¿Quién se quedó con los millones de Hitler tras su muerte?
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

¿Quién se quedó con los millones de Hitler tras su muerte?

Los activos de Hitler al morir incluían una casa en los Alpes bávaros, llamada Berghof, y un apartamento en Múnich. Pero lo que había hecho rico a ese hijo de un funcionario de aduanas que había querido ser artista fue su libro.
12 de enero, 2019
Comparte

Cuando a Herman Rothman, un judío alemán que trabajaba con el servicio de Inteligencia de Reino Unido, lo despertaron una madrugada de 1945 no sabía cuán sui generis sería su misión.

No sabía que las autoridades británicas habían arrestado a un oficial nazi llamado Heinz Lorenz, quien había sido secretario de prensa del ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels, por usar documentos de identidad falsos.

Cuando un guardia lo tomó por el hombro, sintió unos papeles, registró el capitán Hugh Trevor-Roper, investigador de la muerte de Hitler del comité de Inteligencia de los Aliados en 1945.

Al examinar su chaqueta, en la entretela de las hombreras encontraron unos documentos que el secretario del Führer, Martin Bormann, le había dado a Lorenz para que los sacara de Berlín.

Eran nada menos que el testamento y la última voluntad de Adolf Hitler.

Eva Braun haciendo ejercicio cerca de la casa de descanso de Hitler.

Getty Images
En su testamento privado, Hitler señala que se casó con “esa chica que, tras años de fiel amistad” decidió “por su propia voluntad compartir su destino” con él. Eva Braun -aquí haciendo ejercicio cerca de la casa de descanso de Hitler- se suicidó con cianuro horas antes de que él se pegara un tiro.

Rothman y otros cuatro hombres debían traducirlos bajo condiciones de ultra secreto, contó Rothman en entrevistas a la prensa por motivo de la publicación de su libro “Hitler’s Will” en 2014.

Todos eran judíos por lo que les pareció irónico estar entre los primeros en leer los pensamientos que tenía en mente poco antes de su muerte aquel que había hecho tanto por exterminarlos.

Legado sin fortuna

En su último testamento político, Hitler exponía sus motivaciones para hacer lo que había hecho y lo que planeaba hacer, todo salpicado por expresiones de su implacable odio a los judíos. También detallaba cómo sería el gobierno que lo sucedería y nombraba al nuevo gabinete.

Pero respecto a sus bienes, los detalles no eran tantos.

Segunda residencia gubernamental y lugar de descanso Berghof en Obersalzberg, en los Alpes Bávaros.

Getty Images
Una de las cosas que poseía el Führer: su segunda residencia gubernamental y lugar de descanso Berghof en Obersalzberg, en los Alpes Bávaros.

Lo que poseo pertenece -en la medida en que tenga algún valor- al Partido. Si éste ya no existe, al Estado, si el Estado también es destruido, no es necesaria ninguna otra decisión mía“.

Esos fueron los deseos declarados por Hitler en otro documento en el que consignó su última voluntad, que dictó y firmó en Berlín, junto con su testamento político, el 29 de abril de 1945, a las 4:00 en punto. Al otro día, se pegó un tiro.

Las colecciones de cuadros que había adquirido, “nunca fueron recopilados con fines privados, sino solo para la extensión de una galería en mi ciudad natal de Linz en el Danubio“, aseguró.

Y sus objetos de “valor sentimental o necesarios para llevar una vida sencilla y modesta” los legó a sus parientes y a sus “fieles cotrabajadores“, como su ama de llaves, la señora Anni Winter.

Interior de uno de los salones de Berghof

Getty Images
Algunos de los objetos “necesarios para llevar una vida sencilla y modesta” que estaban en Berghof.

Daba la impresión de que al morir, el que había dirigido la Alemania nazi por más de una década dejaba un importante legado pero pocos bienes materiales, lo que encajaba con su persona pública.

¿Frugal?

Hitler solía proyectar la imagen de la vida frugal que era parte de su filosofía fascista en la década de 1930 y la Segunda Guerra Mundial.

