¿De qué vive la sociedad civil? No de recursos públicos
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¿De qué vive la sociedad civil? No de recursos públicos

Del total de OSC autorizadas para recibir donaciones en 2018, sólo el 6 % recibió recursos públicos por un monto promedio de 2 millones de pesos. De ese porcentaje, casi la mitad son en realidad dependencias oficiales constituidas en asociaciones civiles para recibir los recursos.
Foto: COFEMO
Por Claudia Ramos y Yuriria Ávila
20 de marzo, 2019
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Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) recibieron durante 2018 más de 2 mil 700 millones de pesos de la administración pública federal, de acuerdo con cifras oficiales. Sin embargo, esta cantidad es casi un 50 % menor a lo otorgado en 2017 y fue repartida entre 2 mil 275 organizaciones, el 6.4 % del total registradas, lo que representa un promedio de poco más de 2 millones de pesos por asociación.

Dicho monto proviene de donativos, subsidios, convenios y Programas de Coinversión Social (PCS) entregados por distintas dependencias públicas e Indesol.

Sin embargo, no todas las OSC financiadas con recursos públicos vienen en realidad de la sociedad civil. Casi el 50 % de ellas son en realidad organismos identificados como “gongos”, es decir, “organizaciones gubernamentales no gubernamentales” (goverment no goverment), como las federaciones deportivas coordinadas por la Conade y los institutos estatales y delegaciones del Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA).

Se trata de asociaciones civiles con presupuesto etiquetado en distintas dependencias públicas y constituidas por el propio gobierno, sin que nadie haya podido explicar hasta ahora la razón de por qué se hicieron y se mantienen así, indica Rogelio Gómez Hermosillo, consultor internacional experto en programas sociales y excoordinador del Programa Oportunidades durante el sexenio de Vicente Fox.

“Por ejemplo, los Centros de Integración Juvenil están en el presupuesto de Salud desde 1970, pero están registrados como A. C. Están etiquetados y reciben dinero porque son en teoría el mecanismo no gubernamental, pero con dinero gubernamental, para el tema de adicciones. Luego el gobierno creó 32 asociaciones civiles a las que el INEA les otorga el dinero. Dinero descentralizado, como todo lo de educación que por ley no puede ser central. En 25 de los estados, la descentralización es a los Institutos Estatales de Educación para Adultos que no configuran como del gobierno, sino como A. C. Todo el dinero de la Conade se da a asociaciones civiles. Es el uso y abuso de la figura de la A.C. para hacer cosas gubernamentales”, considera.

Si se eliminaran las transferencias que las dependencias hacen a las gongos que operan sus programas, quedaría explícito que el gobierno federal en realidad entrega a las OSC el 60 % del monto total reportado históricamente, de acuerdo con un estudio de la organización Alternativas y Capacidades.

“De hecho, del monto total entregado, como el 50 % o más no va a la OSC sino a gongos. Estas son organizaciones gubernamentales no gubernamentales que por alguna razón administrativa tienen Clave Única de Inscripción al Registro Federal de Organizaciones de la Sociedad Civil (CLUNI), obligatoria para recibir fondos públicos. El problema es que al poner a las gongos en el mismo paquete, se registra un monto mucho más grande de lo que en realidad va a organizaciones de la sociedad civil”, enfatiza Marian Olvera, directora ejecutiva de Alternativas y Capacidades.

“Nosotras no decimos que se le quiten los fondos a esas organizaciones que dependen 100 % de algún instituto gubernamental. Simplemente que no se incluyan en el reporte de lo que se otorga a las organizaciones de la sociedad civil”, agrega.

Olvera explica que parte del problema del financiamiento de las OSC es que no existe como tal una bolsa presupuestal destinada a la sociedad civil y que cuente además con reglas de operación. Se trata más bien de un monto correspondiente a fondos provenientes de múltiples dependencias que deciden trabajar con una organización a través de una convocatoria, como la del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud, para la asignación de subsidios para operar refugios de mujeres, sus hijos e hijas que viven violencia extrema. O los programas de capacitación del Instituto de las Mujeres.

