¿Vale la pena el horario de verano? Investigación da 5 argumentos a favor de aplicarlo
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¿Vale la pena el horario de verano? Investigación da 5 argumentos a favor de aplicarlo

Existe un debate sobre si vale la pena el cambio de horario, o si es mejor tener un mismo horario durante todo el año.
9 de marzo, 2019
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El cambio de horario siempre supone una situación incómoda.

Cada vez que se acercan estas fechas surgen las preguntas sobre qué día será el cambio, si hay que adelantar o atrasar el reloj, o el miedo a levantarse una hora más tarde o más temprano al día siguiente.

En Estados Unidos el horario de verano comenzará el 10 de marzo y en México el 7 de abril, cuando el reloj se adelantará una hora. En otros países como Chile, el 6 de abril comenzará el horario de invierno y los relojes se retrasarán una hora.

En países como EE.UU., existe un debate sobre si vale la pena el cambio de horario, o si es mejor tener un mismo horario durante todo el año.

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¿Prefieres una hora más de luz en la mañana o en la noche?

En ese país, la medida de adelantar una hora en marzo se adoptó a finales de la Primera Guerra Mundial, con el fin de ahorrar energía, basados en la idea de que cuando hay una hora más de luz en la noche se reduce el consumo.

Hoy, sin embargo, quienes se oponen a este horario, sostienen que el ahorro no es tanto.

En el estado de Indiana, por ejemplo, un estudio mostró que durante el horario de verano la gente usaba menos energía en iluminación, pero utilizaba más el aire acondicionado, pues entrada la noche aún se siente el calor del sol.

Según Michael Downing, autor del libro “La locura anual del horario de verano”, durante este horario de hecho aumenta el consumo de gasolina, pues entrada la noche la gente aún sigue manejando sus carros en las calles.

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Getty
El horario de verano se implementó como una forma de ahorrar energía.

Otros, se quejan de que para los niños resulta peligroso ir al colegio cuando todavía no amanece.

Pero quienes defienden el horario de verano y, de hecho, recomiendan mantenerlo todo el año, también tiene sus argumentos.

Uno de ellos es Steve Calandrillo, profesor de Leyes y Economía en la Universidad de Washington y autor de la investigación “Tiempo bien empleado: un análisis económico de la legislación sobre el horario de verano”.

En un artículo publicado en el portal The Conversation, Calandrillo plantea 5 aspectos de la vida que, según él, mejorarían si durante todo el año se mantuviera el horario de verano, es decir, cuando se gana una hora de luz durante la noche.

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Con el horario de verano se gana una hora de luz durante la noche.

Las conclusiones de Calandrillo están basadas en datos de EE.UU., pero las dinámicas que describe podrían aplicarse a cualquier urbe en la que haya cambio de horario dos veces al año.

1. Se salvarían vidas

“La oscuridad mata”, dice Calandrillo, “y la oscuridad en la noche es mucho más letal que la oscuridad en la mañana”.

Según los datos que ha recopilado el abogado, las horas punta del final de la tarde son dos veces más fatales que las de la mañana, porque hay más gente en las carreteras, hay más conductores alcoholizados, la gente va con más prisa para llegar a casa y más niños están jugando en las calles sin supervisión.

Calandrillo dice que las cifras muestran que los atropellos de vehículos a peatones se triplican cuando cae el sol.

Así, el horario de verano le añade una hora extra de luz a la tarde para mitigar estos riesgos, mientras que el horario estándar hace lo contrario, desplaza la luz del sol hacia la mañana.

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La oscuridad se presta para que ocurran más delitos.

2. La delincuencia disminuiría

“La oscuridad es también amiga del crimen“, escribe el abogado.

Los criminales prefieren hacer su trabajo en la oscuridad de la noche. Según Calandrillo, las tasas de delincuencia son 30% más bajas en la mañana que en horas de la tarde, incluso cuando esas horas de la mañana transcurren antes de que amanezca, cuando todavía está oscuro.

3. Se ahorraría energía

Al final de la tarde y durante las primeras horas de la noche, prácticamente todo el mundo está despierto, dice Calandrillo, lo que significa un mayor consumo de energía.

Al amanecer, en cambio, una parte considerable de la población aún duerme, por lo tanto hay menor consumo.

