¿Cuáles son las mayores amenazas que pueden acabar con la humanidad?
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¿Cuáles son las mayores amenazas que pueden acabar con la humanidad?

Las amenazas son complejas y diversas, desde olas de calor asesinas al aumento del nivel del mar o hambrunas y migraciones generalizadas a una escala realmente gigantesca.
16 de febrero, 2019
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La extinción de la humanidad es algo que ha preocupado a los pobladores de la Tierra por generaciones, pero lejos de darse por un desastre natural de grandes dimensiones, lo cierto es que es más probable que, si ocurre, nosotros seamos los verdaderos responsables.

El imaginario colectivo suele pensar en grandes desastres como un asteroide al estilo de la película Armageddon o en una invasión alienígena como la retratada en “Día de la Independencia”, protagonizada por Will Smith.

Y aunque es posible que existe la posibilidad de un final dramático, centrarse en tales escenarios puede hacernos ignorar amenazas existentes hoy en día y que son mucho más serias.

Amenazas volcánicas

En 1815, una erupción del monte Tambora, en Indonesia, acabó con la vida de más de 70.000 personas.

La atmósfera se cubrió de una ceniza volcánica que redujo significativamente la luz solar. Tanto, que a aquel año se le conoce como “el año sin verano“.

Fotografía de u senderista ene l monte Tambora, en Indonesia.

Getty Images
En 1815 la erupción del volcán del monte Tambora mató a más de 70.000 personas.

El lago Toba, en el otro extremo de Sumatra, cuenta una historia aún más siniestra. Se originó tras una súper erupción volcánica hace 75.000 años y su impacto se sintió en todo el mundo.

Muchos científicos creen que fue el causante de una reducción significativa de los primeros humanos que habitaron la Tierra, aunque hay otra parte de la comunidad científica que lo cuestiona.

Pero si bien la perspectiva de una erupción súper volcánica es aterradora, no debemos preocuparnos demasiado.

Los súper volcanes y otros desastres naturales, como un asteroide impactando la Tierra o una estrella que explota en nuestro vecindario cósmico, no son más probables en este 2019 que cualquier otro año.

Y aún así, las posibilidades son realmente remotas.

Porcentajes con distintas causas de extinción de la humanidad.

Getty Images

Amenazas reales (y crecientes)

Pero no puede decirse lo mismo de muchas amenazas globales creadas por nosotros mismos, los humanos.

Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud y el Foro Económico Mundial identificaron el cambio climático y sus efectos como uno de los principales riesgos para 2019.

En la sede de Naciones Unidas llegó a decirse que el cambio climático ya era “un asunto de vida o muerte” para muchas regiones del mundo.

Las amenazas son complejas y diversas, desde olas de calor asesinas al aumento del nivel del mar o hambrunas y migraciones generalizadas a una escala realmente gigantesca.

También suponen un riesgo potencial algunas tecnologías novedosas como la inteligencia artificial.

Estos avances pueden dar lugar a armas cibernéticas cada vez más sofisticadas que podrían contener los datos de toda una nación con la intención de lograr un rescate. O algoritmos autónomos que podrían causar un desplome en el mercado de valores.

Y no debemos olvidar la posibilidad de una guerra nuclear.

Si bien muchos se centran en el aumento de las tensiones entre las grandes potencias, las nuevas tecnologías también nos ponen en riesgo.

Esto se debe a que una combinación de armas nucleares y convencionales y los peligros por la inteligencia artificial pueden contribuir a desatar una guerra de este tipo.

Un hombre en China con gripe es atendido por personal sanitario.

Getty Images
La gripe es actualmente una amenaza mundial.

Otro riesgo en aumento es el de las pandemias globales. Se cree que la gripe, por ejemplo, mata a unas 700.000 personas de media por año, costándole a la economía global unos US$500.000 millones anualmente.

La densidad de la población es cada vez mayor y las personas cada vez viajan más, aumentando la posibilidad de que enfermedades como la gripe se propaguen más rápido y a mayor escala.

Y esto preocupa, teniendo en cuenta el antecedente de la gripe española de 1918 que mató a 50 millones de personas.

Por suerte, los programas de vacunación y otras medidas de prevención de enfermedades ayudan a reducir ese riesgo.

