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Cuartoscuro
Programa piloto del IMSS para trabajadoras del hogar, en riesgo si no es financieramente viable
Preocupa a activistas que los derechos laborales estén a merced de los recursos financieros y que los empleadores pongan pretextos para no inscribir a las trabajadoras.
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El programa piloto para afiliar al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a las trabajadoras del hogar, sector históricamente relegado de las leyes y derechos laborales, arrancará este domingo 31 de marzo, pero bajo unas reglas de operación con una cláusula que permite suspenderlo si no es “financieramente viable”.

El IMSS publicó en el Diario Oficial las reglas de operación de su programa piloto que arrancará en el Centro Médico Siglo XXI de la Ciudad de México, en él detalla el mecanismo para que quien emplea a trabajadoras y trabajadores del hogar los inscriba y reciban con ello las prestaciones de cualquier otro empleado; sin embargo, también señala que el proyecto podría suspenderse si el Instituto determina que es financieramente “inviable”.

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Para Marcelina Bautista, la primera activista que emprendió una lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar y fundadora del primer sindicato, la reserva de la viabilidad financiera tiene tintes discriminatorios, ya que deja sus derechos laborales a merced de los recursos financieros.

“Yo no puedo evaluar tanto hasta que no sea lanzado, pero si a propósito el IMSS está lanzando una prueba piloto y prioriza la recaudación, también es discriminación”, sentenció la secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadoras del Hogar (Sinactraho).

Recordó que la sentencia de la Suprema Corte (SCJN) calificó como discriminatorio excluir a las trabajadoras del hogar del sistema de seguridad social, sin salvedades de viabilidad. “No hemos visto que la Corte haya dicho ‘pon una prueba y si no sirve, pues ni modo’, porque volvemos a hablar de discriminación, se vuelve a poner el dedo sobre nuestros derechos”.

Entrevistada durante un foro entre activistas e instituciones sobre Trabajo del Hogar, Bautista advirtió que el IMSS tendrá que ir encontrando las mejores formas de incorporar a las trabajadoras, y que, si el costo financiero representa un freno, deberá asumirlo y resolverlo, dado que las otras dos partes contribuyentes (empleadores y trabajadoras) ya asumieron la aportación que tendrán que hacer, aun cuando los salarios de ese sector son muy bajos.

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De acuerdo con el Perfil de Trabajadoras del Hogar presentado el 29 de marzo por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el ingreso promedio mensual de una persona trabajadora del hogar en México es de tres 3,295 pesos. En el caso de los cocineros, cuidadores y choferes, este pago aumenta a 4,150 pesos mensuales, en promedio.

En contraste, el IMSS asegura que la resolución de la Corte mandata que el proyecto sea viable económicamente para el Instituto, a fin de evitar que se preste a abusos de personas que simulen ser trabajadores del hogar.  “El IMSS mide financieramente a qué se enfrenta con este programa, tiene que hacerlo”, argumentó el Instituto en respuesta a los cuestionamientos sobre las reglas publicadas el viernes.

Otra de las limitantes de este proyecto es que la afiliación es optativa: la cuarta regla dicta, en su inciso 4.1, que los empleadores “podrán optar por afiliar a los trabajadores domésticos”. Esto se debe a que se trata de un programa piloto, coinciden el Instituto, las activistas y expertos internacionales, sin embargo, señalan también que para poder probar la eficiencia del proyecto se requiere que todos los patrones participen, aunque no estén obligados.

Marcelina Bautista indicó que un programa piloto no será suficiente para lograr que trabajadoras y empleadores se beneficien de ese derecho que históricamente se les ha negado. “Un programa piloto nos da la oportunidad de mirar hacia dónde se puede ir, pero si va en este tono, por supuesto que lo reprobamos. Esto de decir ‘si quieres hazlo’, no es la mejor manera de probar algo”, reiteró.

En su respuesta a este medio, el IMSS argumentó que no se puede obligar a un empleador a afiliar a su empleada o empleado del hogar, debido a que no hay un contrato, aunque esta es precisamente una de las exigencias de los defensores de derechos de estos trabajadores: que su trabajo sea reconocido formalmente con un contrato y prestaciones. “No te puedo obligar a ti a que lo hagas. No es como entrar a una empresa”, asegura el Instituto.

