Tijuana, la serie de Netflix que hace homenaje al mejor oficio del mundo
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Tijuana, la serie de Netflix que hace homenaje al mejor oficio del mundo

Carlos Rincones es uno de los cerebros detrás de la serie que hará un tributo al periodismo mexicano y que en meses próximos verá la luz en Netflix. Newsweek México charló con el cineasta que se forjó en los sets de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino.
Por Ana Lilia Pérez /Newsweek México
13 de enero, 2019
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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ definió el periodismo como “una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”. En un discurso pronunciado en 1996, ante la 52 asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, el Nobel de literatura colombiano afirmó: “Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir solo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz…”.

El reto de hacer comprensible para miles de personas lo que supone ejercer “el mejor oficio del mundo” es el que se han planteado los realizadores de la serie Tijuana, una de las apuestas que Netflix lanzará en México y Estados Unidos entre abril y junio próximos.

El cineasta Carlos Rincones, escritor principal de esta serie, explora la forma de ponerse en la piel del reportero con el objetivo de lograr recrear en la pantalla cómo acontece la vida en la redacción de un periódico de provincia mexicano, donde hacer periodismo se ha vuelto una labor de alto riesgo. Y es que México cerró 2018, de nueva cuenta, como el país más inseguro de la región para ser periodista. En palabras de Christopher Deloire, secretario general de Reporteros Sin Fronteras, “todos los registros son alarmantes”, ya que la violencia contra los comunicadores ha alcanzado niveles inéditos.

Entre enero y diciembre del año pasado 11 periodistas fueron asesinados en el país, cifra solo superada por Afganistán, donde asesinaron a 16. Incluso en la transición de régimen la situación para los periodistas se mantuvo álgida. El mismo día que asumía el cargo el nuevo gobierno, en Nayarit mataron a Jesús Alejandro Márquez y, cuatro días después, a Diego García, en el Estado de México; el 20 de diciembre, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, a las puertas del rotativo Expreso apareció una cabeza humana dentro de una hielera de unisel, y encima de esta una cartulina en la que se inscribieron amenazas contra la prensa local.

Realizar el trabajo de periodista en algunas zonas de México resulta una proeza.

Una de esas zonas es Tijuana, la ciudad fronteriza más importante del noroeste mexicano, donde hay comunicadores que, como el reportero gráfico Margarito Martínez, viven con un radio transistor al costado, para sintonizar las frecuencias policiacas que en cada timbrado alertan de un hecho violento. Su radio día y noche no para de timbrar.

Tijuana es para muchos un emblema del periodismo independiente, pero también de los riesgos que este conlleva. Hace 38 años ahí nació el semanario Zeta, fundado por Jesús Blancornelas y Héctor Félix Miranda, alias el Gato, cuya osadía de hacer investigación periodística y escudriñar en la narcopolítica en tiempos donde el grueso de la prensa se regía por la marcada agenda oficial, los llevaron a enfrentar, al primero, múltiples atentados y, al segundo, la muerte: fue asesinado el 20 abril de 1988.

Ante las diversas vicisitudes que ha enfrentado, este semanario continúa su labor y esta ha inspirado a un equipo de cineastas a contar la historia del acontecer cotidiano en una redacción periodística.

Tijuana, coproducción México-Estados Unidos, es una serie que combina contextos reales, personajes que se han vuelto referente e inspiración, así como una narrativa ficticia que pone bajo el reflector principal al periodismo mexicano. Con Tijuana, dice Rincones, “buscamos hacer un homenaje a esa difícil profesión”.

Carlos Rincones nació en Filadelfia, Estados Unidos. Hijo de padre guanajuatense y madre venezolana, radicó en Celaya en su infancia y adolescencia, y desde hace cuatro años vive en Los Ángeles, California. En 2006 arribó a la meca del cine con el pie derecho: en Hollywood fungió como creativo y efectista en los estudios que instaló Robert Rodríguez, ya catapultado entonces por la fama que le dejó su innovadora y ecléctica película El mariachi, una producción de bajo presupuesto muy bien recibida por la crítica.

