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Cuartoscuro

Estancias infantiles debieron corregirse y crecer, nuevo plan pone en riesgo a niños: expertos

Se está perdiendo la oportunidad de hacer una política pública más integral, más igualitaria y con reglas más claras, señalaron especialistas.
Cuartoscuro
13 de febrero, 2019
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Con la decisión del gobierno federal de entregar directamente a las familias el subsidio del Programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras (PEI), en lugar de transferirlo a estos centros de cuidado, se corre el riesgo de que el dinero no se use para ese propósito y de afectar así el desarrollo de los niños, indicaron especialistas consultados por Animal Político. 

En el largo plazo, mencionaron, la decisión puede perpetuar la desigualdad, afectando más a las familias que tienen condiciones precarias. 

Leer: Estancias Infantiles ayudan a madres con su empleo, aunque el programa tiene debilidades: Coneval

El Programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras (PEI), a cargo de la Secretaría del Bienestar (antes Sedesol), tiene como población objetivo las madres, padres solos y tutores que laboran, buscan empleo o estudian, con ingresos por hogar que no rebasan la línea de bienestar y sin acceso a servicios de cuidado en instituciones de seguridad social.  

Hasta diciembre, el programa entregaba un subsidio a la responsable de la estancia donde el menor asistiera: 900 pesos mensuales por niña o niño de entre un año y 3 años 11 meses, o 1,800 pesos si tenía alguna discapacidad; en el último caso se consideraba a menores de uno y hasta los 5 años 11 meses.

Sin embargo el viernes pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador confirmó que ahora el dinero se entregará directo a la familia. El nuevo planteamiento es que las madres o padres reciban el dinero y decidan cómo lo usan: si pagan una estancia infantil para que cuiden ahí a sus hijos, o si se lo dan a algún familiar o a algún vecino para que cumplan con esa labor, o si lo usan para otra cosa.

Guillermo Cejudo, profesor investigador de políticas públicas y rendición de cuentas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), comentó que si el dinero se usa para algo distinto a pagar una estancia infantil, los niños no tendrán acceso a los cuidados que requieren ni a una estimulación adecuada.

En tanto Héctor Villareal, director general del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), señaló que al desmantelar parcialmente un programa público, como el de estancias infantiles, no solo se afecta el desarrollo de los niños, también se les está poniendo en riesgo.

“Si los padres deciden no llevarlo a una estancia y eligen dejarlo con una vecina que les cobre 400 pesos por cuidarlo, imagina el tipo de riesgo que eso conlleva”, opinó.

Y no es que se ponga en duda que los padres buscan lo mejor para sus hijos, dijo Mariana Campos, coordinadora del Programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de México Evalúa, “es que puede ser que no consideren riesgos de maltrato o de abuso, y eso es una posibilidad, pasa y se ha documentado que a veces el abuso viene, ni siquiera de un vecino, de familiares”.

Sin incentivos y verificación de estancias

Otro riesgo del cambio en los esquemas para entregar los subsidios es que se desalienta la oferta de estancias infantiles. Una de las ventajas del programa, dijo Cejudo, era que subvencionaba tanto la oferta como la demanda, al otorgar dinero por cada niño inscrito y también subsidiar para que se abriera un centro de cuidado infantil.

El monto oficial de apoyo que el gobierno federal ofrecía a quien quisiera abrir una estancia era de 70,000 pesos, para invertir en la adecuación del espacio, la compra del mobiliario, el pago de la póliza de seguro de responsabilidad civil y daños a terceros.

El PEI tenía cobertura nacional, en 2017 tuvo presencia en poco más del 50% de los municipios del país, con 9,399 estancias infantiles, donde se brindó servicio a 310,968 madres y padres solos, y se atendió a un total de 327, 854 niños y niñas, de acuerdo a cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

“Si ya no habrá incentivos para que se abran estas estancias, seguiremos teniendo localidades rurales donde no existirá el servicio, y entonces aunque las madres o padres tengan 800 pesos para llevar a su hijo a un centro de cuidados, no tendrán la opción de hacerlo”, advirtió el investigador del CIDE.