No obstante, la activista Marcela Azuela asegura que ha percibido un “interés genuino” del director general del IMSS, Germán Martínez, de que el proyecto prospere, ya que sería la política pública más importante del sexenio. “Porque significa tratar a la trabajadora por primera vez como trabajadora, y no como ‘alguien que ayuda’ o como ‘mi muchacha’. Yo creo que nos iremos topando con fallas, ya iremos viviendo la experiencia, es un piloto”, acotó.

La fundadora de la organización “Hogar, justo hogar” dijo que, más que las reglas, lo que preocupa a los activistas es que haya pocas afiliaciones y el IMSS lo interprete entonces como un proyecto inviable, porque la necesidad no era tanta. “A nosotros en particular, que nos dedicamos más a empleadores, nos da pánico su resistencia: hay mil pretextos para no inscribir a la trabajadora, el principal: que ella misma no quiere. Lo que me da miedo es que pasen los 18 meses, haya 20 personas inscritas y el IMSS diga que no fue financieramente viable”, puntualizó.

La OIT, por su parte, ve con buenos ojos el programa piloto, aunque aún sea perfectible, pues considera que todos los países que han incorporado a este sector a la seguridad social han llevado un largo proceso que incluye la prueba y error. Sin embargo, advierte que falta la concreción de dos pasos fundamentales para garantizar los derechos laborales de los 2.2 millones de trabajadoras del hogar: reformar la Ley Federal del Trabajo para que desde ahí estén incluidas, y ratificar el Convenio 189 firmado por México.

“Yo lo tomo por la buena fe, el proceso tiene que irse construyendo. Confío en la seriedad de las autoridades y en el compromiso de la secretaría del Trabajo de ratificar el Convenio”, dijo a Animal Político Gerardina González, directora de la oficina de la OIT para México y Cuba.

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El perfil: mujeres, en ciudades, sin derechos y de entrada por salida

Expertos, funcionarios y activistas se reunieron el viernes en un seminario sobre inclusión laboral y social de las trabajadoras del hogar en México, durante el cual la Organización Internacional del Trabajo presentó un perfil de estas personas, de sus empleadores y de este tipo de empleo.

De acuerdo con ese Perfil, en México hay dos millones 227 mil 225 trabajadores del hogar, de los cuales 94% (dos millones 111 mil 539) son mujeres. Entre ellas, casi la mitad (45%) tiene entre 25 y 44 años; 34% tiene entre 45 y 59; mientras que las menores de 25 y las mayores de 60 representan un 10% cada grupo.

El 40% concluyó solamente la educación primaria y 36% la secundaria, hasta 28% tiene origen indígena y exactamente la mitad se encuentra en pobreza o pobreza extrema, mientras otro 34% presenta vulnerabilidades y carencias.

Lee: El gobierno prioriza derechos… pero no los de las mujeres, dicen especialistas

Este sector productivo representa 4% de la Población Económicamente Activa y 6% de la población asalariada. La gran mayoría (93.8%) de los hogares los contrata en la modalidad “de entrada por salida” y destina menos del 10% del ingreso total del hogar a pagar estos servicios: el ingreso promedio de una familia empleadora es de 39 mil 789 pesos, y el ingreso promedio de una trabajadora es de 3,294.

La jornada semanal promedio de estas personas, según el estudio de la OIT, es de 31 horas, y el 86% de ellas percibe menos de dos salarios mínimos como remuneración.

Destaca también que la mayoría de los hogares con trabajadoras se ubican en la Zona Metropolitana del Valle de México, donde la mayoría de las empleadas viven en el Estado de México y la mayoría de los empleadores vive en la Ciudad de México. “Todos los días hay una migración del Edomex a CDMX para la faena diaria”, sintetizó Helmut Schwarzer, experto de la OIT en Protección Social.

En el mundo, concluye el Perfil, hay 67 millones de trabajadores del hogar, 18 millones de ellos en América Latina y el Caribe. El país latinoamericano que lidera en protección social para estas personas es Uruguay, con 66% de cobertura, mientras México cubre sólo a 0.9 por ciento.