La percepción pública era que el dinero significaba poco para el Führer, quien ciertamente no mostraba muchos signos visibles de vivir con ostentación.

No obstante, a los traductores les sorprendió que el poderoso líder pareciera tener tan poca riqueza.

Siempre imaginamos que tenía una vasta fortuna“, comentó Rothman.

Y resulta que tenían razón.

Hitler jugando con un perro

Getty Images
Su imagen pública era la de un hombre al que no le interesaba mucho el dinero.

Aquel que había descrito largamente su pobreza y dificultades cuando había sido artista en Viena antes de la Primera Guerra Mundial, amasó una fortuna considerable a lo largo de su vida.

Miles de millones

Es difícil establecer una cifra exacta.

Varias investigaciones, documentales e informes han calculado el monto incluyendo o dejando fuera diferentes fuentes de ingresos, desde pagos por el uso de su imagen en los sellos de correo hasta contribuciones hechas por empresarios o corporaciones.

Cris Whetton fue uno de los que se propuso aclarar el asunto reuniendo información para su libro “Hitler’s Fortune” de 2005, en el que señala que incluso convertir las cantidades de reichmarks a euros o dólares es una tarea difícil.

Utilizando el método de la canasta básica -que compara el costo de esta en dos momentos histórico- concluyó: “El 24 de abril de 1945 (…), seis días antes de su suicidio en Berlín, Adolf Hitler era probablemente el hombre más rico de Europa, con una fortuna de entre 1.350 y 43.500 millones de euros al precio de 2003″.

En euros o dólares, la cifras son altas e ilustran las cantidades de las que se ha hablado. Pero además, la brecha entre las dos cantidades subrayan lo difícil que es precisar el monto de la fortuna.

No sólo eso.

Hitler hablando por teléfono

Getty Images
¿El hombre más rico de Europa? Quién sabe, pero las regalías de su libro fueron cuantiosas.

La falta de evidencia concreta llevó a que otro tema persistente haya sido el paradero de su riqueza, como de los más de US$350 millones encontrados en cuentas en una investigación realizada por la Oficina de Servicios Estratégicos u OSS, el servicio de inteligencia de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial en la década de 1940, antecesor de la CIA, según documentos desclasificados décadas más tarde.

A lo largo de los años ha surgido información de cuentas en lugares como Suiza que podrían haber sido de él pero contadores forenses señalan que cualquier efectivo no reclamado durante tanto tiempo ya habría sido recolectado por el gobierno suizo.

No obstante, hay alguna información sobre las finanzas del Führer en la que muchas fuentes coinciden.

Su lucha

Los activos de Hitler al morir incluían una casa en los Alpes bávaros, llamada Berghof, y un apartamento en Múnich.

Pero lo que había hecho rico a ese hijo de un funcionario de aduanas que había querido ser artista fue su libro.

En esta rara fotografía, Adolf Hitler aparece en su celda en la prisión de Landsberg,

Getty Images
En esta rara fotografía, Adolf Hitler aparece en su celda en la prisión de Landsberg, cuando era un preso político sin importancia, con “Mein Kampf” en camino y su ascenso al poder aún en el futuro.

Hitler comenzó a dictárselo a Rudolf Hess (quien llegaría a ser el segundo en la jerarquía nazi) en 1924 mientras cumplían una condena en prisión por intentar un golpe de Estado, el fallido Beer Hall Putsch en Múnich, en el que él y su Partido Nacional Socialista de Trabajadores Alemanes intentaron tomar el poder en el sur de Alemania.

Uno de los motivos de Hitler para escribir Mein Kampf fue usar las regalías del libro para pagar sus honorarios legales.

Originalmente tituló su obra “Una lucha de cuatro y medio años contra las mentiras, la estupidez y la cobardía: liquidando cuentas con los destructores de El Movimiento Nacionalsocialista“.

