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Desplazados de Guerrero esperan frente a Palacio Nacional audiencia con López Obrador

Desplazados de los municipios de Leonardo Bravo y Zitlala, en Guerrero, esperan frente a Palacio Nacional a que el presidente Andrés Manuel López Obrador les dé audiencia.
19 de febrero, 2019
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“Son tres meses ya de vida estancada, de no tener nada, de no hacer nada. El día se nos va y lo único que podemos hacer es tomar nuestros alimentos, ir al baño, dormir. Mi hija estaba en el último año de preparatoria y mi hijo en tercero de secundaria y ya no han podido seguir estudiando. Lo hemos perdido todo: casa, trabajo, escuelas, animales; por eso estamos aquí frente a Palacio Nacional, para que el presidente nos escuche y nos ayude”, dice una de las desplazadas de la comunidad de Filo de Caballos, en el municipio de Leonardo Bravo en la sierra de Guerrero.

Desplazados de Guerrero se instalarán afuera de Palacio Nacional; quieren audiencia con AMLO

Los desplazados se instalaron bajo toldos que ellos mismo trajeron. Foto: Andrea Vega.

Prefiere no dar su nombre, por seguridad, como el resto de sus compañeros que acceden a contar lo que están viviendo pero sin identificarse. Llegaron la noche del domingo 17 de febrero al Zócalo capitalino y se instalaron en casas de campaña, bajo toldos que ellos mismos trajeron o sobre una colchoneta, que en el día usan para cubrirse del sol.

Son alrededor de 300 pobladores desplazados –por la disputa de territorio entre bandas criminales– de las comunidades que conforman el corredor Filo de Caballos-Casa Verde, la ruta por donde se mueve todo lo que quiere entrar o salir de la Sierra de Guerrero. Hay también pobladores de la comunidad náhuatl de Tlaltempanaca, en el municipio de Zitlala.

Gobierno de Guerrero omite dar solución a desplazados por violencia; pedirán ayuda federal

Coinciden en que están en la Ciudad de México porque el gobernador de su estado, Héctor Astudillo, no ha querido ayudarlos.

“No nos ha dado ni audiencia, ni solución. A los cuatro días de que estábamos desplazados en el auditorio de la cabecera municipal de Leonardo Bravo nos dijeron que podíamos regresar a nuestras comunidades”, cuenta una de las desplazadas de la comunidad de Los Morros sobre su situación en la Sierra, “ya nos estaban subiendo, y nos balacearon, hasta los militares estaban temblando. Nos tuvimos que regresar. Por eso lo que pedimos es el repliegue de esos grupos armados, que no son policía comunitaria, son grupos crimínales”, afirma.

Cuatro mujeres explican que desde 2012 empezó la violencia en Leonardo Bravo, “pero se puso peor desde 2017. Empezaron las balaceras más seguido: una al mes, luego una a la semana, dos a la semana. Ya nada más corríamos a Campo de Aviación. Cuando se acababa la balacera, volvíamos. Pensamos que está vez iba a ser igual, pero no, hasta allí llegaron los balazos, tuvimos que irnos a la cabecera municipal y no hemos podido volver a nuestras casas”.

Los desplazados de Leonardo Bravo cuentan que el 11 de noviembre llegaron a sus comunidades más de mil hombres armados, vestidos todos de negro, entraron disparando y los obligaron a irse. “Sabemos que vienen de Tierra Caliente. Son gente muy pobre. Si nosotros estamos en malas condiciones, los que entraron a nuestras comunidades están peor, por eso los convencen de unírseles y a algunos los obligan”, cuenta un señor de unos 60 años, de la comunidad de La Escalera.

“Se ha dicho que son policía comunitaria y que entraron a la comunidad porque nosotros robábamos en el corredor de Los Filos-Casa Verde. Pero ni ellos son comunitarios ni nosotros somos delincuentes. Nos sacaron porque quieren el control del corredor, porque por ahí se mueve todo para la Sierra, y porque es zona minera y ellos extorsionan a los de las minas, o están coludidos con ellos”, asegura una de las afectadas de Filo de Caballos.

Desplazamiento forzado: el saldo oculto de la guerra

Los desplazados de Leonardo Bravo son en total 1,600 pobladores de 8 comunidades y su petición al gobierno federal es que desarmen a los grupos crimínales y que tome el control de la seguridad en la zona para que quienes han tenido que salir de sus casas puedan regresar en paz.

Los 78 desplazados de Zitlala, que están refugiados en una cancha de basquetbol del municipio vecino de Copalillo, lo que piden es la reubicación. De este grupo la mayoría son mujeres y niños.