El Convenio 189 de la OIT sobre el trabajo decente para trabajadoras y trabajadores domésticos ha sido ratificado por 27 países en el mundo, 16 de ellos en Latinoamérica. México no es uno de ellos, aunque lo firmó desde 2011.

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Marijuana Pepsi: la mujer que se sobrepuso al bullying y a las burlas por su nombre
Esta mujer estadounidense de 46 años utilizó su propia experiencia para investigar sobre nombres tradicionalmente de personas negras y cómo afectan a la educación de los niños en Estados Unidos.
21 de junio, 2019
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Todas las burlas que recibió a lo largo de sus estudios no impidieron que esta mujer llegara muy lejos. Ella decidió que no dejaría que sus acosadores ganaran.

Marijuana Pepsi Wandyck dice que pasó su vida recibiendo burlas debido a su distintivo nombre (marijuana es como se conoce a la marihuana en inglés).

Pero en lugar de cambiarlo, decidió sentirse orgullosa de su nombre y se negó a dejar que eso la detuviera.

Esta mujer estadounidense de 46 años utilizó su propia experiencia para investigar sobre nombres tradicionalmente de personas negras y cómo afectan a la educación de los niños en Estados Unidos.

Al recordar la primera conversación que tuvo cuando era niña con su madre acerca de por qué la habían llamado Marijauna Pepsi, cuenta: “Mi madre me dijo: ‘tu nombre te llevará por todo el mundo‘”.

“En ese momento fui escéptica, pero conozco a mi madre, ella es inteligente, es un genio y confié en que realmente creía eso”.

Nombre inusual

Marijuana tenía 9 años cuando por primera vez se dio cuenta de que tenía un nombre poco convencional.

En la escuela de Wisconsin donde estudiaba, recuerda que no solo los otros niños hablaban sobre su nombre, sino también los maestro, que le pedían que repitiera su nombre.

“Marijuana ya es inusual y si luego le agregas Pepsi… los comentarios simplemente no se detenían y todavía no se detienen”, le dijo a la BBC.

“Me pedían llamarme Mary, y al principio estuvo bien hasta que gané un concurso de ortografía. Vine a casa con mi certificado y mi madre se molestó cuando vio el nombre que decía Mary Jackson”, relata.

“Ella me dijo que nunca dejara que me volvieran a llamar Mary y luego fue a la escuela y exigió que lo cambiaran. No estaba de broma”.

De la risa al acoso

En la escuela secundaria las preguntas inquisitivas sobre su nombre inusual se convirtieron en comentarios hirientes.

“Cuando estaba en cuarto grado (9-10 años) era una rareza, pero en la escuela secundaria se convirtió en intimidación”.

“(Mi nombre) les sirvió de munición y tuve que aguantar mucho. Un día decidí que no volvería a soportarlo”, cuenta sobre sus hostigadores.

Marijuana explica que su familia le dio la fuerza para hacer frente a los comentarios y cambiar su actitud.

Inspiración para su tesis

El mes pasado recibió su doctorado en liderazgo en educación superior en la Universidad Cardinal Stritch en Wisconsin luego de su tesis “Nombres negros en aulas blancas: comportamientos de los maestros y percepciones de los estudiantes”.

“Aunque tuve problemas con mi nombre, nunca había pensado mucho en cómo podría afectar a los demás“, señala.

En el primer día de curso mientras trabajaba como maestra, recuerda a una colega que se quejó con el director después de ver la lista de los estudiantes a los que estaría enseñando ese año.

“Le pregunté a los demás qué sucedía y me dijeron: ‘Marijuana, mira los nombres, son los nombres. Ella puede ver por los nombres de la lista que tiene a su cargo a los niños negros‘, y pensé: esto es ridículo. Voy a escribir sobre esto”.

Ahora está casada y vive con su esposo e hijo en Illinois, donde trabaja en un programa para ayudar a los estudiantes universitarios.

“Somos humanos, cuando escuchamos un nombre por primera vez formamos opiniones y juicios. Lo que uno hace después es lo que marca la diferencia”.


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