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Cuartoscuro

Usuarias del metro denuncian intentos de secuestro; autoridades piden hacer las denuncias de manera oficial

Ante las decenas de testimonios que se acumulan en redes sociales, colectivos feministas, activistas de derechos humanos y víctimas piden a las autoridades protocolos adecuados para combatir la violencia sistemática en contra de las mujeres y convocan a movilizaciones de protesta.
Cuartoscuro
Por Claudia Ramos
30 de enero, 2019
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Decenas de usuarias del metro de la Ciudad de México han denunciado en los últimos meses intentos de secuestro dentro y fuera de las instalaciones. El modus operandi es el siguiente: un hombre ubica a la víctima dentro de los vagones, la empieza a seguir y a la salida de la estación la toma en contra de su voluntad, tras amenazarla de muerte si grita o pide ayuda. Si alguien interviene, arguye que es su novia haciendo “dramas”. A algunas víctimas las han intentado subir a autos o camionetas donde hay más hombres que participan. En todos los casos denunciados en redes las jóvenes han logrado escapar, aunque en la mayoría gracias a la ayuda de alguien.

Este martes, el Sistema de Transporte Colectivo informó a través de un comunicado y en su cuenta de Twitter que hasta el momento “en ninguna de las 195 estaciones de la Red del Metro hay registros de denuncias asociadas a intento de secuestro” y pidió a las usuarias “denunciar cualquier conducta inusual hacia su persona con los policías asignados al interior del Metro o ante las autoridades competentes”. La dependencia aseguró que cuenta con módulos que brindan asesoría y acompañamiento jurídico, además de que “en apoyo a la seguridad de las usuarias se tienen destinados vagones exclusivos en toda la Red con horario permanente”.

Sin embargo, en varios de los testimonios se reporta que a pesar de haber presentado la denuncia de manera formal, sus casos no han prosperado. En uno de ellos, registrado el 12 de octubre de 2018 a las 8:10 de la mañana, una joven de 23 años se subió a un taxi a la salida del metro Eduardo Molina de la línea 5, cuyo conductor se desvió del recorrido solicitado y la amenazó con una pistola. En un alto gritó pidiendo ayuda a un par de policías que comían tamales en una esquina, quienes se acercaron a preguntarle al conductor qué pasaba y concluyeron que no podían hacer nada porque “era un asunto de pareja”. Gracias a la intervención de dos adultos mayores la joven pudo bajarse del taxi y escapar de su captor, quien la había conducido hasta el límite de Nezahualcóyotl y Ecatepec. Al presentar la denuncia por intento de secuestro ante el Ministerio Público le indicaron que no procedía porque ella “se había subido al taxi por su propia voluntad”.

En otro caso, registrado el 15 de enero de 2019 a las 22:20 de la noche a la salida del Metro Coyoacán, tres hombres intentaron subir a una joven de 29 años a una camioneta blanca sin éxito, luego de la intervención de un guardia de seguridad de un edificio cercano que los amenazó con su pistola de cargo. Al presentar la denuncia ante el Ministerio Público le indicaron que “sólo procedía por robo”, no por intento de secuestro.

De los testimonios conocidos hasta ahora por la denuncia en redes sociales, los casos se han presentado en las estaciones Velódromo de la línea 9, Impulsora de la línea B, Martín Carrera de la línea 4, Tacubaya de la línea 7, Taxqueña de la línea 2, Coyoacán de la línea 3, Múzquiz de la línea B, Puebla de la línea 9, Eduardo Molina de la línea 5 y en el transbordo de las líneas 12 y 3 rumbo a la estación Universidad de la línea 3.

La denuncia más reciente se registró este martes cuando una joven que se encontraba en la estación Canal del Norte de la línea 4, aproximadamente a las 8:30 de la mañana, observó a un hombre que sujetaba a una adolescente que “iba pálida y con una carita de miedo impresionante”. La joven que publica el testimonio intervino haciéndose pasar por su hermana y ayudó a la niña a escapar, después de forcejear con el sujeto y salir corriendo, sin que nadie de los que se encontraba presentes a esa hora en el vagón intervinieran en su ayuda. La niña había podido llamarle a su mamá para avisarle que la estaban siguiendo y que fuera por ella a la estación Indios Verdes, donde se encontraba esperándola tras llegar con ayuda de la joven que cuenta la historia en su Facebook.

“Cuando llegamos a indios verdes ahí estaba su mamá, súper asustada porque ella ya no contestó. ¿Se dan cuenta de cómo pudo ser esta historia? ‘Mamá, me vienen siguiendo’. ‘Ella ya no contestó’. ‘Ya no volvió’. La niña se soltó a llorar y abrazó a su mamá; ni siquiera le pregunté su nombre o algo, yo estaba súper nerviosa, sigo muy nerviosa, no les diré ‘cuídense’. Mejor amigas, a cuidarnos entre todas, observen a todas, cuidémonos, y niñas GRITEN, HAGAN RUIDO, NO SE DETENGAN, HÁGANSE A LA IDEA DE QUE LES PUEDE PASAR, PARA QUE NO LAS TOME DE SORPRESA Y QUEDEN EN SHOCK. DEFIENDAN A ALGUIEN, CORRAN, LUCHEN, SOMOS TODO LO QUE TENEMOS”, cuenta el testimonio.