Conocer el peligro real

Afortunadamente, hay mecanismos a disposición de los científicos y gobiernos que permiten conocer cuán probables son esas amenazas. Estos son algunos ejemplos:

  • Analizando los registros históricos o geológicos se puede hacer el seguimiento de algunos eventos, como los súper volcanes y los impactos de asteroides.
  • Encontrando algún precedente. Cuando los científicos exploraron el riesgo que podría plantear el reactor CERN, observaron entornos similares que ocurren en las estrellas.
  • Construyendo escenarios. Los científicos utilizan modelos atmosféricos sofisticados para explorar cómo será el clima en el futuro, por ejemplo. Cuando esta no es una posibilidad, se idean juegos de guerra y otros ejercicios que ofrezcan alguna perspectiva de lo que podría ocurrir.
  • Además, muchos gobiernos como el de Reino Unido tienen un registro de riesgos nacionales en el que se incluyen desde inundaciones hasta enfermedades.
Iceberg derritiéndose

Getty Images
El calentamiento global provoca, entre otras cosas, una subida del nivel del mar que amenaza poblaciones que viven cercanas al litoral.

Un futuro complicado

Pero aunque estas amenazas existen, el mayor peligro al que nos enfrentamos en 2019 desde una perspectiva global es otro.

Con casi 8.000 millones de personas viviendo en la Tierra, dependemos cada vez más de los recursos naturales necesarios para mantenernos a todos. Estos son los alimentos, el agua, el aire limpio, la energía y también la economía global que los convierte en bienes y servicios.

La disminución de los niveles de biodiversidad, de las infraestructuras y de las cadenas de suministros hace que muchos de estos recursos estén sobrecargados y al borde del colapso.

Y el cambio climático solo empeora las cosas en este sentido.

Así que en realidad, los grandes riesgos globales no son tanto una cuestión del tamaño del desastre que los causó, sino del potencial que tienen para alterar estos sistemas de recursos vitales para nuestra subsistencia.

Gente esperando en el aeropuerto durante la erupción del volcán islandés Eyjafjallajokull en 2010.

Getty Images
La ceniza del volcán islandés Eyjafjallajokull causó problemas en todo el mundo en 2010.

Un ejemplo reciente muestra el potencial de algunas amenazas y el efecto dominó que provocan.

La erupción en 2010 del volcán Eyjafjallajökull, en Islandia, no provocó la muerte de nadie, pero cerró el tráfico aéreo en Europa durante seis días.

Y en 2017, un relativamente poco sofisticado ataque con el virus informático WannaCry cerró partes del servicio público de salud británico y otras organizaciones de todo el mundo.

Dado que para casi todo dependemos de la tecnología, la electricidad y de internet, cualquier cosa que pueda interrumpir su normal funcionamiento tiene consecuencias enormes.

Reducir riesgos

Pero no todo son malas noticias. Hay maneras de reducir esos riesgos.

Una vieja leyenda del rey Canuto de Dinamarca cuenta que ordenó al mar que se retirase para que dejara de comer terreno a su reino.

Imagen de la ciudad de Aarhus, en Dinamarca.

Getty Images
Dinamarca intenta contrarrestar el avance del mar construyendo diques y plataformas sobre el agua

Él sabía que no podía detener la marea, pero lo cierto es que los daneses han ganado litoral durante generaciones construyendo diques y drenando pantanos para protegerse del mar que amenaza su suelo.

Así que veces es mejor protegernos a nosotros mismos pensando en maneras de hacer que la humanidad sea más resistente a los desastres que están por venir.

Y esto podría brindarnos la mejor manera de garantizar que 2019, y más allá, sean años seguros.


*Este artículo de análisis fue encargado por la BBC a expertos que trabajan para una organización externa.El doctor Simon Beard y el doctor Lauren Holt son investigadores asociados al Centro de Estudios de Riesgo Existencial. Con sede en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, este centro estudia la mitigación de los riesgos que podrían llevar a la extinción humana o al colapso de la civilización.


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AFP Archivo

50 días de confinamiento y 30 de 'relajación', proponen investigadores internacionales ante COVID

La propuesta de investigadores de instituciones internacionales busca la mejor mejor manera de convivir con el virus en un periodo de 18 meses antes de que haya una vacuna. 
AFP Archivo
26 de junio, 2020
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La decisión de cuidar la salud de la población y evitar que las economías colapsen es un tema complicado y permanente en los países ante la pandemia del coronavirus. Hasta el momento nadie ha encontrado la fórmula infalible, pero investigadores de instituciones internacionales hicieron un estudio que propone una medida “pragmática” para el control del COVID-19: una combinación de 50 días de estricto distanciamiento social y 30 días de “relajación”.

Esto como medida para convivir con el virus al menos 18 meses en el escenario optimista de encontrar una vacuna después de ese periodo, lo que permitiría a países con problemas económicos como México reactivar su economía y, al mismo tiempo, evitar el colapso de los servicios médicos.

La investigación “Intervenciones dinámicas para controlar la pandemia de COVID-19: un estudio de predicción multivariante que compara 16 países de todo el mundo”, en los que se encuentra México, fue elaborada por investigadores del Instituto de Medicina Social y Preventiva (ISPM) de la Universidad de Berna y la Universidad de Cambridge, y publicado en la European Journal of Epidemiology. 