De hecho, del total de recursos públicos destinados a las OSC, sólo el Programa de Coinversión Social del Indesol cuenta con reglas de operación y se trata de apenas el 6 % de lo asignado durante 2018. Y esos recursos fueron adjudicados a sólo 912 organizaciones, que representan el 2.6 % del total registradas para recibir financiamiento público.

Entonces, ¿de dónde viene el dinero y quién lo recibe?

De acuerdo al reporte acumulado del último trimestre de 2018 de la cuenta pública, cuyo informe anual se presenta en abril, las dependencias que más subsidios aportaron a las OSC durante 2018 fueron las secretarías de Salud, Educación, Agricultura y Función Pública.

Y entre las OSC que más subsidios recibieron se encuentran la ANUIES (132 millones), la Academia Mexicana de la Lengua (82 millones), Conade (75 millones), el Comité Olímpico Mexicano (65 millones), la Asociación Deportiva Mexicana de Básquetbol (40 millones), la Federación Mexicana de Beisbol (37 millones) y la Federación Mexicana de Tae Kwon Do (29 millones). La mayoría gongos.

De ese mismo año, el INEA entregó mil 714 millones de pesos, casi el 63 % de los subsidios otorgados, a sus institutos y delegaciones estatales.

En cuanto a donativos, las dependencias que más entregaron recursos a las OSC fueron la Secretaría de Cultura, Inmujeres, Educación, CFE, IMSS, Pemex, Salud, SCJN, Semarnat, Economía, Auditoría Superior de la Federación y Cámara de Senadores.

Entre las OSC que más donativos recibieron en 2018 se encuentran Educadores somos todos (50 millones), Asociación Azteca Amigos de la Cultura y las Artes (43 millones 300 mil pesos), Poder Cívico (20 millones), Patronato Pro Biblioteca Vasconcelos (15 millones), Fundación Bancomer (13 millones 488 mil), Fundación IMSS (13 millones), Museo Memoria y Tolerancia (10 millones) y la Universidad Pontificia de México (10 millones).

Pero estas fueron las menos. La mayoría de las OSC recibieron 2 millones de pesos o menos de financiamiento y son asociaciones pequeñas como el Colectivo Feminista Mercedes Olivera y Bustamante A. C. (COFEMO), que en mayo cumple 30 años de trabajar en la promoción de los derechos de las mujeres para lograr una vida sin violencia en los municipios indígenas de Chiapas.

En estas tres décadas han pasado de operar un centro de atención a mujeres, dos programas de radio y talleres para formar educadoras populares y parteras, a trabajar en cinco municipios de los Altos de Chiapas un proyecto de construcción de territorios con igualdad de género.

“El proyecto consiste en procesos de formación para fortalecer liderazgos para que las consejeras municipales puedan tener herramientas teóricas y metodológicas para poder implementar los planes de mujeres”, explica Guadalupe Cárdenas Zitle, directora de COFEMO.

El financiamiento con recursos públicos para esta organización ha sido intermitente. Primero fue a través de las convocatorias que sacaba el entonces Instituto Nacional Indigenista para hacer trabajo jurídico de defensa de las mujeres, el cual pudieron ejercer 3 o 4 años. Luego entraron en una coinversión durante 6 años entre Oxfam y el gobierno de Chiapas, en una combinación de fondos públicos estatales y privados. Ahora han accedido a recursos públicos a través de las convocatorias del Indesol, que con montos máximos de 200 a 300 mil pesos al año representan apenas el 17 % de los fondos que requieren. El resto del financiamiento proviene de la cooperación internacional.

“No dependemos exclusivamente de los recursos públicos, aunque sí ayudan a una capacidad financiera que nos sirve de apalancamiento para acceder a recursos privados. En COFEMO hoy somos cinco personas, pero hubo un momento que teníamos un alto financiamiento internacional y llegamos a ser 19. Ahora tenemos financiamiento de la Fundación Kellogg, Indesol, Slow Food (con sede en Italia) y Active Citizens (con sede en Inglaterra). El financiamiento más alto que hemos tenido ha sido de 100 mil dólares para un proyecto de dos años, y el más bajo a través de una campaña de fondeo en la que recaudamos 20 mil pesos para una actividad muy puntual”, cuenta Cárdenas Zitle.

