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Cuartoscuro

Autoridades federales desaparecen el único programa de apoyo a jornaleros agrícolas

La nueva administración federal no ha definido una política de apoyo a los jornaleros agrícolas, que enfrentan precarias condiciones laborales y de vida.
Cuartoscuro
29 de marzo, 2019
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En México, los jornaleros agrícolas están expuestos a ser víctimas de abusos que van desde irregularidades en el pago de sus salarios, jornadas laborales superiores a las ocho horas y condiciones de explotación que se han normalizado, tal como lo documenta el primer informe de violaciones a derechos de la Red de Jornaleras y Jornaleros Agrícolas (REJJA ). A pesar de esa situación, el gobierno federal ordenó la desaparición del único programa de apoyo a estos trabajadores.

A Soledad le quedan las manos blancas después de solo media hora de estar cortando pepino. Es por los fertilizantes y agroquímicos que se usan para su producción. Lo que ya no le deja rastro son las espinitas de la planta. A los novatos les provocan comezón y ardor, a ella las manos se le han curtido.

La jornalera podría usar guantes para no tener contacto con los agroquímicos, pero los tendría que comprar. La empresa donde se emplea no se ocupa de dar a sus trabajadores ni los botes donde van poniendo la cosecha, hasta esos tienen que llevarlos ellos mismos. Además, traer guantes entorpecería sus dedos, y aquí hay que cortar mucho para ganar “más o menos”. El pago de Soledad es a destajo: 4.50 pesos por bote. Al día hace unos 50, para una paga por jornada de 225 pesos.

jornaleros

La población jornalera son en su mayoría Indígenas o habitantes de las comunidades más pobres y rezagadas, donde no hay opciones viables de empleo. Pese a eso, la administración federal no solo no ha definido una política pública para atenderlos, sino que ahora ha desaparecido el único programa que existía, desde hace 30 años, dirigido a mejorar sus condiciones de vida.

Lee: Una consulta indígena devolverá a campesinos de Oaxaca el derecho a usar el agua de sus pozos

Ir tras el surco

En el campo donde trabaja Soledad, en Colima, hay un grupo de jornaleros adolescentes. Se encuentran sus hijas, de 17, 15 y 13 años. La ley dice que no deberían trabajar, pero nadie lo impide. La familia lleva más de 20 años migrando. Aunque antes solían volver a su comunidad, hace ya cinco años que no lo hacen. Los ciclos agrícolas los han llevado por varios estados sin regreso a casa.

Solo este año han estado ya en tres entidades. Los hijos de Soledad y su esposo no han ido mucho tiempo a la escuela. Los menores no la han pisado nunca, los más grandes tuvieron que dejarla. Al migrar de un lado a otro, no hay ninguna institución que los acepte.

Para solucionar el problema de vivienda, las familias jornaleras habitan en galeras dentro de los campos o rentan o habilitan espacios, que por lo general tienen condiciones físicas deficientes. Son casas semiconstruidas, bodegas donde no hay los servicios básicos como drenaje, agua entubada o sanitarios.

jornaleros

En el informe, se documenta que en San Luis Potosí, en mayo de 2018, en el municipio de Villa de Arista, se encontró una casa que, según lo dicho por los jornaleros y jornaleras entrevistadas, es propiedad del contratista del rancho donde trabajan, el Santa Yolanda. Es una casa de dos plantas con cinco habitaciones y tres baños, dos no tienen techo ni puertas. Ahí habitan unas 90 personas. El lugar no tiene camas. Todos duermen sobre cartones, en espacios sin ventilación ni iluminación.

Otra opción para los jornaleros son los albergues públicos o semiprivados. En su informe de violaciones a derechos, la REJJA señala que, en 2015, había 118 administrados a nivel federal por la entonces Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y 850 de manera mixta, con una participación importante de productores del sector agropecuario y los propios jornaleros. Pero la mayoría de estos albergues no cuenta con buenas condiciones de infraestructura ni con servicios adecuados.