Pero Max Amann, un oficial del Partido Nazi, confidente de Hitler y director de la editorial Franz Eher Nachfolger de Múnich, le sugirió el mucho menos amargo, más conciso y efectivo título “Mein Kampf”, o “Mi lucha”.

Una de las caricaturas publicados por el antifascista El EJE..LE de México el 23 February 1942.

Getty Images
Una de las caricaturas publicados por el antifascista El EJE..LE de México el 23 February 1942.

Esa editorial publicó las primeras 400 páginas el 18 de julio de 1925 como primer volumen, subtitulado “Retrospección”. El resto se publicó como segundo volumen, “el Movimiento Nacionalsocialista”, el 10 de diciembre de 1926.

Todo el trabajo se volvió a publicar en una edición popular de un solo volumen en mayo de 1930.

Regalo de boda

Al principio, las ventas de Mein Kampf fueron relativamente modestas: 9.000 ejemplares en 1925.

Pero a medida que Adolf Hitler ganaba popularidad como político, también la ganaba como autor.

Para 1930, el Partido Nazi de Hitler se había convertido en el segundo partido político más grande de Alemania. Ese año, el número de libros vendidos superó los 50.000.

Adolf Hitler en un poster publicitando su libro 'Mein Kampf' (1925) en la calle de una ciudad alemana.

Getty Images
Adolf Hitler en un poster publicitando su libro ‘Mein Kampf’ (1925) en la calle de una ciudad alemana.

Eventualmente, llegó al punto en que se requería que Mein Kampf se leyera en las escuelas, y se convirtió en una práctica común que las municipalidades compraran copias para regalárselas a cada pareja que se casara.

Solo en 1933, vendió más de un millón de copias debido principalmente a la presión ejercida sobre todos los ciudadanos alemanes para comprar el libro.

Según documentos encontrados en los archivos de Múnich, ese año las ventas le reportaron 1.232 millones de reichmarks, una cifra elevadísima si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el salario anual de un profesor en ese momento era de 4.800 reichmarks.

La cuenta de cobro

Hitler finalmente ganó suficiente dinero por las regalías de su libro como para acumular una factura de impuestos de 405.494 reichsmarks, algo que sabemos porque algún valiente o despistado se la mandó, cuando ya era canciller de Alemania.

Cartel con Hitler en el centro y gente emocionada

Getty Images
Cuando llegó al poder, alguien pensó que por fin iba a pagar los impuestos que debía y le pareció apropiado mandarle la cuenta de cobro…

La cuenta fue remitida al Ministerio de Finanzas que pronto declaró: “el Führer no paga impuestos”.

El libro fue traducido a 16 idiomas, lo que le reportó aún más ganancias, que eran administradas por Amann, quien pasó a ser gerente de negocios de Hitler y seguía siendo director de la editorial Franz Eher Verlag, una de las más ricas e influyentes de la Alemania nazi.

Mein Kampf sin duda hizo a Hitler muy rico.

“Al partido… al Estado”

Tras su suicidio y la derrota de los nazis, los Aliados quedaron en posesión de la herencia de Hitler.

Sus última voluntad –Lo que poseo pertenece ... al Partido“- no iba a ser cumplida, entre otras más relevantes razones porque, como él mismo anticipó –Si éste ya no existe“-, el partido nazi fue abolido.

Su segunda opción había sido “al Estado“, el cual, como Estado nazi, efectivamente también había dejado de existir.

Copia del libro firmado por el autor.

Getty Images
Copia del libro firmado por el autor.

“Si el Estado también es destruido, no es necesaria ninguna otra decisión mía“.

Fueron los victoriosos aliados los que tomaron la decisión de transferirle los bienes de Hitler a Baviera, donde el difunto era residente registrado.

La casa de retiro de la montaña había sido dañada por bombas y saqueada por los soldados al final del conflicto.

En 1952, lo que quedaba de ella fue destruido por el gobierno bávaro para evitar que se convirtiera en una atracción turística.

El antiguo edificio de apartamentos del führer quedó en pie y pasó a albergar una estación de policía.

