No queremos dinero, queremos protección: historias de mujeres en refugios de la sociedad civil
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No queremos dinero, queremos protección: historias de mujeres en refugios de la sociedad civil

Animal Político visitó un refugio de la sociedad civil para mujeres que sufrieron violencia extrema a manos de sus exparejas, donde se les ofrece un espacio seguro y confidencial, además de atención psicológica, medica, y asesoría legal.
Cuartoscuro
8 de marzo, 2019
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Norma cuenta con una sonrisa relajada que, al fin, se siente segura. Que desde hace tres semanas las pesadillas ya no acuden a ella como un nubarrón que nunca pasa de largo, y que ya no le tiemblan las piernas, ni se le seca la boca, cuando escucha que un coche se estaciona y alguien toca la puerta.

“Salí de mi casa para huir de la muerte. Me fui para salvar mi vida y también la de mis hijos”, dice.

Refugios para mujeres víctimas de violencia se mantienen, pero con supervisión del Estado: Inmujeres

Norma, de la que no se darán detalles de su aspecto físico, y a la que, como al resto de sus compañeras, se le cambió el nombre por motivos de seguridad, cuenta su historia sentada en una butaca de un albergue de la Red Nacional de Refugios, donde elementos de seguridad privada custodian el inmueble las 24 horas del día.

Esta es la tercera vez que intenta huir de su expareja, un agente de policía que durante 10 años la bombardeó tanto físicamente, con puñetazos, patadas, y jalones de cabello, como psicológicamente, con insultos, menosprecios, humillaciones, y una asfixia económica que la llevó, incluso, a tener que racionar su comida para compartirla con sus hijos.

La primera vez que trató de huir de su agresor, narra Norma, acudió desesperada al DIF municipal en busca de ayuda. Pero allí, nadie la asesoró. Al contrario, le ofrecieron alternativas que no solo la pusieron a ella en riesgo, sino también a sus seres queridos.

“En el DIF nadie me abrió las puertas. Más bien, me aconsejaron que regresara con mi agresor, o que me refugiara con algún familiar o amiga”.

Norma tomó la segunda opción. Pero las consecuencias fueron fulminantes: su agresor la buscó primero en los domicilios de sus amistades, y luego fue recorriendo, una por una, las casas de sus hermanos, y de sus padres, hasta que la localizó, y, literal, la sacó de los pelos para introducirla en el coche.

Luego, amenazó a su familia para que se alejaran de ella. Y, por último, a Norma le advirtió que si volvía a dejarlo la mataba. Y a sus hijos también.

Desde entonces, lamenta Norma, su familia redujo al máximo el contacto con ella, por miedo a las represalias. Y durante mucho tiempo temió convertirse en una cifra más de la estadística del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que señala que el número de investigaciones abiertas por feminicidio pasaron de 422 en 2015, a 872 en 2018, un crecimiento superior al 100 %.

Un día decidió intentar escapar de esa estadística.

Pero esta vez tenía otro plan: ya no buscaría asesoría en el DIF. Decidió que ya era el momento de dar un paso al frente y fue a denunciar ante el Ministerio Público. Aunque no resultó como ella lo imaginaba, con sonidos de sirenas y patrullas custodiando su casa, y policías poniéndole las esposas a su agresor para alejarla de ella.

“Fui a pedir ayuda. Les dije que estaba convencida de que quería denunciar porque ya no aguantaba más las palizas, pero me respondieron que estaban muy ocupados, y que volviera en una semana para tomarme la declaración”.

Nerviosa, y consciente de que si su pareja se enteraba del intento fallido de denuncia las agresiones podían escalar de gravedad, Norma cuenta que no tuvo pudor en rogar para que alguien la ayudara.

“Les dije: ‘no puedo regresar en una semana. ¿Qué no entienden? Si regreso con él, me mata’”.

Refugio que sirve de modelo al gobierno es operado por una ONG que sería afectada por recorte

Aun así, nadie le tomó declaración para levantar la denuncia, ni le ofrecieron apoyo. Pero un agente, tal vez conmovido por las súplicas, se le acercó y le informó de la existencia de la Red Nacional de Refugios.

Con las piernas temblorosas e imaginando que veía a su pareja acechando en cada esquina, Norma salió hacia al centro externo de la Red de Refugios, donde ofrecen un espacio a mujeres para recibir información y orientación sobre qué hacer en estos casos.

