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Comunidad indígena de Puebla logra llevar a revisión la inconstitucionalidad de la Ley Minera

La comunidad de Tecoltemi pide que se ordene la cancelación de los títulos de concesión pero también que se revisen diversos artículos de la Ley Minera.
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14 de marzo, 2019
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Un juzgado federal en Puebla tendrá que decidir si la Ley Minera es inconstitucional, luego de que una comunidad nahua de Tecoltemi, ubicada en Ixtacamaxtitlán, interpuso un amparo contra dos concesiones otorgadas sobre su territorio, así como contra diversos artículos de la legislación vigente.

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En la demanda de amparo, que acompaña el Consejo Tiyat Tlali y la organización Fundar Centro de Análisis e Investigación, la comunidad de la Sierra Norte de Puebla reclama al Estado mexicano haber entregado las concesiones sobre su territorio a la filial en México de la empresa canadiense Almaden Minerals, sin consulta previa y sin consentimiento.

Tecoltemi pide que se ordene la cancelación de los títulos de concesión pero también que se revisen diversos artículos de la Ley Minera, que, al dar preferencia a la minería sobre cualquier otra actividad, faculta a las autoridades a entregar a empresas las tierras y territorios de los pueblos indígenas y de los ejidos, lo que viola derechos reconocidos en la Constitución y en Tratados Internacionales.

La sentencia que está por emitir el Juzgado Segundo de Distrito en Materia de Amparo Civil, Administrativa, de Trabajo y de Juicios Federales en el Estado de Puebla es tan importante —explica la abogada de Fundar Itzel Silva— que durante tres años la empresa hizo todo lo que pudo para no llegar a este punto del juicio.

“Para evitar la revisión de la Ley Minera y una condena al Estado incluso trataron de desistirse de las concesiones. Pero no lo lograron”, explica.

En 2016, la inconstitucionalidad de la Ley Minera estuvo a punto de llegar a revisión en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Pero las empresas involucradas, Hochschild y Zalamera, en el juicio de amparo que interpusieron comunidades indígenas de la Montaña alta de Guerrero optaron por desistirse de sus concesiones, mientras que la Secretaría de Economía se desistió del amparo en revisión 393/2015.

“Es una estrategia que ya han usado para evitar que se revise la Ley Minera. Como ya lo sabíamos, estuvimos haciendo la defensa del caso. Metimos varios amparos peleando una revisión a tres artículos: el 6, el 9 y el 15”, señala la abogada.

El artículo 6 de esta ley establece a la minería como preferente por encima de cualquier otro uso en el terreno; el artículo 19, en varias fracciones, establece los derechos que otorgan las concesiones mineras a sus titulares, como conseguir la expropiación de los terrenos, la ocupación temporal o la constitución de servidumbre: mientras que el 15 impone la duración de las concesiones por 50 años, con la opción de prolongarlas 50 más.

Los demandantes alegan que todo eso es contrario a los derechos de los pueblos indígenas y núcleos agrarios, establecidos en la Constitución, como en el artículo 27 y el 2, y en tratados internacionales como el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y en estándares internacionales del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y de los relatores de la ONU en el tema de consulta y consentimiento y protección de territorio de pueblos indígenas.

“Eso es justo lo que deberá revisarse para emitir la sentencia y determinar si tenemos razón respecto a la inconstitucionalidad e inconvencionalidad de la Ley Minera”, indica Silva.

No hay una fecha para que la sentencia se emita, pero se espera que no tarde más de tres meses, y aunque esto no implicaría modificar de facto la ley, “es un paso para que se siente un referente para que otros pueblos fortalezcan su defensa y quizá si una jueza se atreve a decir que es inconstitucional, los legisladores volteen a ver esto”.

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Por qué se impugnaron las concesiones

La comunidad de Tecoltemi no sabía que el subsuelo debajo de su territorio estaba ya concesionado a la filial en México de la minera canadiense Almaden Minerals. La Secretaría de Economía otorgó dos concesiones, una en 2003 y otra en 2009, sobre la mayor parte del terreno del municipio de Ixtacamaxtitlán, en la Sierra Norte de Puebla.

“Nosotros no sabíamos que esas concesiones se habían otorgado, nos venimos a enterar hasta finales de 2013 cuando una organización de la sociedad civil, PODER, realizó un trabajo de investigación”, cuenta Alejandro Marreros, vocero de la Unión de Ejidos y Comunidades en Defensa de la Tierra, el Agua y la Vida, Atcolhua.

El terreno concesionado a Almaden Minerals, señala Marreros, originario de Tecoltemi, abarca 55 mil hectáreas, de un total de 60 mil que tiene el municipio de Ixtacamaxtitlán. Cuando la población se enteró de todo lo que está concesionado y los impactos que genera una minera a cielo abierto como la que pretende la empresa, fue que se organizó la movilización contra el proyecto.

“La zona donde nosotros estamos habitando que está concesionada para este proyecto minero, del que ya se hizo la fase de exploración, es la cabecera de cuenca del río Apulco, que forma parte del Río Tecolutla que recorre buena parte de la Sierra Norte y hasta el Golfo de México, pasando por varios municipios, donde se usa su agua para actividades agrícolas, pecuarias y de recreación. Todo eso podría impactar la actividad de la minera”, describe Marreros.