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Mantener el horario de verano todo el año puede servir para ahorrar energía, según Calandrillo.

“Tener más sol en la noche no solo requiere menos electricidad para proporcionar iluminación, sino que también reduce la cantidad de petróleo y gas necesaria para calentar los hogares y las empresas cuando las personas más necesitan esa energía”.

“En el horario estándar el sol sale antes, lo que reduce el consumo de energía de la mañana, pero solo la mitad de los estadounidenses están despiertos para poder aprovechar el sol“.

4. Mejoraría la calidad del sueño

Los cambios de horario “causan estragos en los ciclos del sueño de la gente”, dice Calandrillo.

El abogado menciona estudios que muestran que en EE.UU. los ataques cardíacos aumentan un 24% una semana después del cambio de hora en marzo.

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¿Te has confundido con el cambio de hora?

Si se mantiene el horario estándar durante todo el año, también se evitaría afectar el sueño de la gente, pero según Calandrillo, este horario no ofrece el ahorro de energía, la disminución de las muertes y la prevención de delitos que sí logra el horario de verano.

5. Aumentaría el comercio y la recreación

Actividades como salir de compras o practicar un deporte son más frecuentes hacia el anochecer que en las primeras horas de la mañana, así que la luz solar no es tan necesaria en ese momento.

Según Calandrillo, por eso es que entidades como la Cámara de Comercio de EE.UU. se muestra a favor del horario de verano.

Como punto en contra del horario de verano, Calandrillo menciona que hay una hora más de oscuridad en las mañanas, pero según él “las ventajas del horario de verano sobrepasan de lejos las del horario estándar”.

“Ya es hora de que los EE.UU. adelanten los relojes para siempre y nunca tengan que cambiarlos de nuevo”.


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Deudas, secuelas psicológicas y lecciones aprendidas: así reconstruyen sus vidas los damnificados del 19S

A tres años del terremoto que sacudió al centro del país, damnificados narran a Animal Político cómo ha sido el periodo de reconstrucción.
Especial
18 de septiembre, 2020
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Este sábado 19 de septiembre se cumplen tres años del sismo de intensidad 7.1 con epicentro en la zona limítrofe entre Puebla y Morelos, y que dejó 369 víctimas mortales -228 en la Ciudad de México-, miles de damnificados en Morelos, Puebla, Guerrero, y Oaxaca, y daños materiales millonarios en edificios públicos, así como en inmuebles comerciales y particulares. 

Animal Político entrevistó a damnificados que narran cómo han sido estos tres años en los que, además de sus hogares, están tratando de reconstruir sus vidas tras el temblor.

“Cuanto más rápido pase septiembre, mejor”

Hace tres años, cuando aquel 19 de septiembre de 2017 un latigazo estremeció la tierra a las 13.14 de la tarde -tan solo cuatro horas después del mega simulacro en conmemoración del gran sismo del 85-, María de Jesús Ugalde se encontraba en su lugar de trabajo, y esa casualidad le salvó la vida: su edificio, un inmueble de seis plantas y 12 departamentos ubicado en la calle Petén 915 de la colonia Del Valle, no aguantó la embestida del temblor y colapsó.

En el siniestro, murió Felipa Martínez, la madre de María Jesús, que se encontraba en la vivienda de su hija pasando unos días tras celebrar su cumpleaños el 8 de septiembre, un día después de que otro temblor de intensidad 8.2 estremeció la capital mexicana y Oaxaca, en el sureste.

Junto a Felipa fallecieron otras nueve personas, entre ellas Miguel Hernández Gallardo; un empleado de la lavandería que estaba ubicada en la planta baja del edificio, que regresó a apagar las calderas para evitar un desastre mayor y murió entre los escombros del inmueble.

Desde aquel día, María dice que su vida ha sido una lucha por intentar reconstruir su vida. Por reconstruirse en todos los aspectos.

“La reconstrucción emocional, la del día a día, creo que la he logrado -asegura optimista-. Aunque, cuando pienso que ya he sanado, vuelve a temblar y…”.

A María los puntos suspensivos se le atoran en la garganta. 

“… Y entonces me doy cuenta de que otra vez todo se me movió por dentro”.

Y en septiembre, todo empeora: los recuerdos, las emociones, el dolor, el miedo, todo se magnifica. 