Adiós al programa de apoyo

Hasta ahora no ha habido una política pública que resuelva los problemas de educación, salud y vivienda que enfrenta este sector. De 1990 a 2018 operó el Programa de Apoyo a Trabajadores Jornaleros Agrícolas (PAJA), a cargo de la hoy llamada Secretaría del Bienestar. Pero en el Presupuesto de Egresos de la Federación de este año (PEF) 2019, ya no aparece.

Esto, pese a que la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) registra que en el segundo trimestre de 2017 había 2 millones 990 mil 049 jornaleros, de los cuales 10 % eran mujeres. A esa cifra hay que sumarle el de las familias que los acompañan, entonces el número de quienes migran a los campos agrícolas crece hasta 9 millones, de acuerdo a cifras de Antonieta Barrón, académica de la Facultad de Economía de la UNAM, quien desde hace 30 años hace investigación sobre el tema de los jornaleros agrícolas en México.

jornaleros

Los estados que más expulsan migrantes son Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz, además de Jalisco y Guanajuato. Las entidades que más reciben son Sinaloa, Sonora, Baja California y Baja California Sur. Pero también Coahuila, Chihuahua y Nuevo León están atrayendo jornaleros.

El 18 de febrero, ante la desaparición del PAJA y lo que parece una falta absoluta de política pública, la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas le dirigió una carta a María Luisa Albores, titular de la Secretaría del Bienestar, en la que le hicieron una pregunta básica: ¿cómo será la atención a estos trabajadores, en cada una de estas condiciones: género, movilidad, edad y condición étnica?

La única respuesta que han recibido hasta ahora les llegó vía mail a nombre de Luis Carlos Chávez, director general adjunto de Enlace Social y Atención Ciudadana de la Secretaría de Bienestar, quien pasó la responsabilidad de dar respuesta a la Dirección General de Atención a Grupos Prioritarios para que “estudie el asunto y busque una solución a la petición”.

El Programa de Apoyo a Trabajadores Jornaleros Agrícolas estaba adscrito a la Secretaría de Bienestar. Su objetivo era reducir las condiciones de vulnerabilidad de estos trabajadores con servicios de salud, educación y con la construcción y el manejo de albergues.

En su origen, documenta la Red de Jornaleros en su carta a Albores, “este programa se distinguió por la integralidad de sus acciones, la existencia de redes de promoción social y la participación organizada de la población. Aunque admitimos que al cabo de los años el diseño original se fue transformando hasta simplificarse”, subraya la misiva.

De acuerdo al informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), durante el sexenio pasado, el presupuesto del PAJA se fue reduciendo al pasar de 270 millones de pesos en 2012 a 213 millones en 2017, cuando atendió a 76 mil personas.

Nunca sabes lo que tienes hasta que dejas de medirlo

Hace años –afirma Isabel Margarita Nemecio, coordinadora general de REJJA– este programa ejercía mucho la promoción social, incluso había trabajadoras sociales en los ranchos. Eran el enlace con los jornaleros. “Su labor permitía acciones muy concretas, desde tener un padrón de trabajadores, hasta darles atención médica si había un accidente o resolver cuestiones de su alimentación. Hoy esas figuras ya no existen”.

Otro elemento que dependía en parte de los recursos del PAJA eran los albergues en zona de destino o estados receptores y las Unidades de Servicios Integrales, USI, donde los jornaleros podían llegar antes de salir a los estados o quedarse a habitar en los destinos. Esos espacios garantizaban también tener un censo de la población jornalera. “Aunque en el último sexenio, muchos de estos albergues ya no tenían ni mantenimiento, ni rehabilitación, ni promoción social”.

jornaleros

La mayor precarización del PAJA sucedió en los últimos tres años del sexenio de Enrique Peña Nieto cuando todo se redujo a unos cuantos subsidios, que no quedaban muy claros. “En el tema de apoyos para movilidad laboral de Sedesol, se empadronaba a los trabajadores, pero nunca quedaba claro a quiénes se les otorgaba el recurso. Mucha población que supuestamente eran beneficiarios, recibieron el papel con su folio de que habían sido registrados, pero nunca les llegó el apoyo”, afirma Nemecio.