En él, los investigadores utilizaron un modelo matemático para analizar posibles escenarios por periodos distintos de confinamiento. Incluyeron el análisis de estimaciones estandarizadas por edad de la gravedad de los casos y la mortalidad en los países incluidos, el impacto de un escenario no controlado de la pandemia en cada país, dados los recursos actuales de sus sistemas de salud, y la comparación de combinaciones continuas contra intermitentes de estrategias de confinamiento.

Derivado de los cálculos, los investigadores concluyeron que resultaron más convenientes “los ciclos dinámicos de supresión de 50 días, seguido de una relajación de 30 días para todos los países, para mantener las demandas de camas de terapia intensiva por debajo de las capacidades nacionales”.

Además, un número significativo de nuevas infecciones y muertes “podrían prevenirse” si estas medidas de supresión ‘continuas’ pueden mantenerse durante un período de 18 meses, o hasta que esté disponible un tratamiento o vacunación adecuados.

Sin embargo, “la implementación (y el sustento socioeconómico) de una medida tan estricta podría verse desafiada por sus efectos perjudiciales en el bienestar y los medios de vida de la población”.

La países analizados fueron seleccionados por regiones geográficas. En Europa occidental (Países Bajos, Bélgica), América del Sur (Chile, Colombia), América del Norte (México), África (Sudáfrica, Nigeria, Etiopía, Tanzania, Uganda), Asia meridional (India, Bangladesh, Pakistán Sri Lanka), Asia occidental (Yemen) y el Pacífico (Australia). Naciones que también representan todas las categorías de ingresos definidas por el Banco Mundial: grupo alto, medio-alto, medio-bajo y de bajos ingresos.

Para todos los países, la combinación intermitente de distanciamiento social estricto por 50 días y un periodo relativamente relajado de 30 días “puede permitir que las poblaciones y las economías nacionales ‘respiren’ a intervalos, un potencial que podría hacer que esta solución sea más sostenible, especialmente en las regiones pobres en recursos”.

Sin embargo, las medidas de relajación no significan una apertura total, sino un periodo con “pruebas eficientes, aislamiento de casos, localización de contactos y protección de los vulnerables” en los países.

Esta propuesta daría lugar a una pandemia más larga, más allá de 18 meses en todos los países; pero, la mortalidad global se reduciría a 131,643 durante ese periodo, según los cálculos de los investigadores.

La implementación eficiente de intervenciones de supresión dinámica en todo el mundo significaría una “opción política”, que ayudaría a prevenir la sobrecarga de cuidados críticos y las muertes, ganar tiempo para desarrollar medidas preventivas y clínicas, y reducir las dificultades económicas a nivel mundial, sostiene el estudio.

La apertura

Después de cuatro meses de contagios y con estadísticas que rebasan máximos conforme avanzan los días, México ha iniciado la reapertura de actividades económicas porque su economía ha resentido los estragos del confinamiento.

Mientras este martes 23 de junio se agregaron al registro 6 mil 288 contagios en el país, el mayor alza hasta el momento en un día, y suman más de 25 mil muertes hasta el 25 de junio, 16 entidades en el país reiniciaron actividades como ocupación hotelera, negocios y servicios que deben cumplir con medidas de higiene y distanciamiento.

Se trata de la segunda semana en que gracias a la implementación de un semáforo epidemiológico, 16 estados pasaron de rojo a naranja y pudieron reabrir actividades, aunque 11 de ellos mantienen tendencias de contagio a la alza. Sin embargo, lograron pasar al semáforo naranja gracias al cambio de metodología que priorizó la disponibilidad de camas de hospital por encima del número de casos, como publicó Animal Político este jueves.

Estados Unidos, donde algunos estados ya abrieron actividades, registró ayer un total de 34 mil 700 nuevos casos de COVID-19, la cifra más alta en dos meses, desde el pico de 36 mil 400 registrados a mediados de abril, de acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins. Además, 762 muertes en las últimas 24 horas, con un total de 121 mil 870.

En Texas comenzaron a levantar las restricciones de confinamiento el 1 de mayo, pero las hospitalizaciones han aumentado al doble y los nuevos casos al triple en dos semanas. El gobernador Greg Abbott dijo al canal KFDA-TV que el estado atraviesa un “brote masivo” y podría requerir nuevas restricciones locales para preservar espacio para hospitalizaciones en algunos lugares.

En tanto, en Corea del Sur, que había logrado contener la pandemia, nuevamente se impusieron medidas de distanciamiento social en su capital, Seúl, ante la detección de un brote con 79 nuevas confirmaciones, la cifra más alta desde abril, lo que aviva el temor de una segunda ola de contagios.

Mientras que en España se registran 18 brotes que suman 330 casos positivos tras el desconfinamiento, según un reporte del diario El País. 

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