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La historia de Johana, una joven atropellada en CDMX y por la que sus padres buscan que no haya impunidad

Todas las mañanas los padres de Johana colocan mantas en las que imploran por atención de las autoridades; un acto paralelo a la conferencia de López Obrador.
Por Ernesto Núñez
1 de febrero, 2019
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Todas las mañanas, desde hace dos meses, Pilar Fuentes y Roberto Garrido se paran en una curva de la Calzada México Xochimilco que da acceso al Viaducto Tlalpan, al sur de la Ciudad de México.

Llegan ahí de madrugada, encienden una veladora, acomodan tres o cuatro flores en un jarrón que hace las veces de pequeño altar y despliegan dos mantas blancas a la vista de los transeúntes.

Entre las 6:40 y las 8:00 de la mañana, miles de automovilistas, pasajeros de microbuses y autobuses, ciclistas, motociclistas y peatones ven la fotografía de una mujer de 33 años impresa en la manta: Julia Johana Cedillo Fuentes; complexión delgada, tez morena clara, cabellera negra, lentes de pasta, blusa negra y gargantilla plateada. 

Johana era cajera en un kiosko de paletas en la delegación Coyoacán. Su madre, Pilar Fuentes, es vendedora de periódicos. La pareja de su madre, Roberto Garrido, fue su figura paterna desde que era menor de edad, sin ser su padre biológico. Él trabaja como guardia en un restaurante.

Johana también era madre soltera. Su hijo tiene 12 años y cursa el primer año de Secundaria.

El 6 de diciembre pasado, fue atropellada exactamente en ese punto, luego de dejar a su hijo en la escuela. Horas después, murió en una clínica del IMSS.

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Pilar y Roberto sólo saben que Johana fue arrollada por una camioneta negra mientras cruzaba la calle, en la madrugada. 

Desde entonces, todos los días se levantan temprano para desplegar las mantas en las que imploran por atención de las autoridades, ayuda de los vecinos, informes, algún dato que permita dar con la persona que manejaba a alta velocidad y que atropelló a su hija. Es un acto de propaganda paralelo a la conferencia del presidente Andrés Manuel López Obrador; la mañanera de Johana, en la que desde una manta dice a quienes pasan por ahí: “Soy Julia Johana Cedillo Fuentes. El día 6 de diciembre de 2018, entre las 6:40 y las 7:00 AM, fui atropellada y desafortunadamente perdí la vida en este lugar. Si sabes o viste algo, por favor comunícate al 5524388978 y al 5535615596”.

Una mañana normal

Aquel jueves 6 de diciembre, Johana llevó a su hijo a la escuela secundaria Olof Palme, en la calle Unidad de la colonia Huipulco, en Tlalpan. Era de madrugada y estaba oscuro. Como todos los días laborables, aquella mañana había un gran movimiento de vehículos en la Calzada México Xochimilco, una de las principales arterias que son utilizadas por automóviles particulares, microbuses y autobuses para salir de Xochimilco y Tlalpan rumbo al centro de la Ciudad.

En paralelo a la calzada México Xochimilco, circula la línea de Tren Ligero Xochimilco-Tasqueña, que siempre está saturada.

Como hacía siempre, Johana salió temprano de su casa, ubicada en el pueblo de Tepepan; usó el tren para llegar al colegio, dejó a su hijo, caminó hasta la calzada y se dirigió hacia el Estadio Azteca, donde tomaría el transporte que diariamente la llevaba a su trabajo en la delegación Coyoacán.

Al llegar a la curva que conecta la México Xochimilco con Viaducto Tlalpan, cruzó rápidamente por un paso que, aunque es usado por cientos de personas, carece de señalamientos, líneas pintadas en el asfalto, semáforo, puente, reductores de velocidad o al menos una luminaria.

Es un punto en el que los automovilistas suelen pisar el acelerador, después de soportar minutos de tráfico en la esquina de Calzada México Xochimilco y Forestal, donde confluye la estación Xomali del Tren Ligero y la parada de micros y camiones de la RTP. La vialidad es complicada por la presencia de escuelas, universidades, unidades habitacionales y el hospital del Instituto Nacional de Rehabilitación, ubicado en Viaducto Tlalpan y Periférico.

