Encargados de estancias acusan a funcionarios de Sedesol de irregularidades en padrones
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Claudia Altamirano

Encargados de estancias acusan a funcionarios de Sedesol de irregularidades en padrones

Titulares de estancias infantiles del Estado de México instalaron juegos y actividades en el Zócalo capitalino para visibilizar su labor de cuidados; piden al gobierno federal revisar dónde quedan los recursos presuntamente malversados.
Claudia Altamirano
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Araceli López coordina una estancia infantil en el Estado de México desde que empezó el programa, hace 12 años. Recibe niños en edad preescolar que son hijos de trabajadoras informales, de madres adolescentes que están terminando sus estudios y de algunos padres solos.

Actualmente recibe todos los días a una niña con hidrocefalia, cuya madre está preocupada por los recortes presupuestales a estancias infantiles que ha anunciado el gobierno federal. De no recibir los recursos, las estancias irán suspendiendo sus servicios y los padres no tendrán quién cuide a sus hijos mientras trabajan.

“El gobierno supuestamente nos iba a dar por esos niños con discapacidad un apoyo de mil 800 pesos, nunca lo hicieron pero aun así se le dio el servicio. La niña llegó muy insegura pero ahora convive con sus compañeros y está muy contenta. Si cerramos las estancias, ¿dónde la va a dejar su mamá? Porque ella tiene que trabajar para llevarla a sus terapias”, relató Araceli a Animal Político durante la manifestación que este martes realizó un grupo de responsables de estancias infantiles mexiquenses en el Zócalo de la Ciudad de México.

estancias infantiles

El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció en días recientes que se suspenderá la entrega de apoyos sociales a las estancias infantiles para evitar que se haga mal uso de los recursos, ya que su gobierno detectó actos de corrupción en el proceso de distribución, como listas de niños adulteradas y recursos que se entregaban incompletos.

Sin embargo, las cuidadoras aseguran que la corrupción se comete al interior de las dependencias que los entregan, pues los coordinadores y delegados de la secretaría (antes de Desarrollo Social, actualmente del Bienestar) les han impuesto siempre un ingreso límite de niños y les otorgan los recursos conforme a esa cifra, por lo que aseguran que ellas no podrían ‘inflar’ la lista para obtener más dinero.

“El presupuesto salía cada año por la capacidad de cada estancia. La mía era para 34 niños, el año pasado yo tuve 17 registrados porque no nos dieron para registrar, pero ellos liberaban el presupuesto para los 34, no para 17, a nosotras nos daban lo de 17 ¿Qué hacían con el dinero que sobraba? Quién sabe, y así tienen a muchas compañeras”, sentenció Araceli López.

Agregó que el argumento que les daban los coordinadores de SEDESOL para no entregarles el recurso completo era que no había presupuesto, pero después veían que abrían más estancias. “Después supimos que había estancias de coordinadores, de los enlaces, pero eso ya no es cosa de nosotros. Si hubo corrupción que la busquen, pero donde está”, instó la responsable de estancia.

estancias infantiles

Otra de las manifestantes, Patricia Pérez, advirtió que si las estancias dejan de recibir los 900 pesos mensuales por niño que la secretaría les otorga a través del Programa de Estancias Infantiles para Madres Trabajadoras, estarán imposibilitadas para seguir cuidando de los niños, con lo que dejarán sin apoyo al sector más vulnerable de los trabajadores: madres y padres solteros, jóvenes, personas sin estudios profesionales y sin seguridad social.

Al mismo tiempo, señaló Patricia, se estaría dejando sin empleo a maestras y cuidadoras que actualmente llevan a cabo esta labor durante una jornada completa (ocho horas) sin prestaciones y con un salario de tres mil pesos mensuales, en promedio.

“El día de hoy nos convocamos para que conozcan el programa, ya que nosotros apoyamos a madres trabajadoras y padres solos, que no tienen un empleo fijo: madres que venden por catálogo o tienen un puesto ambulante; gente que no cuenta con seguridad social para llevar a sus hijos a esas guarderías. La población más vulnerable“, explicó Pérez Montoya.

