General acusado de huachicoleo negoció la compra de un software de espionaje para Pemex: MCCI
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General acusado de huachicoleo negoció la compra de un software de espionaje para Pemex: MCCI

A través de subordinados, Eduardo León Trauwitz adquirió el malware "Da Vinci", conocido por su efectividad para robar información de teléfonos móviles y computadoras.
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12 de febrero, 2019
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El general Eduardo León Trauwitz, exencargado de Pemex Seguridad, y quien ahora es investigado por su probable participación en el robo de hidrocarburos dentro de la empresa, sería también el responsable de negociar la compra de un sistema de espionaje para Pemex, por 1.1 millones de dólares en 2014.

Una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) detalla que fue Gustavo Adolfo Sánchez Ramírez, un subordinado de León Trauwitz,  quien firmó el contrato con la transnacional italiana Hacking Team (proveedora del malware) para cerrar la compra del sistema llamado Da Vinci.

Leer: Pemex evita desfalco por 2,500 mdp, dice AMLO; investigan a militar por presunto robo de combustible

De acuerdo con la investigación de MCCI, el sistema Da Vinci tiene las mismas características que Pegasus y  “es conocido por su efectividad para robar información, datos, imágenes, audios y archivos de teléfonos móviles, así como de computadoras”.

Aunque las compañías fabricantes de malwares como Pegasus y Da Vinci argumentan que estos sistemas solo los venden a gobiernos para combatir la inseguridad o el terrorismo, en el caso de Pegasus fue utilizado durante la administración de Enrique Peña Nieto para seguir a periodistas y activistas.

MCCI explica que la compra de Da Vinci por parte Pemex fue posible luego de una larga negociación hecha a través de correos entre Hacking Team y representantes del general León Trauwitz.

Leer: Presuntos huachicoleros agreden a militares en Edomex; en Hidalgo, policía inhabilita 14 tomas clandestinas

“Hacking Team activó los permisos e inició planes de capacitación una vez que se completó el pago, según consta en los más de 25 correos electrónicos localizados por MCCI en la plataforma WikiLeaks, una organización mediática que ha difundido documentos secretos de gobiernos en el mundo”, se lee en la investigación.

El inicio de las negociaciones

En noviembre del 2013, Hacking Team y sus filiales en México (Grupo Kabat y SYM Servicios) invitaron al General León Trauwitz y al mayor Carlos Javier Álvarez Cárdenas –quien también es investigado por presunto robo de combustibles– a la feria mundial de armamento y espionaje Milipol que se celebra cada año en París, a donde acuden los fabricantes más grandes del mundo.

MCCI relata que ambos militares recibieron “trato VIP” durante su estancia en París con el objetivo de convencerlos a firmar el contrato para la compra del malware.

Tras el regreso León Trauwitz y Álvarez Cárdenas, las negociaciones para la compra de Da Vinci habrían continuado vía correo electrónico.

Leer: AMLO anuncia el despido de 3 funcionarios de Pemex por su presunta relación en La Estafa Maestra

En abril del 2014, el área de Seguridad física de Pemex que comandaba el General León Trauwitz, se transformó en la Subdirección de Salvaguardia Estratégica (SSE). Así logró tener bajo su mando mando a 2 mil 500 soldados.

La negociación y compra de Da Vinci se dio a pesar de que hubo amagos de romper la operación por temor a que alguna autoridad impugnara la compra, y por la molestia de Hacking Team luego de que el contrato se hiciera solo con la firma de Adolfo Sánchez Ramírez, entonces superintendente de Planeación y Vulnerabilidad de la SSE.

En un correo electrónico interceptado por WikiLeaks, fechado el 27 de agosto del 2014, se muestra que Pemex solicitó que la operación de la compra del equipo para espiar se mantuviera bajo secreto, razón por la cual el General León Trauwitz se negaba a firmar:

“(…) Todos están con licencia militar y en este momento son empleados de PEMEX. Para que un militar firme el EUC (Certificado de Usuario Final, un documento necesario para la venta de armas o sistemas de seguridad), necesitamos la aprobación del jefe de personal y pasarlo a través de canales burocráticos que revelarán eventualmente la existencia del sistema, lo cual no estoy dispuesto a arriesgar (…)”.

Este mensaje fue enviado a ejecutivos en Italia de Hacking Team por uno de sus contactos en México de nombre Niv Yarimi.

En los correos a los que tuvo acceso MCCI se lee la molestia de Hacking Team al enterarse que León Trauwitz no firmaría el contrato, toda vez que el primer acuerdo se había realizado con él en París.

Finalmente en enero de 2015 y después de pagar 1.1 millones de dólares, el malware espía llegó a PEMEX, cuando éste era dirigido por Emilio Lozoya.  

Tiempo después, el 6 de julio del 2015, “expertos digitales se apoderaron de archivos pertenecientes a Hacking Team; dicha información fue filtrada en Wikileaks. Entre los clientes de 35 países aparecieron la Marina, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), algunos gobiernos estatales y Pemex, con una licencia vencida”, detalla la investigación.

