Avionetas devastaron cultivos al fumigar en comunidades pobres en Guerrero, acusa ONG
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Cuartoscuro Archivo

Avionetas devastaron cultivos al fumigar en comunidades pobres en Guerrero, acusa ONG

Siete comunidades de la montaña de Guerrero, en alto grado de marginación, han perdido cultivos, señaló Tlachinollan.
Cuartoscuro Archivo
Por Andrea Vega
15 de febrero, 2019
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El 21 de enero de 2019, aeronaves particulares realizaron una operación de fumigación aérea en el municipio de Acatepec, en la Montaña de Guerrero. Se cree que el objetivo era eliminar plantíos de amapola. Pero con lo que acabaron fue con parcelas de maíz, plantas frutales de mamey, toronja, plátanos y mangos, que los pobladores habían obtenido de programas de la Secretaría de Agricultura, denunció el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.

También acabaron con huertas de café, de aguacate y con criaderos de peces. En un comunicado, la organización difundió que siete comunidades tuvieron afectaciones: Zontecomapa, El Mirador, Barranca Pobre, Laguna Seca, Agua Fría, Zilacayota, Barranca Mina y Loma Maguey.

“Las fumigaciones no se focalizan en las siembras ilícitas, el líquido que esparcen se propaga en toda el área dónde sobrevuelan y han causado graves daños a la economía al quemar las plantas de los pobladores”, afirmó, en entrevista con Animal Político, Rubén Silva, abogado del Tlachinollan.

Para estos poblados perder sus cosechas es un daño catastrófico. Las comunidades de la montaña de Guerrero tienen un alto grado de marginación, solo similar al de algunos pueblos en África, donde la gente vive con menos del equivalente a un dólar al día.

Leer: Guerrero siembra la opción de permitir el uso medicinal de amapola para reducir la violencia

Las fumigaciones las hicieron helicópteros que no son del ejército ni de la marina, “al parecer son comerciales –aseguró Silva– porque no portaban ninguna insignia oficial y eran de color blanco. De acuerdo con el abogado del Tlachinollan hay otra explicación posible para esas fumigaciones, que éstas fueran ordenadas por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para “erradicar plantíos ilegales”.

Los pobladores no han querido interponer una denuncia formal por los hechos, “por la criminalización que se hace siempre sobre las comunidades acusándolas de que todos siembran amapola, lo que no es verdad en el caso de la zona de la montaña de Guerrero, pero también por temor al Ejército y porque saben que seguro no pasará nada”, subrayó Silva.Animal Político buscó a la dirección de comunicación social de la Sedena para tener una postura oficial sobre las denuncias de los afectados, pero hasta el cierre de esta edición la dependencia no había dado respuesta a la petición del medio.

En espera

Pobladores que hace casi dos años interpusieron denuncias por casos similares siguen a la espera de la reparación del daño. En mayo de 2017, hubo otras fumigaciones en la comunidad Nahua de San Miguel Cuixapa Norte, del municipio de Zapotitlán Tablas. La principal sospecha es que pudieran ser ordenadas por el Ejército.

Guadalupe Ojendís es de San Miguel Cuixapa Norte. Tiene cuatro hijos y es madre soltera. Para sostenerlos ha sido migrante jornalera en Sinaloa y obrera en Monterrey. Cuando resultó beneficiaria de un programa de la Secretaría de Agricultura, en 2017, y pudo sembrar 60 árboles de aguacate y 100 de Ocote, pensó que ya había encontrado la forma de quedarse en su comunidad y tener un buen ingreso.

Pero con las fumigaciones de mayo de 2017 perdió el cultivo. “Las hojas quedaron como chicharrón y todo se quemó alrededor como si hubiera caído una bomba”, contó la mujer en un testimonio hecho público por Tlachinollan.

Ella y un afectada más, de 10 en total, interpusieron una denuncia ante la Procuraduría General de la República por la que se abrió la carpeta de investigación FED/GRO/CHILP/0000771/2017. También interpusieron una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, registrada con la clave CNDH/1/2017/5179/Q.

Tlachinollan documentó y difundió que en 2017, las fumigaciones se realizaron con asperciones vía aérea del químico Paraquat. “Lo que encontramos sobre este producto –señaló Silva- es que causa fuertes daños en los seres humanos. Se trata de un herbicida que es propiedad de la transnacional SYGENTA”.