El grupo de unas 50 mujeres instaló en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México los juegos y actividades que realizan con los menores en las estancias, a fin de mostrar que sus labores de cuidado no se limitan a alimentar y vigilar a los niños sino que buscan elevar su desarrollo con planes que resultan mucho más complicados de llevar a cabo en una casa.

El presidente informó que, en lugar de dar los recursos a las estancias, se entregarán directamente a los padres para que ellos decidan si pagar por los servicios de cuidado a la misma estancia, o a alguno de sus familiares para que cuide a los menores. El secretario de Hacienda, Carlos Urzúa argumentó que si se entrega el dinero a las familias, además de evitar la corrupción en los intermediarios, los niños recibirán un mejor cuidado porque estarán atendidos por sus abuelas, quienes recibirían un apoyo de 800 pesos mensuales directamente de las manos de sus hijos.

Pero las responsables de las estancias señalan que muchos abuelos también trabajan, otros están enfermos o no tienen posibilidades materiales para cuidar de sus nietos, por lo que la atención que les dan puede ser limitada; mientras que en una estancia hay personal capacitado para alimentarlos, asearlos, educarlos e impulsar su desarrollo. “Y ellos también ya merecen descansar, ya trabajaron y ahora les toca disfrutar el tiempo que les queda”, agregó Araceli López.

Derechos en riesgo

La polémica medida de López Obrador para eliminar la corrupción en la distribución de estos apoyos ya ha causado diversas reacciones de organismos defensores de derechos humanos, de las mujeres y de la infancia. Este martes, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) publicó un comunicado en el que expresa su preocupación por el impacto que el recorte presupuestal puede tener en los derechos de niñas, niños y sus familias, al restringir su derecho a la educación y estimulación temprana, “a vivir en condiciones de bienestar y a un sano desarrollo integral”.

El presidente de la Comisión, Luis Raúl González, dirigió un documento a la Cámara de Diputados y las secretarías de Hacienda y del Bienestar exhortándolos a evaluar si la decisión de entregar el dinero directamente a las familias resulta “pertinente y viable”, considerando que dados los altos índices de pobreza y vulnerabilidad social, es probable que los apoyos económicos sean destinados a cubrir otras necesidades y no a garantizar los derechos de la niñez.

El recorte, advierte la CNDH, puede propiciar que los trabajadores y trabajadoras afectados busquen otras opciones para el cuidado de los menores, derivando en un gasto familiar imprevisto o bien, ante la falta de redes de apoyo familiar, podrían verse forzados a dejarlos al cuidado de personas “sin preparación para el desempeño de labores de cuidado, lo cual constituye un riesgo para su integridad y seguridad”.

Asimismo, la Comisión subraya que el recorte ahondaría las brechas de género en el país, ya que las mujeres trabajadoras podrían verse obligadas a renunciar a su empleo para asumir el cuidado de niñas y niños. Esta postura coincide con la de 17 organizaciones que este lunes se pronunciaron contra los comentarios del secretario Urzúa, argumentando que refuerzan los estereotipos de género y minimizan la obligación del Estado de eliminar los obstáculos para que hombres y mujeres puedan garantizar el cuidado de sus hijos e hijas.

Por su parte, la Red por los Derechos de la Infancia (Redim) advirtió que el recorte a este programa es un acto de discriminación contra las madres trabajadoras y deja en mayor vulnerabilidad a las niñas y niños más pobres; ya que no se aplicó de la misma forma a otros servicios subrogados a los que tienen derecho los trabajadores formales, como los del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Para Redim, esto constituye “un trato desigual en la garantía del derecho al desarrollo y educación de niñas y niños de 1 a 4 años”.

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Por qué la glucosa juega un papel clave en la obesidad (y la diabetes)

Los procesos químicos que tienen lugar en el cuerpo cuando consumimos azúcar nos dan una pista sobre cómo evitar dos de las enfermedades más extendidas del mundo: obesidad y diabetes.
24 de junio, 2020
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Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Getty
Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Cuando comemos un pedazo de pan o un simple caramelo y vemos qué ocurre en nuestra sangre resulta que, a los pocos minutos, nuestros niveles de glucosa (comúnmente denominada “azúcar”) han subido.

