Cómo las bacterias intestinales nos hacen engordar o adelgazar
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Cómo las bacterias intestinales nos hacen engordar o adelgazar

La explicación de por qué a unas personas les cuesta más bajar de peso que a otras podría estar en las bacterias que tienen en la flora intestinal.
16 de marzo, 2019
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Nuestro intestino contiene cerca de 100 billones de microbios, que se conocen de forma colectiva como microbioma o flora intestinal.

No existen dos personas cuyos microbiomas se vean exactamente iguales.

La flora intestinal es el resultado de lo que heredamos de nuestra madre al nacer, nuestra dieta, nuestro entorno y estilo de vida.

Está bien establecido que el intestino desempeña un papel en numerosos sistemas de nuestro cuerpo, incluyendo los vinculados a la digestión, el hambre y la saciedad, a través de múltiples mecanismos.

Pero, ahora, investigadores están empezando a descubrir diferencias específicas entre los microbiomas de los obesos y la gente delgada, y han comenzado a desarrollar tratamientos personalizados para perder peso basándose en estos descubrimientos.

Hay cientos de diferencias en el genoma humano que nos predisponen a la obesidad -la cual aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes de tipo 2-, un problema que está aumentando en la mayoría de los países del mundo.

Estudios con mellizos han demostrado que la obesidad tiene un índice de heredabilidad de entre un 40% y un 75%.

Esto significa que hay espacio para que entren en juego factores externos.

Pero mientras que hay muchas diferencias en las bacterias del intestino que pueden influir en el peso, científicos no entienden por qué, o incluso cuánto depende de los genes.

Diferencias en las bacterias

Algunas personas a dieta tienen más dificultad para perder peso que otras, a pesar de que siguen los pasos, y esto puede deberse a las bacterias en los intestinos.

Específicamente, a las enzimas que tienen dentro.

Plato de comida

Getty Images
Algunas bacterias intestinales son más eficientes a la hora de tomar energía de los carbohidratos, y eso hace que sea más fácil ganar peso.

“Lo que comemos nos llega a nosotros y a las bacterias dentro de nuestro intestino, que digieren parte de la comida que nosotros no podemos por falta de enzimas”, explica Purna Kashyap, profesor asociado de la Clínica Mayo, y director del laboratorio Gut Microbioma.

“Estos procesos generan calorías adicionales que la flora intestinal puede devolvernos. Por eso es una relación de mutuo beneficio en la que la bacteria nos da más provecho por lo que comemos”, dice.

Kashyap investigó si al cambiar a una dieta de bajas calorías las bacterias de la microbiota pueden ser más eficientes en tomar calorías de la comida, algo que sería útil cuando hay poca comida, pero podría afectar la pérdida de peso.

En un estudio piloto, 26 participantes hicieron una dieta de bajas calorías rica en frutas y vegetales, y algunas personas no perdieron tanto peso como otras.

Un análisis de su flora intestinal reveló que los participantes tenían distintos niveles de dos tipos particulares de bacteria, y una de ellas, dialister, afectaba de forma negativa la pérdida de peso.

En aquellos que no pudieron perder peso, esta bacteria podía procesar carbohidratos y usar su energía más eficientemente, dice Kashyap.

Sin embargo, aclara, solo una fracción de la pérdida de peso puede ser controlada por estos microbios.

“Tiene sentido desde el punto de vista biológico que la bacteria pueda ser un impedimento, pero pueden jugar un rol pequeño ya que solo producen un número reducido de calorías”.

La importancia de la diversidad

Si bien el estudio no pudo determinar de dónde viene la bacteria Dialister, una investigación mostró que algunas bacterias que provienen de nuestra dieta pueden de forma indirecta provocar un aumento de peso al cambiar el comportamiento de nuestra flora.

Investigadores analizaron el plasma sanguíneo y muestras de materia fecal de 600 personas obesas y no obesas y encontraron 19 metabolitos diferentes vinculados a cuatro tipos de bacteria de la flora intestinal que podrían generar aumento de peso, incluyendo glutamato, vinculado a la obesidad, y aminoácidos ramificados básicos y esenciales (BCAA, por sus siglas en inglés), asociados con una secreción elevada de insulina y riesgo de diabetes tipo 2, así como de enfermedades cardiovasculares.

Estos metabolitos pueden en parte estar determinados por el consumo de carne, según la investigadora Louise Brunkwall.