A sus 20 años Carlos llegó a trabajar con Rodríguez a los Troublemaker Studios, ubicados en Austin, Texas. En Sin City (2006) participó como asistente de producción de efectos visuales; y en Grindhouse (2007), de Rodríguez y Quentin Tarantino, como creativo de los efectos visuales.

Además de dos películas en el cine, recién participó como director en El Chapo, serie que narra el origen, auge y caída del imperio criminal de Joaquín Guzmán Loera, actualmente preso en Estados Unidos y bajo proceso judicial en una corte en Brooklyn. La serie fue en 2017 y 2018 una de las más vistas tanto en la televisión hispana como en streaming global.

“Con El Chapo aprendí mucho. Fue una incursión en el tema y quisimos narrar las cosas de la mejor manera posible. Pero Tijuana implicó entrar en un mundo realmente fascinante: el del periodismo”, comenta.

Carlos Rincones se dice seducido por el mundo del periodismo, y considera que dadas las condiciones en las que los comunicadores desempeñan la profesión en un país con situaciones tan adversas, como es México, no está suficientemente valorada. Por ello afirma que Tijuana “es un pequeño homenaje a los periodistas”.

La preparación de la historia le implicó al equipo hablar con numerosos periodistas, conocer de primera mano su estilo de vida, el día a día en que desempeñan la profesión, y al cabo de ello se encontró, dice, “en un mundo fascinante”.

No obstante, y dado que no es un documental, entre realidad y serie hay una brecha que se llama ficción narrativa y que exige el lograr enganchar a la audiencia en una trama con tintes shakespeareanos que cuenta con la participación de Damián Alcázar, Tamara Vallarta, y el reparto también incluye a Teté Espinoza, Claudette Maillé, Martha Claudia Moreno, Edén Villavicencio y Rolf Petersena.

“En la serie, mediante la ficción narrativa, se cuenta una historia, pero, aunque se matiza mucho, se trata de presentar cómo funciona el universo de este pequeño periódico, donde existe una familia de personas que conviven de una manera muy distinta a la que conviven otro tipo de colegas en otras profesiones”.

Newsweek México charla con el cineasta durante una de sus estadías en las filmaciones de Tijuana.

–¿Tijuana es una idea tuya?

–En parte sí, pero Tijuana es un híbrido, Tijuana comenzó en Story House, la compañía que produce la serie, como una idea de rendirle una especie de homenaje al semanario Zeta de Tijuana, que tiene una historia muy interesante detrás, y ya después de eso se conformó el equipo creativo: Daniel Posada, el showrunner; Hammudi Al-Rahmoun Font, el director principal; y yo como escritor principal. En mi caso, obviamente muchas cosas en cuestión de opinión tú las traes a la mesa, pero a la vez también mucho nace en el debate del cuarto de escritores y la aportación de periodistas reales. Es una combinación, porque la tele es una combinación donde muchas cabezas colaboran, el cine siempre es algo que es muy del director, mucho más autoral.

–¿Qué es Tijuana, qué conocían del semanario Zeta?

–Del Zeta mucho, obviamente yo lo conocía como un medio de comunicación, pero ahora que con este proyecto hubo oportunidad de indagar en la historia de ellos, fue muy interesante el saber por qué se formó, de dónde venía la necesidad de hacer ese tipo de periodismo, y el resultado que tuvo y que tiene hasta la fecha. Todo el fundamento narrativo viene de ahí. Tijuana ya en la trama trata sobre un grupo de periodistas que se enorgullecen portando un lema de hacer un periodismo de investigación libre, en un país como México que es de los más peligrosos para ejercer esta labor.

“A través de los personajes —agrega— vivimos distintas historias personales, pero la base y la línea narrativa en conjunto es esta idea de que hay ciertos individuos que le dedican su vida al periodismo porque creen que en verdad pueden lograr un cambio social, y no porque se vayan a hacer ricos por ello”.

