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Cuartoscuro Archivo
Más desigualdad: Un solo hombre concentró en 2018 el equivalente a lo que tenían 60 millones de mexicanos
La desigualdad aumentó incluso entre los millonarios, de acuerdo con un análisis de Oxfam México proporcionado a Animal Político.
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Durante 2017, los magnates mexicanos Carlos Slim y Germán Larrea poseían el equivalente a la riqueza de 60 millones de personas en el país. Para 2018, Slim rebasó de tal forma a Larrea en la lista de billonarios de Forbes, que llegó a concentrar él solo la misma fortuna que la mitad más pobre de la población, según la organización internacional Oxfam.

El presidente de Grupo Carso posee, de acuerdo con la lista de Forbes, 67 mil millones de dólares, 12 mil millones más que en 2017. Sus activos financieros y no financieros crecieron en tal magnitud, que para 2018 se ubicó en una posición dominante respecto al resto de los millonarios de México: es cuatro veces más rico que Larrea, que es el segundo mexicano más rico en la lista. En contraste, la mitad de los mexicanos posee 66 mil millones de dólares.

En ese sentido, la desigualdad aumentó incluso entre los millonarios, de acuerdo con un análisis de Oxfam México proporcionado a Animal Político.

Slim tiene una gran parte de la riqueza del selecto grupo y todos sus competidores quedaron muy atrás en 2018: le siguen los magnates mineros Germán Larrea -quien posee 17 mil millones de dólares- y Alberto Bailleres, que posee 10 mil millones. Después de ellos aparecen Eva Gonda (viuda del magnate refresquero Eugenio Garza Lagüera) y el dueño de Televisión Azteca Ricardo Salinas Pliego, con 7 mil millones de dólares cada uno. En tanto, los activos de los 60 millones de personas más pobres no registraron ningún aumento.

“La conclusión es que la concentración de la riqueza aumentó y México se hizo más desigual”, sentenció el autor del análisis, Diego Vázquez, gerente de Investigación de Oxfam México. Puntualizó que un año antes la riqueza de esa mitad de la población era equivalente a la de dos personas, mientras que en el último año eso se convirtió en la riqueza de un solo hombre.

La organización, que promueve el combate a la desigualdad en el mundo, publicó recientemente un informe previo a la realización del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza; en el que revela que mientras que el 1% de los mexicanos más ricos (1.3 millones) tienen 40 de cada 100 pesos de riqueza en el país, el 50% más pobre (65 millones) sólo accede a 3.5 pesos. El análisis de Diego Vázquez especifica que esa fortuna se concentró, durante 2018, en un solo hombre: Carlos Slim Helú.

El investigador apuntó que Oxfam mide la pobreza por activos y no por ingreso, debido a que este último indicador es más inestable que las posesiones. “Lo que medimos nosotros es el valor de lo que tienen: sus activos financieros menos su deuda, lo que resulta en una concentración mucho más grande que cuando hablamos de ingresos, porque hablamos de cosas como lo que se tiene en la Bolsa de Valores”, indicó Vázquez. En el caso de las personas pobres, se mide sobre sus activos físicos, como vehículos, propiedades y actividad bancaria. “Aunque esta población también es pobre por ingresos, porque si los tuviera podría adquirir más activos”.

En el caso de los multimillonarios, la medición de Oxfam se basa en la lista de Forbes, mientras que para el resto de la población usan la base de datos de Credit Suisse, calificada por el investigador como la estimación más completa que se tiene sobre la riqueza. “No es cuánto ganas sino qué tienes”, puntualizó en entrevista.

Se privatizan los beneficios, se socializan los costos

La crisis financiera de los años 2008-2009, que amenazaba con una catástrofe similar a la Gran Depresión de los años 20, es un tema superado para los multimillonarios, que según Oxfam lejos de perder aumentaron su riqueza en 900 mil millones de dólares. Por su parte, la riqueza -entendida como activos y posesiones- de los pobres se redujo 11% en esta última década.

“Una de las lecciones a 10 años de esa crisis es que mientras la riqueza se recuperó, los que pagaron las consecuencias de largo plazo en economía real fueron los trabajadores: personas comunes y corrientes que vieron mermados sus ingresos y un aumento en el desempleo. Vivimos en un modelo económico en que los costos recaen en los trabajadores, que tenían deudas o hipotecas mientras a los ricos ya se les olvidó la crisis”, dijo el activista.

Explicó que los multimillonarios tienen capacidad económica pero también poder político, en México y a nivel global, lo que les da una posición preferente que los vuelve invulnerables a las consecuencias de las crisis económicas.

Una década después del inicio de la crisis los multimillonarios se han duplicado, lo que habla de capacidad de la clase dominante para recuperarse a largo plazo; en cambio la mitad más pobre se ha mantenido estancada y en el último año su riqueza incluso decreció 11%, “lo que indica el contraste que vivimos”, refirió Vázquez Pimentel.