La organización Impacto no ha tenido tanta suerte para acceder a recursos públicos. Con seis años de trabajo en 12 comunidades de alta marginación de Los Altos de Chiapas para reducir la pobreza y la desigualdad, nunca han alcanzado la calificación del Indesol para que su proyecto sea seleccionado.

“Empezamos con 50 artesanas y ahora vamos a llegar a mil. Todas son mujeres mayas, algunas de origen tzoltzil y otras de origen tzeltal. A nosotros nunca nos pusieron en la lista de proyectos seleccionados, porque -según me comentó una amiga que conoce muy bien cómo se asignan los recursos- casi el 80 % ya estaba etiquetado y el otro 20 % que evaluaban tenía una política de puntos basados en el historial. Si las organizaciones no contaban con historial, no tenían la suficiente calificación para ser elegido. Nosotros nunca llegamos a la calificación en donde Indesol nos diera un recurso, porque además no entramos en la dinámica de la corrupción. Tampoco teníamos visibilidad de las calificaciones con las que nos evaluaban”, afirma la directora de la OSC, Adriana Aguerrebere.

Impacto trabaja en el combate a la inequidad social y económica de mujeres indígenas a través de un enfoque de cadena de valor y de emprendimiento social como la artesanía textil. Da capacitación técnica para el diseño del producto y el desarrollo de capacidades humanas para el empoderamiento de liderazgos e integración de la mujer, a través de la economía naranja, es decir el desarrollo sostenible a través de las artes.

Desde 2012 se han financiado con inversiones del extranjero. De dinero público apenas en 2018 realizaron dos servicios al gobierno federal, uno a través de Fonart y el Instituto Casa de las Artesanías, pero se trató de una consultoría de diseño e innovación de producto, y otro para la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

“Pero de mi presupuesto de todo el año, el ingreso de esas consultorías no representaron ni el 5 %”, explica Aguerreberre. Desde la fundación de Impacto a la fecha han recibido un financiamiento de 1 millón y medio de dólares aproximadamente, aportados por organismos como Fundación Kellogg, y por fondeo de proyectos a través de plataformas como Global Giving, de la cual consiguieron juntar 300 mil dólares más un ingreso adicional por la campaña que la propia plataforma realizó, para apoyar la reconstrucción de las zonas dañadas por el terremoto de 2017.

“En los últimos tres años nos postulamos para recibir ayuda de Indesol, pero no se pudo. Administrativamente es mucho trabajo y no lo conseguimos, así que mejor nos financiamos por otras vías”, expresa.

Controles fiscales y cero recursos

Independientemente del origen de los fondos que reciben, ya sean públicos o privados, subsidios o donaciones, las organizaciones de la sociedad civil tienen una serie de controles fiscales que las obligan a rendir cuentas constantemente ante el Servicio de Administración Tributaria, para poder conservar su carácter de donatarias como Asociación Civil o como Instituciones de Asistencia Privada.

Bien lo sabe Katia D’Artigues, fundadora de Yo También, una organización en defensa de los derechos de las personas con discapacidad que, bajo el paraguas de asociación civil sin fines de lucro, lleva 10 años picando piedra para sacar adelante el proyecto. A partir de este año la organización cuenta con la participación activa de la periodista y activista Bárbara Anderson para desarrollar dos programas: un portal periodístico, que se encargará de difundir información sobre las políticas públicas transversales que requieren las personas con discapacidad, y otro propiamente de la fundación, que consiste en cabildear leyes, hacer incidencia política, realizar propuestas de políticas públicas y colaborar con otras organizaciones.

Pero para llegar a este punto han tenido que pasar el viacrucis de cualquier OSC que quiera trabajar por su comunidad: desde conformar una escritura en cuyos estatutos se establezca que es una asociación civil sin fines de lucro, comprometerse a que cualquier patrimonio que tengan en caso de desaparecer lo tienen que donar a otra organización, registrarse en la Secretaría de Bienestar para obtener la CLUNI que les permita concursar por fondos públicos, y hacer todos los trámites ante la Secretaría de Hacienda.