Sobre los personajes, el escritor explica que, aunque los principales se inspiran en los fundadores de ese medio, la ficción tiene el mayor peso.

“Son personajes ficticios precisamente porque, después de hacer El Chapo, donde estás siempre apegándote a la realidad, a veces la realidad te cuenta una historia interesante, pero a la vez también te pone ciertas prisiones narrativas que como creativo quieres escapar de ellas, y si quieres hacerle justicia a una historia real a veces es muy difícil. Entonces los personajes de Tijuana están inspirados en los fundadores del Zeta, pero no son como tal ellos. Borja, que es el principal, sería inspirado en el Blancornelas de la serie, y Damián Alcázar lo interpreta como director y cofundador del semanario Frente Tijuana, y nuestro Iván Rosa es un tributo al Gato . El que conozca de este mundo va a poder ver esos tintes”.

En Tijuana, el asesinato de un candidato presidencial en las calles desencadena que los reporteros del periódico local emprendan una exhaustiva investigación para esclarecer el crimen, y en sus pesquisas se vean en medio de una red de corrupción que ponen en riesgo sus vidas y su integridad.

En la vida real se sabe que el Zeta de Tijuana tuvo en narcotraficantes, como el grupo de los hermanos Arellano Félix, fuertes opositores a su ejercicio profesional.

–En la serie, ¿los Arellano son antagónicos?

–No. Quisimos en esta primera temporada meternos lo menos posible en el narco, porque casi todos veníamos de hacer El Chapo y, como alguien creativo, nunca quieres sentir que te estás repitiendo; y en El Chapo los Arellano juegan un papel importante en la primera temporada. En Tijuana sí hay una leve conexión, pero nos enfocamos principalmente en un caso particular, una situación ficticia que tiene paralelos con cosas actuales como esta nueva izquierda en el gobierno, creímos que sería interesante plantear que en Baja California por primera vez un candidato independiente de izquierda va al frente, y quisimos aludir al asesinato de Colosio que sucedió en Tijuana. En resumen, todo toma inspiración de la realidad, pero es llevado a la ficción.

–¿Qué retos enfrentan los periodistas de tu serie? ¿Qué paralelismo con los periodistas del mundo real?

–Quisimos plantear de manera muy natural un tema general, que es que los periodistas todo el tiempo están conviviendo con la muerte. Pensamos que es muy fuerte que todos los días trabajan en peligro y bajo riesgos de perder la vida. Yo no me despierto para ir a un set y pienso que ese día me voy a morir, ¿me explico? Por eso nuestro reto fue descifrar cómo reflejar este mundo, que es muy difícil de asimilar, pero a la vez los personajes encuentran cómo adaptarse y afrontar su profesión en esa adversidad, vivir sus vidas, manejar sus familias, sus relaciones sean como sean. Porque tienen una labor muy noble a la que no le damos el reconocimiento que merece.

SER AUTÉNTICO

Para Rincones, Tijuana es hasta el momento el proyecto que considera más completo en cuanto a formatos de televisión. Para tener una mayor idea de lo potente de la serie, vale escudriñar en la historia de este cineasta.

Con una vocación nata de la que apenas intuía en su infancia cuando lo cautivaba ver, al lado de su abuelo, Cinema Paradiso, el clásico de Giuseppe Tornatore, Carlos Rincones se define como una persona “auténtica”. No le teme a la experimentación, quizá por ello, sin estudios previos de cine, con solo 22 años de edad se aventuró a escribir, dirigir y producir su primer filme, llamado Malaventura (2015), en la que narra las incidencias irreverentes en la vida de un grupo de amigos en la Celaya donde vivió su infancia.

Lee la entrevista completa en Newsweek México 

 

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¿Qué tan buenas son las caretas para protegernos del coronavirus?