Hasta el momento se desconoce el uso que Pemex le dio al malware toda vez que la seguridad de la empresa productiva del estado no mejoró en los años siguientes a la compra de Da Vinci.

Incluso “la ordeña de ductos se cuadriplicó en los siguientes cuatro años (a la compra del malware). Hasta octubre del 2018, se detectaron 12 mil 581 tomas clandestinas, mientras que en el mismo 2015 fueron 4 mil 125”, plantea la investigación.

Hacking Team tiene su sede en Milán y tiene oficinas subsidiarias en Washington y Singapur. Se dedica a la venta de herramientas de vigilancia e intrusión ofensiva a gobiernos.

En 2001 crearon una herramienta open gratuita llamada Ettercarp, la cual se hizo muy popular. La policía de Milán se puso en contacto con ellos para darle uso, convirtiéndose en el primer cliente oficial de Hacking Team. Ahora tienen un gran abanico de clientes en todo el mundo.

Desde enero del 2013 Eduardo León Trauwitz y Carlos Javier Álvarez Cárdenas fueron nombrados gerente y superintendente, respectivamente, de los servicios de seguridad física de Pemex. Un año después con el cambio a Subdirección de Salvaguardia Estratégica (SSE) ambos continuaron en sus cargos.

En su conferencia matutina del pasado 8 de enero, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que elementos del Ejército hallaron una instalación clandestina dentro de la refinería de Salamanca, Guanajuato, que permitía el robo de combustible.

“Se encontró de los tanques de gasolina a un depósito a las afueras de la refinería una manguera de 3 kilómetros”, detalló.

Ahí confirmó que su gobierno había iniciado una investigación contra el general Eduardo León Trauwitz, por su probable participación en el robo de hidrocarburos dentro de la empresa.

“Está en una lista de personas que se investigan con relación a esto, sin que haya todavía nada definitivo. Se está investigando a todos los que tienen que ver o tuvieron que ver”, dijo.

Antes de trabajar para Pemex, León Trauwitz fue jefe de escoltas del Enrique Peña Nieto cuando éste era gobernador del Estado de México.

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Cómo el COVID-19 llevó a la bancarrota a Avianca, la aerolínea más antigua de América Latina

La aerolínea más grande de Colombia, y la segunda de América Latina, solicitó acogerse a la ley de bancarrota de Estados Unidos.
12 de mayo, 2020
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En diciembre pasado, Avianca celebró sus 100 años con anuncios de nuevas rutas, conciertos en aeropuertos y vuelos y la emisión de unas estampillas conmemorativas en alianza con el gobierno de Iván Duque.

“Avianca se ha convertido en un símbolo de Colombia ante el mundo”, celebró el Ejecutivo en ese momento.

Cinco meses después, la crisis económica producida por la pandemia del coronavirus, que tiene parados al 90% de los aviones del mundo, llevó a la aerolínea más grande Colombia al default.

El domingo, cuando se cumplía el plazo de unos pagos de deuda, la empresa solicitó acogerse al Capítulo 11 del Código de Bancarrota de Estados Unidos, figura que busca defender a los acreedores en ese país y le da incentivos a las empresas con contratos allí para no tener que cerrar operaciones.

La compañía, que tiene filiales en Ecuador, Brasil y Honduras, entre otros países, anunció la liquidación de su operación en Perú, la primera consecuencia concreta de la bancarrota. La pandemia ha significado una caída del 80% en los ingresos de la empresa.

Sin embargo, con acogerse al famoso capítulo 11 Avianca espera reanudar sus vuelos cuando termine la pandemia. La bancarrota le permite mantener el control de sus operaciones y ganar cerca de un año para renegociar una deuda total estimada en US$7.000 millones.

Avianca

AFP
El 90% de los aviones en el mundo están quietos. Los de Avianca no son la excepción.

Uno de los mecanismos que se ha planteado para salvar a la empresa es un rescate del gobierno colombiano.

La idea, al parecer planteada por la compañía según filtraciones de medios locales, generó fuerte polémica en un país que intenta sobrellevar la pandemia entre pobreza, desigualdad e informalidad laboral.

Los defensores de un rescate argumentan que el impacto social y económico de la desaparición de Avianca, que consideran un “activo estratégico” para el país, sería catastrófico.

Los detractores lo ven como un premio a una compañía que ya no es colombiana -y cada tanto protagoniza escándalos de maltrato al cliente- por parte de un gobierno de tecnócratas que, dicen, “gobierna para los empresarios”.

Duque (cuya hermana, Maria Paula, es vicepresidenta de relaciones estratégicas de Avianca), quien fue elegido de la mano del sector privado, no ha ni rechazado ni aceptado la iniciativa. Pero, con la bancarrota, el debate continuará.