¿Qué es lo que ha ocurrido mientras?

Acompañemos a la comida en su recorrido para averiguarlo.

A los pocos minutos de tragarnos ese pedazo de pan, éste llega ya digerido (por el estómago) al intestino delgado.

Las células intestinales absorben los nutrientes que contenía, entre los que se encuentra la glucosa.

Y dado que estas células están en contacto directo con el sistema circulatorio, inmediatamente se vierten a la sangre y se dirigen al hígado.

Como consecuencia la concentración sanguínea de glucosa (glucemia) se dispara.

Lo que viene a continuación es fácil de deducir.

En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

Getty
En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

La sangre transporta la glucosa hacia los órganos que la necesitan como “combustible”.

De este modo, pueden obtener la energía necesaria (ATP) para llevar a cabo todas sus funciones.

El problema surge cuando un exceso o un déficit de glucosa en el organismo conduce al desarrollo de patologías.

De ahí la importancia de mantener su equilibrio.

Es el ying y el yang de la glucosa.

El hígado y el páncreas controlan el suministro

Las células requieren un suministro permanente de glucosa para realizar sus funciones vitales.

Sin embargo, su aporte es discontinuo, limitado a las comidas.

¿Cómo resolverlo para garantizar que las células reciben constantemente azúcar sin comer a todas horas?

El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

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El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

Existen detectores celulares en distintos órganos (hígado, páncreas e hipotálamo, entre otros) que vigilan la disponibilidad de glucosa.

El papel del hígado

Cuando es alta (por ejemplo, inmediatamente después de comer), el hígado puede almacenar parte en forma de glucógeno para después, esto es, para cuando la glucosa escasee.

Como ocurre durante el ayuno entre comidas o mientras dormimos.

Entonces lo degrada y vuelve a obtener glucosa, que es liberada a la sangre para ser utilizada por otros órganos.

No acaba ahí su misión.

El hígado también convierte el exceso de azúcares en triglicéridos (grasa) y promueve su almacenaje en el tejido adiposo como reserva energética.

En momentos de ayuno prolongado, estos triglicéridos son hidrolizados y convertidos en ácidos grasos, que viajan donde se les necesita a través de la sangre para ser oxidados o degradados por las mitocondrias de las células y así producir energía.

Páncreas

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La insulina es la hormona que produce el páncreas y que permite a nuestro cuerpo absorber la glucosa.

El pancreas, clave del proceso

Por su parte, el páncreas juega un papel importantísimo en el equilibrio de los niveles de glucosa.

Se ocupa de detectar el exceso o déficit de glucosa, y responde en consecuencia fabricando y secretando hormonas que intentan restaurar el equilibrio.

La más conocida es la insulina, que se libera a la sangre cuando sube la glucemia y manda una orden contundente a las células: “captad glucosa sanguínea, que hay demasiada, y gastadla o almacenadla”.

Como consecuencia, el azúcar en sangre disminuye.

Hambre, saciedad y obesidad

Entretanto, en el cerebro, el hipotálamo permanece ojo avizor a los niveles de glucosa.

Este área del cerebro tiene asignada la importante misión de regular la ingesta controlando las sensaciones de hambre y saciedad.

Después de comer, su mensaje es: “hay mucha glucosa, así que necesitamos parar de comer; voy a activar la señal de saciedad”.

Obesidad

Getty Images
Uno de cada cuatro hombres en Argentina, Uruguay, Chile o México es obeso.

A la vista de todo lo que hemos expuesto, es fácil deducir lo que ocurre si ingerimos más comida (nutrientes) de la que “quemamos” (gasto energético).

El equilibrio se descompensa, retiramos hasta donde podemos la glucosa sobrante de la circulación y fabricamos grasa.

La consecuencia inmediata es que desarrollamos sobrepeso.

Y, si la situación se mantiene, obesidad.

En ocasiones, el equilibro se puede descompensar porque alguno de los pasos que hemos explicado está alterado.

