Desmantelan Prospera: Le quitan componentes de salud y alimentación, dejan solo becas
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Desmantelan Prospera: Le quitan componentes de salud y alimentación, dejan solo becas

Las nuevas reglas de operación del programa indican que ya solo incluirá apoyos educativos; si bien tenía fallas, especialistas critican que Prospera haya sido desmantelado.
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4 de marzo, 2019
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El Programa de Inclusión Social Prospera dejará de tener los componentes de salud, alimentación e inclusión productiva. Solo se quedará con el de educación, con apoyos para estudiantes de nivel básico pero sin tener un esquema de corresponsabilidad de los beneficiarios, de acuerdo con las reglas de operación del programa, publicadas el 28 de febrero.

Leer: Prospera y Seguro Popular, programas sociales clave que no se sabe si realmente funcionan, dice la Auditoría

Hasta 2018, cuando estuvo a cargo de la Secretaría de Desarrollo Social -ahora del Bienestar-, Prospera incluía apoyos monetarios directos a las familias beneficiarias, con el objetivo de mejorar la cantidad, calidad y diversidad de sus alimentos.

En el rubro de salud, incluía acciones de promoción para la prevención de enfermedades, y el impulso para el acceso a servicios médicos. En cuanto a inclusión, pretendía otorgar asesorías y promover el acceso de las familias a acciones de fomento productivo.

Con las nuevas reglas de operación, Prospera será un programa de becas, sin más condicionante para recibir los apoyos que la inscripción en la escuela. Y con perspectiva de quedarse sólo con el nivel educativo básico.

El programa, coincidieron investigadores y analistas consultados, tenía fallas, sobre todo en el aspecto de inclusión productiva, agregado en el sexenio de Peña Nieto con Rosario Robles como titular de Sedesol.

Pero desmantelarlo, apuntaron, dejará al Estado sin la posibilidad de incidir de forma integral en las familias beneficiarias, con una oferta que atienda diversos rubros.

El propósito de Prospera, recordaron, era articular diferentes apoyos para que un mismo hogar tuviera de forma sistemática un respaldo en los cuatro rubros ya mencionados, y así evitar la dispersión.

“Eso es lo que se pierde ahora que se vuelve un programa de becas, y aunque seguramente habrá políticas en salud, en alimentación, ya no va a existir la certeza de que un mismo hogar estará recibiendo todos los apoyos necesarios”, comentó Guillermo Cejudo, profesor investigador de Políticas Públicas y Rendición de Cuentas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

“Hay muchas críticas a Prospera, y muchas legítimas, pero también hay evaluaciones donde se documentó que el programa lograba transformar las decisiones de gasto y los comportamientos de los beneficiarios”, agregó.

Esquema de corresponsabilidad

El programa Prospera, previo al cambio en sus reglas de operación, tenía un esquema de apoyos condicionados, o con corresponsabilidad de los beneficiarios, que tenían que cumplir con una serie de reglas para acceder a los beneficios.

En el caso del apoyo alimentario, las familias que estaban en el esquema de corresponsabilidad tenían condicionado el subsidio al cumplimiento de ciertas acciones relacionadas a la salud, como la asistencia a citas médicas programadas o a la capacitación para el auto cuidado.

Prospera, afirmó Cejudo, tenía reglas para tratar de incidir en comportamientos específicos.

“Se había detectado, por ejemplo, que un hogar rural prefería mandar a un niño que a una niña a la escuela, entonces se definieron reglas para que la beca que un hogar recibía, si mandaba a la niña a la secundaria, fuera mayor que si enviaban al niño”.

En las reglas de operación de Prospera para 2018 se estipulaba que el monto de apoyos monetarios para becas educativas de nivel secundaria era de 540 pesos para primer año, si el beneficiario era mujer, y de 515 si era hombre; para tercer año el subsidio llegaba a 660 para las niñas y a 570 para los varones.

El análisis de resultados del programa 2017-2018 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) refiere que en 2017, 81% de las becarias y becarios Prospera concluyeron su educación básica de forma oportuna, lo que representa un avance de 112.47% con respecto a la meta planeada.