“Para sacar la CLUNI tienes que presentar escrituras, el objetivo social y elaborar un reporte anual en donde tienes que poner tu incidencia, qué es lo que has hecho, cuántas personas has impactado de manera directa e indirecta, con cuántas OSC nacionales e internacionales has hecho red o colaborado, cuántas personas tienes en la organización, cuántos voluntarios y cuántas horas han invertido para trabajar en tu organización. Después haces un trámite ante Hacienda para justificar más las cosas y lo que has hecho, para pedir una deducibilidad de impuestos que te permita recibir donaciones libres de impuesto y emitir recibos deducibles de impuestos”, explica.

En esas andaban, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que su gobierno ya no entregará recursos públicos a las organizaciones de la sociedad civil y la instrucción alcanzó a programas e instituciones vitales para sectores vulnerables de la población, como mujeres violentadas que son atendidas en refugios que no se sabe cómo continuarán gestionándose, madres trabajadoras que ya no cuentan con el subsidio para estancias infantiles y personas con discapacidad que tuvieron que ampararse para que se nombre titular en el Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad (Conadis). El argumento es presunta corrupción, cuyas pruebas no se han presentado, y que “no haya intermediarios” entre el gobierno y la gente.

“Los controles antes no se tenían y sí había muchísima discrecionalidad; no dudo que todavía pueda haber mucha discrecionalidad, pero en este como en muchos otros casos parece que quieren tirar al niño con el agua en la bañera en lugar de vigilar a organizaciones que sin duda habrán tenido excesos, y dado apoyos sin todos estos controles.

“Pero estos controles los implementó Cecilia Loría cuando fue titular de Indesol en el sexenio de Vicente Fox y se emitió la ley de Fomento a las Organizaciones de la Sociedad Civil, se interpuso la CLUNI y se empezó a organizar todo. Entonces Indesol por lo general tiene una bolsa de recursos, pero tú concursas para que te den de esa bolsa. Tienes que presentar un proyecto, justificarlo, reunirte, y si quedas dentro de los proyectos ganadores te darán cierto dinero, que tampoco es muchísimo pero igual sirve para operar un proyecto o dos”, enfatiza D’Artigues.

Después de 10 años de trabajo Yo También cuenta ya con su primer patrocinio a través de Cemex, pero hasta ahora han tenido que invertir dinero propio y “mucha saliva” para mantener el activismo en defensa de los derechos de las personas con discapacidad, cuyas necesidades no cubre integralmente el Estado y que van desde capacitación a maestros para el tema de la inclusión educativa, a servicios directos que no alcanza a proporcionar el DIF en temas de estimulación temprana, rehabilitación o inclusión laboral.

“La discapacidad se da entre la interacción de una persona con deficiencias con las barreras que pone la sociedad. Si quitas las barreras, desaparece la discapacidad. Lo que hay que hacer es quitar esas barreras que pone la sociedad para integrar a todos, no bloquear a las organizaciones que trabajan por la inclusión. Porque la responsabilidad es de la sociedad en su conjunto: El estado, las escuelas, las empresas, las organizaciones, todos. La inclusión no se da por decreto”, afirma D’Artigues.

Incentivar su permanencia o dejarlas a su suerte

De acuerdo con el informe de Alternativas y Capacidades, “la política fiscal es una herramienta primordial para estimular el desarrollo del sector de las OSC. Las instituciones internacionales especializadas en este tema sugieren a los gobiernos reducir la carga impositiva a las OSC y otorgar beneficios fiscales a los contribuyentes que les donen recursos (Tapia-Álvarez y Verduzco, 2013, p. 20)”.

“En México”, indica el reporte, “la legislación fiscal es arcaica en lo que refiere a instituciones sin fines de lucro; muchos años después de publicada la Ley de Fomento, el SAT sólo reconocía las actividades asistenciales y culturales de las OSC, más tarde incluyó algunas dedicadas a temas ambientales, pero fue hasta el año 2013 que se consideró en la Ley del Impuesto sobre la Renta la posibilidad para que obtengan autorización como donatarias las OSC que realizan casi todas las actividades señaladas en la Ley de Fomento. Esto fue resultado de una campaña de más de diez años de parte de un amplio grupo de OSC”.