En el caso específico de México, la fuente de la riqueza de los tres más ricos (Slim, Larrea y Bailleres) son sectores productivos altamente regulados (minería y telecomunicaciones), lo cual indica que tienen un poder no solo económico sino político de gran relevancia, de acuerdo con el investigador.

Adicional a estos privilegios, en las crisis económicas algunos gobiernos emprenden rescates financieros que salvan a los grandes actores, mientras a los de clases más bajas nadie los rescata aunque aumenten sus hipotecas, sus deudas y la inflación. “Además los rescatan con impuestos que pagan todos. Se privatizan los beneficios pero se socializan los costos”, sentenció el experto de Oxfam México.

En tanto, los gobiernos tienen pocas herramientas para distribuir la riqueza en el país, pues las grandes fortunas no se gravan como deberían o se van a otros países, incluidos paraísos fiscales, indicó Vázquez. Esto deja a la administración pública sin muchos recursos para esquemas que generen, justamente, igualdad de oportunidades, como educación, salud y protección social.

“Son tres áreas de inversión pública súper necesarias para asegurar que, sin importar si naciste rico o pobre, si tienes estos servicios tienes herramientas y oportunidades para salir adelante, pero no hay dinero. Los estados tienen márgenes muy chiquitos para poder invertir en estos servicios, es un círculo vicioso donde los ricos no pagan lo que deberían, el gobierno no recauda, no pueden invertirlo y la desigualdad se agudiza”, puntualizó.

Para que el gobierno mexicano pueda ofrecer a cada mexicano condiciones básicas que generen movilidad social, al margen de dónde haya nacido, necesita rediseñar su política social, sugirió el experto; cambiar el esquema de protección social y de salud, financiarlo con impuestos generales, hacerlo universal, gratuito y de calidad.

En otro informe presentado este mes, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indicó que la baja proporción de familias y personas mexicanas que tienen activos físicos y financieros demuestra que en México existe una muy fuerte concentración de la riqueza.

Como ejemplo de las políticas públicas que generan desigualdad, el reporte de la CEPAL indica que entre 2012 y 2016 México redujo su gasto público en desarrollo laboral, pasando de 0.91% a 0.35% del PIB en ese periodo.

“La cultura del privilegio y el actual estilo de desarrollo aumentan las diferencias entre los centros y las periferias territoriales y sociales, a la vez que generan un grado insostenible de polarización de los ingresos y la riqueza, que aumenta el poder de los grupos más privilegiados para establecer y mantener reglas de juego que los favorecen”, concluye la Comisión en el capítulo sobre México de su informe.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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AFP
Por qué Emiliano Zapata fue tan importante en la historia de México (y el revolucionario más querido)
Muchos asocian el nombre de Zapata con la Revolución Mexicana en la que “El Caudillo del Sur”, como se le conoce, encabezó una de las luchas campesinas e indígenas más importantes en la historia del país.
AFP
10 de abril, 2019
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Es el personaje más icónico de la Revolución Mexicana. Existen cientos de monumentos en su honor, mientras que incontables calles, escuelas y poblados llevan su nombre.

Hay decenas de películas sobre su vida, y de su lucha se han escrito numerosos libros y ensayos académicos.

Se trata de Emiliano Zapata Salazar, “El Caudillo del Sur”, el héroe más querido del conflicto armado entre 1910 y 1915 que cambió la historia de México.

Este 10 de abril se cumplen 100 años de su muerte. Fue asesinado durante una emboscada en la hacienda de Chinameca, en el estado de Morelos.

Más que otros líderes de la Revolución, como Francisco I. Madero o Pancho Villa, entre los mexicanos Zapata se convirtió en el símbolo de la lucha por justicia y libertad, explican historiadores como Felipe Ávila.

Zapata encabezó un ejército formado por indígenas, campesinos, jornaleros y obreros que pertenecían a los sectores más afectados durante el período conocido como “El Porfiriato”.

El revolucionario luchaba para que se restituyeran las tierras y manantiales entregados a las comunidades desde los tiempos de la Colonia, pero que les fueron despojados por hacendados y empresas extranjeras.

La importancia histórica del personaje y su lucha, explica Ávila, es que sin el zapatismo la Revolución Mexicana hubiera concluido solamente con un relevo en la presidencia del país.

Pero en cambio, coinciden especialistas, el movimiento virtualmente transformó el modelo de país que existía hasta entonces, y lo convirtió en parte en el México actual.

Lucha ancestral

¿Por qué “El Caudillo del Sur” es tan querido por los mexicanos?

Una razón es que la lucha que encabezó es considerada por muchos como la más auténtica y antigua del país.

En su libro “Zapata. La lucha por la tierra, la justicia y libertad”, el historiador Ávila recuerda que el movimiento “es la historia ancestral de los pueblos indígenas y campesinos por defender sus tierras, sus bosques, sus aguas y sus recursos naturales”.