Estas fumigaciones iniciaron después de la visita que hizo Jhon Kelly, entonces secretario de Seguridad del Gobierno de Estados Unidos, a las instalaciones de la región naval de Acapulco, donde se reunió con los secretarios de Marina y Defensa Nacional. Las fumigaciones aéreas “tienen que ver con compromisos internacionales de abatir la siembra de enervantes, sin atender las causas estructurales del problema que enfrentan las comunidades pobres de nuestro país”, alertó Tlachinollan en su comunicado.

Sobre la queja ante la CNDH, la oficina de comunicación social informó a Animal Político que el expediente de ésta se registró el 14 de julio de 2017 y aún está en trámite.

Respecto a la denuncia, en mayo de 2018 el ministerio público de la PGR en la delegación de Chilpancingo decretó el inejercicio de la accion penal por falta de pruebas. Esto, dice el abogado de Tlachinollan, pese a que nunca se hizo el análisis químico de las plantas. “Si ya no nos inconformamos ante el juez de control fue porque sabíamos que solo se solicitaría a la PGR que realizara los actos pendientes de investigación, lo que no vimos viable puesto que después de 12 meses ya se había perdido la evidencia de las fumigaciones”.

La Sedena nunca admitió, durante la investigación, haber realizado las fumigaciones de 2017. “La 35 zona militar dijo que ellos solo habían hecho sobre vuelos en las comunidades. Y antes de que fueran los peritos de la PGR, fueron militares a los cultivos de los afectados a hacer trabajos de georeferencia, creemos que para prevenirse –aseguró Silva– y no evidenciarse en cualquier informe que le solicitara la PGR”.

En un oficio que presentaron como parte de la investigación, precisó el abogado, la Sedena responde sobre sus acciones de erradicación de plantíos ilícitos por aspersión aérea que sus vuelos están bien calculados para fumigar el área donde se encuentran.

En su defensa, señaló Tlachinollan en su comunicado sobre el caso, la Sedena argumentó, en las carpetas de investigación, que tendría que ser un perito quien verifique que los daños fueron ocasionados por el herbicida y que si el resultado fuera positivo, las personas tendrían que comprobar que efectivamente las afectaciones fueron causadas por el método de aspersión aérea realizado por los militares.

En síntesis, señaló Tlachinollan, “la Sedena a pesar de realizar fumigaciones en los cultivos de las comunidades indígenas, todavía las emplaza a que le demuestren técnicamente que fueron ellos quienes causaron los daños a sus cultivos. Y sigue reproduciendo el estigma de que la gente de la montaña interpone denuncias para encubrir sus actividades ilícitas y obligar a los militares a que deje de realizar esas operaciones”.

Por eso se entiende que la gente no quiera denunciar las fumigaciones de 2019, subrayó Silva, “además las personas afectadas tienen temor de hacer las denuncias ante las autoridades competentes porque saben que se atendrán a las consecuencias, por haberse atrevido a denunciar al ejército. Prefieren mejor callar y resignarse ya a perder sus cultivos”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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Cómo es Palm Beach, la isla de Florida con la población más blanca y rica de EU, el nuevo hogar de Trump

Vecinos de Palm Beach recibieron con banderas y aplausos a Donald Trump el pasado 20 de enero. Pero no todos los residentes están igual de felices.
23 de enero, 2021
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Intentar entrar en una isla a la que pocos días antes ha llegado un expresidente de Estados Unidos con la idea de convertirse en un vecino más no es tarea sencilla.

Menos si ese expresidente es Donald Trump, con toda la pasión, el fervor, la controversia y las medidas de seguridad que lo acompañan.

Carreteras cortadas, desvíos obligatorios y un férreo control policial hacen que sea imposible acercarse a Mar-a-Lago, el resort donde Trump ha pasado largos fines de semana y períodos vacacionales en estos últimos cuatro años y donde ahora tiene intención de establecer su residencia permanente.

Una decisión que ha generado incomodidad entre algunos de los vecinos de Palm Beach, la ciudad en la que se encuentra la imponente construcción y que es conocida por su exclusividad, elitismo y riqueza, pero -sobre todo- por su deseo de mantener ese estatus.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
Las fincas de Palm Beach tienen una flora exuberante.