En apariencia, los protectores plásticos se ven más cómodos y fáciles de usar. BBC Mundo recogió la opinión de diversos expertos para entender si nos brindan o no el mismo nivel de protección.
Getty Images
13 de julio, 2020
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Con la flexibilización de las normas de confinamiento y la reapertura de tiendas, bares y restaurantes en numerosas ciudades del mundo, los cubrebocas se han convertido en una prenda de uso cotidiano.

En Reino Unido y otros países de Europa, por ejemplo, muchas marcas de ropa ofrecen mascarillas de tela reutilizables en distintos modelos, patrones y colores.

Sin embargo, en las últimas semanas, un nuevo elemento de protección ha empezado a verse en las calles: se trata de un protector o careta de plástico transparente, que hasta poco solo era utilizado por personal sanitario o en ambientes médicos u hospitalarios.

A simple vista, estos escudos protectores se ven más cómodos que las mascarillas: al no estar en contacto directo con la nariz y la boca se hace más fácil respirar, hablar, dan menos calor y, definitivamente, son menos claustrofóbicos.

¿Pero nos protegen en la misma medida que una mascarilla facial? ¿Podemos remplazar a una por otra?

Ventajas

Según un artículo de opinión publicado recientemente en JAMA, la revista de la Asociación Médica Estadounidense, estas caretas tienen una serie de ventajas.

“Son cómodas de usar, protegen los portales de entrada del virus y reducen la potencial autoinoculación, ya que evitan que el usuario se toque la cara”, dice el texto elaborado por el doctor Eli Perencevich, especialista en enfermedades infecciosas de la Universida de Iowa, y otros dos investigadores.

A diferencia de los tapabocas no hace falta quitárselas para facilitar la comunicación, pueden reutilizase indefinidamente si no están averiadas, y limpiase fácilmente con agua y jabón o desinfectantes comunes, señala el artículo.

Mesero con protector facial

Getty Images
Para las personas que están en contacto constante con miembros del público y necesitan comunicarse verbalmente, las caretas resultan mucho más cómodas.

Los autores no abogan por el uso de esta careta como única medida pero sí consideran que puede ser un elemento más en una estrategia de contención del coronavirus que incluya el lavado de manos, la distancia social y el rastreo de contactos.

Por otro lado, añaden, las caretas cubren un área mucho más amplia del rostro, incluyendo los ojos, que son otra vía de entrada para el SARS-CoV-2.

Protección más amplia

Según un estudio de simulación de tos de 2014, una buena careta plástica puede reducir la exposición total a las gotas expulsadas por la tos y los aerosoles (las gotas diminutas) en un 96% a una distancia de 46 cm.

Pero, con los aerosoles más pequeños, el protector fue menos efectivo, bloqueando al 68% inmediatamente después de la exposición a la tos, y solo al 23% en los 30 minutos siguientes, ya que estos aerosoles más pequeños pueden quedar flotando bajo el visor, en el espacio donde se produce la inhalación.

En opinión de Julian Tang, profesor del departamento de Ciencias Respiratorias de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, las caretas son por lo general bastante efectivas, pero reconoce que compararlas directamente con las mascarillas quirúrgicas es difícil, y que los estudios que se han hecho hasta el momento solo lo han logrado de forma limitada.

Si las vamos a usar, lo más importante a tener en cuenta es “cuán lejos el protector se curva para cubrir las orejas (si queda un espacio los aerosoles podrían entrar por esa vía y provocar una infección) y qué tanto se extiende por debajo (para protegernos de los aerosoles flotantes que podemos inhalar bajo el protector)”, le dice Tang a BBC Mundo.

Otro factor a tener en cuenta es que no quede un hueco en la parte superior, donde el visor se apoya sobre la frente, para reducir el riesgo de exposición a las gotas o aerosoles que pueden caer desde arriba.

Ni solas ni en el contexto comunitario

Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que las caretas sean una buena opción, aunque aceptan que cuando el uso de mascarilla no es viable —ya sea porque afecta demasiado la comunicación o por la razón que fuere— siempre es mejor utilizarla que ir con el rostro descubierto.