Y aquí lo que va a suceder, señalaron los expertos, es que se va a desalentar también la opción de las madres de seguir estudiando, de buscar trabajo o de conservar un empleo.

El programa, dijo Villarreal, “es importante para tener buenos mercados laborales, para balancear género en el mercado laboral y para el desarrollo de la población en el mediano y en el largo plazo”.

El tercer problema es que no se podrá asegurar ni monitorear la calidad de los servicios otorgados. El programa, comentó Cejudo, no solo subsidiaba sino que daba lineamientos a los responsables y a las asistentes, y en algunos casos incluso las capacitaba.

De acuerdo a las reglas de operación del programa para 2018, publicadas en el Diario Oficial de la Federación (DOF), el DIF Nacional, la Sedesol, ahora Secretaría del Bienestar, o terceras personas que estas instituciones determinaran, debían brindar capacitación al personal de las estancias en temas relacionados a su operación, pero también a salud y educación.

Para asegurar la calidad, cada dos meses, tanto el DIF como Sedesol hacían verificaciones en las estancias infantiles, “no solo en cuanto a la seguridad en los espacios, también respecto a los cuidados que ofrecían a los niños, a si había condiciones de salud y de alimentación mínimas. Si el Estado renuncia a esa verificación, está dejando que el mercado defina la calidad, y las madres no van a poder conocer cuáles son los estándares de cuidado infantil ni hacerlos exigibles”,  dijo Cejudo.

Lo primero que se debería haber hecho, consideró el director del CIEP, es desarrollar un programa de certificación de guarderías y de estancias infantiles. “Ver cuáles estaban cumpliendo y cuáles no. Nadie hubiera criticado que se pusieran reglas más estrictas a las que ya estaban funcionando, pero aquí fue otra la lógica, fue un manotazo”.

Se pierde una oportunidad

El riesgo de largo plazo, destacó el investigador del CIDE, es el de contribuir a perpetuar la desigualdad. El programa de estancias equilibraba una de las causas más importantes de las diferencias en el aprendizaje de los niños de familias de escasos recursos, al asegurarles un espacio donde estaban expuestos a ciertos estímulos que mejoran el desarrollo infantil.

“Eso no puede garantizarse cuando se quedan en casa o al cuidado de familiares. Los niveles de desarrollo en estos dos escenarios son diferentes, y entonces no importa que les ofrezcamos a los niños la misma primaria, el aprovechamiento y desarrollo de los que se quedaron en casa va a ser distinto”.

El Comité de los Derechos del Niño, de la ONU, ha señalado que la inversión en el desarrollo de la primera infancia tiene un efecto positivo en su capacidad para ejercer sus derechos, rompe ciclos de pobreza y genera una elevada rentabilidad económica.

La falta de inversión suficiente en este rubro, agregó el especialista, puede ser perjudicial para el desarrollo cognitivo de los menores, y puede reforzar las privaciones, las desigualdades y la pobreza intergeneracional existentes.

Y lo mismo con las madres. Si no hay una oferta de cuidados para los hijos de madres de escasos recursos, las mujeres no tendrán la opción de seguir estudiando, de buscar trabajo, y no podrán mejorar su ingreso ni sus alternativas a futuro. Así se perpetua la desigualdad, en estas poblaciones ya de por sí con condiciones precarias.  

Las estancias infantiles son un mecanismo de protección social, conocido en todo el mundo, explicó Mariana Campos de México Evalúa, “en Europa hay un sistema público de cuidado infantil muy robusto y se considera parte del sistema de protección social, esto ayuda a que las familias puedan enfrentar bien riesgos”.