Allí, las psicólogas escucharon su testimonio, y de inmediato le ofrecieron la posibilidad de ingresar en un refugio de ubicación confidencial para que su pareja no la pudiera encontrar.

Norma no lo pensó dos veces.

Sin un peso en los bolsillos, con la misma ropa que llevaba puesta, y sin avisar a absolutamente nadie, ni siquiera a sus padres ni hermanos, tomó a sus hijos y se fue al refugio donde, ahora, lleva tres semanas tratando de rearmar su vida lejos de su agresor.

“Si no fuera por este Refugio, yo sería un feminicidio más”

Junto a Norma, hay más mujeres refugiadas; de hecho, el albergue está a su máxima capacidad. Y todas, prácticamente, narran historias similares.

Paula, por ejemplo, asegura que antes de llegar al refugio, también acudió con diferentes autoridades policiacas que, lejos de ayudarla, la ignoraron primero, y luego la revictimizaron culpándola de su situación.

“Me decían: ‘señora, ya no esté aquí molestando. Al ratito ya va a regresar con su marido y para qué nos hace perder el tiempo’. Mejor váyase con él”.

Incluso, en otra ocasión, en un Ministerio Público la tacharon de mentirosa porque, a simple vista, no se le apreciaban moretones, puesto que su pareja la agredía “de cintura para abajo” para que los maltratos no fueran tan evidentes.

“Me decían que, para poner una denuncia, necesitaban ver más golpes”.

Tras varios intentos fallidos de denuncia, Paula llegó a la Red Nacional de Refugios gracias a que, en la escuela de su hijo, la psicóloga del centro se percató de que el niño tenía evidencias claras de maltrato, y le sugirió que ambos acudieran con la organización civil en busca de ayuda urgente.

Ahora, lleva un par de semanas refugiada. Pero, a diferencia de Norma, Carla cuenta que aún siente pavor de solo oír los coches que transitan por la calle, pensando que su pareja la localizó, como ya hizo anteriormente en otro albergue, del que fue evacuada para trasladarla a otro fuera de su estado.  

“La verdad, no sé qué sería de mí y de mi hijo si refugios como este no existieran —dice casi con la voz apagada—. Creo que seguramente no estaría aquí… Yo sería una mujer asesinada más. Un feminicidio más”.

Por eso, Norma y Carla dicen que no comprenden lo que está sucediendo con la postura del gobierno federal frente a organizaciones de la sociedad civil que, como la Red Nacional de Refugios, operan estos espacios.  

“No se me hace justo que se trate de cerrar las puertas de los refugios. Yo hoy estoy aquí adentro, pero sé que afuera hay muchas más mujeres que necesitan de un espacio seguro como este. ¿Qué va a pasar con ellas?”, pregunta Norma.

Hasta ahora, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya ha reiterado en varias ocasiones que los refugios no se van a cerrar, que van a continuar operando, y que no se va a abandonar a las mujeres violentadas.

Sin embargo, los cambios de discurso del gobierno en la última semana han provocado que mujeres como Norma y Carla se sientan con incertidumbre.

La polémica empezó el pasado 22 de febrero. Ese día, la Secretaría de Salud informó que los refugios para mujeres víctimas de violencia extrema ya no recibirían recursos federales, hasta analizar cuál sería la mejor manera de utilizar el dinero para atender estas necesidades.

Pero un día después, la noche del sábado 23 de febrero, la Secretaría de Salud volvió a subir la misma convocatoria en su web, sin dar mayor explicación, y sin extender el plazo para la entrega de proyectos de las organizaciones de la sociedad civil, el cual finalizó el pasado 6 de marzo.

Luego, en conferencia de prensa, el presidente dijo que los recursos para estos refugios se entregarían ahora de manera directa a las mujeres víctimas.

Poco después, el 1 de marzo, Jesús Ramírez, vocero de la Presidencia, aclaró que los refugios, tanto del gobierno como los de organizaciones de la sociedad civil, seguirán recibiendo recursos, pero que se analizaba si la Secretaría de Gobernación se encargaría de su operación.

Y finalmente, el pasado 6 de marzo, el gobierno reiteró que los refugios continuarán funcionando, pero con la supervisión y la rectoría del Estado, y anunció además el lanzamiento de un plan urgente de alcance nacional para enfrentar la violencia en contra de las mujeres.