El programa tenía ya muchas fallas, “pero no era para desaparecerlo, lo que debían haber hecho es mejorarlo”, advierte Barrón. La Secretaría del Bienestar, agrega la investigadora de la UNAM, ha dicho públicamente que la atención a estos trabajadores se incluirá en los programas para población indígena, pero solo el 60 % de ellos lo son, “quién y cómo atenderá al otro 40 %, cuál va a ser la política pública para mejorar las condiciones de todos estos jornaleros, no lo sabemos, no hay ninguna claridad sobre eso”.

Animal Político solicitó una entrevista a la Secretaría de Bienestar para saber cómo atenderá a la población jornalera agrícola, pero no obtuvo una respuesta a la petición.

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'Fue absolutamente horrible': las mujeres a las que la noche de bodas les arruinó sus matrimonios

Cuatro mujeres le contaron a la BBC cómo la noche de bodas, que debía ser memorable, terminó siendo un momento tan traumático que llegó a arruinar sus matrimonios.
31 de octubre, 2019
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Para algunas personas la noche de bodas es inolvidable por las razones equivocadas.El servicio árabe de la BBC habló con mujeres de distintas edades y clases sociales, que viven en países árabes y musulmanes, sobre el impacto de la noche de bodas en sus matrimonios y cómo les afectó la falta de una educación sexual.

Estos son los testimonios de cuatro de ellas, cuyos nombres fueron cambiados a pedido suyo.

Manchas de sangre

Somayya tuvo que enfrentarse a su familia para poder casarse con Ibrahim, el hombre al que amaba.

La joven estaba estudiando literatura árabe en la Universidad de Damasco, en Siria, y su futuro marido le había prometido que nada se interpondría con su graduación.

Todo parecía de ensueño. Somayya había apostado por el amor y el apoyo de Ibrahim. Pero la noche de bodas fue su primera decepción.

Su nuevo esposo, “con impaciencia” y sin darle ni un momento para “recuperar el aliento”, se dispuso a penetrarla “tan pronto como pudo”, alegando que su amor por ella justificaba su ímpetu, cuenta Somayya, de 23 años.

“Fui cooperativa”, dice, “y a pesar de mi agotamiento, cumplí”.

Cualquier rastro de romanticismo terminó de desaparecer cuando la cara de él se transformó. “No hay manchas de sangre”, le dijo.

Ella de inmediato entendió lo que su marido estaba sugiriendo: que no era virgen, tal como se espera de las recién casadas en muchos países árabes y musulmanes.

Y si bien muchas mujeres sangran en cantidades variables tras la ruptura del himen, de acuerdo con doctores y expertos, no es algo que ocurra en todos los casos.

Además, mientras que algunos hímenes son tan delicados que se rompen sin sangrar, otros solo pueden ser penetrados quirúrgicamente; algunas niñas nacen sin esa membrana o se les rompe accidentalmente como resultado de una lesión.

Al describir la reacción de su esposo, Somayya dice: “Su mirada se me clavaba como una daga en el pecho. Me mató sin saberlo“.

A woman sitting on a bed and staring down

Getty Images

“Ni siquiera intentó hablar conmigo. Me sentí abandonada, como si fuera un sospechoso en espera de juicio”, cuenta.

“Antes del matrimonio, habíamos hablado de muchas cosas”, agrega, “incluso de nuestra noche de bodas, la que se suponía sería la mejor noche de nuestras vidas”.

“Pensamos que sabíamos mucho el uno del otro, pero todo se derrumbó cuando no surgió ninguna señal de virginidad’“.

El día después

Aunque este tipo de incidentes son comunes en su sociedad, Somayya no esperaba vivirlo.

Asumió que las actitudes y opiniones de los hombres jóvenes habían cambiado respecto a la generación de sus abuelos, especialmente porque su prometido era un intelectual, de mentalidad abierta y educación universitaria.

Al día siguiente él le sugirió visitar a un médico para confirmar su virginidad.

Ella se quedó estupefacta.

Las pruebas de virginidad femenina son una costumbre antigua, y los motivos para llevarlas a cabo y los métodos de inspección difieren de una sociedad a otra.