Hay dos comunidades que están en la zona núcleo del proyecto, afirma, la de Santa María y Zacatepec. Después hay 12 a 14 comunidades en el radio de afectación. En total hay cerca de 4 mil habitantes en el área.

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“La empresa minera ha dicho tanto públicamente como en el Manifiesto de Impacto Ambiental que no habrá necesidad de reubicar a la población, cuando el lugar del tajo, que será de 1.9 kilómetros de largo por 1 kilómetro de ancho y 250 metros de profundidad, donde removerían alrededor de 380 millones de toneladas de roca, queda a unos 100 metros de donde hay viviendas. Si el proyecto se hace eso va a ser inhabitable y la gente se tendrá que ir por su propia voluntad”.

Por todo eso, subraya, “es que esperamos que la justicia ponga el interés de las comunidades y del medio ambiente por encima de los intereses de la empresa minera”.

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El hombre transgénero que dio a luz

Freddy McConnell nació mujer, pero desde pequeño se sentía más niño que niña. A los 25 años empezó a hacer la transición de género, sin embargo, a los 30 dejó de tomar hormonas para que su cuerpo volviese a funcionar como el de una mujer y concebir un hijo.
10 de septiembre, 2019
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Cuando llegó a los 30 años, Freddy McConnell se dio cuenta de que había llegado el momento de formar una familia.

“No solo a las mujeres les surge el instinto maternal”, dice este joven británico cuyo camino hacia la paternidad fue retratado por el documental Seahorse que se presenta esta semana en la BBC.

Lo que hace diferente a la historia de McConnell es que tras haber hecho la transición de mujer a hombre hace algunos años, fue quien dio a luz a su bebé.

No fue una decisión fácil, pero tener su propio hijo era “lo más pragmático, la opción más simple”, dice el periodista que trabaja para el medio británico The Guardian.

Congelar óvulos y conseguir un vientre de alquiler o iniciar un proceso de adopción (sobre todo como hombre transgénero soltero), apunta, no siempre resulta un proceso exitoso.

Tratamiento

En una entrevista con The Guardian, McConnell recuerda su infancia feliz pero compleja, a raíz de sus problemas de identidad de género.

De pequeño, McConnell experimentó disforia de género, un término que se utiliza para describir la ansiedad que sufre una persona que se identifica con el género opuesto al que nació.

Como les ocurre a muchas personas transgénero, fue víctima de bullying en la escuela y de las burlas crueles de sus compañeros, porque su comportamiento no se correspondía con el que se esperaba de una niña.

El malestar con su propio cuerpo se fue intensificando hasta que, a los 25 años, decidió hacer la transición tomando testosterona.

Un año después se sometió a una cirugía en la parte superior de su cuerpo para quitarse tejido mamario.

Sin embargo, se detuvo al momento de considerar una histerectomía, la intervención para extraer el útero. No quería eliminar definitivamente la posibilidad de tener hijos.

Freddy McConnell

Danny Burrows
Al dejar de tomar testosterona, McConnell volvió a menstruar.

Su madre, Esme Chilton, recuerda el día en el que su hijo le contó cómo se sentía.

“Estaba en la universidad, en Edimburgo, y se sentía bastante infeliz. Y me dijo: ‘Soy niño y quiero ser un niño, me he sentido así toda la vida'”.

De hombre a mujer y de mujer a padre

El documental relata el estrés que empezó a sentir McConnell cuando dejó de tomar testosterona con la idea de concebir, y su cuerpo empezó a hacer el camino inverso.

La falta de esta hormona hizo que, entre otras cosas, volviese a tener la regla. Esto hizo posible que empezase un tratamiento de fertilidad con el esperma de un donante.

Después de haber buscado información en internet y haber visto que parejas trans en Estados Unidos habían logrado concebir con éxito, McConnell se atrevió a intentarlo.

La primera tentativa no dio resultados, pero a la segunda se confirmó que estaba esperando un bebé.

Freddy McConnell

Freddy McConnell
McConnell se sentía niño desde pequeño, pero también tenía claro que quería formar una familia.

Seahorse (caballito de mar, en español, una especie en la que el macho lleva a sus hijos dentro su vientre) muestra también el momento en que McConnell da a luz en una piscina del hospital, acompañado de su madre.

Jack hoy tiene un año y vive junto a su padre en un municipio costero de Inglaterra.

Vivir en un pueblo pequeño rodeado del apoyo de su familia y amigos, dice, le resulta mucho más cómodo que, por ejemplo, hacerlo en una gran ciudad como Londres.

El futuro

Pero pese a que él cuenta con el apoyo de su núcleo cercano, sabe del rechazo y la incomprensión que sufre la comunidad transgénero, y de ahí su decisión —pese a ser una persona tímida y reservada— de hacer un documental tan íntimo como éste.

Su idea con esta película, le dice McConnell a The Guardian, es normalizar la vida de los transexuales.

“Suena un poco tibio, pero pensé que podía ser una buena oportunidad para promover empatía”, dijo.

“Creo que la empatía es clave para convencer a la gente de que los transexuales son, de hecho, bastante normales y llevan vidas que no son sensacionales ni aterradoras”.

En cuanto a tener más hijos, McConnell no lo descarta, pero cree puede aumentar su familia sin ser necesariamente él quien lleve al próximo niño en su vientre.


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https://www.youtube.com/watch?v=StKur7oONyw&t

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