En un país con altos índices de embarazo adolescente, agregó la analista, la estancia infantil es la diferencia entre que las mujeres puedan seguir o no sus estudios. “Por eso es que este es un programa prioritario, por su impacto en la población beneficiaria”.

Para los investigadores, el que se aleguen presuntos actos de corrupción, irregularidades o problemas administrativos no exime a las autoridades de cumplir con sus obligaciones.

Leer: Encargados de estancias acusan a funcionarios de Sedesol de irregularidades en padrones

Campos señaló que se debería hacer un rediseño de los programas sociales, no solo del de estancias.

“Hacen falta instrumentos para poder monitorear qué está sucediendo en la operación de los programas, con la entrega de los apoyos, con el padrón de beneficiarios, y hace falta tener indicadores para asegurarse que están sirviendo para atender las vulnerabilidades económicas y sociales para las que fueron creados”, opinó.

Para Villareal, director del CIEP, el gobierno debió optar por la expansión del sistema de cuidados y por su mejora, en lugar de recortar el de estancias infantiles.

“Se perdió la oportunidad de hacer una política pública, para un grupo prioritario, más integral, más igualitaria, con reglas más claras, con fuentes de financiamiento más transparentes. Se ha dejado ir la oportunidad de homologar el sistema de guarderías y estancias del país, que ahora está pulverizado y con ofertas muy desiguales, en el IMSS, en el ISSSTE, en la Secretaría de Bienestar, hasta en SEP. Eso es a lo que está renunciando hoy el Estado, ojalá rectifique”.

Por ahora se desconoce cuáles serán las reglas de operación del Programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras. Este lunes, la Secretaría del Bienestar retiró el anteproyecto de las nuevas reglas de operación del programa, registrado en la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer), para ajustarlo a los requerimientos del presidente Andrés Manuel López Obrador.

El anteproyecto se había publicado en la página de esa comisión el 1 de febrero, pero desde el lunes ya no fue posible consultar el documento. La fecha límite para que este programa cuente con reglas de operación, publicadas en el Diario Oficial de la Federación (DOF), es el próximo 28 de febrero.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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¿Qué le pasa realmente a tu cuerpo cuando comes mucho?

Consumir comidas copiosas puede provocar cambios en nuestro sistema que nos darán más hambre, pero esto no significa que tu estómago se "estire".
27 de diciembre, 2019
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Estoy convencido de que puedo predecir cómo me sentiré después de las comidas con familia, amigos y/o compañeros durante la Navidad: perezoso, con sueño y muy lleno.

Pero también estoy convencido de que, a la hora del almuerzo al día siguiente de cualquiera de esos encuentros, encontraré espacio para otro asado.

Resulta extraño que el día después de una comida copiosa podamos comer exactamente la misma cantidad de nuevo.

¿No aprendimos la lección la primera vez?

¿Por qué todavía tenemos hambre después de cenas como la de Navidad? ¿Será que comer en exceso “estira” el estómago haciendo que tengamos más espacio para comer el día siguiente? Incluso pensar en eso ahora me da hambre.

La respuesta es que, para la mayoría de las personas, no es que te dé hambre pese a las enormes cantidades de alimentos consumidos, sino precisamente por culpa de ellos.

Para entenderlo, primero, cabe hacerse una pregunta: ¿qué es tener hambre?

Esa punzada que sientes en el estómago y que te incita a comer es el resultado de una serie de cambios fisiológicos dentro de tu cuerpo.

Mujer sonriendo durante la cena de Navidad.

Getty Images
Para la mayoría de las personas, no es que te dé hambre pese a las enormes cantidades de alimentos consumidos, sino precisamente por culpa de ellos.

Es cierto que tu estómago cambia de tamaño cuando tienes hambre o estás lleno.

El estómago se contrae a medida que se digiere una comida para ayudar a mover los alimentos hacia los intestinos. Ruge cuando el aire y la comida se mueven mientras la comida es empujada hacia abajo, un fenómeno llamado borborigmo, que frecuentemente es nuestra primera señal de que podríamos tener hambre porque es audible y físico.