A punto de llegar a la banqueta, Johana fue golpeada por una camioneta, voló unos metros y quedó tendida, con varios huesos rotos y una herida en el cráneo.

Según el video de una cámara de seguridad ubicada en la lateral de Viaducto Tlalpan, la camioneta negra que arrolló a Johana se detuvo unos 50 metros adelante del sitio del accidente. La mujer que conducía discutió con su acompañante, un hombre joven, y momentos después reanudaron la marcha, abandonando a Johana.

Un hombre de una moto se detuvo para auxiliar a la atropellada. Y, casi al mismo tiempo, los padres de otro alumno del colegio la reconocieron, revisaron sus pertenencias y fueron a notificar el accidente a la directora del plantel, quien la identificó en una credencial y llamó a su casa.

La hermana de Johana y su tía recibieron la llamada y corrieron al lugar. 

Transcurrieron diez minutos antes de que llegara una patrulla, y más de una hora para que el cuerpo de Johana fuera recogido por una ambulancia.

Mientras llegaban los socorristas, una enfermera, una paramédico y un doctor venezolano que transitaba por el lugar trataron de atender a Johana, quien para entonces ya había perdido el conocimiento.

Pilar y Roberto llegaron al lugar del accidente cuando Johana estaba todavía ahí, tendida y ya en estado crítico.

“Una señora, enfermera de aquí, trajo un tanque de oxígeno, se paró una paramédico, llegó un médico venezolano, otra persona que es médico de aquí de la escuela… Llegaron, la canalizaron, trataron de estabilizarla, pero empezó con equimosis ella, tenía un sangrado; la ambulancia tardó, hasta que una persona pudo localizar a alguien del ERUM, e irónicamente llegaron dos ambulancias al mismo tiempo, una hora y 20 minutos después de que la atropellaron”, relata la madre de la víctima.

La mujer fue trasladada al Hospital Regional 2 del IMSS, especializado en Traumatología y Ortopedia, en la calzada de Las Bombas, Villa Coapa. Llegó con traumatismo craneoencefálico severo, cerca de las 9:00 horas.

Mientras era atendida, su madre esperó en el hospital y Roberto acudió a la agencia 38 del Ministerio Público, ubicada en Culhuacán, cerca de la UAM Xochimilco.

Desde el principio, la doctora encargada de Urgencias dijo que Johana estaba muy grave y tenía 80 por ciento de posibilidades de perder la vida.

A las 12:00 horas, falleció, por lo que la denuncia ante el MP cambió de accidente vial a homicidio culposo. Desde ese momento, los padres de Johana emprendieron un tortuoso camino en busca de justicia.

Sin detenido

La carpeta de investigación por el caso Johana Cedillo Fuentes fue abierta en la Fiscalía Desconcentrada de Investigación en Coyoacán, agencia del Ministerio Público 38, con el registro CI-FCY/COY-5/UY-2 C/D/02724/12-2018 R1.

Los hechos fueron denunciados a las 10:00 horas del jueves 6 de diciembre por Roberto Garrido Heredia, pero por no ser su padre biológico, el acta consigna como denunciante a su madre, María del Pilar Fuentes Casarruvias.

La investigación inició a partir del reporte del agente Antonio Mondragón Mingo, tripulante de la unidad Mx568M5, quien asentó que el incidente se registró en la calzada México Xochimilco y Viaducto Tlalpan, colonia del Arenal, delegación Tlalpan, y que no se contaba con el vehículo involucrado pues “se dio a la fuga”.

El policía registró que Johana, mujer de 33 años, presentaba Traumatismo Cráneo Encefálico (TCE) severo, esguince cervical y policontusiones. 

Los socorristas del ERUM, en su reporte, establecieron que el servicio de emergencia les fue asignado a las 8:17 horas (una hora, 37 minutos después de los hechos); a las 8:25 llegaron al lugar, a las 8:28 partieron hacia el hospital, y llegaron ahí a las 8:35 horas.