Trabajadores sanitarios con equipo protector

Getty Images
Hasta hace relativamente poco, los escudos faciales solo se utilizaban dentro del ámbito hospitalario.

Aaron Glatt, director del departamento de medicina del hospital Mount Sinai South Nassau, en Estados Unidos, cree que el beneficio de las caretas varían según quién las use.

“Recomendamos su uso en el caso de un trabajador sanitario, por ejemplo, que debe entrar en la habitación de un paciente que tiene o se sospecha que tiene COVID-19 y no lleva mascarilla”, le dice a BBC Mundo.

“En ese caso, el potencial de que el paciente expulse partículas de virus es grande y es importante proteger los ojos del trabajador sanitario con gafas o con una careta, por encima de la mascarilla”.

“Pero en un contexto comunitario, recomendamos la mascarilla (y no la careta), porque es más efectiva evitando que el virus se extienda a las zonas circundantes. Si la persona que usa el tapabocas está expulsando virus, las gotas quedarán atrapadas por la mascarilla”.

En definitiva, “se trata de un mecanismo más efectivo“, añade Glatt.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), tampoco recomiendan su uso en el contexto de la vida cotidiana o como sustituto para los cubrebocas de tela.

Pero en caso de que alguien decida usarlo sin una mascarilla debajo, debe asegurarse de que cubra los costados de la cara y se extienda por debajo de la barbilla.

Protección contra los aerosoles

Si bien las caretas faciales impiden el paso de las gotas, como su contorno no está sellado a la cara, permite el paso de cierto número de aerosoles.

Mesera con pantalla facial

Getty Images
Con la relajación de las medidas de confinamiento, aumenta el riesgo de transmisión de la COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció recientemente, en respuesta a una carta abierta publicada por más de 200 científicos, que hay cada vez más evidencia de que el coronavirus puede propagarse por estas pequeñas partículas suspendidas en el aire.

“La transmisión aérea no puede descartarse en escenarios con multitudes o en lugares cerrados y poco ventilados”, declaró el miércoles un representante del organismo.

Sin embargo, esta vía de transmisión, le explica a BBC Mundo Luis Ostrosky, profesor de enfermedades infecciosas de la Escuela de Medicina McGovern de UTHealth de Houston, EU, no es la principal.

“Creemos que la ruta de transmisión primaria de la COVID-19 es a través de las gotas, con lo cual hay dos formas de protegerse de ellas: una es cubriendo tu boca y tu nariz con una mascarilla, pero eso deja el resto de tu cara al descubierto”.

“La otra es con una careta facial, que te cubre toda la cara”, dice Ostrosky.

“Puede que los aerosoles contribuyan a la transmisión en ambientes cerrados, particularmente en situaciones como procedimientos médicos, pero ese es un un tema controvertido”.

Distancia social

PA Media
Mantener la distancia social y lavarse las manos siguen siendo dos medidas cruciales para frenar la pandemia.

“Por eso hay un consenso creciente entre epidemiólogos de que la careta puede ser una muy buena alternativa para protegerse dentro un contexto comunitario”.

En opinión de Ostrosky, son particularmente beneficiosas para los niños pequeños, por que dejan ver las expresiones faciales.

“Creo que serán un elemento clave para la reapertura de las escuelas“.

La OMS, por su parte, señala que, para el público en general, las caretas pueden considerarse como una alternativa en el caso de que haya una escasez de mascarillas no médicas, pero dice que son “inferiores a las mascarillas respecto a la prevención de la transmisión por gotas”.

En el documento que sirve de guía para el uso de las mascarillas en el contexto de la COVID-19, con fecha del 5 de junio, señala que las caretas faciales pueden ser más fáciles de usar para personas con desórdenes de salud mental, problemas de desarrollo, sordera o dificultades auditivas y niños.


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https://www.youtube.com/watch?v=2l6SQqdn2Y8

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