Después de sonar, el estómago se expande nuevamente y se prepara para comer, en un proceso iniciado por las hormonas.

Pero lo que no es cierto es que comer estire el estómago.

Se trata de un órgano muy elástico, por lo que después de una comida copiosa, volverá a su capacidad de reposo (de 1 a 2 litros). De hecho, los estómagos de la mayoría de las personas son bastante similares en capacidad: no importa la altura ni el peso.

De lo que tal vez no somos conscientes es de la liberación de nuestras hormonas del hambre: el NPY y la AgRP del hipotálamo, y la grelina del estómago.

Esta última es liberada cuando el estómago está vacío y estimula la producción de NPY y AgRP en nuestro cerebro. Estas dos hormonas son responsables de crear la sensación de hambre y anular las hormonas que nos dan la percepción de estar satisfechos.

Amigas comiendo.

Getty Images
Incluso después de una gran comida en un día festivo, podemos encontrar fácilmente espacio para más al día siguiente.

Quizás en sentido contrario a la intuición, los niveles de grelina tienden a ser más altos en personas delgadas y más bajos en personas con obesidad.

Es de esperar que una hormona que estimula el hambre esté más presente en las personas que comen más, pero esta contradicción probablemente refleja lo complicado que es nuestro sistema endocrino.

Si bien solo tres hormonas son en gran parte responsables de generar la sensación de hambre, se requieren alrededor de una docena para hacernos sentir saciados.

Un par de ellas (GIP y GLP-1) son responsables de estimular la producción de insulina para regular el metabolismo de los carbohidratos. Otras hormonas están involucradas en desacelerar el movimiento de los alimentos a través de nuestro estómago, para darles a nuestros cuerpos tiempo para digerir los alimentos.

En aquellas personas con obesidad que tienen bajos niveles de grelina, podría ser que los altos niveles de insulina, necesarios para metabolizar una dieta alta en carbohidratos, inhiban la producción de grelina.

Dos son clave para reducir la sensación de hambre: la CKK y el péptido YY (PYY). En pacientes que tienen una banda gástrica ajustada, que reduce el tamaño del estómago, los niveles de PYY son particularmente altos, lo que contribuye a una pérdida del apetito.

El hambre, una sensación asociada a horas y momentos específicos

Cuatro chicas comiendo y bebiendo.

Getty Images
Diversos estudios han demostrado que las personas comen más cuando comparten una comida que cuando están solas.

Aunque tu estómago tiene un sistema hormonal que le informa al cerebro cuando está vacío, a menudo esta información se vuelve más frecuente debido a la asociación habitual entre la hora y la sensación de hambre.

Por consiguiente, incluso si has tenido un gran almuerzo, es posible que todavía tengas hambre en la cena.

“Si te acostumbras a tomar un trozo de chocolate o de papas fritas después de la cena cuando te sientas en el sofá para ver la televisión, tu cuerpo puede comenzar a asociar el sofá, la televisión y comer algo rico, y como resultado cuando vas al sofá tienes un antojo“, dice Karolien van den Akker, investigadora de Centerdata y anteriormente de la Universidad de Maastricht, en Países Bajos.

“Esto puede ocurrir incluso cuando estás saciado; cuando tus reservas de energía están llenas”.

Comer en exceso no es malo per se, asegura Van den Akker. A diferencia de una gran comilona, donde se consumen grandes cantidades de alimentos en un corto período de tiempo y que frecuentemente está asociada con sentimientos de disgusto, culpa o vergüenza, comer en exceso puede verse simplemente como un hábito que a muchos les gustaría romper.

Pero los antojos de comida aprendidos pueden hacer que sea muy difícil seguir una dieta con éxito.

Familia compartiendo comida durante la cena navideña.