Johana falleció tres horas después, y sus familiares tuvieron que acudir al MP para cambiar la denuncia, de “lesiones culposas por tránsito de vehículo” a “homicidio culposo por tránsito de vehículo”. En ese momento, fueron advertidos de que tendrían que cambiar de agencia del MP, pues el accidente ocurrió en la delegación Tlalpan.

Pilar recuerda que en el mismo día tuvo que sufrir la pérdida de su hija y el calvario de presentar la denuncia ante la Procuraduría de la CDMX; además, en pleno cambio de administración, pues la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; la procuradora capitalina, Ernestina Godoy, y sus equipos, tomaron posesión de los cargos el 5 de diciembre, justo un día antes del accidente.

“En la agencia de Cherokees (MP 38, Coyoacán) nos dijeron que ya nos correspondía Cuemanco (Coordinación territorial Tlalpan-4), pero no nos podían mandar allá, porque no les contestaban. El cuerpo de mi hija llegó como a las 9 de la noche a la agencia 38, y no había médico legista; tuvieron que hablarle al médico para que se regresara, la checara y salimos como las 12 de la noche de ahí. Llegamos al Semefo, nos la entregaron como a la una, una y media de la tarde del otro día. Fue muy tardado, y yo la verdad ya me olvidé de todo hasta el lunes, cuando ya regresamos a la nueva agencia, para ver lo de la denuncia”, narra Pilar.

Johana fue velada entre sábado y domingo. Su madre y su hermana acudieron el lunes 10 de diciembre al MP, pero ahí les dijeron que el caso se iba al “búnker” (oficinas centrales de la PGJDF) y que tardarían 15 días en regresar la carpeta de investigación a Tlalpan.

El martes 11, Pilar, su esposo y una de las dos hermanas de Johana decidieron pararse en el lugar del accidente, prender una veladora y extender las mantas para denunciar los hechos y pedir ayuda a los transeúntes.

También imprimieron volantes que repartieron en tiendas, escuelas, microbuses, autobuses, Tren Ligero y casas. Algunos afiches aún están pegados en postes de luz y casetas telefónicas, y en ellos puede leerse: “¡Ayuda por favor! Ella es mi hija Julia Johana. El día 6 de diciembre del 2018, aprox entre las 6:40 y 7:00 AM fue arrollada por un maldito (a) en Viaducto Tlalpan, sobre la Calzada México Xochimilco en dirección a Huipulco. Este desgraciado (a) cafre le arrebató la vida y ni siquiera se detuvo para ayudarla, dejando huérfano a un menor de edad. Si alguien vio o supo algo, les suplico que se comuniquen conmigo”. 

Al día siguiente, Pilar recibió una primera llamada anónima, en la que le informaron que Johana había sido atropellada por una camioneta negra tipo Captiva que circulaba a exceso de velocidad. La persona que llamó le informó que había notado que la camioneta era conducida por una mujer, pues se la había encontrado minutos antes del accidente en la estación Xomali del Tren Ligero. Además, le sugirió pedir el video al Servicio de Transportes Eléctricos, que tiene cámaras de seguridad en el crucero de dicha estación.

“Me dio datos: me dijo que había aventado así muy feo a mi hija, que se había parado primero, pero que luego se fue. Empezamos a recorrer en esos días la avenida, y descubrimos que había cámaras, aquí a la vuelta. De hecho, nosotros anotamos todos los datos, calles, números, y se los llevamos al MP, y ya de ahí dijeron que volviéramos en 15 días. Eso fue el 18 de diciembre y pues nada, hasta el momento no tienen nada”, comenta Pilar.

El 19 de diciembre, después de tener una entrevista con el periodista Miguel Aquino en Radiorama, le llamaron a Pilar de la Procuraduría para informarle que ya tenían el video de una cámara de seguridad instalada en un local comercial sobre la lateral de Viaducto Tlalpan.

