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Archivo / Cuartoscuro

Estados adeudan salarios a profesores de Telebachilleratos Comunitarios; alistan movilización nacional

Los docentes acusan que cada año los dejan varios meses sin sueldo, además de que sus salarios son de los más bajos de todo el sistema de educación media y no tienen contratos ni prestaciones.
Archivo / Cuartoscuro
20 de febrero, 2019
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A Gladys Hernández no le han pagado su salario desde octubre. Le deben ya cuatro meses y medio, que se suman a los tres últimos de 2017 cuando tampoco le pagaron. Ella da clases en un telebachillerato comunitario (TBC) en la comunidad de San Francisco, municipio de Altamirano, en Chiapas, a siete horas de Tuxtla, la capital.

Para resolver sus gastos tiene que pedir prestado o aceptar que su papá le dé dinero. Tiene una hija de cinco meses, y necesita cubrir los gastos de la bebé y los de ella. A pesar de la falta de pago no ha dejado de trabajar. Se organizó con los otros dos profesores del plantel de telebachillerato de San Francisco para estar aunque sea dos por semana cubriendo las clases, mientras el tercero busca la forma de resolver sus gastos, trabaja en otra cosa o participa en las actividades para organizarse y exigir el pago.

El caso de Chiapas es el más grave en cuanto a adeudo a los docentes de telebachilleratos comunitarios (TBC) pero en todos los estados del país hay retrasos. Regina Meza, profesora en la comunidad de Coajomulco, en el municipio de Huitzilac, en Morelos, dice que en esa entidad les deben cuatro meses y medio, desde octubre y hasta lo que va de febrero.

Leer: Telebachilleratos comunitarios, la promesa de Peña Nieto, cierra con una cobertura de 3% y con los peores resultados

Meza cuenta que resuelve sus gastos con lo gana como profesora de primaria en las mañanas, pero con ese sueldo tiene que subsidiar los gastos de su labor por la tarde. “Todos los profesores de TBC vivimos lejos de los planteles porque están en comunidades alejadas. Y yo soy la que menos gasto, 60 pesos diarios, pero mis dos compañeras profesoras pagan de pasaje 150 pesos por día”.

En otros estados, como Sinaloa, Querétaro y San Luis Potosí, los profesores de TBC llevan mes y medio sin pago: enero y febrero. “Pero no sabemos cuándo nos van a pagar, no tenemos ninguna certeza de eso”, explica Nora Arroyo, responsable del TBC de la comunidad de Santa Lucía, en San Juan del Río, Querétaro.

En el caso de los estados donde a los profesores solo les adeudan lo que va de 2019, la situación es algo más o menos regular, cada año les pasa lo mismo. Los TBC son un modelo que se impulsó a nivel federal para ampliar la cobertura de la educación media superior en el país, en localidades de menos de 2,500 habitantes y donde no hubiera una escuela de nivel preparatoria en 5 kilómetros a la redonda. En todo el país hay 3 mil 309 TBC, en los que se atiende a 140 mil estudiantes, que están a cargo de 9 mil 700 docentes.

Para facilitar que se pusieran en operación, la federación se comprometió a cubrir al 100% los sueldos de los tres profesores que habría en cada TBC durante los primeros doce meses. Después de ese primer año, cada entidad debía aportar el 50% del salario de los tres docentes.

“Ese esquema es el que está ocasionando los problemas en el pago puntual, porque o los estados no aportan su parte o la federación se retrasa con los recursos mientras se firman los convenios financieros”, explica Sergio González, representante general del Frente Único Nacional de Trabajadores del Telebachillerato Comunitario (FUNTEC), apenas conformado en diciembre, y con presencia en 21 entidades del país.

“Casi cada año, desde que empezaron los TBC en 2013, es lo mismo. Al inicio de año no nos pagan, a veces nos llegan los salarios hasta abril”, afirma Marcelino Flores, responsable del TBC de la comunidad de Potrero, en el Municipio de 14 en San Luis Potosí.

“Para cuando nos llegan los pagos ya el 80% de lo que nos dan lo tenemos que usar para pagar deudas, hay que andar buscando préstamos con la familia, en la caja popular, con tarjetas de crédito. Ya casi es costumbre que las vacaciones de Semana Santa la pasemos sin un quinto”, cuenta Arroyo, la responsable del TBC de la comunidad de Santa Lucía, en San Juan del Río, Querétaro.

En Sinaloa un mes y medio de retraso en el pago es mucho por los gastos que implican los traslados a las comunidades. “Hay casos extremos de dos TBC a los que los profesores tienen que llegar en avioneta, no hay otra forma. Y aunque tratan de quedarse en la comunidad el mayor tiempo que pueden, también necesitan ir a su casa a ver a su familia, y les cobran mil 100 pesos por viaje. Son los casos más complejos pero otros viajan hasta nueve horas. Yo porque me muevo en mi moto, pero gasto gasolina y si no nos pagan, imagínate”, dice Rodolfo Melendez, responsable del TBC de la comunidad de Ejido Porvenir Vallejo, en Ahome, Sinaloa.