Sin embargo, tal y como expuso en Twitter ese mismo 6 de marzo Wendy Figueroa, directora de la Red Nacional de Refugios, aún queda la incertidumbre de saber cómo será el esquema de financiamiento para mantener los refugios de la sociedad civil y cómo se llevará a cabo esa coordinación entre autoridades de gobierno y sociedad civil.

Dichos de AMLO sobre refugios confunden y dejan en incertidumbre a mujeres: OSC

“¿De qué sirve que el Gobierno nos dé dinero?”

Lo que sí parece descartado, según expuso también la propia Red Nacional de Refugios en sus redes sociales, es la idea de que el gobierno entregue directamente el dinero de los Refugios a las mujeres. Propuesta, además, que las mujeres entrevistadas para este reportaje rechazaron de manera tajante.

“¿Y de qué me sirve que el Gobierno me dé el dinero en mano? —cuestiona al respecto Norma—. Eso no me da seguridad, ni protección. Al contrario, me pone más en riesgo. ¿Por qué? Porque viene mi agresor, me quita el dinero, me mata, y se marcha. Así de simple”.

Carla, otra mujer alojada en el refugio con sus hijos desde hace un par de meses, no es tan drástica como su compañera. Pero, recibir directamente el dinero tampoco le parece una solución.

A continuación, con un ritmo pausado, la mujer comienza a enlistar todos los servicios que le ofrece el refugio de manera gratuita: atención psicológica y médica para ella y sus niños; orientación legal para los trámites de divorcio; escuela particular para que los menores no pierdan el curso; talleres de formación laboral para iniciar un empleo cuando abandone la estancia; así como ropa, calzado, y alimentos.

“Ahora —dice encogiendo los hombros—, dígame cuánto me costaría todo eso en la calle. ¿Cree que con lo que nos diera el gobierno, así fuera 10 mil pesos, podría pagar abogado, psicólogo, médico, maestro particular, y comer y vivir sin poder trabajar porque no puedo salir del refugio? Obvio, no. Es imposible”.

Además, añade Carla, el dinero tampoco podría pagar un servicio extra que ha encontrado en este refugio: el apoyo del resto de sus compañeras.

“Aquí todas nos escuchamos, todas nos apoyamos —comenta Carla sentada en una mesa rodeada del resto de mujeres, que asienten en silencio—. Aquí siempre tenemos a alguien que, cuando fallan las fuerzas, nos dice que estemos tranquilas. Que cuesta tiempo y esfuerzo, pero que sí se puede empezar de cero y salir adelante, libres”.

https://www.youtube.com/watch?v=dKb15IerWtw&feature=youtu.be

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Foto: Alamy

La Tierra alcanza los 8.000 millones de habitantes: ¿a cuántas personas puede albergar nuestro planeta?

Se espera que este 15 de noviembre la población humana alcance los 8.000 millones. BBC Future analiza uno de los temas más controvertidos de nuestro tiempo: ¿somos demasiados?
Foto: Alamy
15 de noviembre, 2022
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La Organizaciones de Naciones Unidas (ONU) predijo lo que hoy se cumplió: ya hay 8 mil millones de habitantes en la Tierra.

Con la expansión de la población ha llegado una gran división. Algunos ven nuestros números crecientes como una historia de éxito sin precedentes.

De hecho, hay una escuela de pensamiento emergente que defiende que en realidad necesitamos más personas.

En 2018, el multimillonario tecnológico Jeff Bezos predijo un futuro en el que nuestra población alcanzará un nuevo hito decimal, en la forma de un billón de humanos dispersos por nuestro Sistema Solar, y anunció que está planeando formas de lograrlo.

Mientras tanto, otros, incluido el locutor británico e historiador natural David Attenborough, han etiquetado a nuestro masivo enjambre humano como una “plaga para la Tierra”.

Desde este punto de vista, casi todos los problemas ambientales que enfrentamos actualmente, desde el cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad, el estrés hídrico y los conflictos por la tierra, se remontan a nuestra reproducción desenfrenada durante los últimos siglos.

Allá por 1994, cuando la población mundial era de “apenas” 5.500 millones, un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, en California, calculó que el tamaño ideal de nuestra especie estaría entre 1.500 y 2.000 millones de personas.