Hoy, ese logro se encuentra en riesgo. No sólo ya no recibirán recursos públicos,  organizaciones de la sociedad civil que se financian con fondos privados no han podido recibir donativos en lo que va del año ante el retraso de la publicación del Directorio de Donatarias Autorizadas 2019 en el Diario Oficial de la Federación y la  acreditación por parte del SAT para expedir recibos deducibles de impuestos.

El SAT no ha explicado las razones de la demora, pero mientras tanto ya hay asociaciones cuyos donantes han retenido las aportaciones, lo que afecta su trabajo.

“Hay una sociedad civil organizada que no es intermediaria, que presta servicios a su comunidad. Pero esa sociedad civil generalmente no vive del gobierno, porque el gobierno mexicano da muy poco. Entonces una organización que vive del gobierno no sobrevive, a menos que cubra una función del gobierno, lo cual la convierte en gongo. Y con los gongos no pasará nada porque no son sociedad civil”, explica Gómez Hermosillo.

A nivel mundial, el 36 % del financiamiento de las organizaciones de la sociedad civil provienen de fondos públicos, de acuerdo con un estudio de la Johns Hopkins University. En México es del 8 % aproximadamente. “En otras partes del mundo es algo común que haya fondos públicos destinados al quehacer de las organizaciones. Y lo que tenemos actualmente en México son fondos muy bajos para el trabajo que hacemos”, resume Marian Olvera, de Alternativas y Capacidades. Esto puede cambiar radicalmente en el actual sexenio si además de los fondos públicos también se ponen obstáculos para que las OSC reciban recursos privados.

“Las organizaciones que llevamos muchos tiempo no vivimos de los recursos de gobierno federal porque no nos alcanzaría para hacer nada y porque no nos da libertad para poder levantar la voz. Sobre todo las que estamos en temas de justicia, que solemos preferir poder decirles lo que pensamos abiertamente”, enfatiza Jimena Cándano, directora de la Fundación Reintegra.

Con la carga de trabajo que no se detiene para atender a jóvenes en conflicto con la ley y los donantes a la expectativa, esperarán a que el SAT publique en el Diario Oficial de la Federación el Directorio de Donatarias 2019 para recibir los recursos, antes de actuar. Consultado por Animal Político, el SAT aún no da una respuesta sobre las razones de la demora ni la fecha en que quedará publicado.

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Coronavirus: por qué este es el "peor" momento para contener el brote en China

La crisis en China por el nuevo y misterioso coronavirus se produce poco antes de la que se considera como la mayor migración humana del planeta: los viajes para celebrar el Año Nuevo Lunar con la familia.
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24 de enero, 2020
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Les invito a viajar en el tiempo: por un momento piensen en qué hacían el pasado 20 ó 21 de diciembre y cómo se estaban preparando para la Navidad.

Ahora, imaginen que esas fiestas son la única oportunidad al año que tienen para ver a sus familiares, para reunirse y festejar.

Ese es el momento por el que pasan los chinos: este fin de semana comienzan oficialmente las festividades por el Año Nuevo Lunar, pero muchos no podrán celebrarlo como querrían.

El brote del coronavirus 2019-nCoV ha empañado su gran fiesta.

“Para evitar contagiarnos o contagiar a otros, hemos cancelado nuestra gran reunión familiar”, dice con pesar una joven artista china de Wuhan, la urbe en el centro del país donde se cree que surgió el virus.

La ciudad, de unos 11 millones de habitantes y con conexiones directas con múltiples partes del mundo, fue puesta en una cuarentena de facto el jueves y a ella se sumaron otras localidades en un intento de frenar la propagación del virus, que hasta este viernes se había cobrado la vida de más de veinte personas y ya llegó a otros países.

“Realmente parece casi como una ciudad fantasma“, dice el jueves la artista en conversación con BBC Mundo desde su casa, de la que ha optado no salir.