¿Cómo es este selecto rincón del sur de Florida que Trump definió como paraíso en la Tierra?

Un lugar de retiro

Palm Beach es una ciudad que durante todo el año tiene apenas 11.000 habitantes, una cifra que se triplica en temporada alta (de noviembre a abril), cuando llegan las llamadas “aves migratorias”, personas que normalmente residen en lugares más fríos del país.

Separada del continente por una enorme masa de agua, el lago Worth, los residentes hablan de su ciudad como una isla a la que se puede acceder por la carretera de la costa o a través de una serie de puentes, uno de los cuales conduce directamente hasta Mar-a-Lago.

Mar-a-Lago a lo lejos, Palm Beach

BBC Mundo
Los controles y cortes de carretera impidieron que nos acercáramos al resort de Mar-a-Lago.

Después de manejar una hora y media desde Miami, me dirigía hacia él cuando me encontré con la primera barrera: un letrero con una gran flecha que desviaba todo el tráfico hacia la izquierda.

Quería seguir el recorrido que hizo el convoy que transportó a Trump y familia el pasado miércoles 20 de enero, horas después de haber abandonado la Casa Blanca y la presidencia del país.

Ese día, decenas de seguidores colocados a ambos lados de la carretera le dieron la bienvenida con banderas y carteles de apoyo.

Seguidores de Trump lo reciben en Palm Beach

Getty Images
Los residentes de Palm Beach votaron mayoritariamente por Trump en las pasadas elecciones de noviembre.

Este viernes, lo que había era un caos de autos que daban la vuelta en busca del camino para poder llegar a su destino.

Los atascos y los cortes de carretera son la principal fuente de frustración para una comunidad de personas que, en su mayoría, eligieron Palm Beach como lugar de retiro para no tener que lidiar precisamente con estos fastidios de la vida diaria.

Lujo por todas partes

Encontrada la alternativa para acceder a Palm Beach, llama la atención el contraste con la ciudad que queda atrás, West Palm Beach. No son solo lugares separados por un puente, sino también por millones de dólares.

Un deportivo blanco en la avenida Worth, Palm Beach

BBC Mundo
Los autos de lujo son comunes en las calles de Palm Beach.

Grandes fincas escondidas tras la maleza, con enormes arbustos y plantas cubriendo los muros, una playa larga y estrecha, tiendas de moda con las firmas más exclusivas, galerías de arte y restaurantes con terrazas al sol esperan al curioso visitante.

Los residentes, sin embargo, no se muestran tan abiertos hacia quienes llegamos de fuera.

Ante la pregunta de cómo se sienten ahora que Trump no está de paso, la mayoría prefiere no contestar.

Melissa, una joven que fuma en el exterior de la tienda de ropa en la que trabaja en la avenida Worth, eje del lujo comercial de la ciudad, le dice a BBC Mundo que para ella nada cambia.

“Trump lleva cuatro años viniendo a Mar-a-Lago como presidente, y antes de eso también venía, estamos acostumbrados a los controles y las esperas. Lo único que cambia es que ahora somos más conocidos, aunque la atención también pasará”.

No todos los vecinos asumen la presencia de Trump en la ciudad con tanta naturalidad.

Una batalla legal

“He recibido correos y llamadas de residentes que no quieren que el presidente viva en el condado de Palm Beach”, le cuenta a BBC Mundo Mack Bernard, comisionado del condado de Palm Beach para el distrito 7, al que pertenece Mar-a-Lago.

“Él está en la ciudad, tendrá que alcanzar un acuerdo con la ciudad para ver si puede continuar usando Mar-a-Lago como residencia, tengo entendido que hay limitaciones” explica.

Fachada de Mar-a-Lago

Getty Images
Donald Trump compró Mar-a-Lago en 1985 por US$10 millones.

Las limitaciones a las que se refiere el comisionado datan de 1993, año en el que Trump y el Ayuntamiento de Palm Beach firmaron un pacto por el que el entonces magnate recibía permiso para transformar la mansión en un club social, pero con la contrapartida de no poder usar el edificio como residencia.

Según el convenio, las estancias en el club solo podían ser de 21 días al año, distribuidos en tres semanas no consecutivas. Además, se le imponía al club un máximo de 500 miembros y Trump se comprometía a que al menos un 50% de esos miembros residieran o trabajaran en Palm Beach.