Bavaria se quedó con los derechos de autor e impidió la publicación del libro en territorios de habla alemana, y, con un éxito limitado, en otros lugares hasta que estos expiraron en el 70 aniversario de la muerte del autor, el 30 de abril de 2015.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=_A9aSuiQFCQ

https://www.youtube.com/watch?v=FohKHHN762E

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Cuartoscuro

Pandemia y Navidad: los relatos de cómo afectados por COVID vivirán la Nochebuena

La llegada del COVID hará que muchas familias pasen estas fiestas navideñas como nunca: recordando a alguien que murió por la pandemia o agradeciendo estar sanos.
Cuartoscuro
24 de diciembre, 2020
Comparte

Para millones de personas en el mundo, esta Nochebuena y Navidad serán muy distintas a las de cualquier otro año. Y en México no será la excepción. 

Aunque la llegada ayer miércoles 23 a la capital mexicana del primer lote de la vacuna contra la COVID avivó el optimismo de cara a una futura recuperación de la normalidad, el millón de contagios y las más de 100 mil muertes que acumula el virus en el país -según admiten las cifras oficiales- han dejado una fractura imborrable para miles de familias. 

En esta entrega, diferentes voces que padecieron -y padecen- la pandemia narran en primera persona cómo afrontan la Navidad desde dos perspectivas: la de quien teniendo un ser querido muy grave libró la enfermedad. Y la de quien, por desgracia, la COVID se cobró una víctima más en su cuenta. 

Lee: México llega a las 120 mil defunciones por COVID y rebasa el mayor nivel de hospitalización registrada

En ambos casos los testimonios señalan un punto común: la pandemia les ha cambiado de una u otra forma la vida y su manera de ver y vivir la Navidad.  

“Fue terrible, pero en esta Navidad solo tengo agradecimiento”

Me llamo Irene Tello. Y yo, la mera verdad, nunca fui muy fan de la Navidad. Más bien siempre he sido un poco lo contrario, ¿sabes? Medio grinch y así. Pero esta Nochebuena tengo que admitir que mi sentimiento es bien distinto. 

De hecho, creo que es el primer año de mi vida en el que siento ese espíritu navideño del que tanto hablan en los comerciales. Ya sabes, lo de estar en familia todos juntos en casa, mostrar agradecimiento por todo lo que tenemos, dar mucho las gracias… Siempre pensé que todo eso eran tópicos, y sin embargo, en esta Navidad creo que son más ciertos y necesarios que nunca. 

Este año, como para millones de personas, fue muy rudo para mí. Mi madre primero y luego mi padre se contagiaron de COVID-19 casi al inicio de la pandemia, entre abril y mayo. Pero ya desde antes, desde que empezaron fuerte los contagios, yo tenía un enorme pavor a que ellos se enfermaran. Sobre todo mi padre, Romeo. Pensaba que si él  se contagiaba, muy probablemente no iba a sobrevivir. Y pues nos tocó la chinita. Se contagió y le pegó muy fuerte a los pulmones. Tanto, que estuvo grave con oxígeno y hospitalizado un par de semanas. La vio cerca, la verdad. Muy de cerca. Y por eso, a pesar de lo terrible de este año, no tengo más que agradecimiento con la vida. 

No sé, es como una sensación muy agridulce, ¿sabes? Por un lado, como te digo, siento un agradecimiento inmenso de poder estar con mi padre otra Nochebuena, otra Navidad. Pero, por otro lado, también siento mucha tristeza porque sé que allá afuera hay mucha gente que lo está pasando horrible. Y yo que la vi tan cerca con mi padre, que sé lo rápido que puede cambiar la vida de cualquier persona con esta enfermedad, creo que sí he desarrollado una gran empatía hacia quienes en esta Navidad no van a poder festejar como nosotros. 