Silvia Aguilar, coordinadora sectorial de Planeación y Administración de la Subsecretaria de Educación Media Superior y responsable de telebachilleratos comunitarios asegura que en el tema de adeudos del año pasado, la federación no tiene deuda alguna con ningún estado. “Ya se suministró todo el recurso que correspondía a la federación. Si no les han pagado a los profesores, ya no es competencia de nosotros”.

Respecto a los pagos pendientes de enero y febrero, responde que “la federación ya le hizo llegar los convenios de 2019 a todos los estados para poder ministrar esos dos meses. Ya todos los tienen, estamos a la espera de que nos los devuelvan validados y verificados”.

Y la movilización empezó

González, el representante de FUNTEC, comenta que así es el asunto todo el tiempo. “La federación dice que no es responsabilidad suya si no les han pagado los estados a los profesores, cuando éste es un programa que impulsó la federación, pero ha sido una simulación para decir que se amplió la cobertura, que se atiende a la población más vulnerable, cuando lo que se creó fue un modelo en que el se invierte poco. Lo único que la federación pone es el 50% del salario de los profesores, que son los peor pagados, en infraestructura no hay inversión, cada TBC gestiona sus aulas como puede”.

Frente a todo esto es que profesores de diferentes estados iniciaron las pláticas y reuniones para conformar el FUNTEC (hoy con presencia en 21 entidades y más de 4 mil profesores) y salir en bloque a pedir no solo el pago de sus salarios, también mejora en las condiciones laborales. “Ninguno está contratado, todos están por honorarios, no tienen prestaciones, deben firmar contratos cada tres o seis meses, y en cada entidad les pagan una cantidad diferente”, explica el representante de FUNDEC.

Así lo confirman los profesores. “En San Luis Potosí firmamos un contrato trimestral. Por cada TBC hay tres docentes, uno funge como responsable, y gana unos 12 mil pesos al mes, porque todavía nos quitan 2067 de ISR, los otros dos profesores ganan unos 8 mil 800, les quitan mil 100 de impuestos, y no podemos declararlo a Hacienda, porque no damos recibos de honorarios y el comprobante que nos da el gobierno del estado no es un comprobante fiscal digital. Así que no sabemos a dónde se va ese impuesto, porque para Hacienda no existe”, afirma Marcelino Flores.

En Chiapas donde llevan más meses sin pago, entre los de 2017, 2018 y 2019, algunos profesores de TBC han instalado un plantón en la plaza principal de la capital del estado. El 12 de febrero decidieron congregarse afuera de las oficinas administrativas del gobierno, en la zona oriente de la capital, para exigir una respuesta al adeudo de sus salarios. Pero la que llegó fue la policía. Se llevaron detenidos a nueve profesores, a quienes liberaron hasta cuatro días después.

Como los docentes acusan que en sus estados no les están resolviendo, planean ahora una movilización en las entidades donde el frente tiene presencia. “La fecha tentativa es el próximo 25 de febrero, dice Gonzalez, habrá movilizaciones en las 21 entidades y estaremos acá en la CDMX también”.

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¿Por qué todavía se guardan dos muestras del virus de la Viruela?

Un incendio en un laboratorio ruso encendió las alarmas sobre una de las muestras que existen en el mundo de la viruela, una enfermedad que acabó con la vida de 300 millones de personas solo en el siglo XX.
17 de septiembre, 2019
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La noticia parecía volver realidad un guión de Hollywood.

Las autoridades rusas confirmaron este martes que se había registrado una explosión y un incendio en un laboratorio donde se almacenan, entre otras cosas, virus tan letales como el del ébola.

El Centro Nacional de Investigación de Virología y Biotecnología, conocido en la era soviética como Instituto Vector, había sufrido daños menores en uno de sus edificios, ubicados en la localidad de Novosibirsk, en la región de Siberia, según informó la agencia estatal rusa Ria-Novosti.

Sin embargo – y esa era la razón del comunicado-, quedaba claro que la explosión, causada por un cilindro de gas, había ocurrido en una “zona donde no se encontraba material biológico almacenado”.

“Los voceros del Centro de Investigación han enfatizado que este incidente no representa ninguna amenaza biológica ni de ningún orden para la población en general”, señaló la agencia.

Pero la noticia ya estaba dando la vuelta por redes sociales (en Twitter, el hashtag #bioweapons era tendencia) por una simple razón: este laboratorio es uno de los dos lugares en el mundo donde se encuentra una muestra del virus que causa la viruela, una de las enfermedades más letales en la historia de la humanidad.

En el siglo XX, la viruela causó la muerte de casi 300 millones de personas alrededor del planeta.