En el video se puede observar la camioneta negra detenida segundos después del atropellamiento, y cómo la conductora discute durante unos minutos con su joven acompañante, hasta que reanuda la marcha, dándose a la fuga. Según los familiares de Johana, no se alcanzan a ver las placas, ni a distinguirse con claridad los rostros de los tripulantes.

“Mucha gente se ha acercado a nosotros y nos ha dicho que es una camioneta negra, tripulada por una mujer como de 40 años y un joven como de 20. Y en el video se alcanza a ver que estas dos personas se quedaron como manoteando, antes de darse a la fuga”, detalla Pilar.

Roberto explica que los peritos se negaron a pedir más videos, y a trabajar con las imágenes que sí tienen, para poder aclarar la matrícula del vehículo.

“Hay instancias de trabajo que le hacen el contraste al video y se ve claramente. Se le hace un acercamiento segundo a segundo, hasta que quede más visible. Se podría hacer, no lo han hecho”, explica.

-¿Y por qué? -se le pregunta.

“Alguien nos habló ya, también, para decirnos que el dueño de esa camioneta es una persona de poder, un juez, y que quien iba era su esposa y su hijo. Entonces, como ya saben quién es, lo están protegiendo y están evitando que salga a la luz las placas”, especula.

Roberto acudió a un taller eléctrico automotriz de LTH ubicado cerca del lugar del accidente, para pedir los videos de sus cámaras de seguridad, pero los empleados les respondieron que sólo pueden proporcionarlos con una orden judicial. La autoridad no ha acudido a pedirlos, y tampoco ha recuperado el material grabado en otras cámaras ubicadas en la zona. Pilar y Roberto saben que esas grabaciones seguramente ya se perdieron, pues rara vez se conservan más de un mes.

En todo este proceso, han sido testigos de otras impericias de la autoridad. Por ejemplo, cuando el personal de la Procuraduría acudió a fotografiar el lugar, levantó las imágenes del otro lado de la calzada México Xochimilco, en el punto equivocado, y además lo hicieron de noche.

Tampoco han localizado a las personas que pudieron atestiguar los hechos, o a los que llegaron inmediatamente después, entre los cuales se encontraba un motociclista que incluso tomó fotografías y video del sitio, antes de que se llevaran a Johana.

“Que se haga justicia”

Desesperada, Pilar Fuentes se fue a formar al Antiguo Palacio del Ayuntamiento a principios de enero, en espera de un turno en las audiencias ciudadanas de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. Pero no alcanzó a ser atendida, pues diariamente llegan cientos de personas y la funcionaria atiende a los que puede en una o dos horas.

Sin embargo, fue canalizada con el secretario particular de la procuradora Ernestina Godoy, quien ya conoce el caso de Johana, pero aún no les da una respuesta sobre el avance de las investigaciones.

“Ya voy para 21 días que fui y tampoco me han respondido nada. Con la que hablo es con la asesora jurídica que me asignaron, porque yo no tengo dinero para pagar un abogado. Mi trabajo lo dejé abandonado, y ella es la que me dice, que si ya mandaron a Setravi o qué sé yo, pero no hay respuesta de nada. ¿Sabe qué me dijeron la última vez que fui al MP?, que los policías ya no pueden salir a investigar”.

Pilar y Roberto saben que nada les devolverá a su hija, y que deberán hacerse cargo de su nieto de 12 años, que se quedó solo, estudiando el primer grado de Secundaria. Pero esperan justicia, que se castigue a la o el culpable, y que se tomen medidas para mejorar la seguridad en el crucero en el que Johana fue atropellada.

En los días que llevan ahí exhibiendo en dos mantas la fotografía de su hija, han visto pasar cientos de carros, muchos a alta velocidad. A unos metros de su protesta silenciosa, los peatones y ciclistas tienen que apurar el paso para no ser embestidos, pues no hay líneas pintadas, un poste con una señal de paso peatonal o un semáforo en preventiva que obligue a los autos a disminuir la velocidad.

Todo lo contrario; ésa es la curva en la que todo mundo acelera para incorporarse a Viaducto Tlalpan.