De los que están frente a Palacio Nacional, pocos, solo los de menor edad, hablan español. “A mi papá, al papá de él (señala un bebé que carga una de las mujeres) y al papá de ella (una niña que está a su lado) se los llevaron. Entraron a las casas por ellos y se los llevaron. No sabemos por qué ni dónde están. Por eso nos fuimos, nos dijeron que si no, nos iban a matar”, cuenta una niña de unos diez años.

“Nosotros no podemos volver”, dice su tía con el poco español que logra hablar. Después suelta varias frases en náhuatl y la niña traduce que quieren un lugar donde vivir, que eso le piden al presidente, porque a su comunidad ya no pueden volver. “El grupo que está allí no nos va a perdonar que salimos huyendo”, agrega.

desplazados Guerrero

Los desplazados llegaron la noche del domingo 17 de febrero al Zócalo capitalino.

Manuel Olivares, director del Centro de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón (Centro Morelos), organización que acompaña a los desplazados de Zitlala y Leonardo Bravo, contó que la mañana del lunes 18 de febrero Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, le aseguró que gestionaría la reunión con López Obrador, pero hasta el cierre de esta edición los desplazados no tenían noticia alguna.

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Reuters

"Ojalá nos hubiéramos muerto": la pareja que sobrevivió a un ataque del Estado Islámico el día de su boda

Una pareja afgana que sobrevivió a un atentado suicida de Estado Islámico en su boda dice que sus familiares y quienes eran sus amigos ahora los odian. El novio le dijo a la BBC que quieren abandonar el país, para escapar de la hostilidad de la que son víctimas.
Reuters
17 de septiembre, 2019
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Solo cuando el humo se disipó fue posible apreciar la escala de la tragedia.

Una escena de devastación llenó el salón de bodas de Kabul, la capital de Afganistán, blanco de un ataque con bomba del grupo extremista Estado Islámico (EI).

Los futuros novios sobrevivieron al atentado, que mató a 80 personas. Pero el resentimiento de los familiares de quienes murieron los atormenta todos los días.

El sábado 17 de agosto, Mirwais Elmi fue llevado a empujones a una pequeña habitación llena de miembros varones de su familia y amigos cercanos.

Elmi, de 26 años, estaba lleno de sueños y expectativas. Estaba orando por un nuevo amanecer para su vida el día de su boda, en un país que ha vivido en guerra durante más de cuatro décadas.

Cientos de invitados esperaban pacientemente en el inmenso salón de bodas a que terminara la ceremonia, a la que le seguiría una cena de celebración.

Pero nunca llegarían a probar el banquete.

La explosión

Su futura novia, Rehana, de 18 años, estaba disfrutando de algunos manjares con la hermana y la madre de Elmi en otra habitación.

Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Getty Images
Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Ante la llamada del clérigo musulmán al que se le da por nombre Molvi, Elmi se abrió paso rebosante de expectativas para firmar el acta de matrimonio conocido como nikah nama. Fue entonces cuando un sonido atronador sacudió el edificio y detuvo el proceso.

Un terrorista suicida había provocado una explosión dentro del salón de bodas, justo en el medio de la sección donde estaban sentados los invitados masculinos. Arrancó los paneles del techo y rompió los cristales de la fachada del recinto.

El fuerte estallido se escuchó a kilómetros de distancia.

Los amigos y familiares, a quienes Elmi había recibido con una sonrisa radiante unas horas antes, habían quedado reducidos a huesos carbonizados y trozos de carne.

Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

Reuters
Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

La onda expansiva de la poderosa explosión dejó a Elmi inconsciente. Su novia y otros familiares estaban conmocionados.

Cuando se despertó unas horas más tarde, estaba en su casa.

A los pocos minutos se dio cuenta de que sus amigos y familiares estaban ocupados contando a los muertos.

“La gente venía y me decía que un primo había muerto, un amigo había muerto. Los amigos mencionaban a otros amigos que fueron asesinados. Mi hermano perdió a siete de sus amigos”, recuerda Elmi.

Ataque suicida

El joven afgano habló con la BBC sobre cómo su vida cambió después de la carnicería en que se convirtió su boda.

“Perdí a mi primo y mi esposa perdió a su hermano menor. La explosión le arrancó la cabeza. Solo pudimos enterrar su cuerpo decapitado”.

Apenas un día después de la explosión, su suegro le dijo a los medios afganos que 14 miembros de su familia habían muerto en el ataque.

"Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena", dice Elmi.

Getty Images
“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

Poco después, EI se atribuyó el bombardeo.