“Desde que empieza septiembre es algo horrible para mí -dice tajante-. Es un mes que cuanto más rápido pase, mucho mejor”. 

María sigue durmiendo con los tenis puestos, como quien dice. Con el abrigo siempre a la mano y preparada para salir corriendo cuando, como el pasado 23 de junio, la alerta sísmica avise de una nueva zarandeada.

La cicatriz, dice, aún está fresca. Y es marcada, profunda. Tanto, como el enorme hoyo que, a tres años del temblor, aún sigue abierto en la esquina de la calle Petén, a la espera de que los trámites entre la constructora y el gobierno finalicen, y un nuevo edificio se levante en el lugar. 

Unos trámites, recalca María, que han sido largos y que están contribuyendo en buena medida a que la pesadilla se prolongue. 

Ya en marzo de 2018, a seis meses del temblor y aun con la administración de Miguel Ángel Mancera al frente de la ciudad, María de Jesús narraba en aquel entonces para Animal Político que ella y sus vecinos estaban viviendo, además de la pérdida de sus familiares, otra “gran tragedia”: la de enfrentar a la burocracia para reconstruir su patrimonio. 

Desde entonces, no ha dejado de moverse -siempre con una carpeta llena de documentos- para cumplir con todo lo que les exigen las autoridades para iniciar con las obras: estudios de mecánica de suelos, dictámenes de desastre, constancias de registros en plataformas gubernamentales, copias, y un larguísimo etcétera. 

“Hicimos todo lo que nos pidieron y, aun así, seguimos igual”, lamenta la mujer, que dice que con la nueva administración de Claudia Sheinbaum prácticamente tuvieron que reiniciar de nuevo el papeleo. 

“Nos obligaron, literal, a aumentar un piso más al edificio con seis departamentos nuevos. Y eso implica que hay que hacer otro proyecto arquitectónico, que seguimos en espera de que se apruebe”. 

Mientras llega el día del arranque de la construcción, María asegura que sigue esforzándose por cerrar ciclos. Por seguir con su vida junto a sus dos hijas, Nebai e Issa. Y que en ese proceso de sanación ha sido clave poner su historia por escrito en su libro, “Petén 19S, a dos años”, en el que además de hacer una catarsis personal, también documenta las enormes dificultades que ella y sus vecinos están enfrentando para recuperar su patrimonio. 

“La reconstrucción está siendo muy difícil en todos los sentidos. Pero trato de mirar hacia adelante, porque sé que si estoy viva es por algo y para algo”, reflexiona María, que asegura que en todo este tiempo su inspiración han sido los miles de damnificados que el sismo también dejó en Oaxaca. 

“Ellos lo perdieron todo, como yo. Pero desde un inicio su pensamiento siempre fue: ‘se cayó mi casa y tengo que levantarla otra vez’. Y esa ahora es mi inspiración: decirme, ‘me caí, pero voy a levantarme de nuevo”. 

Pagar la deuda de la reconstrucción, la otra odisea

Leticia Rosales admite que ella y los más de 200 vecinos de la torre Osa Mayor, en la calle doctor Lucio de la colonia Doctores de la capital mexicana, han tenido suerte. Su edificio de 16 niveles y ocho locales fue demolido y en su lugar ya se levanta una majestuosa torre con estructura de acero y un moderno diseño de loft neoyorquino. Para octubre, muy probablemente, recuperará al fin su hogar. 

Aunque claro, matiza rápido. Echando la vista atrás, a las largas noches frías en la calle bajo una lona de plástico frente a las ruinas del inmueble, y recuperando en la memoria el desgaste que fue lidiar con las autoridades estos tres años, decir que tuvo suerte es un exceso. 

Aun así, Leticia insiste en que está agradecida. Especialmente con los medios que ayudaron a documentar la situación del inmueble, cuya estructura de más de 50 años quedó tan deteriorada por los sismos del 7 y del 19 de septiembre que el riesgo de colapso era inminente

Imagen del edificio Osa Mayor antes del sismo del 19 de septiembre de 2017. Debido a los daños estructurales que sufrió, el inmueble fue demolido.

Imagen del edificio Osa Mayor antes del sismo del 19 de septiembre de 2017. Debido a los daños estructurales que sufrió, el inmueble fue demolido.