Asimismo, el porcentaje de becarios que terminaban la secundaria y se inscribían a la educación media superior reportó un avance del 98% con respecto a la meta planeada.

El programa tenía carencias, apunta Alejandra Macías, directora de investigación del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), pero tuvo resultados, por ejemplo, en que los niños fueran a la escuela o a una clínica de salud.

“Es discutible si con eso basta, porque después resulta que la calidad de la educación o de la salud no mejoró, pero iban”, mencionó Macías.

Si Prospera no podía seguir operando igual, agregó la investigadora, “ tampoco había que desmantelarlo, que es lo que estamos viendo con varios programas, lo de antes no sirve 100% y vamos a hacer otra cosa.

En los 22 años que operó (Prospera), dio importantes resultados, incluso lo replicaron en otros países, como en Brasil”.

Lo que le dejaron

Desde el jueves 28 de febrero, Prospera quedó como un programa de becas, sin más condicionante que la inscripción de los niños en la escuela, para recibir el beneficio, y con la perspectiva de quedarse sólo con los apoyos del nivel básico, ya en los niveles superiores operarán otros esquemas.

En los transitorios de las reglas de operación del programa se señala que, a partir del ejercicio fiscal 2019, los becarios en Educación Media Superior que estaban registrados en Prospera transitarán al programa de Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior Benito Juárez.

Los becarios del nivel de Educación Superior, en tanto, serán transferidos de manera directa al programa Jóvenes Construyendo el Futuro, en su modalidad educativa denominada Jóvenes Escribiendo el Futuro, o al Programa Nacional de Becas.

El monto de la beca para familias con una o más becarias o becarios en educación básica, educación inicial o integrantes registrados en el Padrón de Beneficiarios, con una edad reportada por la familia de entre 0 y 15 años al 31 de diciembre de 2019, será de 800 pesos mensuales por familia.

Para las familias con jóvenes en el nivel de Educación Media Superior se entregará, de manera temporal en tanto se transfieren al programa Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior Benito Juárez, un apoyo de 800 pesos mensuales.

Leer >> Presupuesto de becas para jóvenes es insuficiente; el programa está sesgado y tiene visión de corto plazo: estudio

La población objetivo es la de los hogares con un ingreso per cápita estimado menor a la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI), cuyas condiciones socioeconómicas y de salario impiden desarrollar las capacidades de sus integrantes en materia de educación.

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Rusia y Ucrania: las razones de Estados Unidos y la OTAN para no enviar tropas a Kiev

En el pasado, las tropas de Estados Unidos y de la OTAN intervinieron en conflictos en países que no pertenecían a la alianza como Bosnia o Afganistán.
26 de febrero, 2022
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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha gastado un enorme capital diplomático en contrarrestar el ataque ruso a Ucrania.

Su gobierno transmitió implacablemente advertencias sobre una posible invasión inminente por parte de Moscú, que finalmente se materializó, y declaró que estaba en juego nada menos que el orden internacional.

Pero Biden también ha dejado en claro que los estadounidenses no están dispuestos a combatir, aunque los rusos claramente lo están.

Además, descartó enviar fuerzas a Ucrania para rescatar a ciudadanos estadounidenses, si llegara el caso. De hecho, sacó del país tropas que estaban sirviendo como asesores y monitores militares.

¿Por qué ha trazado el mandatario esta línea roja en la crisis de política exterior más importante de lo que lleva de presidencia?

No están en juego sus intereses de seguridad nacional

En primer lugar,hay que recordar que Ucrania no está en el vecindario de EE.UU. ni se encuentra en su frontera. Tampoco alberga una base militar estadounidense. No tiene reservas estratégicas de petróleo y no es un socio comercial importante.

Pero esa falta de interés nacional no ha impedido en el pasado que gobiernos estadounidenses hayan gastado sangre y recursos de su país para defender a otros.

En 1995, Bill Clinton intervino militarmente en la guerra que siguió al colapso de Yugoslavia. Y en 2011, Barack Obama hizo lo mismo en la guerra civil de Libia, alegando tanto motivos humanitarios como de derechos humanos.