El horror de la explosión fue inmenso, incluso para los estándares de Afganistán, un país devastado por la guerra.

Él y su esposa salieron ilesos. Así que, cinco días después de la explosión, Elmi buscó la ayuda de otro clérigo para completar su boda, que había sido detenida abruptamente por la explosión.

El matrimonio tuvo lugar de una manera más que discreta.

Ahora, casi un mes después, las heridas aún están frescas.

El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

Getty Images
El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

“Yo, mi papá y mi hermano nos turnamos durante la noche para proteger nuestra casa. Sentimos que podríamos ser atacados por cualquiera”.

Sus amigos y vecinos los acosan constantemente.

“Cada vez que salimos, la gente nos acusa y abusa. Es como si nos mataran todos los días. Es insoportable”, dice Elmi.

El joven incluso fue recibido con ira cuando asistió a ofrecer sus condolencias a los familiares de las víctimas.

“Una persona incluso me dijo: ‘Perdimos a nuestro hijo en la explosión. ¿Cómo es que tú y tu esposa están vivos?'”

Ataques de pánico

Durante los tres días que siguieron a la explosión, Elmi dice que no podía comer ni beber agua. Incluso ahora permanece en estado de shock y angustia.

“Les digo que esto no está en nuestras manos. Si hubiera sabido que ocurriría la explosión, habría cancelado la ceremonia”, dice Elmi.

“Somos pacientes. Los que creen en Dios entenderán que este es su destino”.

Él dice que su esposa apenas sale de casa.

“Cada vez que apagamos las luces, sufre ataques de pánico. Se asusta mucho”.

La mujer se negó a hablar con la BBC.

Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

Reuters
Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

La boda de ambos fue un matrimonio arreglado, como la mayoría de las bodas en esa parte del mundo. La madre de Elmi y la madre de la novia son parientes lejanos y desempeñaron el papel de emparejadores.

Elmi pertenece a la minoría hazara, que son musulmanes chiitas.

Los militantes sunitas, incluidos los talibanes y EI, han atacado repetidamente a las minorías chiitas en Afganistán y Pakistán.

Las autoridades en Afganistán quedaron pendientes de informar a Elmi sobre la investigación que se está llevando a cabo sobre lo sucedido.

“No tengo idea de por qué nos atacaron. En nuestra boda no había un solo funcionario local, empresario o político entre los invitados”, dice.

En la explosión murieron personas de diversos grupos étnicos.

Sin planes futuros

Los familiares de algunas de las víctimas obtuvieron una compensación monetaria, como está estipulado según la política del gobierno.

“Un miembro del Parlamento vino a nuestra casa y nos dio medio millón de afganos (unos US$6350)”, dice Elmi.

El joven también dice que guarda buenos recuerdos de amigos y familiares que perecieron en el ataque. A menudo piensa en ellos.

“Incluso si organizamos cientos de reuniones para aquellos que perdimos, no van a volver. Todo terminó”.

Cuando Elmi vio las fotos de su boda que fueron tomadas antes de la explosión, quiso destruirlas.

Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

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Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

“Después de ver las fotos me sentí más angustiado. No pude dormir durante toda la noche. Lloré. ¿Qué más podría hacer?”, se pregunta.

“No tengo ningún plan para mí. Estoy harto de todo. Quiero que alguien nos ayude a abandonar el país“.

Elmi también debe devolver los 1,1 millones de afganos (US$14,000) que pidió prestados para la boda.

Para tratar de despejar las emociones negativas, Elmi pensó en reabrir su sastrería, pero la decisión resultó ser contraproducente.

Un cliente le quitó la ropa que le había dado para coser.

Otro dijo: “La explosión mató a tantas personas, pero él todavía está vivo. Su tienda debería estar cerrada”.

Incapaz de enfrentar la hostilidad de vecinos y otrora amigos, cerró la tienda.

“No hay felicidad en nuestra vida”

Su esposa, Rehana, que estudiaba el décimo grado, se encuentra reacia a regresar a la escuela.

“Mirwais ¿cómo puedo regresar a la escuela?”, le preguntó ella.

Elmi insistió en que no debía renunciar a sus estudios. Pero cuando regresó encontró el aula llena de personas resentidas contra ella.

“Alguien le dijo: ‘Si estás aquí es probable que un terrorista suicida venga'”.

Esas palabras quebraron a Rehana, quien terminó por abandonar la escuela.

El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

Getty Images
El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

“No hay felicidad en nuestra vida. Me he convertido en una persona diferente”.

El joven lamenta haber sobrevivido.

“Mi esposa y yo pensamos que ojalá nos hubiéramos muerto”.


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