Tomates

Getty Images
El tomate es un alimento que, en algunas personas, puede provocar una subida marcada en su nivel de azúcar en la sangre.

“El patrón de metabolitos que identificamos contiene muchos BCAA, que se encuentran en productos animales. Esto concuerda con otras investigaciones que muestran que una ingesta alta en proteínas aumenta el riesgo de varias enfermedades”.

Brunkwall dice que la investigación debe centrarse en cómo se puede modificar la composición del microbioma para reducir el riesgo de obesidad, así como en entender cómo es un microbioma sano y qué factores cambian su composición bacteriana.

No hay aún una imagen clara de cuáles son las diferencias entre el microbioma de una persona obesa y el de una delgada, dice Oluf Pedersen, profesor de genética metabólica de la Universidad de Copenhague.

Peor lo que se ha establecido es la importancia de tener una flora intestinal diversa, con muchos tipos de bacterias.

Antibióticos

Pedersen y su equipo analizaron la flora intestinal de 123 personas no obesas y de 169 adultos obesos, y hallaron que el 23% de aquellos que tenían comparativamente poca diversidad eran más propensos a ser obesos, a tener resistencia a la insulina y un índice elevado de grasa en la sangre, todos factores que aumentan el riesgo de sufrir diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Aquellos que eran obesos y tenían poca diversidad bacteriana en la microbiota, ganaron mucho más peso en los últimos nueve años.

Pedersen dice que las razones por las que alguna gente tiene más diversidad en las bacterias del microbioma en comparación con otros se desconocen, pero se sabe que múltiples tratamientos con antibióticos pueden contribuir a una pérdida de bacterias que no vuelven a recuperarse completamente.

Tampoco se sabe con certeza si la diversidad de bacterias es causa o consecuencia del aumento de peso. Sin embargo, hay evidencia de que el microbioma pueden influir en el metabolismo.

Los beneficios de las fibras

Un estudio halló que podemos aumentar la diversidad de bacterias en la flora intestinal aumentando la ingesta de fibras.

Cuando consumimos fibras, nuestro intestino las descomponen en ácidos grasos de cadena corta, incluyendo el butirato, un antiinflamatorio vinculando a la delgadez y una menor incidencia de enfermedades inflamatorias, explica Ana Valdés, autora del estudio y profesora asociada de la Universidad de Nottingham, en Reino Unido.

Fibra

Getty Images
Investigaciones recientes revelaron que la fibra puede contribuir a un microbioma más diverso.

“Si la gente con diabetes de tipo 2 sigue una dieta rica en fibras, puedes reducir el estatus de sus diabetes y aumentar la producción de butirato”, dice.

“Las personas con un microbioma más diverso y que ingieren más fibras tienen dietas menos insulinogénicas (que consisten en alimentos que producen menos picos de glucosa e insulina), y probablemente gastan más energía”.

“Tenemos que poner esto a prueba, pero la bacteria del intestino podría convertir la fibra en sustancias que modulen la sensibilidad a la insulina y la energía del metabolismo”.

Christensenella

Recientemente, el estudio más innovador sobre la relación entre el peso y la salud intestinal se centró en la bacteria christensenella.

Cerca del 97% de nosotros tenemos niveles detectables de esta bacteria en nuestra flora, pero se ha visto que está más presente en la gente delgada.

Cuando se analizó el factor hereditario de los microbios del intestino, la christensenella estaba primera en la lista, y fue encontrada en microbiomas de personas de todo el mundo, desde una edad muy temprana.

“Nunca habíamos escuchado hablar de ella”, dice Ruth Ley, lead investigadora del estudio y directora del Departamento de Ciencias del Microbioma del Instituto Max Planck.

“Tuvimos que ver dónde había estado todo este tiempo, pero había sido bautizada hace muy poco, por eso no pudimos buscarla por nombre sino solamente por su secuencia”, dice.

Bacterias

Getty Images
Algunas personas tienen más dificultad que otras para perder peso aunque estén a dieta, y eso puede ser por causa de las bacterias de su intestino.

Los investigadores trasplantaron un microbioma asociado a la obesidad, después de incluirle la christensenella a un grupo de ratones, y descubrieron que esto los protegía de subir de peso.

Como la genética representa cerca del 40%, no se sabe de dónde proviene el otro 60% de la christensenella, señala Jillian Waters, parte del equipo de investigadores que descubrió que gracias a esta bacteria los ratones no engordaban.