 “Yo lo único que quiero es encontrar a la persona, que pague por lo que hizo; a mi hija ya no me la va a devolver nunca nada ni nadie, pero simplemente que esa persona pague lo que hizo, porque si ahorita lo hizo y no pasa nada, se lo va a volver a hacer a alguien más”, dice Pilar, secándose las lágrimas.

Roberto va más allá: “la impunidad, que está tratando el Presidente de acabar, creo que nos está pegando ahorita más que en otros momentos. Si quisieran, resolverían este caso. Con la tecnología que hay, las placas son visibles, podrían sacarlas. Yo podría sacar el video y conozco personas que me pueden ayudar a identificar las placas y buscar yo mismo a los dueños de la camioneta, pero yo no quiero una venganza personal, prefiero decirle a la Policía que ellos hagan su trabajo. No puede ser que un papá haga el trabajo de cientos de policías de investigación”.

Más de mil casos

El de Johana es uno entre cientos de atropellamientos que ocurren al año en la Ciudad de México. Y, como la gran mayoría, sigue en la impunidad.

El nuevo sectario de Movilidad de la Ciudad de México, Andrés Lajous, ha reconocido la peligrosidad de las calles de la capital, y ha dicho que no contar con estadísticas oficiales sobre los accidentes viales contribuye a que el problema no se resuelva.

Leer >> Confirmado: No habrá exámenes para la licencia de manejo en CDMX, pese a Ley que lo ordena

La organización no gubernamental RepuBikla contabilizó, por medio de reportes ciudadanos, mil 332 atropellamientos en 2017, con 123 peatones y ciclistas fallecidos.

En contraste, el INEGI registró 710 atropellamientos, y 114 fallecimientos.

Andrés Lajous publicó el 25 de enero un documento en la página de la Secretaría de Movilidad que actualmente la información sobre hechos viales se recaba por múltiples fuentes (policiales, hospitalarias, judiciales, ciudadanas y los reportes de las aseguradoras), pero no existe una metodología concreta ni una cifra única, por lo que un hecho puede registrarse más de una vez o no registrarse.

Así, el caso de Johana puede estar perdido en esa estadística imprecisa.

Lajous advirtió en ese documento que tener datos imprecisos impide generar soluciones adecuadas para prevenir más hechos viales y mejorar la seguridad de las personas.

Hasta el momento, los familiares de Johana siguen esperando que éste, u otro funcionario del nuevo gobierno, los contacte para resolver el caso.

El lugar en el que ella fue atropellada luce igual que antes del 6 de diciembre: sin señalamientos, luz o un paso peatonal. Los autos aceleran al llegar a esa curva, viendo de reojo la protesta mañanera de Johana.

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El lucrativo negocio de los 'fabricantes de ensayos' que ayudan a los estudiantes a engañar a sus universidades

Escribir trabajos de universidad para estudiantes que no pueden o no quieren hacerlos por sí mismos es un negocio en auge. En algunos casos existen verdaderas “fábricas de ensayos”. ¿Cómo se puede controlar esta práctica?
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12 de junio, 2019
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Los fraudes estudiantiles han sido titulares en todo el mundo en los últimos meses.

La primera vez que Chris escribió un ensayo para otra persona, le pagaron con comida.

Un amigo le había comentado que su novia (que era estudiante) necesitaba ayuda, por lo que Chris aceptó revisar su trabajo. El ensayo, sin embargo, precisaba más que una edición.

“Las ideas estaban muy desorganizadas”, describe Chris. Por esa razón terminó reescribiéndolo todo.

La estrategia funcionó: el ensayo fue bueno y la estudiante obtuvo una calificación alta. El amigo de Chris estaba contento.

“Me invitó a un plato de hotpot en Singapur. Era la primera vez que iba a un restaurante”, recuerda. Luego, la novia de su amigo le pidió que la ayudara con otra tarea.

“Le dije que no podía comer un hotpot todos los días. Tenía que cobrar un precio. Fue entonces cuando me presentó a sus compañeros de clase y así empezó todo”.