Tropa de Estados Unidos en Bosnia en 1995.

Getty Images
Estados Unidos envío tropas que formaron parte del contingente de la OTAN en 1995.

En 1990, George HW Bush justificó su coalición internacional para expulsar a Irak de Kuwait defendiendo el Estado de derecho frente a la ley de la selva.

Los principales funcionarios de seguridad nacional de Biden han usado un lenguaje similar al describir la amenaza de Rusia a los principios internacionales de paz y seguridad.

Pero, hasta ahora, han hablado de una guerra económica a través de sanciones paralizantes como respuesta, no de operaciones militares.

Biden no es partidario del intervencionismo militar

Esta postura tiene algo que ver con los instintos no intervencionistas del presidente Biden.

Por supuesto, estos se fueron desarrollando con el paso del tiempo. En el pasado, por ejemplo, el actual mandatario apoyó la acción militar estadounidense en la década de 1990 para hacer frente a los conflictos étnicos en los Balcanes.

También votó a favor de la invasión estadounidense de Irak en 2003. Pero, desde entonces, se ha vuelto más cauteloso a la hora de usar el poder militar estadounidense.

Así, se opuso a la intervención de Obama en Libia, al igual que a su decisión de incrementar las tropas en Afganistán. De igual modo, sigue defendiendo enérgicamente su orden de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán el año pasado a pesar del caos que la acompañó y la catástrofe humanitaria que dejó a su paso.

Por su parte, el jefe diplomático de su gobierno, Antony Blinken —quien ha ayudado a concebir la política exterior de Biden— ha definido una seguridad nacional estadounidense más enfocada a combatir el cambio climático, luchar contra las enfermedades globales y competir con China que en términos de intervencionismo militar.

Los estadounidenses tampoco quieren una guerra

Una encuesta reciente de la agencia AP y el Centro NORC para la investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago concluyó que 72% de los consultados en EE.UU. dijo que su país debería desempeñar un papel menor en el conflicto entre Rusia y Ucrania, o ninguno en absoluto.

Carteles con el precio de la gasolina en una estación de servicio en Estados Unidos.

Getty Images
Los estadounidenses están más preocupados por la economía que por la geopolítica.

Los ciudadanos centran sus intereses en cuestiones económicas, especialmente en el aumento de la inflación, algo que Biden debe tener en cuenta a medida que se avecinan las elecciones de mitad de período.

En Washington, la crisis en Ucrania está en el centro de las preocupaciones de legisladores tanto republicanos como demócratas, que exigen sanciones más duras contra Rusia.

Pero incluso voces de línea dura como el senador republicano Ted Cruz no quieren que Biden envíe tropas estadounidenses a Ucrania y “comience una guerra con Putin”.

El senador republicano Marco Rubio, otro halcón de la política exterior, ha dicho que la guerra entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo no sería buena para nadie.

El peligro de una confrontación de superpotencias

Buena parte de esta postura se explica en el hecho de que Putin cuenta con una gran reserva de ojivas nucleares.

Biden no quiere provocar una “guerra mundial” al arriesgarse a un enfrentamiento directo entre tropas estadounidenses y rusas en Ucrania y ha sido claro al respecto.

Balance fuerzas militares entre Rusia y Ucrania.

BBC
Desfile militar en Rusia.

Getty Images
Además de armas nucleares, Rusia cuenta con un potente arsenal convencional.

“No es como si estuviéramos lidiando con una organización terrorista”, dijo el mandatario estadounidense a la cadena NBC a principios de este mes. “Estamos lidiando con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Esta es una situación muy difícil y las cosas podrían descontrolarse rápidamente”, apuntó.

EE.UU. no está obligado a actuar

EE.UU. tampoco está obligado por ningún tratado internacional a asumir este riesgo.

Una situación distinta ocurriría si Ucrania fuera parte de la OTAN, pues en esa organización se asume que un ataque contra cualquiera de sus miembros es un ataque contra todos. Ese es el compromiso fundamental del Artículo 5, que obliga a todos los miembros a defenderse unos a otros.