En las familias más conservadoras no es raro celebrar la virginidad de la novia en su noche de bodas, mostrando a las familias de los novios las sábanas ensangrentadas.

Pero eso es algo que se puede lograr incluso si la novia ya tuvo relaciones sexuales antes.

Es relativamente fácil “volver a coser” el himen quirúrgicamente.

Incluso existen hímenes artificiales hechos en China, prótesis que aparentan ser una membrana intacta y liberan un líquido rojo que parece sangre cuando se someten a presión.

Y es que hay lugares en los que una mujer, ante la sospecha de que no llegó virgen al casamiento, puede ser asesinada en nombre del honor.

Tradicional y sumisa

Al visitar a un ginecólogo al día siguiente, Somayya descubrió que su himen era grueso y le dijeron que solo se rompería si daba a luz de forma natural.

Mujer llorando.

Getty Images

Su esposo respiró aliviado y una sonrisa se dibujó en su rostro, pero ya era demasiado tarde. Somayya estaba decidida a divorciarse.

Mi esposo se convirtió en un extraño para mí“, explica.

“No podía predecir qué iba a hacer. Todo era posible. Ya no podía confiar en alguien que deshizo una relación de varios años en cuestión de segundos”.

Después de una breve pausa, agrega: “No sé describir cómo me sentí tras aquello, pero no podía soportar vivir con él después de que redujo todo mi ser a un membrana inútil. Soy un ser humano, no solo tejido membranal“.

Desde ese día, el bienestar psicológico de Somayya se fue deteriorado. Empezó a rechazar visitas y evitar salir.

Sentía que estaba jugando el tradicional rol de género, donde la esposa es sumisa e indefensa.

Durante los siguientes tres meses, tuvo relaciones sexuales con él varias veces. “Cuando me penetraba, la repulsión se apoderaba de mí“, cuenta.

“No lo quería y no sentía nada en absoluto. Mi pasión se había extinguido aquella noche”, reconoce.

“Simplemente esperaba a que terminara y me dejara en paz. Tener sexo con él se sentía sucio y fraudulento, porque era como un deber, una tarea que tenía que realizar, en lugar de un acto de amor”.

Sin divorcio

Unos meses más tarde, Somayya habló con su esposo sobre su deseo de terminar con el matrimonio, diciendo que no había forma de revertir su decisión porque temía por su vida y porque ya no le quedaba amor ni pasión después de esa fatídica primera noche.

También le explicó que su sospecha “insensible” la había ofendido y degradado.

Bride in wedding gown

Getty Images

“Él estaba en shock, porque se sentía que, como hombre, tenía derecho a cuestionar si su esposa había tenido relaciones sexuales o no”, cuenta.

Me dijo que no se divorciaría mientras viviera y me aconsejó que pensara en mi ‘comportamiento rebelde’ con cuidado, ya que me iba a llevar al ‘arrepentimiento y remordimiento'”.

“Nuestra sociedad tiene un doble estándar”, dice Somayya.

“Las hazañas sexuales de los hombres son reconocidas e incluso alabadas, pero cuando se trata de las mujeres, ese comportamiento es motivo de rechazo social y, a veces, se castiga con la muerte”, reclama.

“Mi marido era uno de esos hombres, jactándose a las risas con sus amigos sobre su historial sexual, pero poniéndose furioso si yo hacía una broma sutil”.

Después de que su familia se negara a apoyarla para conseguir el divorcio, describiendo su razonamiento como “mezquino y trivial”, Somayya dejó Siria en junio pasado y se dirigió a Europa.

El dolor 20 años después

Jumanah, de 45 años, vivió toda su vida en Alepo, Siria, hasta 2016, cuando se mudó a Bruselas, Bélgica.

Tenía 19 años cuando mi padre decidió que debía casarme con mi primo en contra de mi voluntad“, le cuenta a la BBC.

“No lo quería, pero me incitaron a creer que él era la persona adecuada para mí y que en algún momento me acostumbraría a él. ‘El amor vendrá más tarde’, me dijeron”.