Cerrar Wuhan no fue una decisión fácil, reconocieron las autoridades, pero el riesgo de no hacerlo era alto.

Y es que el Año Nuevo Lunar no solo marca la mayor época de celebración en la segunda economía mundial, también es el periodo de mayor desplazamiento de personas en China y en el mundo.

La mayor “migración interna”

Si hay una imagen que retrate mejor la fiesta del Año Nuevo chino -o del Festival de la Primavera- es la de las estaciones de ferrocarril repletas de gente cargadas de maletas o simplemente bolsas con ropa o comida para el trayecto, pues, pese a la amplia red ferroviaria, la vasta extensión del país hace que algunos tengan que pasar varios días de viaje para ver a su familia.

gente en una estación de tren China.

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Según las previsiones hechas por las autoridades en diciembre, este año durante el chunyun –como se conoce en mandarín a los 40 días en torno a la fiesta del Año Nuevo Lunar- se esperaban que se produjeran 3.000 millones de viajes -440 millones en tren-, en lo que se considera la “mayor migración humana” del planeta.

Y Wuhan es un punto estratégico de la red ferroviaria: dada su ubicación, es un importante núcleo en el que convergen de líneas de alta velocidad que conectan con las principales megalópolis del país.

Desde la llamada popularmente “olla de China” -por las extremas temperaturas que se alcanzan en verano- se llega en solo cuatro horas a Pekín, unas seis a Shanghái o casi cinco a Hong Kong.

mapa

BBC

“Mi compañera de piso ha decidido quedarse en Pekín. Ella es de Hubei y tiene que pasar por Wuhan para llegar a su casa. Hay mucha preocupación”, le dice a BBC Mundo Laura Zhang, una joven originaria de la región sureña de Guangxi que trabaja en la capital china desde hace años.

En Pekín, no obstante, la situación “está bien”, apunta Zhang. Pero cuenta que las mascarillas, un recurso que de por sí es bastante común en el país, “se han agotado”.

Según la información de medios oficialistas, 24 casos de este nuevo tipo de coronavirus se han registrado en Pekín, de un total de más de 600, pero ninguna muerte.

Mujer e hijo en Ciudad Prohibida.

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En Pekín, es común que las personas porten mascarilla por la calle: algunos lo hacen por la contaminación, otros por el frío de su largo invierno.

El gobierno capitalino ha tomado varias medidas para evitar las aglomeraciones en estas fechas, entre ellas, la suspensión de las populares ferias en templos, una de las principales atracciones en el Festival de la Primavera, los estrenos en cines o el cierre temporal de la Ciudad Prohibida.

La huella del SARS

En medio de esta nueva emergencia, hay un nombre que se repite: SARS.

El síndrome respiratorio agudo y grave (SARS, por sus siglas en inglés) es también de la familia de los coronavirus y mató a 646 personas en China a principios de la década del 2000, 813 a nivel mundial de un total de 8.098 casos confirmados.

Las crónicas de la época describían el pánico que se apoderó entonces de la capital y los temores en la provincia sureña de Cantón, donde se originó.

Se cree que, como en este nuevo caso de coronavirus, el SARS saltó de un animal a un ser humano en un mercado de animales salvajes.

SARS, foto de rueda de prensa de 2003.

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La epidemia del SARS provocó 646 muertes en China.

Inevitablemente, la gente -sobre todo en Pekín y Cantón- se acuerda de aquella epidemia, subrayan varios capitalinos, si bien con los datos conocidos hasta el jueves hay notables diferencias.

Entre ellas, la tasa de mortalidad del 2019-nCoV, de acuerdo con los casos registrados, muy inferior a la del SARS (alrededor del 3%, comparado con el 10%).

La actitud de las autoridades también parece estar siendo diferente.

A principios de siglo, la OMS lanzó graves críticas al gobierno chino por la falta de transparencia -tardaron varios meses en reconocer públicamente la gravedad del problema y colaborar con otros países-, pero en esta ocasión el organismo ha alabado su respuesta.

Es por las medidas tomadas por Pekín y el bajo número de casos registrados fuera de las fronteras chinas por lo que la OMS descartó el jueves declarar al virus de Wuhan como una “emergencia internacional”.