Actualmente Chris dirige lo que se conoce como una “fábrica de ensayos”: un lucrativo negocio dirigido a aquellos estudiantes que enfrentan dificultades para hacer las tareas escolares por su propia cuenta.

El fraude estudiantil es un tema que ha sido centro de atención recientemente, después de que un escándalo por sobornos en universidades de élite de Estados Unidos hiciera titulares en todo el mundo.

Este, sin embargo, no es el primero de su tipo: India, por ejemplo, todavía está lidiando con el desmantelamiento de un fraude (aparentemente a gran escala) en el examen de ingreso a una de sus escuelas de medicina.

Y las irregularidades van más allá de los procesos de admisión.

Existen otras formas de fraude una vez que los estudiantes ingresan a las universidades. En estas, las personas como Chris desempeñan un importante rol.

“Área gris”

Después de estudiar en Singapur durante muchos años, Chris regresó a China. Allí escribe ensayos para estudiantiles-clientes de países tan lejanos como Australia o Reino Unido.

Otros los delega en un grupo de personas que trabajan para él, haciendo lo mismo.

Mujer.
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Muchos de los estudiantes que enfrentan problemas para desarrollar sus tareas escolares, pagan a proveedores para que hagan el trabajo en su lugar.

Su negocio, que reporta unos US$150.000 al año, comenzó a crecer después de que la primera estudiante a la que ayudó se mudara a Australia para estudiar una maestría. Allí compartió el contacto de Chris con otras personas.

Chris escribe al menos un ensayo a la semana y, como especialista en estudios globales, asigna tareas sobre temas como negocios y finanzas a sus especialistas.

Cobra alrededor de 1 yuan por palabra, por lo que una pieza de 1.000 palabras tiene un precio aproximado de 1.000 yuanes (US$150).

Chris, quien no desea dar a conocer su apellido, sugiere que la naturaleza de su trabajo tiene una parte de fraude y otra educativa.

“Siempre les digo a los estudiantes que pueden consultar mi ensayo, pero no enviarlo directamente a su profesor. Lo que ellos hacen no está bajo mi control. Hay algunos que realmente aprenden de mí, así que creo que mi trabajo está en un área gris”.

A veces, dice, quiere negarle sus servicios a los estudiantes.

“Me he dicho a mí mismo que debo dejar de hacerlo, porque estoy propiciando el fraude y ellos no aprenden nada de mí. Pero un mes después alguien vuelve a llamarme: ‘¿Podrías ayudarme otra vez, porque necesito aprobar esta tarea para graduarme?'”.

“Entonces digo: ‘OK. Si ese es el caso, voy a ayudarte esta última vez’. Realmente quiero que aprendan, pero es difícil”.

“100% libre de plagio”

Gareth Crossman, de la Agencia de Garantía de Calidad de Reino Unido, tiene una opinión considerablemente más dura. Él cree que, además de poner en riesgo su propia educación, las acciones de los estudiantes tienen implicaciones mayores.

Ensayos.

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Los “fabricantes” de ensayos aprovechan los avances de la tecnología para atraer “clientes”.

“También están engañando a la sociedad en general, porque nadie quiere que una persona se incorpore a la fuerza laboral si está francamente descalificada“, dice.

“El Colegio Real de Enfermería ha expresado su preocupación por este fenómeno, pues existen enfermeras que se gradúan sin las cualificaciones adecuadas”.

“Creo que es positivo el hecho de que las instituciones estén cada vez más dispuestas a aceptar que esto es un problema (y ​​un riesgo para su reputación). También muestra que este es un asunto importante que debe resolverse”.

Crossman cita una investigación publicada el año pasado por la Universidad de Swansea, que indica que al menos uno de cada siete estudiantes en todo el mundo podría estar cometiendo este tipo de fraude.

No es un fenómeno nuevo, agrega, sino uno que ha aumentado mucho debido a los avances de la tecnología y cómo los “fabricantes” de ensayos los han aprovechado.