Sin embargo, fue erradicada hacia 1980, una época en la que el mundo estaba dominado por dos potencias: EE.UU. y la Unión Soviética.

Una muestra quedó en territorio ruso, mientras la otra la conserva el los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., el CDC, en Atlanta.

“Este edificio fue utilizado dentro del programa de defensa contra armas biológicas en la era soviética y ahora se dedica a la investigación de enfermedades como la hepatitis e y el ébola“, confirmó Ria-Novosti.

Pero, ¿cómo quedaron esas dos muestras del virus de la viruela en dichos laboratorios durante de la guerra fría?

Viruela mortal

La viruela es un viejo conocido de la humanidad: se sabe que causó la muerte del faraón Ramsés V hace más de 3.000 años y la del zar ruso Pedro II en 1730.

También fue la causante de la muerte de millones de personas más.

La enfermedad, causada por el Variola virus y conocida por el sarpullido que produce en la piel, fue llamada “el monstruo moteado” (speckled monster) por Edward Jenner, el científico británico que logró crear la primera vacuna efectiva contra el padecimiento en el siglo XVIII.

Pero, a pesar de que existía una vacuna eficaz desarrollada hacía más de 200 años, en el siglo XX el virus seguía arrasando con poblaciones enteras debido al crecimiento demográfico y el aumento de las migraciones.

De acuerdo a la periodista de la BBC Colette Flight, “la velocidad de contagio y la altda tasa de mortandad de la viruela la hacían casi incontrolable cuando ocurría algún brote”.

Por esa razón, a mediados de la década de 1950, con una pandemia global en ciernes, el viceministro de salud de la Unión Soviética, Viktor Zhdanov, propuso cambiar la estrategia: darle una mirada global al asunto.

Virus de la viruela

Getty Images
La viruela se erradicó en 1980.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) le hizo caso e inició un proceso que fue liderado esta vez por un estadounidense: el epidemiólogo Donald Henderson.

A partir de 1967, y de la mano de una agresiva campaña de vacunación alrededor del mundo, el virus fue borrado del planeta: el último caso conocido fue el de un joven en Somalia en octubre de 1977.

El 8 de mayo de 1980 la OMS declaró la erradicación total de la viruela.

Pero lo cierto es que dos muestras vivas habían sobrevivido.

Laboratorio Vector

Con el fin de combatir la enfermedad en caso de que ocurriera otro brote, la OMS decidió guardar dos muestras en los únicos laboratorios que tenían el nivel suficiente de seguridad para albergar semejante virus: los CDC de Atlanta, en el corazón de EE.UU., y el laboratorio del Instituto Vector, en la Siberia rusa.

Lo curioso de este último laboratorio es que hacía parte de la infraestructura creada por la Unión Soviética con el ánimo de defenderse de un posible ataque biológico.

De acuerdo a los registros del libro “Riesgo biológico: la verdadera historia del mayor programa encubierto de armas biológicas en el mundo”, del científico ruso Ken Alibek, aunque la Unión Soviética firmó en 1972 un acuerdo para no producir armas biológicas, continuó investigando el tema porque “temía que Estados Unidos no cumpliera con lo pactado”.

Según Alibek -quien trabajó en dicho programa de defensa-, la Unión Soviética utilizó el laboratorio del Insituto Vector, debido a sus altos niveles de seguridad, como una de las instalaciones donde llevó adelante estas investigaciones.

Recipientes en un laboratorio

Getty Images
Se teme que ocurra un accidente en un laboratorio y que el virus se propague.

Lo cierto es que, con el final de la guerra fría, varios organismos – entre ellos, grupos de investigación de la OMS- comenzaron a solicitar la destrucción total de las muestras para evitar una nueva epidemia, pero sobre todo para que no llegaran a las manos de agentes internacionales que pudieran convertirlas en armas biológicas.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 y los ataques con ántrax que ocurrieron días después llevaron a varios científicos de Estados Unidos, India, Rusia y Japón a solicitar que no se eliminaran las muestras, según investigó el periodista británico Steve Connor, del diario The Independent.

“Estos científicos creen que el desarrollo de nuevas vacunas efectivas se debe hacer en muestras vivas del virus. Y no se sabe si los llamados terroristas tienen una muestra, por lo que la destrucción de las muestras podría ayudarlos a concretar sus planes de ataque”, escribió Connor en 2002.

Desde entonces, la existencia de las muestras se rodeó de controversia.

Hasta ahora, las dos posiciones contrapuestas se mantienen: están quienes piensan que es mejor destruir los virus de una vez y para siempre para evitar ataques biológicos, y quienes prefieren mantener las muestras para desarrollar nuevas vacunas si hiciera falta.

De hecho, el año pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó un medicamento para combatir el virus.

¿La razón? Precaución. Las autoridades estadounidenses temen que la viruela pueda utilizarse como arma biológica y quieren estar preparadas.


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