Auditoría detectó nuevas irregularidades por 770 mdp en la construcción del Tren México-Toluca
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Auditoría detectó nuevas irregularidades por 770 mdp en la construcción del Tren México-Toluca

La ASF ha generado dos promociones de responsabilidad administrativa sancionatoria contra servidores públicos y 18 pliegos de observaciones con probables desvíos en la construcción.
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24 de febrero, 2019
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Las irregularidades en la construcción del Tren México-Toluca siguen surgiendo. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó, como parte de la revisión de la Cuenta Pública 2017, un probable daño o perjuicio (o ambos) por 770 millones de pesos en los recursos públicos entregados para esta obra a cargo de la Secretaría de la Comunicaciones y Transportes (SCT).

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La ASF revisó 16 contratos (tres del gobierno de la Ciudad de México y 13 de la SCT) para esta obra consistente en la construcción de un sistema ferroviario con una longitud de 57.7 kilómetros entre el Estado de México (40.7 kilómetros) y la capital del país (17 kilómetros), motivo por el cual emitió 22 observaciones para tratar de recuperar los recursos públicos que presuntamente se malgastaron.

Dos de estas observaciones fueron solventadas por la SCT, en tanto las 20 restantes generaron: dos promociones de responsabilidad administrativa sancionatoria contra servidores públicos y 18 pliegos de observaciones con probables desvíos que ascienden a los 770 millones de pesos.

Las irregularidades

Entre las presuntas irregularidades detectadas por la ASF, el órgano fiscalizador encontró un posible daño por 99 millones 900 mil pesos, “debido a que la Secretaría de Obras y Servicios del Gobierno del Distrito Federal reasignó recursos al Programa Comunitario de Mejoramiento Urbano que contempló realizar el repellado y pintura de fachadas de viviendas en la entonces Delegación Álvaro Obregón el cual no cumplió con el objeto ni con los alcances del programa de construcción (del tren)”.

Además, por estos trabajos no se entregaron las facturas, contratos ni comprobantes que justificaran la erogación del millonario recurso, según la revisión de la ASF.

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Aparte, detectó que 41 millones 762 mil 869 pesos fueron a parar a diferentes proyectos de obras que no cumplían con los alcances del programa para la construcción del tren, toda vez que no se entregaron los documentos comprobatorios del gasto.

Fue el caso de la rehabilitación y mantenimiento de áreas verdes y andadores del bioparque ubicado dentro de la unidad habitacional Santa Fe IMSS; la instalación de luminarias dentro del polígono Vasco de Quiroga; el bacheo de la Avenida Vasco de Quiroga frente al centro comercial Santa Fe; la rehabilitación y mantenimiento del gimnasio G3 y la construcción de la clínica de odontogeriatría en la delegación Álvaro Obregón, entre otras.

No solo eso. El órgano encontró un posible daño al erario por 109 millones 699 mil 35 pesos, destinados a “conceptos no previstos” durante la excavación y operación del túnel México-Toluca.

Además, se encontraron pagos “fuera de catálogo” por 77 millones 486 mil 524 pesos durante la fabricación de dovelas, que son las “piedras labradas en forma de cuña, para formar arcos o bóvedas”.

Otras irregularidades detectadas por la ASF consistieron en no respetar los criterios establecidos en los trabajos de suministro, traslado y montaje de banquetas; no acreditar los rendimientos ni los costos de los materiales para el suministro y colocación de cable de media tensión; pagos por refacciones no suministradas y la adquisición de predios que estaban fuera del derecho de vía, entre otras.

En el caso de los predios, se pagaron 8 millones de pesos por la adquisición de terrenos en el ejido “Capultitlán”, y 16 millones de pesos por predios del municipio de San Mateo Atenco, aun cuando éstos se encontraban fuera de los derechos de vía del tren (lejos de la obra). En el primer caso a una distancia aproximadamente de dos kilómetros.

Por todas estas irregularidades, la SCT y el gobierno de la CDMX cuentan con un periodo de 30 días hábiles, tras la publicación de la auditoría, para presentar la documentación que consideren necesaria para responder a las presuntas anomalías detectadas.

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Cómo calcular la edad humana de tu perro (y por qué la regla de los 7 años no funciona)

Pero esa regla matemática no es tan exacta como muchos creen. Te contamos cómo se puede saber de manera más precisa la edad de estos animales en "años humanos".
17 de enero, 2020
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Si tu perro ha estado vivo y pateando por una década, generalmente se cree que ha envejecido tanto como lo habría hecho un humano de 70 años.

Este factor de conversión, de que cada año de vida de un perro representa siete humanos, proviene de dividir la esperanza de vida humana, que es de alrededor 77 años, entre la esperanza de vida canina (cerca de 11).

La suposición es que cada año que vive un perro es equivalente a 7 años humanos. Pero una nueva investigación sugiere que las cosas no son tan simples.

Y si observamos algunos hitos básicos del desarrollo, se nos hace claro el porqué.

Por ejemplo, la mayoría de las razas caninas alcanzan la madurez sexual entre los 6 y los 12 meses; el extremo superior de ese rango corresponde, según la conversión tradicional, a una edad humana de 7 años.

Y en el otro extremo del espectro, aunque inusual, se sabe que algunos perros viven por más de 20 años. Bajo la regla de conversión que se suele utilizar, esto equivaldría a 140 años humanos.