Entonces, ¿está sobrepoblado actualmente el mundo? ¿Y qué podría deparar el futuro para el dominio global de la humanidad?

Una preocupación ancestral

En la obra magna de Platón, “La República”, escrita alrededor del año 375 a.C., el filósofo describe dos ciudades-estado imaginarias. Una es saludable y la otra es “lujosa” y “febril”.

En esta última, la población gasta y devora en exceso, entregándose al consumismo hasta “sobrepasar el límite de sus necesidades”.

Imagen de Platon

Getty Images
En la Antigua Grecia, el filósofo Platón abogó por el control de la población y del consumo.

Esta ciudad-Estado moralmente decrépita finalmente recurre a apoderarse de las tierras vecinas, lo que naturalmente desemboca en una guerra: simplemente no puede mantener a su gran población codiciosa sin recursos adicionales.

Platón se había topado con un debate que todavía está vivo hoy: ¿el problema es la población humana o son los recursos que consume?

En su famoso trabajo, “Un ensayo sobre el principio de la población”, publicado en 1798, Thomas Malthus, un clérigo inglés con una inclinación por el pesimismo, comenzó con dos observaciones importantes: que todas las personas necesitan comer y que les gusta tener relaciones sexuales.

Cuando se lleva a su conclusión lógica, explicó, estos simples hechos conducen a que las demandas de la humanidad superen los suministros del planeta.

“La población, cuando no se controla, aumenta en una proporción geométrica. La subsistencia aumenta solo en una proporción aritmética. Un ligero conocimiento de los números mostrará la inmensidad del primer poder en comparación con el segundo”, escribió Malthus.

El futuro de los habitantes en la Tierra

En otras palabras, un gran número de personas conduce a un número aún mayor de descendientes, en una especie de circuito de retroalimentación positiva, pero nuestra capacidad para producir alimentos no necesariamente se acelera de la misma manera.

Estas simples palabras tuvieron un efecto inmediato, encendiendo un miedo apasionado en algunos y la ira en otros, lo que continuaría reverberando en la sociedad durante décadas.

El primer grupo pensó que había que hacer algo para evitar que nuestros números se descontrolaran. El segundo, que limitar el número de personas era absurdo o poco ético, y en su lugar se debería hacer todo lo posible para aumentar el suministro de alimentos.

Cuando se publicó el ensayo de Malthus, había 800 millones de personas en el planeta.

Sin embargo, no fue sino hasta 1968 que surgieron las preocupaciones modernas sobre la sobrepoblación global, cuando un profesor de la Universidad de Stanford, Paul Ehrlich, y su esposa, Anne Ehrlich, escribieron “La bomba demográfica”.

Portada de "La bomba demográfica" de Paul Ehrlich

Sierra Club/Ballantine Books
Este libro dio pie a la preocupación actual por la sobrepoblación.

Se inspiró en la ciudad india de Nueva Delhi. La pareja regresaba a su hotel en un taxi una noche y atravesó un barrio pobre, donde se vieron abrumados por la cantidad de actividad humana en las calles.

Escribieron sobre la experiencia de una manera que ha sido muy criticada, especialmente porque la población de Londres en ese momento era más del doble que la de Nueva Delhi.

La pareja publicó su libro debido a la preocupación por la hambruna masiva que creían que se avecinaba, particularmente en los países en desarrollo, pero también en lugares como Estados Unidos, donde la gente comenzaba a notar el impacto que estaba teniendo sobre el medio ambiente.

El trabajo ha sido ampliamente acreditado con (o acusado de, según el punto de vista) desencadenar muchas de las ansiedades actuales sobre la sobrepoblación.

Visiones encontradas

Las estimaciones varían, pero se espera que alcancemos el “punto más alto humano” entre los años 2070 y 2080, momento en el que habrá entre 9.400 y 10.400 millones de personas en el planeta.

Puede que sea un proceso lento: si llegamos a los 10.400 millones, la ONU espera que la población se mantenga en ese nivel durante dos décadas, pero finalmente, después de esto, se prevé que la población disminuya.

Esto ha generado visiones encontradas sobre nuestro futuro.

En un extremo del espectro se encuentran aquellos que ven como una crisis las tasas de fertilidad bajas de algunas regiones del planeta.