Pero Ucrania no es miembro de la OTAN, un factor citado por Blinken para explicar por qué los estadounidenses no lucharán por los valores que defienden con tanta energía.

Aquí hay cierta ironía, dado que el conflicto surge de las demandas de Putin de garantías de que nunca se permitirá que Ucrania se una a la alianza militar y de la negativa de la OTAN a dárselas.

Tampoco la OTAN está obligada a hacerlo

Paradójicamente, el compromiso de defensa mutua establecido en el Tratado de la OTAN es el principal incentivo que tiene Ucrania para solicitar la admisión en esa alianza y, al mismo tiempo, uno de los motivos por los cuales algunos de sus estados miembros no quieren admitir a Kiev.

Gráfico

BBC

Desde inicios de la década de 1990, el tema de la ampliación de la OTAN para incluir a países que pertenecieron a la antigua órbita soviética fue motivo de debate entre expertos en política exterior, entre los cuales hay quienes creen que esto podría generar una reacción negativa por parte de Rusia, que podía sentirse amenazada por la inclusión en la alianza de países con los que comparte fronteras.

Pese a esas objeciones, la alianza se amplió y desde 1997 ha incluido entre sus miembros a 14 países que proceden del antiguo bloque comunista. Ha habido, sin embargo, dos notables excepciones: Georgia y Ucrania.

En 2008, la OTAN hizo una declaración en la que señaló que estos dos países podrían ser finalmente admitidos, pero esto no ha ocurrido.

De hecho, muchos analistas apuntan que no es casual que, justo meses después de esa cumbre de la OTAN, se produjo la guerra en Georgia mediante la cual separatistas prorrusos tomaron el control de los territorios de Abjasia y de Osetia del Sur.

Soldados de Ucrania en Donetsk.

Getty Images
En 2014, las fuerzas armadas de Ucrania perdieron el control de Donetsk y Luhansk ante grupos prorrusos.

Una situación similar se repitió en 2014, cuando pocos meses después de las revueltas populares que llevaron a la caída del gobierno del presidente prorruso de Ucrania Víktor Yanukóvich, se registraron las rebeliones en Donetsk y Luhansk, en las cuales grupos prorrusos asumieron el control de esos territorios de Ucrania.

Al igual que el gobierno de Biden, la OTAN ha criticado con dureza la invasión rusa a Ucrania. Su secretario general, Jens Stoltenberg, dijo que se trata de “un acto brutal de guerra”. Pero, de ahí a intervenir militarmente en defensa de Kiev, hay un abismo que la alianza no parece estar dispuesta a cruzar por el momento.

¿Puede cambiar esto?

El presidente Biden ha estado enviando tropas a Europa y redistribuyendo las que ya están allí, para reforzar a los aliados de la OTAN que limitan con Ucrania y Rusia.

Esto ha sido anunciado por su gobierno como un esfuerzo para tranquilizar a las exrepúblicas soviéticas, nerviosas por el objetivo más amplio de Putin de presionar a la OTAN para que haga retroceder las fuerzas de su flanco oriental.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Getty Images
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha criticado duramente la invasión rusa.

Este esfuerzo ha implicado también a la alianza, que durante los meses previos de tensión entre Rusia y Ucrania ha movilizado miles de efectivos y de recursos militares hacia el este de Europa, pero no con la finalidad de proteger a Ucrania sino para reforzar la protección de sus miembros en esa región como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania.

Pero la invasión de Ucrania esta semana avivó las preocupaciones sobre la perspectiva de un conflicto más amplio, ya fuera por un derrame accidental de las hostilidades o por un ataque deliberado de Rusia más allá de Ucrania.

Esto último implicaría una gran escalada de la tensión, pues abriría la puerta a invocar el compromiso de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN. No obstante, cualquiera de esos dos escenarios podría atraer a las fuerzas estadounidenses a una batalla.

“Si [Putin] entra en los países de la OTAN, nos implicaremos“, advirtió Biden.

* Con información del análisis de Barbara Plett Usher, corresponsal de la BBC en el Departamento de Estado de EE.UU.


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