Por otro lado, si los niveles de glucosa en sangre se mantienen altos incluso en periodos de ayuno (hiperglucemia), hablaremos de la existencia de diabetes.

Dos elementos clave

Existen dos puntos clave a nivel molecular para controlar el desarrollo de obesidad o de diabetes.

Patatas fritas

Getty Images
La incorporación de comida procesada ha contribuido al aumento de la obesidad.

De un lado los sensores, esto es, dispositivos moleculares que se encuentran en las células que detectan los niveles de glucosa o el estado energético de la célula (niveles de ATP), respectivamente.

Ejemplos de éstos son las proteínas glucoquinasa (GCK), el transportador de glucosa 2 (GLUT2), la quinasa activada por AMP (AMPK), la quinasa con dominios PAS (PASK) o la diana de rapamicina en células de mamífero (mTOR).

De otro lado, debe generarse una correcta respuesta a la insulina, es decir, que las células sean capaces de identificar y responder a esta hormona adecuadamente.

De que respondamos adecuadamente a la insulina se encargan una serie de receptores de la membrana de las células, así como un conjunto de proteínas intracelulares (IR, IRS, PI3K, AKT, etc).

Si el mecanismo falla en algún punto, las células no responden a la insulina, y el azúcar sanguíneo sobrante no se elimina.

Es lo que se conoce como resistencia a la insulina.

La consecuencia es que la glucosa en sangre permanece alta y se desarrolla diabetes (diabetes tipo 2).

Obesidad

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La obesidad está catalogada como una enfermedad.

Diabetes tipo 2, compañera de la vejez

A lo largo de los años, las células envejecen, los mecanismos moleculares de respuesta a la insulina se deterioran y van perdiendo su funcionalidad, por lo que es frecuente desarrollar resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

Por eso es una enfermedad habitual de la tercera edad.

Incluso se puede adelantar en personas obesas.

En estos casos, lo que sucede es que el tejido adiposo, obligado a almacenar un exceso de grasa por encima de su capacidad, está hipertrofiado y alterado.

Como consecuencia, la respuesta a la insulina se ve mermada.

1 de cada 4

Para colmo, los tejidos son menos eficientes captando y gastando glucosa, lo que conduce a un aumento del azúcar en sangre (hiperglucemia) y, en consecuencia, diabetes tipo 2.

No es baladí, sobre todo si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas mayores padece diabetes tipo 2.

Es más, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología el 40% de personas mayores de 65 años padecen diabetes (2,12 millones).

Esto supone un problema de salud grave dadas las numerosas complicaciones asociadas a esta enfermedad: problemas cardiovasculares, retinopatía diabética, nefropatías, neuropatía diabética, etc.

Niños comiendo hamburguesas

Getty Images
El bajo precio de la comida poco saludable está vinculado a un mayor riesgo de obesidad en la población de bajos recursos.

Investigación para el futuro

Por ejemplo, cada año aparecen alrededor de 386,000 nuevos casos de diabetes en la población adulta española.

De ahí la importancia de llevar a cabo estudios encaminados tanto a conocer sus mecanismos moleculares como a diseñar fármacos dirigidos a controlar los sensores de glucosa y nutrientes.

A eso precisamente lleva años dedicándose nuestro grupo de investigación, en la Universidad Complutense.

Concretamente estudiamos sensores y nutrientes a nivel del hipotálamo, el hígado y el tejido adiposo que ayuden a atajar una enfermedad responsable de una gran mortalidad y morbilidad en el mundo.

En los tiempos actuales, se ha añadido una nueva enfermedad infecciosa que, cuando afecta a enfermos de diabetes, produce un incremento en su severidad y mortalidad.

Nos referimos, claro está, a la covid-19.

La investigación de la interrelación entre ambas enfermedades se hace necesaria y urgente.

*María del Carmen Sanz Miguel, Ana Pérez García, Elvira Álvarez García y Verónica Hurtado Carneiro forman parte de un equipo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia Creative Commons.

Haz clic aquí para leer la nota original.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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