“Cuando navegamos por las redes sociales, todos estamos acostumbrados a ver los anuncios que nos sugieren cuáles pueden ser nuestros intereses, y sucede lo mismo cuando se trata de los ‘fabricantes’ de ensayos”, dice.

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Los estudiantes que pagan por sus trabajos evaluativos no estarán suficientemente calificados para insertarse en la vida laboral, señalan los críticos.

Los estudiantes con dificultades (aquellos que googlean preguntas del tipo: “¿cómo puedo obtener ayuda con mis ensayos?”), serán el objetivo de estos proveedores.

“Los mismos aseguran que ofrecen un servicio personalizado y completamente legítimo de ayuda con las tareas escolares”.

“Usan frases como ‘100% libre de plagio’, lo cual podría ayudar a que se vea como una marca de calidad. Pero básicamente les estás diciendo a esas personas que pueden entregar esos trabajos como si fueran de su autoría y que no serán detectados por un software de plagio”.

Crossman asegura que se trata de un negocio dirigido por el ánimo de lucro y que puede generar grandes cantidades de dinero a sus proveedores.

“Si necesitas, por ejemplo, una disertación de 10.000 palabras, te puede costar miles de dólares”.

Una opción legal

La calidad de los proveedores, dice Crossman, varía. Algunos están altamente calificados y otros “apenas saben leer y escribir”.

Luego está el riesgo de que te sorprendan. Chris dice que entre el 5% y el 10% de sus clientes han sido sorprendidos con ensayos que no son de su autoría.

“Les digo que no deben enviar la tarea directamente a su maestro. Deben echarle un vistazo y hacerle algunos cambios. Si no me escuchan, no es mi culpa “, dice.

Aula.

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En su experiencia, Chris dice que entre un 5% y un 10% de sus clientes han sido sorprendidos haciendo fraude.

A pesar de las malas experiencias, los estudiantes a los que le ha sucedido no dejan de cometer fraude: “Siguen usando mis ensayos y lo que hacen es transformarlos usando sus propias palabras“.

Chris asegura que su intención es dejar de hacer este tipo de trabajo, pero sus clientes le piden que continúe. Y ahora tiene trabajadores que dependen de él.

“Tengo que pagarles, porque esta es su única fuente de ingresos. Si renuncio, nadie apoya a sus familias“.

Crossman cuenta que su organización le ha escrito a las grandes compañías tecnológicas para pedirles que bloqueen la publicidad de pago de los “fabricantes” de ensayos.

Dice que algunas como Google han dejado de hacer publicidad a estos proveedores al menos en Reino Unido, pero no ha habido una respuesta similar por parte de Facebook.

Y a pesar de la legislación en algunos estados de Estados Unidos, Nueva Zelanda e Irlanda, las fábricas de ensayos siguen siendo legales en la mayor parte del mundo desarrollado.

Papel.

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Las “fábricas” de ensayos son legales en gran parte del mundo desarrollado.

Crossman dice que, si bien no hay ningún grupo demográfico que cometa fraude más que otro, son los estudiantes más vulnerables los que pueden terminar usando esta alternativa.

Los estudiantes internacionales tienen más razones que los hacen vulnerables: no tienen redes de apoyo como la de la familia, y a veces no tienen las habilidades del idioma”, dice.

“Es con ellos que las instituciones están en deuda, para asegurarse de que cualquier estudiante con dificultades sea identificado y reciba apoyo”.

Al mismo tiempo, también se están desarrollando nuevos softwares contra el plagio capaces de detectar tanto los trabajos copiados como las piezas que tienen más de un autor o en las que la voz de este varía.

“Al parecer, es posible detectar la manera en que cada quien escribe”, asegura Crossman.

Sin embargo, esta es solo una estrategia para enfrentar un desafío significativo. “Sí, la tecnología está avanzando”, comenta, “pero no tenemos una solución mágica”.

Este artículo es una adaptación de un episodio de la serie Essay Cheats, transmitida a través del Servicio Mundial de la BBC y su programa Business Daily.


Lee la historia original en inglés


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