Entérate: Operación Chapultepec: 620 médicos y enfermeras van a CDMX, Edomex y BC para reforzar lucha COVID

Por otro lado, también me queda la reflexión de que no tendríamos que llegar hasta este punto de haber vivido un infierno para tomar precauciones. Para tomar conciencia de que este virus no es ningún juego. Eso es lo que yo le intento explicar a la gente: que no saben el miedo y la impotencia que se siente cuando ves que tu padre no puede respirar. Que se queda sin aire ante tus ojos, y que no puedes hacer mucho más que salir corriendo en busca de ayuda.

Ojalá que ahora en Navidad todos hiciéramos un esfuerzo de conciencia colectiva. Porque si no nos cuidamos, si seguimos manteniendo muchas actitudes que vemos en las calles de ‘a mí me vale madres’, esto no va a mejorar pronto. Al contrario, va a ir a mucho peor, como ya lo estamos viendo con el aumento de contagios en esta época decembrina. 

Y güey, si no lo hacemos por nosotros, hagámoslo por todo ese personal médico que está haciendo de todo para salvar vidas. Imagina el nivel de cansancio que tienen. Ellos son seres humanos, igual que nosotros. Con sus capacidades, sí, pero también con sus límites. Y también ellos tienen familias a las que quisieran ver esta Navidad, y muchos, si no es que la mayoría, no van a poder estar con sus padres, sus madres, sus hijos, sus hermanos, sus parejas, porque donde van a estar es cuidándonos a nosotros en un hospital. 

Y pues sí, no está chido que no podamos hacer reuniones con toda la familia. O que no podamos ir a las posadas con los amigos y los compañeros de chamba. Pero pensemos que es solo un año. Pensemos que, ojalá, el próximo año ya las cosas habrán mejorado.

En mi caso, en Nochebuena siempre nos reunimos con la familia de mi papá, o con la de mi mamá. Pero esta vez, obvio, eso está prohibido. ¡Yo lo prohíbo! Nada de cenas con mucha gente en un salón cerrado. Solo nos vamos a reunir los cinco: mis papás, que ya pasaron la COVID, mi hermano, su hijo, y yo. Y, además, lo haremos al aire libre y con todas las precauciones de sana distancia, porque, aunque mis padres ya la libraron, todos seguimos muy asustados con lo que es capaz de hacer esta enfermedad.

En cuanto al menú, la idea es apoyar a los pequeños negocios, que también se han visto muy madreados por la pandemia. Así que vamos a encargar la comida. Será algo muy típico: bacalao, pavo, ensalada de manzana, pasta. Y poco más. 

Yo ya tengo listos los regalos para todos. Bueno, para el círculo más cercano. Aunque, después de la COVID, lo que estamos haciendo es regalarnos cosas más del tipo como compartir experiencias. Por ejemplo, antes de contagiarse, mi papá siempre quiso que leyéramos juntos el Ulyses de James Joyce. Y pues ahorita lo estamos leyendo. Va lento, pero ahí va. Poco a poco. Aunque no se trata tanto de leerlo, ¿sabes? Se trata de compartir tiempo juntos. Ese será, sin duda, el mejor regalo de Navidad. 

“No sé cómo explicarle a mi hijo que Santa no le traerá a su padre”

Mi nombre es Andrea Montero y el de mi esposo es César Augusto Fernández. Él falleció hace unos meses por culpa del virus, y desde entonces he estado asistiendo al tanatólogo porque nadie está preparado para algo así. Nadie está preparado para una muerte tan repentina. 

César y yo nos despedimos acá en Veracruz un 26 de abril y un 13 de junio me llamaron por teléfono para avisarme que fuera a Ciudad del Carmen, en Campeche, a recoger la urna con sus restos. 38 años tenía. Murió tras contagiarse de COVID en una embarcación que da servicios de mantenimiento a plataformas de Pemex. Él avisó varias veces a los médicos de su empresa, Grupo Evya, para que lo sacaran del barco porque se sentía muy mal. Pero nadie le hizo caso hasta que ya estaba muy grave, y a los pocos días murió.