“Pero aún podría convertirse en una”, advirtieron los expertos.

Entre otras cosas, subrayaron el todavía gran desconocimiento sobre el origen del virus, su velocidad de transmisión, su estructura o incluso su nivel de peligrosidad.

El Hospital Central de Wuhan ha publicado imágenes de su equipo tratando a los pacientes con coronavirus.

Hospital Central de Wuhan via Weibo/Reuters
El Hospital Central de Wuhan ha publicado imágenes de su equipo tratando a los pacientes con coronavirus.

Los medios oficiales de China, controlados por el gobierno, muestran dos caras de la gravedad: desde los que tienen noticias con información actualizada casi en directo. Pero también está el ejemplo del principal informativo de la noche del jueves, que colocó la situación en el país por el virus en quinto lugar.

En la prensa más independiente, como es habitual, se encuentran algunas de las voces más críticas.

Guan Yi, un virólogo que ayudó a identificar el coronavirus que causó el SARS, mostró su preocupación al prestigioso portal Caixin: “Nunca he sentido miedo. Esta vez, tengo miedo”.

Guan viajó a Wuhan con la esperanza de encontrarse la ciudad “en pie de guerra”, pero pese a las duras declaraciones del gobierno central, no fue lo que se encontró, recogió Caixin.

“No creo que el gobierno local haya hecho lo que debería. Ni siquiera ha estado repartiendo guías de cuarentena a las personas que abandonaban la ciudad”, señaló.

Empty supermarket shelves in Wuhan

Getty Images

El virólogo, que dirige el Laboratorio Estatal de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Hong Kong, expresó su temor a que la propagación de este virus sea más de 10 veces superior a la del SARS y que la “cuarentena” anunciada el jueves sea una medida ineficaz.

Según el experto, la ventana para controlar la propagación antes del Nuevo Año Lunar ya se cerró, pues consideró que algunas personas que ya han viajado pueden ser portadores y llevar el virus a todas partes del país.

De hecho, los primeros desplazamientos por estas festividades comenzaron el pasado fin de semana y se cree que cientos de miles de personas dejaron Wuhan antes de que la metrópolis cerrara sus puertas.

¿Hasta cuándo?

Mientras tanto, entre los que se quedaron en esta ciudad pesa cierta incertidumbre.

“No tenía planes de viajar durante el Festival de la Primavera (…). Espero viajar después del festival, pero ahora no sé si podré hacerlo”, cuenta la artista de Wuhan, que prefiere mantenerse en el anonimato.

“No se sabe mucho, pero lo entiendo, es el primer día ”, añade.

La joven critica la cantidad de noticias que le llegan por Wechat -un híbrido entre el WhatsApp y el Facebook occidentales- y asegura que le ponen nerviosa por no saber si “son reales o falsas”, pero se muestra optimista con el desenlace de la situación.

“Pasé el SARS en Pekín, así que imagino que esto estará bajo control pronto”.


Viruses

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Cronología del virus

  • 31 diciembre: China alerta a la OMS sobre un brote de casos similares a la neumonía en Wuhan.
  • 1 enero: El mercado de animales/pescado donde se cree que se originó el brote es cerrado.
  • 9 enero: La OMS informa que la infección es causada por un nuevo tipo de coronavirus.
  • 11 enero: Se confirma la primera muerte.
  • 13 enero: El virus sobrepasa las fronteras chinas, con un caso en observación en Tailandia.
  • 16 enero: Se confirma un caso en Japón.
  • 17 enero: Segunda muerte, en Wuhan.
  • 20 enero: Los casos se triplican hasta más de 200, se extiende a Pekín, Shenzhen y Shanghái; se confirma la tercera muerte; las autoridades confirman la transmisión de humano a humano.
  • 21 enero: El gobierno estadounidense anuncia el primer caso en Norteamérica, un hombre que visitó Wuhan.
  • 23 enero: Los casos superan los 600; se confirman más de 20 muertes, todas en China. En total, se registran casos en EE.UU., Tailandia, Singapur, Vietnam, Corea del Sur y Japón.

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