El pasado 15 de diciembre, el abogado Reginald Stambaugh en representación de la familia DeMoss, propietaria de una finca junto a Mar-a-Lago, envió una carta al ayuntamiento y al Servicio Secreto de Estados Unidos en la que denuncia la violación del mencionado acuerdo.

Donald Trump y Xi Jinping

Getty Images
Trump recibió en Mar-a-Lago a líderes internacionales como el presidente de China, Xi Jinping.

“Según el acuerdo de uso de 1993, Mar-a-Lago es un club social y nadie puede residir en la propiedad”, escribió Stambaugh.

“Para evitar una situación embarazosa para todos y darle al presidente tiempo para hacer otros planes de vivienda en la zona, confiamos en que trabajarán con su equipo para recordarles los parámetros del acuerdo de uso ”, proseguía la carta.

“Palm Beach tiene muchas propiedades encantadoras a la venta y seguro que puede encontrar una que satisfaga sus necesidades”.

Sin embargo, el expresidente hizo caso omiso de esta misiva y la Organización Trump emitió un comunicado que decía: “No hay un documento o acuerdo en vigor que prohíba al presidente Trump usar Mar-a-Lago como su residencia“.

Una vivienda en Palm Beach

BBC Mundo
Las propiedades en Palm Beach están muy resguardadas del exterior.

BBC Mundo intentó hablar con el abogado Stambaugh, pero no recibió respuesta.

Una figura extravagante

Conocedores de Palm Beach como el cronista social Laurence Leamer o el agente inmobiliario Rick Rose han apuntado en distintas entrevistas que el desprecio de una parte de la sociedad de Palm Beach hacia Donald Trump no es nada nuevo.

El periodista Ronald Kessler, autor de más de 20 libros sobre la Casa Blanca, el Servicio Secreto y agencias de inteligencia como el FBI o la CIA, cree que esta imagen de rechazo se está exagerando.

Donald Trump saluda

Reuters
Trump goza de apoyo en Florida, estado que ganó en las elecciones de 2016 y 2020.

En entrevista con BBC Mundo, Kessler recuerda que, tanto en 2016 como en 2020, una mayoría de la gente de Palm Beach votó por Trump.

“Siempre ha habido la conocida ‘vieja guardia’ que tiende a ser antisemita y antinegros y a la que nunca le cayó bien. El club de Trump admitía negros y judíos”, indica.

“A algunos no les gusta su estilo, piensan que es extravagante, algo en lo que casi todo el mundo está de acuerdo, pero creo que es solo eso, un segmento de la población”.

Para Kessler, la idea de la carta no tiene fundamento legal.

“El hecho de que vaya a vivir allí no es tan distinto de lo que hacía cuando era presidente, que estaba de viernes a domingo o dos semanas en Navidad, o incluso antes de la presidencia”, afirma.

Map

La ciudad de las donaciones

Palm Beach es el segundo municipio del condado del mismo nombre y recibió categoría de ciudad el 17 de abril de 1911, tras descubrirse que la vecina West Palm Beach iba a intentar anexarse la isla ese mismo año.

Después de más de 100 años de elegante evolución, Palm Beach es una comunidad volcada en los eventos sociales, no en vano el conjunto de sus residentes dona más dinero per cápita a organizaciones caritativas que cualquier comunidad de todo Estados Unidos.

“La ciudad gira en torno a los bailes caritativos que se organizan”, señala Ron Kessler.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
En Palm Beach se celebran numerosos eventos de recaudación de fondos para donarlos a causas sociales.

“Ponen tanta atención en las decoraciones y en la comida como en el dinero que donan. Hay comités para estos bailes, se dan peleas internas para ver quién es el miembro de la alta sociedad más querido o la reina social de Palm Beach”, agrega.

“Esa es su industria. Son todos ricos, no necesitan trabajar, por lo tanto, tienen esa forma de socializar y estas jerarquías”.

Mar-a-Lago

Trump aterrizó en ese ambiente en 1985 cuando compró Mar-a-Lago por US$10 millones.

La mansión de 126 habitaciones había sido propiedad de Marjorie Merriweather Post, dueña de General Foods, que murió en 1973 y se la dejó en herencia al gobierno de Estados Unidos como una posible “Casa Blanca de invierno”.