Ante la acumulación de estos casos y los feminicidios que se han registrado en lo que va del año, distintos colectivos feministas, activistas, defensoras de derechos humanos y víctimas se organizan para realizar distintas acciones de protesta a nivel nacional para que cese la violencia en contra de las mujeres.

Para este viernes 1 de febrero se ha convocado a la Rodada por la vida y libertad de las Mujeres, que en Ciudad de México partirá de la Fuente de la Diana Cazadora al Zócalo de las 20:00 a las 22:00 horas.

Para el sábado 2 de febrero se ha convocado a una protesta en contra de los secuestros y feminicidios en el monumento a la madre.

Para el 9 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se está convocando al Movimiento contra la Inseguridad Ni una menos en el Metro, ni una menos en el mundo. “No se trata de que ‘no nos dejen solas en la calle’, se trata de que ellos nos dejen en paz, nos dejen de matar, de acosar, de violar”, sentencia Luu Pérez, una de las convocantes, horas antes de compartir en su perfil de Facebook la denuncia de Miguel Correa Hernández por la desaparición de su hija en León, Guanajuato.

En el país 18 estados cuentan con alertas de violencia de género contra las mujeres, 3 se encuentran en proceso de activación y en 9 están solicitadas, pero no se han activado.

“En nuestro país no contamos con las estadísticas ni (los) protocolos adecuados, y los que hay son insuficientes para combatir o conocer el acoso callejero y la violencia sistemática en contra de las mujeres”, indica la convocatoria a la Rodada, situación enmarcada en las propuestas legislativas de toques de queda para que las mujeres no salgan de noche, militarización de la seguridad pública y prisión preventiva oficiosa para delitos graves.

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Cómo sobrevivió una mujer transgénero a las terapias de conversión

Durante años, el sistema de sanidad británico llevó a cabo terapias agresivas con el fin de "curar" a homosexuales y transexuales. Carolyn Mercer, sobreviviente de estos tratamientos, cuenta su historia.
24 de agosto, 2019
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Otoño de 1964. Dos doctores atan a un joven de 17 años a una silla de madera en una habitación oscura, sin ventanas, y le cubren el cuerpo con electrodos.

Le electrocutan durante horas mientras le enseñan fotos de ropa de mujer.

Es parte de una terapia.

En un café en el Soho de Londres, Carolyn Mercer, ahora de 72 años, sonríe al ver las fotografías de ese niño. “Esa persona ha crecido y se ha desarrollado”, dice.

“Pero sigue siendo yo”.

Carolyn – quien prefiere no mencionar su nombre de niño – recuerda la primera vez que se dio cuenta de que era diferente.

Con 3 años, jugando en las calles de Preston, al noroeste de Inglaterra, persuadió a su hermana menor para intercambiar sus ropas.

Carolyn, vistiendo el uniforme de preescolar de su hermana, se situó frente a la tienda de su madre esperando que las personas vieran una niña pequeña ahí parada.

“Jamás se trató de la ropa… era algo dentro de mí”, cuenta.

Era un niño, y yo no quería serlo”.

Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

Carolyn Mercer
Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

La ropa de su hermana

Cuando Carolyn nació en 1947, la actitud de la sociedad hacia el colectivo homosexual y transgénero era muy poco tolerante.

Inglaterra y Gales se hallaban lejos de legalizar las relaciones homosexuales o de incluso usar la palabra “transgénero”.

Vestida con la falda de su hermana, Carolyn no tuvo palabras para describir sus sentimientos. Pero sabía que era una niña transexual con disforia de género.

Su sexo asignado al nacer no se correspondía con su identidad de género.

“Me fui a dormir con el deseo de que alguien inventara un trasplante para poner mi cerebro en un cuerpo más apropiado”, recuerda Carolyn.

Durante la infancia, su deseo secreto de vivir como mujer se transformó en un autodesprecio que le consumía.

Fotos de Carolyn como niño

Carolyn Mercer
“Sabía lo que quería ser, y ese pensamiento se consolidó desde los 3 años en adelante”

“Ese desprecio a mí misma se trataba de que yo quería algo muy absurdo”.

Carolyn se sentía “sucia” porque la sociedad veía a las personas transgénero como algo “incorrecto” y “malévolo”. “Si era incorrecto y malévolo, debía ser porque yo era mala y estaba equivocada”, dice que pensó entonces.

Creció en el cuerpo de un fuerte adolescente y se dedicó a ser “un buen tipo”, jugando deportes “masculinos” como rugby o boxeo. Aún así, no podía desplazar el profundo e incómodo sentimiento de pretender ser alguien que no era.

Descargas eléctricas

Carolyn comenzó a sentirse deprimida y suicida. Pensaba que “sería más fácil” para su familia y amigos si muriese antes que contarle a alguien cómo se sentía.

Pero los 17 años, compartió su secreto con un vicario. La llevó a ver a un médico en un hospital psiquiátrico y se organizaron “cinco o seis” sesiones de terapia de aversión en un hospital de Blackburn.