Un demógrafo está tan preocupado por la caída en la tasa de natalidad en Reino Unido que ha sugerido gravar a las personas sin hijos.

En 2019, en el país nacían en promedio 1,65 niños por mujer. Esto está por debajo del nivel de reemplazo (la cantidad de nacimientos necesarios para mantener el mismo tamaño de población) de 2,075, aunque la población siguió creciendo debido a la inmigración.

Una muchedumbre de gente en un concierto

Getty Images
Algunos están preocupados por la sobrepoblación mientras que otros advierten que la natalidad está cayendo en casi todo el mundo, lo que podría traer problemas.

El punto de vista opuesto es que desacelerar y eventualmente detener el crecimiento de la población mundial no solo es eminentemente manejable y deseable, sino que puede lograrse a través de medios totalmente voluntarios, métodos como simplemente proporcionar anticonceptivos a quienes los deseen y educar a las mujeres.

De esta manera, los defensores de esta posición creen que no solo podríamos beneficiar al planeta, sino también mejorar la calidad de vida que experimentan los ciudadanos más pobres del mundo.

Por otro lado, otros abogan no fijarse en el número de personas en el mundo y centrarse en nuestras actividades.

Argumentan que lo importante es la cantidad de recursos que utiliza cada persona y señalan que el consumo es significativamente mayor en los países más ricos con tasas de natalidad más bajas.

Reducir nuestras demandas individuales sobre el planeta podría reducir la huella de la humanidad sin sofocar el crecimiento en los países más pobres.

De hecho, el interés occidental en reducir el crecimiento de la población en las partes menos desarrolladas del mundo ha sido acusado de tener matices racistas, cuando Europa y América del Norte están más densamente pobladas en general.

El impacto ambiental con 8 mil millones de habitantes en la Tierra

Más allá de este debate, las estadísticas sobre el impacto que hemos tenido sobre la Tierra son alarmantes.

Según el organismo de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el 38% de la superficie terrestre del planeta se utiliza para cultivar alimentos y otros productos (como combustible) para los seres humanos o su ganado: cinco mil millones de hectáreas en total.

Y aunque nuestros antepasados vivían entre gigantes, cazando mamut y pájaros elefantes de 450 kg, hoy somos la especie vertebrada dominante en la Tierra.

En peso, los humanos representamos el 32% de los vertebrados terrestres, mientras que los animales salvajes representan solo el 1% del total. El ganado representa el resto.

Animales migrando

Getty Images
Las migraciones naturales de muchos animales salvajes ahora son imposibles de hacer sin deambular por asentamientos humanos o infraestructura humana.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) descubrió que las poblaciones de vida silvestre disminuyeron en dos tercios entre 1970 y 2020; durante el mismo período, la población mundial se duplicó con creces.

De hecho, a medida que aumenta nuestro dominio, se han producido muchos cambios ambientales en paralelo, y varios ambientalistas prominentes, desde la primatóloga Jane Goodall, famosa por su estudio de los chimpancés, hasta el naturalista y presentador de televisión Chris Packham, han expresado su preocupación.

En 2013, Attenborough explicó su punto de vista a la revista Radio Times: “Todos nuestros problemas ambientales se vuelven más fáciles de resolver con menos personas, y más difíciles y en última instancia imposibles de resolver con cada vez más personas“.

A algunos la alarma por la huella ambiental de la humanidad los ha llevado a decidir tener menos o ningún hijo, incluidos el duque y la duquesa de Sussex, Harry y Meghan, quienes anunciaron en 2019 que no tendrían más de dos por el bien del planeta.

En el mismo año, Miley Cyrus también declaró que aún no tendría hijos porque la Tierra está “enojada”.

Un número creciente de mujeres se están uniendo al movimiento antinatalista y han declarado una “huelga de natalidad” (BirthStrike), hasta que se aborde la emergencia climática actual y la crisis de extinción.

La tendencia se vio impulsada por una investigación de 2017, que calculó que el simple hecho de tener un hijo menos por mujer en el mundo desarrollado podría reducir las emisiones anuales de carbono de una persona en 58,6 toneladas de “CO2 equivalente” o CO2e, más de 24 veces el ahorro de no tener un auto.