Ella estima que puede provenir de nuestra dieta y estilo de vida.

Ahora, investigadores están tratando de entender exactamente qué hace y de dónde viene, a fin de desarrollar futuros tratamientos.

Tratamientos personalizados

Entretanto, investigadores del Instituto Weizmann en Israel, descubrieron cómo personalizar tratamientos para mejorar la flora intestinal y reducir el riesgo de desarrollar diabetes, que está asociada a la obesidad.

Investigadores reclutaron 1.000 participantes y les pidieron que midan el nivel de azúcar en sangre cada cinco minutos y que tomen nota de su dieta, de cómo durmieron y se sintieron por una semana, y descubrieron que reaccionaron de forma diferente a distintos tipos de comida.

“Muchos alimentos generaron las reacciones que esperábamos. Por ejemplo, ingerir alimentos sin azúcar mantuvo el nivel de azúcar constante en la mayoría de la gente, mientras que los alimentos con azúcar les provocaron picos de azúcar. Pero el grado en el que se manifestó varió mucho entre la gente”, explica Eran Segal, investigador principal de este proyecto.

“El tomate es un alimento que sube mucho los niveles en alguna gente, por eso deben controlar la cantidad que comen, mientras que para otros una comida es mala, pero no cuando la combinan con otra”.

A partir de la información recogida, los investigadores desarrollaron un algoritmo que puede según la composición de la flora intestinal de cada persona, predecir cómo reaccionarán sus niveles de azúcar con diferentes alimentos.

Los investigadores les pidieron a 25 participantes que ingieran alimentos “buenos” para su nivel de azúcar por una semana, y luego alimentos “malos”.

Estas dietas cambiaron las reacciones en los niveles de azúcar en sangre y luego balancearon estos niveles.

Puede que nuestras bacterias intestinales y la respuesta del azúcar en la sangre a diferentes alimentos evolucione con el tiempo, dice Segal, pero eso demorará, y nuestro intestino antes y después del cambio será más parecido a sí mismo, que si lo comparamos con el de otra persona.

Solución

La licencia del algoritmo la tiene la start-up Day Two, que ofrece sus servicios en Israel y Estados Unidos.

Segal está investigando ahora a personas con prediabetes y diabetes, y está evaluando si las dietas personalizadas con el algoritmo pueden revertir la prediabetes y la diabetes si se siguen por un período largo.

Persona pesándose.

Getty Images
Investigadores están poniendo a prueba dietas personalizadas para hacer más eficiente el proceso de bajar de peso.

Los investigadores esperan que otros tratamientos personalizados puedan estar disponibles en los próximos cinco años, pero aun queda mucho por hacer.

Las bacterias en nuestra flora, dice Kashyap, son capaces de realizar reacciones bioquímicas complejas.

“Necesitamos entender cómo estas bacterias influyen en cada uno de estos procesos que llevan a la obesidad y la diabetes, que son enfermedades complejas y de muchos factores”

“El microbioma es cambiante, podemos modificarlo. Si podemos ver cómo lo dirigen las bacterias, podemos atacarlo en diferentes niveles, y cada uno tendrá un impacto en el tratamiento de la obesidad. No hay duda de que el microbioma es parte de la solución”.

Puedes leer la nota original en inglés haciendo clic aquí.


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Cuartoscuro Archivo

En 2016, CFE dio contrato por 307 mdp a empresa investigada en EU por sobornos

La CFE le otorgó un contrato a la holandesa Vitol para la importación de gas natural, justo en los años en EU la señaló por el pago de sobornos.
Cuartoscuro Archivo
9 de febrero, 2021
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La transnacional holandesa Vitol, que es acusada por Estados Unidos de pagar sobornos a funcionarios de Pemex entre 2015 y 2020, cobró a la CFE 16.8 millones de dólares (307.3 millones de pesos) por un contrato que le adjudicó la paraestatal eléctrica bajo la dirección de Enrique Ochoa Reza, hoy diputado federal del PRI que busca la reelección.

Otorgado el 8 de abril de 2016, el contrato comprometía a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a comprarle a Vitol S.A. cargamentos de gas natural licuado para la generación de energía, mismos que serían entregados en el puerto de Manzanillo, Colima. El monto total pagado por la paraestatal a Vitol no se conocía hasta ahora, luego de que Animal Político obtuvo la cifra mediante solicitudes de información.