“Los vecinos nos unimos desde el momento del temblor y nos organizamos. Y eso fue muy importante, claro. Pero le debemos mucho a los medios. Se hizo tanto ruido que a las autoridades no les quedó de otra más que escucharnos, cumplir con su obligación, y demoler el edificio”. 

Ahora bien, vuelve a matizar Leticia. Esa fue la primera batalla. 

Porque ahora, tras la reconstrucción, ha comenzado otra: pagar la deuda que le va a dejar la reconstrucción, equipar el nuevo departamento, y empezar casi de cero.  

Sobre esto, doña Leticia plantea que la Fundación Carlos Slim ha donado muchas viviendas de manera gratuita a damnificados de San Gregorio, en la alcaldía Xochimilco, o en Jojutla, Morelos. Y, en cambio, a ellos que iniciaron el trámite de reconstrucción con el gobierno capitalino les van a cobrar un 35% del valor de su nuevo departamento. 

“¿Por qué unos damnificados pagan y otros no, si al final todos somos damnificados?”, cuestiona la vecina, que explica que ese 35% de crédito equivale, aproximadamente, a que tendrá que pagar un millón de pesos en los próximos 20 años. 

“Para mí, que tengo una pensión de apenas 10 mil pesos mensuales, pagar ese 35% va a ser otra odisea”, sentencia la mujer. 

Y ahora, con la pandemia de Covid, peor: sus dos hijos, de 25 y 34 años, acaban de perder sus empleos. Y ella se ha tenido que hacer cargo de su madre, de 90 años, que también está teniendo problemas para cobrar su tarjeta de bienestar. 

“Nos dicen que no nos preocupemos. Que, como es a largo plazo, nuestros hijos pueden absorber la deuda. Pero, aunque recuperen su trabajo, mis hijos quieren hacer su propia vida y sus propias familias. ¿Tú crees que les voy a encajonar una deuda por 20 años que nunca pidieron?”. 

Lecciones aprendidas

Samuel también es damnificado del Osa Mayor. Como Leticia, está emocionado porque, al fin, comienzan a ver algo de luz al final del túnel tras tanto tiempo de incertidumbre y tantas guardias en la calle con la mirada fija en las ruinas de lo que fue su hogar por más de 25 años.

“Llevaba ahí toda una vida cuando, de repente, en un pestañeo me encontré en la calle y sin saber para dónde voltear”, recuerda Samuel que, como muchos de sus vecinos, no le quedó más remedio que rentar otro departamento y asumir un desgaste económico que no tenía contemplado cuando terminó de pagar su patrimonio con largos años de trabajo. 

“Hacía mucho que no sabía lo que era pagar una renta. Y cuando esto sucedió, nos encontramos además que los precios aumentaron de manera voraz. Lo que antes del sismo costaba cinco, empezó a costar nueve y hasta diez. Fue un abuso”, denuncia. 

Ahora, cuando restan apenas unas semanas para volver al nuevo Osa Mayor, Samuel dice que el aprendizaje con el que se queda a tres años del temblor es que la unión de los vecinos “es fundamental” para presionar a los gobiernos y conseguir alternativas, soluciones. Pero otra lección, tal vez la más importante, es que el ciudadano de la capital debe estar “mucho más preparado” y “aprender las lecciones que dejó el terremoto”.

A tres años del sismo, el nuevo Osa Mayor ya está prácticamente terminado.

A tres años del sismo, el nuevo Osa Mayor ya está prácticamente terminado.

“Esta ciudad es altamente sísmica, no es un secreto. No sabemos si hoy, mañana, o pasado, puede temblar otra vez así de fuerte. Y creo que el 95% de la población no tenemos asegurado nuestro departamento, nuestras viviendas. Y eso es un riesgo muy grande”, advierte Samuel.

“Con un seguro, aunque pases en la calle un tiempo, al final sabes que tienen la obligación de responderte. Pero sin el seguro, puede suceder como nos pasó a nosotros y a muchos damnificados: que tienes que empezar una larga travesía con las autoridades, que de entrada te niegan todo tipo de ayudas, evadiendo su responsabilidad social con los habitantes”, finaliza el vecino de Osa Mayor, la torre que mantendrá este nombre en homenaje al anterior inmueble que resistió y protegió a sus habitantes ante los embates de tantos sismos en medio siglo de historia.

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