo Ortega, otros habitantes de la región tienen empleo, ya sea temporal o permanente, en una actividad relacionada con el cuidado y aprovechamiento del bosque.

Por ejemplo, hay quienes se dedican a la recolección de conos o piñas, como se les llama a las estructuras que contienen las semillas de ciertos árboles, entre ellos los pinos. En el caso del oyamel, los trabajadores deben subir al árbol para recolectar los conos que son más frágiles.

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Semillas para el bosque 

En el banco de germoplasma hay un área que pareciera una pequeña fábrica: un cuarto de paredes blancas, que no mide más allá de nueve metros cuadrados, en donde las máquinas usan la presión del aire para limpiar y seleccionar las semillas.

El proceso inicia con el secado de los conos, ya sea en un horno especial o al sol, para después romperlos, extraer las semillas y elegir aquellas que tengan mayor calidad y viabilidad para germinar.

En el laboratorio del banco, una trabajadora coloca las semillas en un contenedor, acondicionado con algodones y agua, para después llevarlas al germinador, una especie de refrigerador que regula la temperatura y la humedad.

De algunas de las semillas, se toma una muestra que se analiza para conocer su germinación, pureza y humedad. “Esto lo hacemos para asegurar la calidad —precisa Pablo Ortega— y porque muchos de los ejidos, viveros o particulares que nos compran semilla, que deben ser unos 75 clientes entre todos, preguntan el porcentaje de germinación. Los análisis muestran que es del 80 al 90 por ciento”.

Estos bancos de semillas no son comunes. El ejido Peñuelas Pueblo Nuevo es el único que tiene uno de este tipo en toda la región de la Sierra Norte de Puebla y en Huayacocotla, Veracruz, explica el profesor Aurelio Bastida.

A partir de la recomendación de investigadores del Colegio de Posgraduados de Puebla, en 2012, este ejido también integró un huerto semillero: un terreno en donde solo se plantan árboles seleccionados, aquellos que tienen las mejores características, los troncos más derechos y las copas más altas.

Por ahora, este espacio alberga cerca de 200 árboles que se destinan solo a la producción de las semillas para el vivero.

El ejido tiene, además, otros dos huertos semilleros en donde hay árboles injertados con brotes de otras plantas de pino; eso lo hacen para evitar, lo más posible, la variación genética y tener clones de árboles superiores.

“El huerto es importante no solo porque así se hace un mejor aprovechamiento forestal, con árboles de troncos más derechos y largos, de los que sale más y mejor madera, sino también porque son más resistentes a las condiciones ambientales y de cambio climático”, explica el profesor Aurelio Bastida.

Además de los empleos que se han creado para cuidar el bosque, controlar las plagas, hacer brechas cortafuego, trabajar en aserradero, en el vivero, los huertos y el banco de germoplasma, un grupo de mujeres de la comunidad creó una empresa para aprovechar la madera que no se usa en el aserradero; con ella fabrican artesanías, muebles y palos de escoba.

Con todos estos proyectos, los ejidatarios Peñuelas Pueblo Nuevo tienen mucho que enseñar a otros y lo hacen: son una comunidad escuela. Desde hace 10 años, reciben a estudiantes de universidades como Chapingo, así como a representantes de ejidos y comunidades forestales de diferentes regiones del país.

Lidiar con tiempos difíciles

Durante ocho años, el vivero del ejido produjo alrededor de 4.5 millones de plantas anuales. La mayoría se las compraba la Conafor. Pero desde hace 12 años,  la dependencia disminuyó sus pedidos; el año pasado solo solicitó 400 mil plantas. En 2022, ninguna.

“Nos dijeron que a la Comisión ya no le daban recursos para comprar plantas, porque los ejidos que hacen aprovechamiento tenían que comprarlas directamente”, dice el ejidatario Baldomero Ortega. Ahora el vivero solo vende alrededor de 600 mil plantas a particulares y comunidades forestales.

“Ahorita está complicada la situación para nosotros”, comenta Pablo Ortega. Aun así, el ejido decidió seguir con los proyectos: “Ahorita sí hemos logrado sacar a venta esas 600 mil plantas, pero sí es una caída económica fuerte; casi estamos sacando solo para los insumos del vivero y estamos viendo qué hacer. La idea es salir a buscar a quién producirle”.

Baldomero Ortega menciona que aunque la producción de plántulas ha disminuido, ellos mantienen al mismo personal en el vivero; “de los ahorros del ejido estamos invirtiendo en la producción de planta”.

Para Aurelio Bastida, el profesor de Chapingo que ha estudiado el caso Peñuelas Pueblo Nuevo durante años, el ejido es un ejemplo porque la organización les ha permitido tener un aprovechamiento forestal sostenible. Además, los ejidatarios han logrado construir y mantener sus empresas forestales comunitarias, incluso sin el apoyo de las autoridades.

Pablo Ortega comenta que, en su caso, el manejo forestal comunitario le cambió la vida. Fue lo que le permitió regresar a su tierra e, incluso, capacitarse para ahora ser todo un experto en silvicultura y, en especial, en las semillas de esos pinos y oyameles que dominan el paisaje que rodea a su comunidad.

Este trabajo se publicó originalmente en Mongabay Latam

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