Hoy en día, se acepta ampliamente que las personas están ejerciendo una presión insostenible sobre los recursos finitos del mundo, un fenómeno que se destaca en el “Día del exceso de la Tierra”, la fecha en la que cada año se estima que la humanidad ha agotado todos los recursos biológicos que el planeta puede brindar de manera sostenible.

En 2010 cayó el 8 de agosto. Este año fue el 28 de julio.

Conmemoración del "Día del exceso de la Tierra" en Berlín, en 2018.

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Conmemoración del “Día del exceso de la Tierra” en Berlín.

Ya sea que el problema sea que hay demasiados humanos, los recursos que usamos o ambos, “no puedo siquiera imaginar cómo más humanos podrían ser mejores para el medio ambiente”, dice la académica Jennifer Sciubba, autora del libro “8.000 millones y contando: cómo el sexo, la muerte y la migración dan forma a nuestro mundo”.

Sin embargo, Sciubba señala que la idea de una inminente “bomba demográfica” que viene a destruir el planeta -como sugiere el libro de los Ehrlich- está desactualizada.

“Cuando lo escribieron creo que había 127 países en el mundo donde las mujeres en promedio tenían cinco o más hijos en su vida”, dice.

En esa era, las tendencias de la población realmente parecían exponenciales, y ella sugiere que esto infundió pánico sobre el nivel de población en ciertas generaciones que aún están vivas hoy.

“Pero hoy solo hay ocho ”, expone Sciubba. “Así que creo que es importante que nos demos cuenta de que esas tendencias cambiaron“.

Un futuro más feliz

La demografía no solo influye en el medio ambiente y la economía: también es una poderosa fuerza oculta que da forma a la calidad de vida de las personas en todo el mundo.

Según Alex Ezeh, profesor de Salud Global en la Universidad de Drexel, en Pensilvania, el número absoluto de personas en un país no es el factor más importante.

En cambio, es la tasa de crecimiento o disminución de su población lo que es clave para las perspectivas futuras de un país: esto determina qué tan rápido están cambiando las cosas.

Tomemos África, donde Ezeh explica que actualmente se están produciendo tasas de crecimiento de la población radicalmente diferentes, dependiendo de dónde se mire.

“En varios países, particularmente en el sur de África, las tasas de fertilidad realmente han disminuido y el uso de anticonceptivos ha aumentado: la tasa de crecimiento de la población se está desacelerando, lo que en cierto modo es una buena noticia”, dice Ezeh.

Al mismo tiempo, algunos países de África Central todavía tienen altas tasas de crecimiento demográfico, como resultado de la alta fecundidad y una esperanza de vida más larga.

En algunos lugares está muy por encima del 2,5% anual, “lo cual es enorme”, dice Ezeh. “La población se duplicará cada más de 20 años en varios países”.

Personas en un mercado de alimentos

Getty Images
Hoy usamos el 38% de la superficie terrestre para cultivar alimentos u otros productos para los humanos.

“Creo que la conversación sobre el tamaño y los números está fuera de lugar”, dice Ezeh.

“Piensa en una ciudad que se duplica cada 10 años, como varias ciudades en África. ¿Qué gobierno realmente tiene los recursos para mejorar cada infraestructura que existe actualmente cada 10 años, a fin de mantener el nivel correcto de cobertura de esos servicios?

“Los economistas piensan que una gran población es excelente para muchos resultados diferentes, pero ¿se logra esa gran población en 10 años, 100 años o 1000 años? Cuanto más se tarde en llegar, mejor se pueden establecer las estructuras correctas en el sistema que sostendrá a esa población”, añade Ezeh.

Una presencia en expansión

Aunque aún no se ha decidido el grado en que la humanidad continuará expandiéndose por el planeta, ya se han establecido algunas trayectorias.

Y una es que es probable que la población humana continúe creciendo durante algún tiempo, independientemente de cualquier posible esfuerzo por disminuirla.

Un estudio publicado en 2014 encontró que, incluso en el caso de una gran tragedia global como una pandemia mortal o una guerra mundial catastrófica, o una política draconiana del hijo único implementada en todos los países del planeta -nada de lo cual nadie espera, por supuesto- nuestra población aún crecerá hasta los 10.000 millones de personas para 2100.

Con la humanidad lista para volverse aún más dominante en los próximos años, encontrar una manera de vivir juntos y proteger el medio ambiente podría ser el mayor desafío de nuestra especie hasta el momento.


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