El gobierno la devolvió en 1981. Después de comprarla, Trump se gastó millones en rehabilitar la propiedad mientras vivía allí por temporadas, generalmente entre noviembre y mayo, cuando el clima de Florida es atemperado.

Vista aérea de Mar-a-Lago

Reuters
El club Mar-a-Lago tiene 7 hectáreas de extensión.

A principios de los 90, Trump entró en dificultades financieras por la caída de los precios de los inmuebles y el fracaso de varios de sus negocios y le dijo al ayuntamiento que no podía hacerse cargo de los US$3 millones anuales que costaba el mantenimiento.

Fue entonces cuando se firmó el acuerdo por el que Trump pudo convertir Mar-a-Lago en un club social en el que, hoy día, los miembros pagan una cuota inicial de US$200.000 y una tarifa anual de US$14.000.

Mar-a-Lago es lo más cercano al paraíso. Lo dice Trump y yo estoy de acuerdo”, sostiene Ron Kessler, que ha visitado el lugar en varias ocasiones.

“Cualquiera que está allí queda deslumbrado por la belleza, el follaje, el agua a los dos lados de la isla, el beach club que está en el océano, las dos piscinas climatizadas a unos 25 grados todo el año, la comida, las bebidas… es espectacular, una maravilla”.

Autoridades esquivas

La descripción que realiza el escritor estadounidense encaja con el porte de las otras mansiones que se adivinan detrás de las verjas y las frondosas palmeras.

Fachada en la avenida Worth

BBC Mundo
Hay mucha reserva de las autoridades y los residentes de Palm Beach para hablar con la prensa.

Cuando intento acercarme a Mar-a-Lago desde la zona norte, una barrera similar a la que había en el puente indica que el paso de todos los vehículos, excepto los de los residentes, está prohibido.

Hay un control policial a un kilómetro y medio de distancia de la casa de Trump. Los agentes explican que el perímetro seguirá activo durante unos días.

“Poco a poco recuperaremos la normalidad, ahora está todo muy reciente y las amenazas son reales“, nos dice uno de los policías.

Tanto la Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach como el Departamento de Policía de la ciudad responden a nuestras preguntas con el mismo mensaje: “La prioridad es garantizar la seguridad no solo de Trump sino de todos los residentes”.

Seguidores de Trump y un vehículo del sheriff del condado de Palm Beach

EPA
La Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach lleva años colaborando con el Servicio Secreto para la protección de Trump y su familia.

Respecto a la disputa por la posible residencia permanente de Trump, las autoridades de la ciudad se muestran esquivas.

Desde el Ayuntamiento, la alcaldesa, la republicana Gail Coniglio, no reacciona a nuestra solicitud de entrevista.

El administrador de la ciudad, Kirk Blouin, nos hace llegar un escueto mensaje: “El Ayuntamiento no está al tanto de la intención de Trump en este sentido. Cuando sepamos, como un hecho, que el presidente Trump pretende residir en Mar-a-Lago abordaremos el asunto de la forma apropiada”.

Una función positiva

Por su parte, el comisionado Mack Bernard, del gobierno del condado, intenta encontrar las ventajas de tener una figura tan relevante en el vecindario.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
La diferencia de riqueza entre Palm Beach y su vecina West Palm Beach es abrumadora.

“Cuando tienes un expresidente que vive en tu distrito, mi forma de pensar es preguntarme qué cosas positivas pueden salir de esto”, le dice Bernard a BBC Mundo.

Para el comisionado, Trump podría ayudar a la ciudad y al condado a abordar mejor los problemas causados por la pandemia.

“Tenemos muchos residentes que no han sido vacunados y también hay muchos de sus seguidores que no creen en el distanciamiento social o en la importancia de llevar mascarilla”, expone.

Playa de Palm Beach

BBC Mundo
La playa de Palm Beach tiene unos 5 kilómetros de extensión.

“Al igual que hay expresidentes que adoptan causas que son monumentales y pueden cambiar el país, espero que mientras Trump sea uno de nuestros residentes use su poder y su micrófono para influir en la actitud de sus seguidores y abogar por que los residentes del condado de Palm Beach sean vacunados”.

Queda por ver si los reservados habitantes de Palm Beach verían con buenos ojos esta nueva función del expresidente y terminarían por acogerlo como uno de los suyos.


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