Una lucha que se mantenía desde los tiempos de la Colonia española, y que no logró solucionarse por completo tras la Independencia firmada en 1821.

En las décadas siguientes tras la separación de España, México vivió casi todo el tiempo en conflictos armados como la intervención francesa, la Guerra de Reforma por la separación Iglesia-Estado o la invasión de Estados Unidos, por ejemplo.

Esto duró hasta 1876, cuando Porfirio Díaz asume la presidencia que empezó un período de estabilidad.

Pero no hubo cambio para los campesinos que en casos como Oaxaca o Chiapas, vivían en condiciones de extrema marginación.

Muchos se veían obligados a trabajar como peones en las grandes haciendas porque carecían de tierras propias y quienes sí eran propietarios no tenían dinero para cultivarlas.

Con frecuencia las comunidades indígenas sufrían el despojo de sus terrenos, bosques y manantiales, a pesar de contar con títulos de propiedad emitidos desde el Virreynato.

La situación se agravó durante el Porfiriato. En Morelos, donde en 1879 nació Zapata, los dueños de haciendas e ingenios se apoderaron de miles de hectáreas de los pueblos para sembrar caña de azúcar.

El inicio

Contrario a lo que muchos piensan, Zapata no era pobre.

Los padres del “Caudillo del Sur” eran pequeños ganaderos y poseían algunas hectáreas de tierra, a diferencia de la mayoría de sus vecinos que trabajaban en los cultivos de las haciendas.

Esta condición le permitió una vida sin privaciones, incluso con algunos lujos, como asistir a corridas de toros o peleas de gallos, cuenta el historiador Adalberto Santana.

Pero, como otros propietarios de tierras, Zapata también sufrió el acoso de los grandes hacendados.

Fue elegido como presidente de la Junta de Defensa de Anenecuilco, Morelos, el pueblo donde nació, y junto con otros propietarios de tierras apoyó a Francisco I. Madero en su campaña contra Porfirio Díaz.

El gobierno reprimió a los inconformes y por esta razón el “Caudillo del Sur” emprendió la lucha armada para reclamar las tierras de los hacendados.

En 1910, cuando estalló la Revolución, más del 80% de los campesinos mexicanos no tenían tierras.

La lucha de Zapata era para recuperarlas y por ello en poco tiempo miles de personas se integraron al Ejército Libertador del Sur, como se llamó a su grupo armado.

Plan de Ayala

El espíritu del movimiento se resumió en el Plan de Ayala firmado en 1911, que desconocía el gobierno de Francisco I. Madero.

Los zapatistas afirmaron que el presidente, el principal impulsor de la Revolución, había abandonado su promesa de convocar a una reforma agraria para recuperar sus tierras.

Pero el documento, dicen especialistas como Felipe Ávila, funcionó también como un proyecto de nación.

Con el Plan de Ayala se restableció en los territorios controlados por el zapatismo –estados como Morelos, Guerrero y la zona sur de Ciudad de México, por ejemplo- un modelo de gobierno basado en la autoridad de los pueblos.

Las comunidades que recuperaron sus tierras se convirtieron en un fuerte respaldo durante el período en que el Ejército Libertador del Sur se enfrentó con el gobierno.

La guerra terminó el 10 de abril de 1919 cuando “El Caudillo del Sur” fue asesinado en Chinameca.

Zapata se iba a entrevistar con el general Jesús Guajardo, quién le prometió unirse a la batalla que entonces mantenía contra el gobierno de Venustiano Carranza.

Pero al llegar a la hacienda fue acribillado. La emboscada se considera desde entonces un símbolo de traición que avivó la leyenda sobre el revolucionario.

“Zapata vive”

La lucha de Zapata se convirtió en un símbolo de resistencia en el país.

Por ejemplo, algunos de los movimientos más importantes desde los años 60 del siglo pasado adoptaron al “Caudillo del Sur” como emblema.

En 1994 apareció el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Además, en la última década el ejemplo del revolucionario inspiró la lucha de pueblos y comunidades indígenas contra proyectos extractivos, sobre todo de empresas internacionales.

Pero también Emiliano Zapata se convirtió en un ícono de la cultura popular.

Sobre el revolucionario y su lucha se han escrito cientos de ensayos e investigaciones académicas, y también existen decenas de películas sobre su vida.

La imagen del “Caudillo del Sur” es una de las más utilizadas por creadores en todos los campos.

Algunos lo consideran como un símbolo de la masculinidad, pero al mismo tiempo es protagonista frecuente en las manifestaciones de la comunidad LGBTI.

En todos los casos, en protestas de campesinos o activistas, en obras de teatro o en conciertos musicales, la consigna más frecuente que se escucha en México es: “Zapata vive, la lucha sigue”.


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