Historia de altibajos

Avianca emplea a 21.000 personas, de las cuales 14.000 están en Colombia. Es la segunda aerolínea más grande de la región después de la chilena Latam; tiene 176 aviones, opera a 150 destinos y hasta ahora ofrecía 5.100 vuelos semanales.

La marca está registrada en la memoria de los colombianos, en parte porque en 1973 se incendió su emblemático edificio en Bogotá y porque en 1990 los narcos derribaron uno de sus aviones.

Según Skytrax, un servicio de consultoría aeronáutica, Avianca es la mejor aerolínea de América Latina. Pero en otros portales de críticas, como Official Aviation Guide, registra como una de las que más retrasos y quejas presenta de la región.

No es la primera vez que la aerolínea se declara en bancarrota ante la justicia estadounidense, aunque esta sea, según su presidente, Anko van der Werffa, “la crisis más desafiante en nuestra historia“.

En realidad, aerolíneas como Delta, American y United entraron a este proceso durante la crisis posterior al 2008.

Aviones de Avianca.

Reuters
El sector aeronáutico es uno de los más perjudicados por la pandemia del coronavirus.

La última emergencia de esta magnitud para Avianca fue en 2003, cuando el proceso de renegociación resultó en la compra de la mayoría de las acciones por parte del empresario Germán Efromovich, quien aún hoy posee la mayoría, pero perdió el control de la junta.

El brasileño quiso convertir Avianca en una “aerolínea latinoamericana“, invirtió en Bogotá y San Salvador como principales centros de conexión, desarrolló aerolíneas satélite en Perú, Argentina y Brasil y se alió con la gigante estadounidense United Airlines.

La aerolínea, cuya sede fue trasladada a Panamá, se disparó durante la primera década del siglo.

Pero hacia 2017, con la desaceleración de la economía latinoamericana, reflotaron los problemas: las operaciones en Brasil resultaron un fracaso y la empresa tuvo que acogerse a una ley de quiebras; la crisis en Argentina contrajo la demanda por vuelos internos de bajo precio; y un viejo y profundo conflicto con el sindicato aeronáutico en Colombia significó retrasos, protestas y el despido de decenas de pilotos en 2018.

Germán Efromovich

AFP
Germán Efromovich ha sido la cabeza de Avianca desde 2003 pero en los últimos años perdió su posición en la junta.

“Antes de los años 80 el mercado global estaba compartimentalizado y no había política de cielos abiertos”, dice a BBC Mundo el economista Salomón Kalmanovitz.

“Pero eso cambió en los 90, se abrió una competencia plena, bajaron los precios y Avianca nunca pudo adaptarse a ese nuevo escenario”.

“Entre 2003 y 2015 tuvieron buen desempeño y eso le dio alas para expandirse, pero la crisis la castiga muy duro porque se creyó el cuento de que la bonanza de esa época, generada por el auge de las materias primas, los bajos impuestos y la apertura total, era para siempre”, agrega.

Kalmanovitz, que escribió una columna de El Espectador criticando el rescate estatal, recuerda que Avianca siempre ha tenido una participación, a veces mayoritaria, de empresarios extranjeros.

Menos colombiana que su reputación

Avianca fue creada el 5 de diciembre de 1919 y se llamó Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos (Scadta). Los impulsores eran tres alemanes y seis colombianos que hacían parte de un grupo de inversionistas en Barranquilla, la ciudad portuaria en el norte de Colombia más cerca del Canal de Panamá.

Para entonces, la única aerolínea rentable del mundo era la holandesa KLM.

Según una investigación del historiador Luis Eduardo Rosemberg, la llegada del nazismo al poder en 1933 tuvo cierto impacto en Scadta, porque el gobierno alemán quiso utilizarla como parte de su estrategia geopolítica en la región.

Algunos de los fundadores alemanes de la empresa, además, parecían mostrar simpatía con el nacional-socialismo.

A finales de los años 30, según registros de la época, el gobierno estadounidense presionó al presidente colombiano Eduardo Santos para que nacionalizara Avianca y despojara a los alemanes de su participación en la empresa.

Fue así como, en junio de 1940, la compañía pasó a llamarse Avianca. Era una empresa colombiana cuyo principal accionista, sin embargo, era el gobierno estadounidense a través de Pan Am Airlines.

Con el tiempo la participación accionaria fue cambiando, pasó por el portafolio de los principales millonarios de Colombia y, en 1975, quedó en manos de la empresa más poderosa del país en ese entonces: el Grupo Santo Domingo, dueños de cervecerías, canales de televisión y servicios aduaneros, entre otras cosas.

“Avianca gozó durante años del proteccionismo del Estado, que limitaba la competencia, le dio el monopolio del correo y la rescataba cuando necesitaba, pero cuando llegó el libre mercado en los 80 y 90, nunca supo adaptarse”, concluye Kalmanovitz.

Bajo las riendas de los Santo Domingo, en 2003, Avianca cayó en bancarrota. Y ahora, con el coronavirus, la historia se repite.


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