Para complicar aún más las cosas, la esperanza de vida de los perros depende significativamente de la raza. Los perros más pequeños suelen vivir significativamente más tiempo, lo que sugiere que envejecen más lentamente que los perros más grandes.

Todo esto plantea la siguiente pregunta: ¿qué entendemos exactamente por edad?

Mujer acariciando a su mascota.

Getty Images
Nuevas ideas sugieren que nuestras mascotas se mueven más rápido cuando tienen una edad intermedia.

Edad biológica vs edad cronológica

La forma más obvia de describir la palabra edad es simplemente “el tiempo transcurrido desde tu nacimiento”. Esta es su definición cronológica.

Sin embargo, existen otras definiciones. La edad biológica, por ejemplo, es un concepto más subjetivo, que se basa en evaluar los indicadores fisiológicos para identificar el desarrollo de un individuo.

Estas incluyen medidas como el “índice de fragilidad” (encuestas que tienen en cuenta el estado de enfermedad de un individuo), deficiencias cognitivas y niveles de actividad.

Luego están los biomarcadores de envejecimiento más objetivos, como los niveles de expresión génica (los genes producen proteínas a diferentes velocidades en diferentes etapas de la vida) o el número de células inmunes.

La velocidad a la que aumenta la edad biológica depende de factores genéticamente heredados, de la salud mental y también del estilo de vida.

Por ejemplo, si has estado consumiendo mucha comida chatarra y fumando cigarrillos en lugar de ejercitarte y alimentarte de manera saludable, es probable que tu edad biológica supere tu edad cronológica.

O bien, podrías ser un hombre de 60 años con el cuerpo de uno de 40, si has llevado una vida saludable.

La vida de un perro

Perro celebrando su cumpleaños.

Getty Images
En lugar de celebrar la edad cronológica, una medida mucho más precisa de envejecimiento es observar los niveles de metilación en el ADN de un perro.

Cuando se trata de comparar edades de animales entre especies, la edad biológica es mucho más útil que la cronológica.

Saber que un hámster tiene seis semanas de edad no te da una buena imagen de en qué etapa de su vida se encuentra, incluso si sabes que la esperanza de vida de un hámster es de solo tres años. Por el contrario, el conocer que un hámster ha alcanzado una edad en la que puede reproducirse ofrece una imagen mucho más precisa de su nivel de madurez.

Los autores del nuevo estudio sobre el envejecimiento de los caninos sugieren que una forma sensata de medir la edad biológica es a través de los llamados “relojes epigenéticos”, cambios en el empaque de nuestro ADN que se acumulan con el tiempo en todos los mamíferos.

En particular, la “metilación”, la adición de grupos metilo (un átomo de carbono unido a tres átomos de hidrógeno) al ADN, parece ser un buen indicador de la edad.

Muchos marcadores fisiológicos prominentes, como el desarrollo de los dientes, parecen ocurrir en los mismos niveles de metilación en diferentes especies.

Cachorro jugando con un hueso.

Getty Images
En su primer año de vida, los cachorros crecen tan rápido que envejecen el equivalente a 31 años humanos.

La nueva fórmula

Al hacer coincidir los niveles de metilación en perros perdigueros de labrador y humanos, los investigadores lograron una fórmula para asignar la edad del perro a su equivalente humano.

Esa fórmula es: edad humana equivalente = 16 x ln (edad cronológica del perro) + 31.

“ln” representa una función matemática conocida como el logaritmo natural. La función logarítmica es bien conocida en las escalas no lineales para la energía liberada durante los terremotos (Richter) o para medir el sonido (decibelios).

Es útil para medir cantidades cuyos tamaños varían en muchos órdenes de magnitud. Incluso es posible que una experiencia logarítmica del paso del tiempo explique por qué percibimos que el tiempo se acelera a medida que envejecemos.

Perro disfrazado de pirata.

Getty Images
En ocho años calendario, un perro habrá envejecido aproximadamente el equivalente a 64 años para una persona.

1 año humano corresponde a 31 caninos

Un atajo útil puede ser recordar que el primer año del perro equivale a 31 años humanos. Luego, cada vez que la edad cronológica del perro se duplica, el número de años humanos equivalentes aumenta en 11.

Por lo tanto, ocho años representan tres “duplicaciones” (de uno a dos, de dos a cuatro y luego de cuatro a ocho) dándole al perro una edad equivalente a 64 (eso es 31 + 3×11).

La mayoría de los amantes de los perros ya habrán sospechado que la relación de edad entre humanos y perros no es lineal, habiendo notado que, inicialmente, sus mascotas maduran mucho más rápido de lo que sugiere la regla de los siete años.

Un refinamiento más sofisticado de la regla de los siete años ha sugerido que cada uno de los primeros dos años del perro corresponde a 12 años humanos, mientras que todos los años posteriores cuentan para cuatro equivalentes humanos.

En la práctica, los nuevos conocimientos moleculares sobre la conversión de la edad de un humano a la de un perro de la ley logarítmica sugieren que los perros se mueven a una edad intermedia incluso más rápido de lo que la mayoría de sus dueños sospechaba que podían.

Y vale la pena tener en cuenta que cuando descubras que Rex ya no persigue la pelota como lo hacía antes, es que probablemente tenga más edad de la que creías.

*Este artículo fue escrito por Christian Yates, profesor titular de Biología Matemática en la Universidad de Bath.

Puedes leer el artículo original en The Conversation aquí

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