Getty Images
El ambiente de la temporada festiva puede condicionarnos a esperar grandes cantidades de comida.

Cuando aprendemos a asociar las propiedades gratificantes de los alimentos, en particular los que contienen un alto contenido de azúcar, con tiempos, olores, imágenes y comportamientos específicos, el recuerdo de esa sensación se activa y nuestro cuerpo comienza a desearlos.

Esto desencadena no solo respuestas psicológicas sino fisiológicas, como la salivación.

Es fácil adquirir antojos, pero difícil deshacerse de ellos

Es posible que estés familiarizado con el perro de Pavlov, un experimento en el que se toca una campana a la hora de las comidas para que un perro lo asocie con la hora de comer.

Finalmente, el perro saliva con el simple sonido de la campana. Los humanos no son mucho más sofisticados que los perros en este aspecto.

En otro experimento, a un grupo de personas les mostraron formas simples: círculos y cuadrados. Cuando veían los cuadrados, se les daba un trozo de chocolate y, a partir de entonces, comenzaron a desear chocolates cada vez que se veían los cuadrados.

Al igual que los perros, los humanos pueden resultar condicionados para que esperen alimentos con señales simples.

“Estas asociaciones se desarrollan rápidamente e incluso con pequeñas cantidades de chocolate como 1 ó 2 gramos”, explica Van den Akker.

“Parece bastante fácil adquirir estos antojos, pero es difícil deshacerse de ellos. Tu cuerpo recuerda que en un momento específico comió chocolate. El deseo puede convertirse fácilmente en un antojo diario, incluso después de solo cuatro días de repetición”.

Hombre de mal humor.

Getty Images
Muchas personas admiten que tienen menos autocontrol si están de mal humor o cansadas.

A veces, incluso nuestro estado de ánimo puede convertirse en el desencadenante. Las personas afirman habitualmente que tienen menos autocontrol si están de mal humor o cansados.

“En ese caso, las emociones pueden asociarse directamente con la comida, por lo que una determinada emoción podría desencadenar el antojo”, dice Van den Akker.

En principio, cualquier estado de ánimo, incluso uno positivo, puede convertirse en un desencadenante de un antojo, siempre que sea seguido de manera constante por la comida.

Se suele comer más en situaciones sociales

Y se ha demostrado repetidamente que comemos más cuando estamos en compañía de amigos. Las ocasiones especiales, el tiempo que pasas en la mesa y muchos otros factores, influyen en la cantidad de comida que ingerimos cuando estamos socializando.

Quizás porque el placer de la compañía que nos rodea hace que sea más difícil concentrarse en el control de las porciones.

Incluso las personas que se sientan en un laboratorio a comer un plato de pasta comerán más si tienen un amigo con quien hablar.

Esto también tiene implicaciones cuando se trata de romper con malos hábitos alimenticios.

“Cuando intentamos ayudar a las personas a comer menos, nos centramos en ‘desaprender’ sus deseos alimenticios aprendidos. También tratamos de asegurarnos de que aprendan que comer algo bueno una vez no significa que tengan querepetirlo en los próximos días“, opina Van den Akker.

Esto es importante porque otros estudios han demostrado que romper un buen hábito alimenticio una vez puede ser suficiente para recaer en uno malo.

Quizás entonces no sea una sorpresa el hambre que sentimos después de una gran comida con familiares y amigos. Todavía tenemos hambre al día siguiente, o incluso más tarde el mismo día, no porque nuestro estómago se haya estirado, sino porque nos hemos acostumbrado a comer en exceso en ocasiones especiales.

Si nuestros cerebros notan todas las señales -los olores, los lugares, los sonidos- asociados con una gran comida el día después de una fiesta como la de Navidad, entonces comenzarán a prepararnos para la segunda ronda.


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https://www.youtube.com/watch?v=JpWiPF_rmY0&t=62s

https://www.youtube.com/watch?v=ElxR2is1_bk&t=88s

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