“Pedí eso porque quería curarme”, afirma.

Terapias de descargas eléctricas

Getty Images
Terapias de descargas eléctricas de diversos tipos se han utilizado en medicina desde la década de 1930.

Carolyn estaba atada a una silla de madera en una habitación oscura mientras los doctores le adherían electrodos previamente sumergidos en salmuera. A la vez, le proyectaban imágenes con ropa de mujer en la pared de enfrente.

A cada cambio de fotografía, un corrientazo a través de los electrodos le propinaba un doloroso shock eléctrico. Carolyn recuerda vívidamente el naciente shock desgarrando con dolor desde su mano hacia arriba mientras su brazo permanecía adherido a la silla.

A pesar de su agonía, los doctores siguieron presionando. Estaban convencidos de que si ella “aprendía” a asociar sus pensamientos con los recuerdos de dolor, dejaría de pensar que era una mujer.

Meses de tratamiento después, Carolyn decidió no recibir más. Para entonces el trauma era tan grande que la experiencia de los temblores y los recuerdos le atormentó por los siguientes 40 años.


¿Qué es una terapia de conversión?

La llamada terapia de conversión o “cura de gays” asegura ayudar al cambio de la sexualidad o identidad de género de una persona. Los métodos incluyen hipnotismo, exorcismo y tratamientos de aversión como choques eléctricos y fármacos para vomitar.

Este tipo de terapias estuvieron disponibles en el sistema nacional de sanidad británico (NHS, por sus siglas en inglés) hasta los años 70. El sistema y el gobierno sostienen que no hay archivos sobre el número de pacientes que fueron tratados o que murieron como consecuencia del tratamiento.

A pesar de que la evidencia científica indica que son dañinas e inefectivas, varias terapias continúan llevándose a cabo alrededor del mundo.

Organizaciones trabajan para poner fin a estos tratamientos, pero las complejas y arraigadas creencias que fomentaron su propagación dificultan su erradicación.


Durante un tiempo, Carolyn pensó que la terapia había funcionado.

Llevó la vida tan “masculinamente” como era posible. A los 19 años tenía esposa e hija, se había convertido en profesora de matemáticas y había sido promovida rápidamente, convirtiéndose pronto en una de las más jóvenes directoras en su provincia.

Pero su disforia no había sido sofocada.

Carolyn Mercer con 19 años

Carolyn Mercer
Carolyn, con 19 años, en su primer día como profesora, dos años después de la terapia.

Su depresión empeoró y le sacudían temblores incontrolables cada vez que pensaba en el tratamiento recibido.

“¿Funcionó la terapia con respecto a mi cuerpo? Sí”, dice Carolyn. “¿Funcionó con respecto a mi mente? Solo para odiarme más”.

Después de años lidiando con la disforia, Carolyn comenzó a tomar hormonas para que se le desarrollaron los senos a comienzos de los 90.

Fue el inicio de un proceso descrito por muchos en la comunidad transgénero como “transición” o, como Carolyn prefiere, “alinear mi expresión de género con mi identidad de género”. Es “un poco pretencioso, pero se ajusta a mi realidad”.

Su familia no apoyó su decisión de forma activa. “Les gustaba la persona que veían, una diferente a la que yo me reflejaba“, reconoce.

Mastectomía doble

En el trabajo, Carolyn se vendaba sus senos en desarrollo para ocultar los efectos de su tratamiento.

Pero, en 1994, un periodista se enteró de que estaba tomando hormonas y la vida personal de Carolyn se reprodujo en los tabloides alegando que era de “interés público” informar del secreto de una maestra de alto perfil.

El episodio hizo que Carolyn se replanteara su consumo de hormonas y, al verano siguiente, le extirparon sus senos en una cirugía normalmente reservada a pacientes con cáncer.

Una vez más, un vacío infranqueable se había alojado entre quién era Carolyn y quién quería ser.

Pero varios años difíciles después, y a pesar del apoyo de amigos, alumnos, familiares y colegas, Carolyn se jubiló para someterse a la operación que soñó durante décadas.

Tenía entonces 55 años.

Carolyn Mercer

Carolyn Mercer
Carolyn, a los 67 años, disfrutó en Estados Unidos de unas vacaciones donde finalmente era quien siempre soñó ser.

Ahora la vida es mucho mejor. Ya no tengo ese secreto oculto todo el tiempo”.

Algunos miembros del colectivo transexual afirman que la persona antes de la cirugía ya está muerta. Pero para Carolyn, el niño pequeño vistiendo la ropa de su hermana menor sigue vivo.

“Sigo siendo la misma persona con las mismas experiencias”.

Sin embargo, sigue con dificultades para ser feliz. Siguiendo su terapia de conversión, se acostumbró tanto a enterrar sus más profundos deseos que ahora le cuesta abrirse a la felicidad.

“Cuando me enseñan el menú de un restaurante y preguntan qué prefiero, no sé qué responder”.

“Muchos lo encuentran triste, pero es algo que he asimilado… ya no tengo esa luz o ese tipo de emociones por haberme reprimido durante tanto tiempo”, concluye.


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