Ahora me dicen que tengo que seguir todo un proceso de duelo. Que para sanar esta herida tengo que ir poco a poco soltando cosas. No aferrarme. Y que tengo que aprender a recordarlo, pero recordarlo bien. No llorando todo el día en casa y en la depresión total. 

Lee más: ¿Te contagiaste de COVID o estuviste con un positivo? Así evoluciona un contagio

Como parte de ese proceso de recordar bien a mi marido, me aconsejan que me concentre en mis dos niños y en mi niña. Y eso estoy haciendo. Siento todavía un dolor demasiado grande, pero eso no va a impedir que ellos tengan su Navidad. Así que voy a hacer, entre comillas, una cena de Nochebuena lo más normal que se pueda. Y al otro día les daré los regalos de Santa. 

A pesar de que el trabajo está muy difícil por la pandemia, este año hice todo lo posible para comprarles todo lo que mis hijos le pidieron a Santa Clós. Aunque, claro, hay cosas que no les puedo dar. Por ejemplo, Cesarín, que es mi niño de cuatro años, le pidió a Santa ver a su papá. Que lo traiga ya de regreso con él. 

Los psicólogos me explicaron que ahorita no es todavía recomendable decirle todo al niño. O sea, hay que irle diciendo de a poquito y manejárselo todo con mucho tacto para no lastimarlo todavía más. Porque él, aunque aun no sabe todo lo que le pasó a su padre, sí sabe que no está en casa. Siente esa ausencia. Y pues en esas estoy. Viendo cómo le explico sin hacerle daño que Santa Clós no le pudo traer todos los regalos que le pidió este año. 

Aun así, como te digo, voy a hacer todo lo posible para que tengan un día de Navidad lo más normal posible. Para que ellos disfruten ese día de ilusión y para que, después de tanto encierro y tanto horror, también tengan un día especial, diferente. Porque eso debe ser la Navidad para todos los niños, ¿no? La magia de estar juntos en familia, compartir regalos, vivencias, recuerdos… Yo siento que mantener esa magia es parte de mi responsabilidad como madre, para que ellos, cuando crezcan, no recuerden este día como algo triste que quisieran borrar de sus cabezas para siempre. 

Eso sí, esta Nochebuena la pasaremos encerrados en casa. La pandemia no ha terminado, así que yo estoy siguiendo al pie de la letra lo de quedarse en casa, la sana distancia, el cubrebocas, y todo eso. No en vano, la muerte de mi marido me dejó varias lecciones. La primera, que este virus no es ningún juego. Y la segunda, que no podemos ser tan egoístas. Porque si yo me cuido, también te estoy cuidando a ti. Es como una cadenita, ¿sabes? Por eso yo no voy a visitar a nadie, ni tampoco acepto visitas por el momento. Así que en la cena de Nochebuena estaremos solo los que vivimos en mi casa, que son mis tres hijos, mi mamá, y yo. Nadie más. 

En cuanto a la cena, pues haré algo un poco diferente a cualquier día, claro. Pero también tengo que adaptarme a esta nueva vida después de la muerte de mi marido. Ahora somos uno menos en casa trabajando. Uno menos metiendo ingresos. Y la economía y el trabajo siguen muy mal. Ahora estoy vendiendo productos por internet. No saco mucho. A veces, nada. Pero ahí la llevo. Tirando. Y bueno, vamos a tener que adaptarnos a esto también. Así que haremos unos espaguetis verdes, un pollo asado, y alguna que otra cosa más. 

Mi marido y yo no éramos muy fijados en esto de la Navidad. Solo teníamos una tradición: hacernos una sesión de fotos con los niños antes de Nochebuena. 

Este año también quise continuar con esa costumbre, aunque sí fue bien difícil, para qué te miento. Pero los fotógrafos, que eran amigos de César Augusto, tuvieron una gran idea: me fotografiaron a mí, con los niños, y llenaron el espacio vacío de César con un gran resplandor de luz. 

Fue un detalle muy lindo. Súper lindo. 

Me hizo sentir que, de alguna forma, mi esposo sigue estando con nosotros esta Navidad. 

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.