El contrato, identificado con la clave DM-SE-GNL-003-16, fue suscrito por Javier Gutiérrez Becerril, subdirector de Modernización de la CFE, y José Guadalupe Valdez García, subdirector de Energéticos, ambos investigados por autoridades federales por su presunto involucramiento en los negocios de gasoductos que el presidente Andrés Manuel López Obrador calificó de “leoninos”, por beneficiar a la empresa en perjuicio del Estado mexicano.

El apoderado legal de la empresa holandesa, Javier Alejandro Aguilar Morales, fue quien cerró el contrato con la CFE, mismo que se pagó en dólares. Aguilar es el principal acusado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de pagar sobornos a altos funcionarios de Pemex a fin de asegurar la continuidad de los negocios de Vitol en México.

Según la acusación de Estados Unidos, los aproximadamente 600 mil dólares en sobornos fueron pagados entre 2015 y 2020, esto es, en la segunda mitad del gobierno peñista y en los primeros dos años de la actual administración de López Obrador. 

Ochoa Reza renunció como director el 8 de julio de 2016, exactamente tres meses después de la asignación contractual a Vitol.

En respuesta a una solicitud de información de este medio, el hoy diputado federal del PRI defendió que en 2016 no se podía saber que la empresa sería acusada de corrupción años después. Sin embargo, es un hecho que el contrato le fue adjudicado en el mismo periodo en que, según la justicia de EU, el proveedor se dedicó a pagar sobornos en México.

“En 2016, Vitol no tenía observación alguna por autoridad mexicana o extranjera. Era imposible, para los funcionarios que honraron el contrato firmado, saber en 2016 que Vitol tendría señalamientos en 2020 por otras actividades no relacionadas a su actividad con CFE”, refirió Ochoa Reza.

La empresa holandesa ganó el contrato con CFE por invitación restringida. Ochoa dijo que a lo largo de 2016 hubo siete compras de gas natural licuado asignadas a diversos proveedores y que Vitol sólo ganó uno de los contratos, tras ofertar un precio competitivo.

“Ante la insuficiente producción de gas natural de Pemex, la CFE realizó un proceso de licitación internacional, competitivo y transparente para abastecer gas natural licuado al país. Dicho proceso se llevó a cabo en marzo de 2016 para 7 ventanas mensuales a lo largo de ese año, para entrega en la terminal de Manzanillo. 

“Vitol participó con ofertas en tres ventanas y ofreció el precio (…) más barato en una de ellas. Las demás ventanas mensuales las ofertaron a menor precio otras empresas. Todas las ofertas presentadas se acreditaron ante Notario Público. Vitol suministró el gas natural licuado al precio contratado en la ventana del mes correspondiente. Una vez entregado el producto, la CFE le pagó el valor de ese contrato”, expuso Ochoa.

Negocio ventajoso

Este contrato fue claramente benéfico para la transnacional holandesa, pues la CFE optó por comprarle gas natural licuado suministrado mediante buques-tanque, a pesar de que era tres veces más barato adquirir gas natural desde Estados Unidos a través de ductos

De acuerdo con la Administración de Información de Energía de EU (EIA, por sus siglas en inglés), el precio promedio del gas natural licuado exportado a México al momento de la firma del contrato con Vitol fue de 8.99 dólares por mil pies cúbicos; en contraste, el precio promedio del gas natural exportado a través de gasoductos fue de 2.64 dólares por mil pies cúbicos

Ochoa Reza explicó que se tuvo que hacer la adquisición de ese energético mediante buques-tanque debido a que, en 2016, el gas natural importado por Pemex mediante ductos no era suficiente para abastecer al sistema nacional. 

Animal Político publicó en diciembre que el Comité de Transparencia de la CFE clasificó como confidencial la tarifa exacta cobrada por Vitol al Estado, con el argumento de que ello “evidenciaría costos de importación para la generación de energía” y pondría a la paraestatal en desventaja respecto de sus competidores privados. La reserva de la información se dictó en septiembre de 2020, es decir, ya durante la actual dirección de Manuel Bartlett.

Sin embargo, la CFE reveló a este medio que pagó al proveedor una suma global de 16 millones 282 mil 729 dólares por el contrato. Al tipo de cambio vigente en la época, de 18.87 pesos por dólar, el monto ascendió a 307 millones 395 mil 146 pesos, indica la respuesta a la solicitud de transparencia.