Jumanah recuerda su noche de bodas vívidamente y con un dolor palpable, como si acabara de suceder.

“Cerró la puerta y dijo que debíamos darnos prisa, ya que los ancianos de la familia esperaban la verificación”.

Fue absolutamente horrible“, dice ella. “Mi esposo no me habló, pero se dedicó a terminar su tarea sin molestarse en hablarme mientras yo temblaba de miedo y repulsión”.

A couple lie in bed facing away from each other

Getty Images

“A pesar de mi dolor físico y angustia emocional, la única preocupación de mi esposo era esa mancha de sangre“, prosigue.

“No sangré esa noche, así que mi esposo rompió el silencio gritándome: ‘¡No hay sangre!’. Y desató un aluvión de improperios que no puedo repetir. Sus ojos eran como carbones ardiendo”.

Durante una hora más o menos se sintió atrapada por el miedo. Quedó atónita e incapaz de pronunciar palabra.

En su caso, no esperaron hasta la mañana: esa misma noche la llevaron a un ginecólogo que confirmó su virginidad.

“Recuerdo al doctor consolándome como si fuera mi padre”, cuenta, “y regañando a mi esposo por lo que hizo”.

Jumanah se vio obligada a vivir con su esposo, quien públicamente la ridiculizó, porque su familia y amigos no la apoyaron en su deseo de separarse, ni esa noche ni durante 20 años de conflictos matrimoniales.

Cirugía de himen

Rozana llevaba cinco años comprometida cuando se separó.

“Confiaba en él y lo amaba mucho”, cuenta. “Él insistía con tener sexo diciendo que técnicamente ya era su esposa. Un día me sometí a su insistencia y lo hice”.

Seis meses después, sin embargo, las familias de ella y su prometido tuvieron un gran encontronazo y Rozana terminó separándose.

“En nuestra sociedad no se debate qué castigo se aplica por la pérdida de la virginidad”, dice, agregando que puede llegar a ser la muerte.

“Afortunadamente una amiga me aconsejó que visitara a un ginecólogo discreto con el cual podía someterme a una cirugía de reparación de himen y ponerme uno fabricado en China”.

Sin esa cirugía menor habría muerto hace mucho tiempo“, afirma.

Mujer consolando a otra

Getty Images

Amina, quien proviene de una familia conservadora y pobre, sufrió una caída en la puerta del baño y sangró un poco.

Sin entender lo que había pasado, le contó a su madre, quien la llevó a un ginecólogo para que la revisara. Fue allí que descubrió que se había roto el himen.

“Ese día fue un calvario para mi madre. No sabía qué hacer”, cuenta.

“Después de consultar a mis tres tías, reservamos una cita para la cirugía de reparación del himen”, prosigue.

“Tales procedimientos se realizan en completo secreto, ya que están prohibidos en nuestro país y porque la mayoría de la gente no habría creído que había sufrido un accidente y habría puesto en duda mi virginidad por el resto de mi vida“.

Pruebas de virginidad

En varios países árabes y musulmanes muchas mujeres son sometidas a pruebas de virginidad previas al matrimonio.

De pasarlas, la futura novia recibe un certificado que confirma su virginidad.

La organización Human Rights Watch (HRW) ha señalado a varios países donde se llevan a cabo estas dolorosas pruebas.

En general, son mujeres mayores las que realizan la inspección invasiva, que implica la inserción de dos dedos en la vagina para determinar si el himen está allí o no.

La práctica, generalizada en Medio Oriente y el norte de África, fue descrita por HRW en un informe publicado en 2014 como “una forma de violencia de género y discriminación inhumana contra las mujeres y una violación flagrante de los derechos humanos”.

Un estudio realizado por la BBC reveló que en India, Afganistán, Bangladesh, Irán, Egipto, Jordania, Libia, Marruecos y Sudáfrica se llevan a cabo.

Y según el informe de HRW, Egipto, Marruecos, Jordania y Libia se encuentran entre los países donde la prueba de virginidad se practica más ampliamente.

En respuesta, las autoridades de Marruecos y Egipto negaron rotundamente el reclamo y reiteraron la ilegalidad de la práctica.


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