El contrato DM-SE-GNL-003-16, en poder de Animal Político, contenía cláusulas ventajosas para Vitol. Una de ellas indicaba que era responsabilidad de la CFE hacerse cargo de cualquier reclamo, denuncia o demanda presentada por terceros que disputaran la titularidad de los derechos sobre el hidrocarburo comprado al proveedor. Una cláusula semejante estaba incluida en los contratos de gasoductos que fueron tachados de “leoninos” por López Obrador. 

Además, conforme el contrato asignado a Vitol, la paraestatal estaba obligada a pagar una indemnización si había demoras ajenas al proveedor o al transportista en la descarga del gas en el puerto de desembarque, y cubrir el costo del combustible que se hubiera evaporado durante la demora.

Por otro lado, si la CFE no pudiera recibir un cargamento, el contrato autorizaba a Vitol a revender el gas natural licuado a cualquier otro comprador, caso en el que la paraestatal estaba obligada a reembolsarle costos adicionales por la reventa.

Favorecidos por funcionarios

Vitol tenía especial interés en el negocio de los refinados del petróleo en México. En 2016, el mismo año de la firma del contrato con la CFE, otro de sus apoderados legales, Luis Roca, adelantó públicamente que su empresa “construiría” un ducto de la refinería de Tula a Poza Rica, aun cuando la paraestatal eléctrica no había anunciado la licitación correspondiente. No hay evidencia de que la obra se haya llevado a cabo.

En noviembre de 2015, tras más de un año al frente de la CFE, Enrique Ochoa dio a conocer que su proyecto corporativo era licitar 26 nuevos gasoductos que estarían concluidos en 2018 y que contribuirían a reducir costos en la generación de energía. 

Sin embargo, la actual administración señaló que varios de esos contratos fueron desventajosos para el Estado. El gobierno obradorista forzó una renegociación con las empresas titulares y, paralelamente, abrió procedimientos contra los servidores públicos involucrados en las posibles irregularidades.

El periódico Reforma dio a conocer que tanto la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) como la Secretaría de la Función Pública (SFP) habían iniciado una investigación contra tres exfuncionarios de la CFE, que incluía una revisión de su evolución patrimonial y movimientos bancarios.

Los exmandos indagados por los gasoductos son el entonces director de la filial CFEnergía, Guillermo Turrent Schnaas, encargado de la red de gasoductos privados, así como los titulares de las subdirecciones de Modernización y Energéticos, que en ese momento eran encabezadas por Javier Gutiérrez Becerril y José Guadalupe Valdez García. Estos últimos dos fueron los responsables de adjudicar a Vitol el contrato para el suministro de gas natural licuado mediante buques-tanque en abril de 2016.

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó que Gutiérrez Becerril y Valdez García autorizaron modificaciones contractuales que permitieron a las empresas posponer los periodos de conclusión de las obras y, encima de ello, ser indemnizadas por la paraestatal mientras los ductos no estuvieran en operación, bajo la cláusula de casos fortuitos o de fuerza mayor, según la auditoría 492-DE.

Entre 2018 y 2019, la CFE pagó a los contratistas más de 20 mil millones de pesos al amparo de las cláusulas de fuerza mayor, según Reforma.

Mercado en expansión

Entre 2018 y 2019, Vitol obtuvo de la Secretaría de Energía permisos para importar 57 mil millones de litros de combustible de Estados Unidos, según una investigación elaborada por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y Animal Político. Los permisos fueron otorgados en el último tramo del gobierno peñista y en la actual administración obradorista.

En mayo de 2020, la transnacional holandesa obtuvo una autorización de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) para operar la Terminal Río Bravo, en Matamoros, Tamaulipas, que tiene capacidad de almacenamiento de 34 millones de litros. El plan de Vitol es distribuir el combustible a gasolineras de todo el país mediante autotanques.

Un año antes, había concretado un acuerdo con IEnova -empresa que también ha desarrollado gasoductos y tiene nexos con la española OHL- para construir terminales de almacenamiento de refinados en Manzanillo.

A estos negocios en expansión se suma el contrato que le adjudicó Pemex para surtirle hasta 720 mil toneladas de etano entre 2018 y 2020 por un monto de 237 millones de dólares (equivalentes a 4 mil 500 millones de pesos).

 

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